Dúo D’accord. Notas Discográficas del CD Tarde en La Habana

Dúo D’accord. Notas Discográficas del CD Tarde en La Habana

 

Vicente Monterrey (clarinete) y Marita Rodríguez (piano)

Recordando el importante trabajo de nuestras musicólogas en la industria discográfica cubana. Esta vez con las notas realizadas por Ana Casanova al CD Tarde en La Habana del Dúo D’accord, grabado por Producciones Colibrí en los estudios Abdala en el año 2008 y nominado al Premio Cubadisco 2010.

Por Ana V. Casanova

Desde finales del Siglo XVIII, la  pronta presencia del  clarinete y el piano  en la práctica de la música en Cuba, tanto en roles solistas como en la integración de los más diversos tipos de agrupaciones populares y de concierto,  inició todo un proceso de asimilación de sus exigencias técnico-interpretativas; primero, dentro de los conceptos estéticos propios de la música europea y, posteriormente y hasta la actualidad, con relación a las nuevas ideas y requerimientos  de la música cubana  en distintos momentos de su devenir histórico.

El alto nivel de los conocimientos adquiridos en los espacios de la ejecución y la creación, inherentes a estos instrumentos, caracteriza hoy día a muy fuertes y arraigadas tradiciones dentro de nuestra cultura. No obstante,  a lo largo de los siglos XIX y XX, han sido escasas las obras originales creadas para dúo de clarinete y piano dentro de la música de cámara cubana, lo que contrasta con la presencia imprescindible y protagónica de ambos instrumentos en nuestro quehacer musical. Quizás esto se deba a  las abundantes dificultades técnico-interpretativas que demanda, en particular, este tipo de combinación.

El CD Tarde en La Habana  presentado por el dúo D’accord constituye en este sentido un novedoso y  atractivo proyecto, por estar íntegramente dedicado a la  música de cámara contemporánea cubana. Esta agrupación establecida en su formato actual desde 2002, está integrada por dos solistas excepcionales, Vicente Monterrey, clarinetista; y Marita Rodríguez, pianista; quienes avalados por una solidísima formación profesional y una larga trayectoria artística y pedagógica, evidencian en este disco  sus  exitosas experiencias en importantes agrupaciones sinfónicas y de cámara, a nivel nacional e internacional.

    Tarde en La Habana es una propuesta discográfica distinguida por la variedad, representatividad  y  excelencia, tanto desde el punto de vista creativo como interpretativo. Contiene obras de distintas generaciones de autores cubanos, compuestas durante  las tres últimas décadas del siglo XX y  los años iniciales del XXI. Todas ellas son portadoras de diferentes posiciones estéticas que convergen en el  gran panorama de la música contemporánea actual de nuestro país.

 Dentro de esta perspectiva, la poca  existencia de creaciones de cámara concebidas originalmente  para la combinación de clarinete y piano,  ha sido  sorteada por D’accord gracias a las condiciones particulares de sus intérpretes, quienes erigidos como arreglistas o transcriptores, realizaron  excelentes adaptaciones de músicas compuestas con la finalidad de ser tocadas por grupos diferentes de instrumentos, o por un instrumento solista como el piano. Versiones  de  exquisito gusto pueden disfrutarse en obras como Martes 3 de junio, El sitio del corazón nos pertenece, y  Balada del Amor adolescente,  transcritas por Vicente Monterrey; y  Tarde en La Habana,  arreglada por Marita Rodríguez.

En la selección de música de cámara contemporánea cubana propuesta en este CD es una constante la asimilación de las tradiciones de los distintos estilos de la música universal y nacional, y el empleo de procedimientos técnicos y compositivos propios del Siglo XX. Asimismo se evidencia la influencia del jazz y de  diversos géneros de la  música  folklórica y popular  como el zapateo, el punto campesino y sus tonadas, la contradanza, el danzón, el son, distintas modalidades de la canción, y referencias a giros entonacionales y rítmicos de la música afrocubana, También encontramos en algunas obras influjos de géneros de la música suramericana como el joropo venezolano, el vals peruano y la zamba argentina. Todas estas  características brindan una gran pluralidad  al proyecto discográfico.

Otro  elemento favorecedor de la diversidad  es la utilización de los tres tipos de clarinetes sopranos, en   do, sib y la , dominados impecablemente por Vicente Monterrey. La selección realizada para el empleo de uno u otro  en cada obra, constituye una tesis de obligada consideración para nuestros instrumentistas y compositores. En ella se han tenido en cuenta, no solo los registros, si no también las sutiles peculiaridades tímbricas  que diferencian a cada clase de instrumento,  las posibilidades de lograr los mejores cantables, sonidos brillantes, matices delicados y contrastes más potentes. Estas características que pueden parecer intrascendentes y por tanto no definitorias, han sido utilizadas  conscientemente para subrayar de manera óptima la expresividad y el carácter propios de cada composición.

Merecen destaque especial las interpretaciones realizadas por Vicente Monterrey y Marita Rodríguez en las  complicadas exigencias  de sus respectivos discursos musicales y  el arte exquisito logrado como resultado final, tras un arduo trabajo de conjunto. Tanto para el clarinete como para el piano  aparecen, en cada una de las obras, particulares complejidades técnicas e interpretativas, exigentes de soluciones virtuosísticas muy exclusivas  por parte de D’accord.

Así descubrimos dificultades rítmicas equiparadas a otros conflictos técnico-musicales  en creaciones como la Sonata para clarinete,  de Andrés Alén; Tríptico, de Jorge Triana; y Tiempo de Contradanza, de Jorge López Marín. Composiciones que demandan del intérprete un profundo conocimiento del pensamiento abstracto del autor, tales son los casos de Capricho no. 2,  de Alfredo Diez Nieto; Monólogo, de Javier Zalba; y En lo oscuro del alma, de Eduardo Morales. También aparecen obras de un gran lirismo como Martes tres de junio, El sitio del amor nos pertenece, de Beatriz Corona; y Balada del Amor adolescente, de José María Vitier. Muchas de las interpretaciones logradas por Monterrey y Rodríguez pueden considerarse modelos de un alto rigor profesional, establecedoras de un hito dentro de las agrupaciones de cámara cubanas.

Tarde en La Habana del Dúo D’accord constituye una contribución necesaria y de excelencia dentro de las exiguas grabaciones de la música  compuesta en nuestros días.  Es además un  ejemplo de cómo pueden conjugarse, de modos diversos, antiguas y, en algunos casos, aparentemente divergentes tradiciones, en los conceptos actuales de interpretación y  creación dentro de la  música de concierto nacional.  Tal y como se demuestra en este CD, la verdadera tradición no es un testigo de un pasado concluido; es por el contrario una fuerza viva que impulsa y configura el presente.

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