Liuba Maria Hevia colorea la esperanza en concierto unico para los niños de Cuba y Latinoamérica

Por Laura Vilar Álvarez, Musicóloga

Liuba Maria Hevia. Foto tomada de internet

“Amanecer feliz” fue la mañana del domingo 21 de julio en el concierto que les dedicaron, la cantautora Liuba María Hevia, la Banda Nacional de Conciertos y las cantorías infantiles de La Habana, a todos los niños de Cuba en el Día de la Infancia, aunque Liuba expresó con vehemencia que la velada era para todos los niños “menores de 150 años” que tuvimos el privilegio de disfrutar esta fiesta.

A teatro lleno, la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, me impresionó que el espectáculo mantuviese la atención de todo el público presente durante más de hora y media sin intermedio alguno. Fue un público peculiar con un rango de edad que oscilaba entre un año de vida y edades avanzadas del adulto mayor, pero con un rasgo común: conocedor del repertorio interpretado, que lo hizo suyo en repetidas ocasiones.

Liuba Maria Hevia acompañada de la Banda Nacional de Conciertos y las cantorías infantiles de La Habana

Fue un concierto donde se cuidó que el audio mantuviese el nivel adecuado sin falla alguna, aspecto al que nos tiene acostumbrados la cantante, ya que es muy exigente y cuidadosa en la escena, no hubo baches y las luces a tempo.

Liuba escogió un repertorio diverso y tuvo en cuenta el contenido de las letras, el balance entre aquellos temas más conocidos con otros de menor difusión, la diversidad de compositores que trató con el debido respeto hacia sus obras, dejando la huella que la caracteriza: educar al público para que aprecie mejor la obra y su significado, sin dejar atrás el valor del compositor. Y es que Liuba, resalta lo bueno y lo bello en su creación y siempre deja un mensaje didáctico, histórico, patriótico y de amor entre las personas. Ella aboga por estos valores y trasmite esos sentimientos cuando canta y cuando presenta a sus colegas de escena.

Fotos tomadas de internet
Fotos tomadas de internet

Canciones tan conocidas como Estela, granito de canela, Travesía mágica, Canción de la vacuna,tan profundas como El abuelo, simpáticas como El piojo, donde en esta combina los timbres de los instrumentos que la acompañan con el significado de la letra de la canción.

Fotos tomadas de internet

 

 

Este es un tema que sonoramente estuvo muy logrado como también lo fue la canción de las letras, esta última aclamaba a la danza, aspecto que le hubiese dado mayor color al espectáculo si hubiese contado con bailarines o alguna representación en el escenario.

Según plantean algunos expertos en la industria de la música, los conciertos en la actualidad deben estar acompañados de imágenes, buena escenografía y un despliegue de tecnología que va aparejado a grandes costos con el pretexto de lograr mayor rentabilidad y es verdad que se requiere si se quiere competir en el marcado nacional e internacional.  Por lo general, ese despliegue de tecnología se realiza para las orquestas de mayor demanda en el “mercado” y las empresas con mayores recursos apuestan por este tipo de agrupación musical.

El publico de pie disfrutando el concierto

Y yo me pregunto: ¿un concierto con la excelencia de sus intérpretes, con la calidad del repertorio, dirigido a un gran público, básicamente infantes, no lo merece? Yo sé que, si se lo merece, aunque en esta ocasión no fue así. En contraste a este déficit hay que decir que toda esta puesta en escena fue a “pecho limpio”, de la manera más simple posible y sin embargo nos llenó el corazón, porque cuando de buena factura musical se trata, el escenario se ilumina y ese fue el hechizo de Liuba y los artistas que le acompañaron. Ellos tocaron de verdad, con el corazón y nos regalaron una mañana inolvidable y no por gusto Liuba tuvo que salir nuevamente a escena con un ancore del primer tema que abrió el concierto.

El público de pie, los más pequeños bailando en los pasillos y cantando. ¿Entonces cuál es la clave del éxito, la tecnología o la excelencia artística?

¿Mi nieta? Tratando de entender la diferencia entre la música que escuchó y la memoria visual que tiene de esas mismas canciones que ha visto en la pantalla. Estuvo atenta, razonando y evidentemente entendió que la música que escuchó antes en la pantalla también podía salir de los instrumentos musicales sin imágenes y de la voz de esa muchacha que le dicen Liuba y que ella también aplaudió. Cuando la vio tras bambalina, la abrazó como si la conociese de toda la vida. Ella solo tiene tres años, no sé cuál será su futuro, lo que sí sé, es que el concierto de hoy la marcó para toda la vida porque entendió que más allá de la pantalla y el celular hay personas que la pueden hacer feliz, jugar y cantar porque la música tiene esa magia y como diría nuestro Apóstol José Martí “los niños nacen para ser felices”.

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