Fernando Ortiz y su presencia imperecedera

Por Jesús Guanche

Palabras dedicadas por el Dr. Cs. Jesús Guanche a la figura de Fernando Ortiz por el 50 aniversario de su fallecimiento.

Fernando Ortiz, foto tomada de internet
Fernando Ortiz, foto tomada de internet

La obra gigante de un cubano de talla mundial forma parte de la memoria histórica de la nación y del pensamiento latinoamericano y caribeño. A medio siglo de su desaparición física -el 10 de abril de 1969-  el recuerdo de su vida y los inmensos esfuerzos que hizo para resaltar la riqueza formativa de la cultura cubana, nos enfrenta al compromiso de darle continuidad, superar lo alcanzado por su legado en un nuevo contexto y entregarlo a las nuevas generaciones, cual reliquia patrimonial, para tenerlo como referencia y completar los nuevos temas que motivan sus campos de estudio.

En el sentido actual del término Ortiz fue un «indisciplinado», pues ningún campo del conocimiento científico le sirvió de camisa de fuerza; quizá haya sido su gran talla física todo un símbolo para denotar que disciplina estricta alguna se ajustaba a su amplitud y profundidad de pensamiento. Marcado por diversas influencias en su formación, de lo cual ya se ha escrito, subordinó todo campo disciplinar a su objeto de estudio. Por eso fluyen en sus textos contenidos de muy diversos campos como antropología, arqueología, comunicación social, derecho, economía, historia, geografía, lingüística, musicología, politología, entre otras, para no agobiar con la lista.

Por el contrario, tuvo una disciplina sumamente estricta en tratar de aprovechar el tiempo al máximo para combinar su labor como jurista, gestor y director de asociaciones y publicaciones, editor, prologuista incansable, relacionista público internacional mediante una rica correspondencia, promotor de jóvenes valores y muy especialmente impulsor del conocimiento para hacer saltar en pedazos la ignorancia y los prejuicios sobre nuestro ser como nación.

Su obra se enraíza plenamente en este siglo XXI en el debate ontológico de las naciones y sus pueblos en el mundo globalizado donde algunos autores tratan de borrar los sentidos de pertenencia-diferencia en la supuesta ausencia, inexistencia o pérdida de la identidad. Ellos coquetean con el neoliberalismo rapaz y colocan de moda la «hibridez» para hacerles el juego al achatamiento del derecho a ser diferentes.

Por ejemplo, en contraste con la noción de hibridez, propuesta por Néstor García Canclini, el concepto de transculturación, muy desarrollado por Fernando Ortiz, no está limitado al Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940),  donde lo da a conocer, sino que hay importantes obras posteriores que lo atestiguan. Ortiz evidencia los procesos de transculturación en El engaño de las razas (1945), La africanía de la música folklórica de Cuba (1950), Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba (1951) y Los instrumentos de la música afrocubana (1952-1955), junto con cientos de artículos y conferencias. Eso le hace superar sus concepciones de juventud, rechazar a tiempo la noción de «raza», valorar el papel de las artes y sus transformaciones en nuevos portadores, apropiarse en otro momento de la mulatez como mezcla cultural permanente y más adelante asumir la distinción entre cubanidad y cubanía, para colocar en el debate nacional lo que Miguel de Unamuno (1864-1936) ya había diferenciado entre hispanidad e hispanía.  Ese no deja ser un tema de profundidad política entre autodeterminación y dependencia; un tipo de contrapunteo que marca la cotidianidad nacional y mundial contra el unilateralismo norteño.

La continuidad y superación de su importante obra realizada por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana cuando hicimos el Atlas de los instrumentos de la música folklórico-popular de Cuba (1977); las publicaciones que acompañaron la realización del Atlas etnográfico de Cuba: cultura popular tradicional (2000), por los actuales Instituto Cubano de Antropología e Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello; la existencia de una Fundación que lleva su nombre, junto con la revista Catauro y sus colecciones editoriales; la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz de la Universidad de La Habana, sus eventos y publicaciones, son ejemplos palpables de su legado y presencia.

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