Reflexiones sobre la crítica de música

A propósito de uno de los temas más discutidos en los debates actuales sobre la música en Cuba, proponemos los criterios de Argeliers León (1918-1991), musicólogo, compositor y pedagogo reconocido como el “padre de la musicología cubana”.

Por Argeliers León

Argeliers León al centro. A la izquierda, con camisa de cuadros el coreógrafo y bailarin cubano Eduardo Rivero, ambos en Carriacou, Granada, durante la investigación de campo que realizó un equipo del Cidmuc. Foto archivo Cidmuc, 1982

En cuanto a la música se refiere, pesan aún las viejas imágenes del crítico de música como cronista social (porque sí las hubo y no sólo en Cuba) o bien como el gacetillero que dispensa adjetivos, comenta un obituario o reseña, de las que ahora se llaman “para la promoción”. Todo esto pesa como algo que no se requiere y que se sabe que no es eso. Lo que aún no existen las condiciones objetivas para el salto a una verdadera crítica de música como tal. Hay que lograr que la crítica de música se sitúe al mismo nivel conceptual que una crítica literaria, cinematográfica o deportiva o la de los diferentes campos de las ciencias.

Hay que enfocar y plantear la crítica de música a diferentes niveles. Primero desde el aula, quiero decir, como labor sistematizada, dedicada a este objetivo y practicada en sesiones específicas, incluso a manera de círculos de estudios, pues la crítica se ejerce como resultado de un estudio. Crítica es análisis objetivo-valorativo, desde todo grupo de trabajo a donde concurra y participe el músico. Después de cada actuación debe haber una sesión de crítica, incluso, con el concurso de especialistas. Una crítica que se ligue a la práctica de la música.

El ejercicio de la crítica debe implantarse dentro de los planes de trabajo de cada organismo musical (por ejemplo, dentro de las agrupaciones musicales que hoy cuentan diversos conjuntos musicales y artistas), recurriendo a las posibilidades que ahora se tienen con la grabación magnetofónica, lo que permite el análisis posterior del trabajo.

Siempre se argumenta que debe aprenderse la labor orientada que se le asigne a la crítica desde los medios masivos de difusión, pero para esto hay que concebir la crítica de música al mismo nivel que hoy ha alcanzado en este mismo plano orientador la crítica cinematográfica o la deportiva y muy particularmente, como modelo, los mecanismos que se disponen para que se ejerza esa crítica orientadora en la forma en que se hace.

Hay que recesar –a título de que se trate la tal crítica orientadora– el comentario banal o la expresión gazmañona, argumentando que no se entendería otro lenguaje. A veces se confunde la crítica orientadora, ejercida desde los medios masivos de difusión con la labor formativa y educacional, que si bien es cierto que toda crítica es educativa, la educación artística masiva es otra cosa, con su metódica bien diferente, y esta es de la que carecemos y sin la cual no puede hablarse de crítica de música.

Una crítica de música tiene que estar insertada en las concepciones más generales culturales que se tengan sobre la música de aquí, que sobre lo que sería una crítica musical en los niveles alcanzados en la educación estética, musical, en nuestro caso.

Y una educación musical masiva que parta desde el prescolar hasta hoy, es mínima. La apreciación musical como acción y estudio que oriente las actitudes favorables hacia la música, no existe, como tampoco una acción publicitaria que oriente los pensamientos en tales direcciones, ni las investigaciones científicas capaces de “calzar” una acción programada a elevar los niveles apreciativos hacia toda la música.

Para enfrentar el problema que constituye la ausencia de una crítica de música, hay que considerar primero, la aceptación de la crítica de música como trabajo profesional y especializado de un músico; segundo, su concepción como disciplina de estudio y por tanto una capacitación como tal y, además, una capacitación para ejercerla. No se trata de que cualquiera se haga cargo de la música en la página de un periódico, no es que formemos “críticos de música” sino que formemos “músicos como críticos”, como especialización.

Nuestro país, subdesarrollado y con una herencia neocolonialista constante por naturaleza, carece de cuadros profesionales formados como críticos de música. Es cierto que en estos campos la formación es lenta por lo complejo de los estudios musicales necesarios, y la ausencia de una orientación vocacional diferenciada en la enseñanza de la música. Aún es muy limitado el número de jóvenes estudiantes que se inclinan por los estudios de musicología, carrera donde se formaría el crítico de música. Sería iluso, por otra parte, pretender que con sólo la formación académica de fornidos críticos de música, se resolviera el problema de la ausencia de una crítica que, además, venimos a planteárnoslo con notable retraso, sino que hay que pensar en una acción cuidadosamente programada que tiene que partir necesariamente de una educación musical masiva.

 

* Palabras del maestro Argeliers León que se conservan en una grabación inédita, donada por la Dra. María Teresa Linares a la Colección de Música de la Casa de las Américas. Transcripción hecha por Layda Ferrando y Laura Vilar, en octubre de 1997.

Tomado de Boletín Música, Casa de las Américas, No. 1, 1999, pp. 22-23.

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