Concierto por el pueblo: un arcoíris de esperanzas

Por Laura Vilar Alvarez

Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba dirigida por el Maestro Enrique Pérez Mesa y Osdalgia en el Concierto por la Esperanza, Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba

El pasado domingo 17 de febrero, a veinte días del estremecedor sonido que identificó al tornado y que dejo una profunda huella en la memoria de quienes lo escucharon, los músicos cubanos una vez más, hicieron vibrar sus melodías para sustituir ese horror vivido, por otros sonidos cual paleta de colores y alimento para sus almas.

Quienes pudimos escuchar en vivo a la Orquesta Sinfónica Nacional y sentir su energía vibrante en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, donde tuvo lugar el concierto, salimos de allí renovados  luego de casi dos horas de oír buena música, que además fue muy bien interpretada. Fue un concierto especial titulado “Canto a la esperanza” dedicado a recaudar fondos para los damnificados y un claro voto Si por Cuba, a una semana de la votación.

El repertorio fue selecto, elegante y representativo para la ocasión. Los arreglos estuvieron a la altura de los compositores y adecuados para las tesituras de las intérpretes. Este es un aspecto que resalto pues lamentablemente no siempre es así. En ocasiones se hacen arreglos que no le quedan cómodos al intérprete ni por su timbre ni tesitura y por otra parte, no están en función de la obra original ni del solista, y este es un aspecto medular que se debe considerar en la curaduría de un concierto, eso lleva pensamiento, equilibrio, conocimiento y esa exigencia hay que retomarla en todos los conciertos que se hagan porque requieren producción, ensayos, prueba de sonido, de luces, movimiento de escena y en el concierto de ayer estos aspectos fueron apropiados.

La orquesta no tuvo desaciertos interpretativos notables, los músicos tocaron con deseos, con el corazón, esa energía llega y se siente. Las intérpretes, cada una con su estilo propio igual hicieron su entrega, todas con una afinación impecable y una cuidada dicción. Todo se escuchaba y las letras se entendían.

El sonido en sala, el adecuado, bien balanceado, los niveles no molestaban, se escuchaba a la orquesta y a las solistas,  no siempre ha sido así.

La Cantoria Solfa dirigida por Mailán Ávila acompaña a la solista Annie Garcés junto a la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por el Maestro Enrique Pérez Mesa

La dirección a cargo del Titular Maestro Enrique Pérez Mesa fue impecable tanto por la conducción de la orquesta como la de las solistas. Mantuvo su batuta firme recorriendo desde un estilo romántico europeo con la Tarantela de Camile Saint-Saëns, como solistas la flautista sueca Antipe d´Stella y la clarinetista cubana Maribys García, como en obras de Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Eduardo Sánchez de Fuentes, Moisés Simons, donde el empleo de ritmos y sonoridades cubanas se destacan pero que exigen diferente tempo e interpretaciones y ejecuciones adaptándose, además, a la interpretación propia de cada solista. Ninguna fue igual: Lucelsy Rodríguez, Johana Simón, Milagros de los Ángeles, Annie Garcés, Liuba María Hevia, Luna Manzanares, Osdalgia, Omara Portuondo y Cantoría Solfa que dirige la Maestra  Mailan Ávila. Elenco diverso y de gran esplendor.

Durante las dos horas que duró el concierto el público mantuvo su permanencia, disfrutó cada pieza y bebió de esa diversidad sonora y las expresiones de alegría e incluso el tarareo en voz baja de muchas de las melodías escuchadas como, María la O, La Bayamesa, Amalia Batista, Veinte años, Dame la mano, Silencio, Oh Melancolía y otras piezas que a pesar de que penosamente hoy no ocupan un lugar privilegiado en los medios de comunicación cubanos, aún permanecen vivas en la memoria musical de quienes las disfrutamos y ya tenían ese referente sonoro.

En ocasiones he escuchado a diversas personas decir que “la música clásica no gusta, que la única que disfruta-consume el pueblo es la popular”, opinión que a mi juicio denota falta de información y mucha incultura.

El concierto de ayer demostró todo lo contrario. La música que interpretaron nuestros artistas no es elitista y cuando esta tiene la calidad requerida el pueblo la hace suya. ¿Quiénes disfrutaban las óperas de Mozart, de Verdi? El pueblo. ¿Quiénes disfrutaban las zarzuelas cubanas, el teatro? El pueblo. ¿Quiénes disfrutaban la trova cubana? El pueblo. ¿Quiénes bailan con una rumba o un son? ¿Quiénes hicieron suyas Las parrandas? El pueblo que es sabio y no tiene que aprender a leer una partitura para entender y decantar cuándo la música es de buena o no lo es.

Cuba tiene la dicha de tener mucha música escrita de excelente factura, de diversidad de géneros, representativa de estilos y épocas diversas. Cuba tiene una reserva de música que forma parte de la reserva de la Nación Cubana. Cuba se identifica en el mundo por su música, es en sí misma una potencia, pero aún hay mucho por hacer, mejorar y poner en su justo lugar.

Este canto a la esperanza” más las palabras iniciales de Víctor Fowler sin lugar a dudas, perdurará en la memoria de quienes lo vivimos. Fue el arcoíris pasada la tempestad, fue un acto de fe por el mejoramiento humano, de solidaridad, de amor, de entrega y pasión de nuestros músicos de la mejor manera que lo saben hacer: su arte.

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s