La EGREM cumple 45 años

Por María Teresa Linares

La EGREM vista por María Teresa Linares: “una institución cultural a la que pertenecí, y de la cual me siento deudora”. Del canto y el tiempo celebra el aniversario 55 de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, EGREM, con la reproducción de un texto que recoge la memoria de la musicóloga María Teresa Linares, referente imprescindible en la investigación musical en Cuba, quien tuvo un vínculo muy especial con la institución.

La Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales está celebrando sus 45 años. Heredó todos los archivos de la PANART luego de su nacionalización, y los de otras firmas que imprimían sus placas en la misma fábrica. La labor que ha realizado hasta hoy esta empresa a través de los años la ha convertido en la decana de la discografía en Cuba.

Desde los primeros años tuve la oportunidad de acercarme a la EGREM con dos discos editados por mí desde la Academia de Ciencias, donde trabajaba en el Instituto de Etnología y Folklore: uno Viejos cantos afrocubanos y el otro, Cancionero hispano-cubano, en los que se recogían elementos primigenios de nuestra cultura musical asimilados de los dos troncos formadores de nuestra nación. Desde mucho antes se me había pedido, a través de Leo Brouwer, que le grabara un disco de canciones al famoso dúo que integraban María Teresa Vera y Lorenzo Hierrezuelo: La canción cubana tradicional, basado en canciones muy antiguas del siglo XIX y principios del XX que se editó en la EGREM para celebrar las Bodas de Oro con la canción de María Teresa Vera.

Al cambiar los destinos del Instituto de Etnología, preferí pasar a la Empresa para hacerme cargo de la producción de discos de la música popular tradicional y folklórica a petición del entonces director, Medardo Montero. Allí conocí los proyectos y realizaciones que llevaban a cabo una comisión de productores y que contemplaban la música clásica o de concierto, la música popular –bailable y cancionística–, la Nueva Trova, que entonces era una novedad en desarrollo, la música para niños, y la música popular tradicional que abarcaba rumbas, música campesina y sones. Estos programas se fueron ampliando al recibir a muchos artistas jóvenes que se graduaban en los conservatorios de música de nuestro país y de un gran número de artistas foráneos que nos visitaban.

La Empresa fue incrementando la entrada de músicos, la selección de grabaciones, la distribución de los discos, y se llegó a ampliar notablemente la producción para la venta nacional y la exportación.

Fueron los artistas más notables los que elevaron la calidad de sus discos, los cuales se seguían elaborando en la antigua fábrica de PANART. El cambio de equipos de grabación a la multipista fue un logro industrial y artístico preciso en el momento de su adopción. Más tarde, cuando aparecieron las nuevas técnicas de grabación en casete como medio de reproducción, se duplicaron las ventas y se usaron los mismos repertorios para ambos soportes.

La reproducción por la radio nacional de los discos grabados y a través de presentaciones en programas televisivos llevó a la dirección de la empresa a organizar un Premio Anual para aquellos que lograran un mayor éxito por su calidad y por la anuencia de los oyentes. En estos concursos alcanzaron premios todos los discos que, calificados por una Comisión, tuvieron la más alta puntuación. Los premios se seleccionaban a partir de su categoría musical y de su calidad comprobada. Así hubo muchos muy bien adjudicados que se consideran hitos de la música cubana.

Maria Teresa Linares sigue rompiendo montes y develando saberes de la música cubana. Foto donada por Maria Elena Vinueza una de sus discipulas

Durante los doce años que trabajé en la EGREM tuve la oportunidad de aprender la técnica de la producción del disco y participé en trabajos en los estudios, en grabaciones de campo en Pinar del Río, Isla de la Juventud, Matanzas, Varadero, Sancti Spíritus, Colón, Ciego de Ávila, Las Tunas y Santiago de Cuba. En estas incursiones realizamos la producción de discos de casi todas las locaciones y quedan en los archivos de la empresa las cintas para futuros trabajos, que completen la audición de temas casi desconocidos en la memoria del pueblo por su antigüedad.

La EGREM también abordó la edición de partituras –para estudiantes y profesionales– de toda una obra de música cubana que representara lo más selecto de la creación de autores del pasado y la contemporaneidad. Esta editora se encontraba en el mismo edificio bajo la misma dirección de Medardo Montero, del creador Nilo Rodríguez y del editor Avelino Pereira.

El Departamento técnico, dirigido por los ingenieros Carlos Estrada y Enrique Fernández de Velazco, contaba con varios técnicos: Reinaldo Álvarez y José Pepito Rodríguez, que se ocupaban de los equipos de grabaciones que funcionaban en tres turnos.

El departamento que conserva celosamente el archivo activo y el pasivo, también contaba con una trabajadora incansable, Margarita Núñez, y hoy acoge a especialistas que han digitalizado todo el material archivado.

La decisión de grabar un disco se sometía a la aceptación de la dirección y el grupo de productores y pasaba al departamento de grabación bajo la dirección de Pepe Gutiérrez.

El grupo de grabadores que realizaba el trabajo en el estudio o el lugar en que se hacían las grabaciones in situ, estaba formado por Jerzy Belc, que fungía además como profesor y guía del trabajo, Eusebio Domínguez, Rafael Padrón, Pedro Téllez, Antonio Toni López, Ramón Alom y el auxiliar Isel. Cuando se necesitaba la dirección de una orquesta grande para una grabación especial, dirigían Rafael Somavilla, Toni Taño y Adolfo Pichardo, quienes también eran productores.

Otros técnicos imprescindibles fueron José Pérez Leroy, técnico de grabaciones que cortaba las placas que se enviaban a la fábrica, y, luego del cambio del disco por el casete y las nuevas tecnologías, ha seguido realizando un trabajo excelente que ha contado con las auxiliares del departamento Gladys Rivero y Cecilia Antúnez. En ese mismo departamento se hacían las audiciones para comprobar la calidad y determinar su envío a la fábrica.

No debo dejar de mencionar al personal de apoyo y al taller de montaje en los que trabajaron Nenita Sueiro como secretaria de Pepe Gutiérrez en el departamento de grabaciones; a Eva López, secretaria de la dirección y organizadora del archivo de grabaciones; Margarita López, del departamento económico; Carlos Larrinaga, electricista y secretario del sindicato; El Trigre, sereno. El jefe del departamento de copias, profesor José Méndez, tenía a su cargo un equipo de copistas alumnas de él. También había un departamento de montaje de carátulas donde se envasaba el disco para la venta. Recuerdo entre todas las compañeras a Sara Zulueta.

En aquellos momentos la empresa participaba en muchas actividades fuera del estudio, como la asistencia a eventos importantes cuyos discursos se grababan y editaban en discos, la participación en Festivales como el de Varadero, en los que se grababa la música de artistas importantes que nos visitaban y se editaba también en discos. Tuve la oportunidad de grabar varios Festivales de la Trova en Santiago de Cuba, Festivales de la Rumba y el Danzón en Matanzas, del Sucu-sucu en Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), y en Festivales de Música Campesina y del grupo de tambor yuka en Pinar del Río.

Durante el tiempo que estuve en la EGREM también me fue posible ver cómo crecía el repertorio musical de toda la música cubana. No sólo se grabaron artistas y obras conocidas de los autores nacionales y extranjeros, sino que se prestó atención a la creación de novedades. Allí se grabó música contemporánea y electroacústica, se desarrolló la Nueva Trova, se iniciaron los cambios en la música bailable y en el jazz latino con el grupo Irakere y Chucho Valdés, la música del Grupo de Experimentación Sonora y de Emiliano Salvador y otros eminentes muchachos que se situaron en la vanguardia de este movimiento. En la cancionística se destacaron jóvenes compositores y cantores como el grupo Tema IV, hoy Síntesis, la compositora Marta Valdés, la cantante Miriam Ramos, y muchos otros artistas noveles que hoy son laureados por su obra realizada. El movimiento hacia una música popular más tradicional se amplió con los rumberos: Los Papines, Carlos Embale y su grupo, Los Muñequitos de Matanzas y el Grupo de Columbia del Puerto de Matanzas; Las charangas de Arcaño, Barbarito Diez y otras; conjuntos de bolero y son como el Trío Matamoros, el Conjunto Chapotín, El Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro y muchos otros.

Los archivos de la EGREM atesoran gran cantidad de cintas de todas las grabaciones realizadas, que se encuentran en un local de la misma empresa cuidadosamente conservadas y digitalizadas, las cuales aún se utilizan para editar discos antológicos de los distintos géneros de la música cubana.

El Premio EGREM constituyó un estímulo importante para la creación y edición de un disco. Se premiaron varias categorías, según la producción que se realizaba y se alcanzaron grandes éxitos. La selección era bastante rigurosa y se invitaba a participar en el jurado a compositores e instrumentistas y cantantes de gran prestigio, además de los integrantes de la Empresa. Este certamen se extendió por varios años, alcanzó fama internacional y ha resultado ser un gran estímulo para todos los artistas. Hoy, que existe el evento internacional Cubadisco, la EGREM participa y gana siempre una gran cantidad de premios. Este es el resultado óptimo de un colectivo capaz y esforzado que, con la experiencia de muchos años, se ha situado en el presente que disfrutamos.

La Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales hoy cuenta con su casa conocida de todos en la calle San Miguel 415, por donde han pasado grandes artistas cubanos y foráneos, grandes compradores –allí se grabó y se gestó el movimiento Buena Vista Social Club–, allí grabaron artistas consagrados por la fama, allí está la génesis de toda la música que se ha exportado a partir de estos 45 años. Hoy cuenta con nuevos estudios en 18 y 1ra, oficinas en las calles 3ra y 12, ambos en Miramar, y otros locales que conforman toda una gran empresa bien reconocida internacionalmente, donde se materializa el trabajo de tantos directores, técnicos, músicos, creadores y trabajadores que han puesto en tan algo lugar el nombre de la música cubana. Como modesta partícipe de esta obra me siento feliz de hacer estos comentarios sobre una institución cultural a la que pertenecí y de la cual me siento deudora.

* Tomado de Clave, Año 11, No. 2-3, 2009, pp. 78-79.

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