La Banda Gigante, Show del joven talento cubano

Por Gisela Sosa Muñiz

Concebido para el medio televisivo por la casa productora RTV Comercial, el producto audiovisual La Banda Gigante fue un concurso de jóvenes talentos de la música cubana donde los ganadores integrarían una orquesta para acompañar a los concursantes en próximas ediciones de proyectos televisivos como Sonando en Cuba, Bailando en Cuba y otras bandas sonoras de las series, documentales, dramatizados y filmes que forman parte de la amplia línea de producciones de dicha productora televisiva.

Comprendido en 10 paquetes para la noche dominical con una arriesgada duración de una hora y treinta minutos desde su sede en el Teatro Astral, escenario preparado con grandilocuente escenografía que incluía escaleras, pantallas y perfecta iluminación. Este concurso de talentos sin precedentes en la televisión cubana salió al aire por el canal Cubavisión el 16 de diciembre 2018 y se mantuvo todos los domingos a las 8:30 pm hasta el 24 de febrero 2019.

En la etapa de pre-grabación se previó el proceso selectivo de los concursantes, los cuales debían tener entre 18 y 35 años de edad, egresados en su mayoría de la enseñanza artística y de las escuelas de bandas promovidas por el Instituto Cubano de la Música (ICM), como parte de sus proyectos de desarrollo artístico.

Los interesados de los perfiles piano, contrabajo o bajo eléctrico, guitarra, flauta, violín, trompeta, saxofón, trombón, percusión cubana y drums[1] se presentaron a pruebas de  lectura de partitura, armonía e improvisación, expresión corporal danzaria entre otros requerimientos indispensables, este riguroso proceso de selección ocurrió durante un mes   en las provincias Santiago de Cuba, Camagüey, Villa Clara y La Habana.

A pesar de contar con gran presencia de jóvenes, según su director Manuel (Manolito) Ortega fue un programa dirigido a la familia cubana, dicho objetivo fue favorecido por el horario, momento en casa para el entretenimiento televisivo.  Así manifestó su objetivo al periódico Granma el 11 de diciembre de 2018:

(…) nos hemos propuesto que la familia cubana regrese ante la pequeña pantalla y comparta, a través de una visualidad agradable, el talento de los chicos que se presentan; los mismos que a pesar de su corta edad puedan transitar por un espectro amplio de la música popular cubana (…) La mayor expectativa es que el televidente pueda disfrutar aprendiendo y lo haga con una sonrisa.

El equipo de realización lo integraron también especialistas con experiencia en el mundo audiovisual, otros con sólida carrera artística como es el caso de Michel Herrera, quien fungió como director musical, y se contó con la orientación de la musicóloga Carmen Souto Anido como productora musical, importante decisión por los necesarios aportes de la supervisión de un estudioso del lenguaje musical, elemento que hoy no se tiene en cuenta en la televisión cubana.

Durante la grabación del programa cada competidor debió hacer gala de su dominio técnico interpretando el arreglo musical indicado y mostrando su capacidad innovadora en cada improvisación musical. Es muy importante destacar que nuestro sistema de enseñanza musical inserta durante el aprendizaje del instrumento herramientas que proveen al intérprete de una mayor concentración, relajamiento y otras técnicas de expresión musical para lograr una mejor interpretación, sin embargo, en esta competición los concursantes se debieron integrar a coreografías que, aunque con la debida supervisión, en ocasiones pudieron restar atención a la interpretación musical.

Una de las loables obras del proyecto se le atribuye a la banda sonora del programa, la cual se debió estudiar y concebir según lo que el guion sugería. Toda la creación musical con la que se identifica el programa estuvo a cargo del tecladista, compositor y director musical del grupo Moncada, Juan Carlos Rivero. Destacados profesionales fueron los encargados de preparar a los participantes por instrumento para la competencia. Bajo Yadiel Bolaño, drums y timbal Roberto Vizcaíno, flauta Jorge Leliebre, Eduardo Rubio y Guillermo Pedroso, guitarra Nam San Fong, percusión Tomás Ramos Ortiz (El Panga), piano Alejandro Falcón, saxo Michel Herrera, trombón Yoandy Argudín, Eduardo Sandoval, trompeta Julio Rigal y violín, William Roblejo.

Las orquestaciones de los temas en competencia estuvieron a cargo de excelentes músicos: Alejandro Falcón, Camilo Moreira, Denis Peralta, Efraín Chivás, Heber Méndez, José Víctor Gavilondo, Nam San Fong, René Baños y Roisel Suárez. La gran mayoría de los arreglos fueron exquisitas creaciones en defensa de la música cubana, siempre cuidando el propósito de acompañar al competidor.

La labor del equipo de sonido fue bien importante, sobre todo porque cuando se persigue un programa en estudio y otros sets en exteriores, no debe haber diferencia acústica del ambiente sonoro. Los ingenieros y técnicos supieron mantener el mismo plano acústico sobreponiéndose a los elementos naturales, efectos sonoros no previstos ni deseados que podían obstaculizar la grabación.

En la exposición oral y los espacios dedicados a las competencias, se tuvo en cuenta dedicar tiempo a secciones relacionadas con la cultura musical cubana rodadas en exteriores para aprovechar así la locación natural. Se mostraron actividades destinadas a elevar el conocimiento de los jóvenes talentos: clases magistrales, encuentros con notables exponentes de nuestra música y visita a lugares de interés.

Como una de las premisas del programa fue resaltar los valores de la música cubana, Georgia Aguirre, la directora de la Orquesta Anacaona condujo una interesante sección histórica como homenaje a personalidades e instituciones, siempre acompañada de una presentación especial como la banda del Conservatorio Esteban Salas de Santiago de Cuba, entre otras unidades artísticas. La Puerta, a cargo de la popular vocalista Telmary Díaz fue otra de las secciones, espacio de entrevistas con destacadas figuras de la música cubana.

El Playlist, otro de los momentos para distraer y atraer al receptor fuera de la competencia evitando la monotonía, consistía en dar a conocer la predilección musical de figuras cubanas populares —no todos músicos, pero no por ello menos respetados y queridos—  y su relación con la música en diferentes acciones de la vida cotidiana.

El nombramiento de un jurado apropiado constituyó uno de los elementos más importantes en la selección previa a la producción, se debía contar con figuras reconocidas capaces de emitir criterios certeros al desenlace de cada conflicto. Considero una muy buena decisión haber contado con la participación de tres representantes de la música de concierto y popular cubana de gran prestigio.

Licenciada en Música en el perfil Dirección Orquestal, la directora de la Orquesta de Cámara de la Habana, Daiana García, mantuvo el balance de opinión del jurado, se encargó de transmitir el mensaje técnico que sería del entendimiento y aceptación de los competidores y del resto de la audiencia, y generalmente su intervención sirvió de puente entre el criterio de los otros dos miembros del jurado.

El Premio Nacional de la Música, José Luis Cortés (El Tosco), director de NG la Banda y el instrumentista-vocalista, arreglista y productor musical, Alain Pérez fueron los otros especialistas y jueces que acompañaron a la maestra Daiana. El primero de vasta experiencia y sabiduría musical, el segundo muy aplaudido por sus resultados profesionales, reconocido como una de las figuras actuales más relevantes de la música popular bailable.

Es opinión pública que en pocos momentos hubo una indebida elocución del jurado por sus expresiones características, sin embargo, fue de seguro entendimiento la apreciación técnica trasmitida. A pesar de los juicios de valor emitidos y las reflexivas intervenciones considero que se debieron establecer parámetros de medición, mediante los cuales se pudiera valorar por igual a cada participante.

Se estima que para próximos programas donde se persiga evaluar a un competidor se deben definir cuáles son las variables a valorar en cada concursante. Por ejemplo, a todos se les debe medir el comportamiento en parámetros como afinación, ritmo, potencia, timbre, afinación, proyección, entre otros que deben quedar establecidos. Es muy importante también explicar desde el primer programa cuáles son estas categorías evaluativas para que el público comprenda en que consiste cada uno.

Considero que el programa logró una comunicación efectiva pues capturó la atención del televidente o público meta del espacio. La familia cubana disfrutó ver una competencia de trombón, instrumento que quizás no conocían pero que, gracias al atrevido, instructivo y novedoso programa ya conocen. También los estudiantes de los diferentes niveles de la enseñanza musical lo agradecen, algunos de ellos colaboraron emitiendo criterios durante la realización del programa.

[1]          Perfiles o Categorías así expuestas en su guion y durante la realización del programa.

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