Siempre habrá Van Van

Ponencia presentada en el Simposio Internacional del Cidmuc en CUBADISCO 2019

Por Guille Vilar

De izquierda a derecha Samuel Formell, director de los Van Van, Neris González Bello, musicologa, Guille Vilar y Juanito Gómez

 A 50 años del nacimiento de la emblemática orquesta de Juan Formell, Los Van Van, asumimos una vez más la necesidad histórica de proponer la reflexión entre todos para definir con la mayor claridad, esa perenne presencia que es la huella de Juan Formell y su obra durante estas cinco décadas, del mismo modo que vislumbrar la proyección del porvenir de nuestra querida orquesta. Quizás lo primero que deberíamos de reafirmar es que, obviamente, Los Van Van sin Juan no pueden ser lo mismo, pero tampoco semejante realidad puede ser explicada para nada como un hecho de desesperanza. La impronta que Formell le otorga a la orquesta desde su fundación un 4 de diciembre de 1969 hasta su partida hacia la eternidad en mayo del 2012, define todo un periodo de singular estado de gracia al recrear ese sello sonoro que tanto nos enorgullece como cubanos. Reclamarle a la actual alineación de Los Van Van, una repercusión social al mismo nivel de popularidad de cuando la época de Juan, encierra una carga de ingenuidad que raya en un soberano infantilismo crítico, además de tratarse de una gran injusticia. Tomar en serio tales puntos de vista, no solo representan una humillación al legado de Juan Formell en la cultura cubana, sino que carecen de la objetividad necesaria para valorar acertadamente las perspectivas del desempeño desarrollado hasta el momento por Samuel al frente de la orquesta.

Como corresponde al papel de la personalidad en la historia, la nación cubana tuvo el privilegio de que un artista del talento excepcional, que distinguió a Juan, decidiera formar una orquesta de música popular bailable para plasmar en ella renovadores proyectos agolpados en su mente. Por supuesto, otros nombres de músicos que han llegado a ser emblemáticos como los de Cesar Pupi Pedroso o el de José Luis Quintana, Changuito, fueron decisivos en su interrelación con Formell para avanzar en la configuración de un entorno sonoro que nunca imaginaron hasta donde podía llegar como lo lograron. Precisamente para ocupar un sitial de honor en el imaginario patrimonial del pueblo cubano como entidad artística sublime, esto no ocurrió de un día para otro como resultado de una fantástica operación de márquetin, sino que su progresión iba en paulatino ascenso como corresponde al ritmo orgánico propio de la vida en la naturaleza.

Si Van Van llegó a ser para la música bailable lo que significan Silvio Rodríguez para la Nueva Trova y Alicia Alonso para el Ballet Nacional de Cuba, dicho status tampoco se consigue por la alocada dinámica del desempeño de los músicos en la escena ni porque aparecen vestidos con estrambóticos disfraces sino por la manifestación del talento gestor de Juan Formell como compositor y director. Y no se trata necesariamente, de manejar el dato frío de cuantas canciones lograron trascender hasta la cima en las listas de popularidad en los medios porque precisamente es a partir de la integradora dinámica de esta obra en su conjunto, que nuestra sensibilidad colectiva se nutre de una música vanvanera recibida como algo muy nuestro, como un regalo de la vida a la identidad del pueblo cubano. Tampoco se trata de buscar cuál de las otras orquestas, magníficas orquestas, estaban más pegadas en el gusto popular en relación con Los Van Van. Esa es una discusión para otro momento y en otro contexto. Estamos hablando de La Orquesta con mayúscula, realidad asumida por el ciudadano común con la misma naturalidad que respira. Es que estamos haciendo referencia de un hecho inusitado en la música popular, hecho que a la vez desborda el entorno musicológico al recorrer caminos propios de las ciencias sociales para tratar de explicar por qué sentimos a Los Van Van como un reverenciado símbolo entre los valores más preciados de la patria. Se afirma que tanto el popularísimo Trío Matamoros como el gran Benny Moré y su Banda Gigante tuvieron sus momentos para desplegar el impacto indiscutible de su música entre el pueblo, pero nunca -por causas diversas, pudieron mantener semejante preferencia por la música que nos prodigaron en sus respectivas etapas, durante tantos años como si lo pudo lograr y en lugares cimeros de popularidad, prácticamente durante cinco décadas, Juan Formell con Los Van Van. Por lo tanto, coincidamos en el planteamiento de que el legado de Juan Formell es sencillamente inconmensurable. No obstante, una parte concreta de ese legado, su cincuentenaria orquesta está ahí: Al lado del corazón de cada uno de nosotros. Prácticamente intacta de como cuando él la dejó. Ha habido algunos cambios de sus integrantes, cambios que para nada han afectado el sello sonoro de la orquesta dirigida por Samuel Formell.

Si los discos más recientes como La Fantasía y Legado tienen que tener a Juan donde quiera que se encuentre, con una amplia sonrisa de satisfacción debido al nivel profesional desplegado por sus muchachos, entonces el Gran Premio del Cubadisco 2019 otorgado al DVD Dos Leyendas: Elito Revé y Los Van Van en Concierto, tiene que significar un motivo de plenitud extrema tanto para Juan como para Elio Revé. Se ha cumplido la profecía de Juan Formell cuando en su composición Somos Los Van Van de 1982, declaraba en una de las estrofas cantadas por Pedrito Calvo: Siempre habrá Van Van/aunque sea uno solo/que defienda la idea/ de este nuevo son.

 

 

 

 

 

 

 

 

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