Los Van Van son la patria.

Por Laura Vilar

Juan Formell, Foto tomada de Internet
Juan Formell, Foto tomada de Internet

Juan Formell, compositor, intérprete y creador de la orquesta Los Van Van, mereció un sentido y bello homenaje de los músicos cubanos y parte del pueblo que pudo estar durante las 4 horas que duró el megaconcierto el pasado 5 de agosto.

En la transitada calle 23 y Malecón se colocaron los músicos de las diferentes orquestas que tocaron. En 23 y P, se develó para la historia y el futuro una tarja en su nombre para que todo aquel transeúnte que se detenga a leerla conozca que allí, en esa humilde esquina de La Rampa, en el Vedado, la orquesta dio su primer concierto. Sonidos que llegaron para quedarse y formar parte del aire que respiramos los cubanos amantes de nuestra música popular bailable.

Allí, bajo el fuerte sol del verano, tuvo lugar este magno evento, todo un suceso, con la participación de músicos de la orquesta, fundadores, amigos, familiares de Juan y sobre todo gente de pueblo.  Las palabras, a cargo del crítico Guille Vilar, retumbaron también en los corazones de los presentes. Lágrimas contenidas de muchos de los que allí estuvimos, sentimos la vibra de Juan Formell, sentimos la vibra de la obra de la vida de un hombre cuyo legado puede identificarse con la Patria, porque decir Cuba es decir valores, es decir principios y también es escuchar sonidos devenidos en música porque Cuba es una isla sonante y ese es uno de nuestros principales tesoros que tenemos que cuidar.

Por la importancia que tuvo este momento de altos quilates, acompañado del Ministro de Cultura de Cuba,  Alpidio Alonso, Marta Bonet, Presidenta del Instituto Cubano de la Música quien hizo suya la idea de Guille Vilar, Samuel Formell, principal legado del Maestro y varios funcionarios que acompañaron ese instante, queremos compartir en nuestro blog las palabras pronunciadas en esa hermosa tarde habanera en el marco del aniversario 500 de la fundación de La Habana.

Palabras de Guille Vilar

¡Vanvaneros!: Hemos sido convocados en este lugar para develar una pequeña tarja que por sus breves dimensiones, para nada significa que se trate de algo sin aparente relevancia, pues en definitiva el milagro de la vida, nace de organismos microscópicos que en esta oportunidad se pusieron de acuerdo para entregarnos al gran hombre que estamos honrando en este Festival que lleva su nombre. Decir Juan Formell encierra tantas cosas para los cubanos, pero tantas cosas que ya no creemos que la tarja realmente sea pequeña… porque desde ahora mismo veremos como esta crece constantemente ante nuestros ojos.

Entre los colegas del medio periodístico, circula una frase donde se asegura que “Los Van Van son Los Beatles cubanos”. Tal afirmación nos llena de un orgullo que nadie se atreve a discutir. Incluso, si ahora también les digo que «Los Beatles son Los Van Van ingleses”, tampoco nadie cuestionaría semejante afirmación porque tanto uno como el otro, cada cual, en su entorno, rompieron esquemas a través de impactantes innovaciones para la época. Tanto uno como el otro, hacían discos que eran esperados con la mayor interrogante de por dónde vendría al próximo.

Pero más importante que eso, es el legado que nos dejó Juan Formell a nosotros, a su pueblo… Solo alguien del talento y de su capacidad para renovar con tanto éxito, es capaz de otorgarle a su querida orquesta tanto prestigio como para llegar a convertirla en uno de los basamentos cotidianos de nuestra identidad… Quien pretenda alcanzar la altura a la que Formell logró colocar la vara con el proyecto de Los Van Van, debe de saber que en esta tierra, la categoría de leyenda musical nadie la ha alcanzado por la cantidad de millones de discos vendidos, exorbitantes cifras que a menudo nos suenan huecas porque lamentablemente, muchos de esos discos que desbordan el mercado internacional, no tienen el aval de calidad necesario que los respalde como un hecho artístico relevante.

En Cuba, en el caso específico de nuestra emblemática orquesta, también hablamos de millones… pero hablemos mejor de los millones de compatriotas que como ustedes, como nosotros…. nos hemos apropiado del hechizo de esta música vanvanera como una reafirmación de las cosas que amamos entrañablemente en este país…  Y esta eficaz estrategia es incapaz de haber nacido de cualquier estudio de marketing que no sea aquel que provino de los dictados del cubano corazón de Juan Formell.

Cubanos… y ese camino recorrido por la orquesta durante estos 50 años, tuvo su origen aquí, en este callejón de 23 y P. Por aquí comenzó a crecer la leyenda. Por eso les pregunto, si en este homenaje a nuestro querido Juan Formell en el 500 Aniversario de La Habana, pudiéramos concebir algo más grande que este monumento de tanto calor de pueblo, al estar ubicado entre una parada de guagua y una casetica de ETECSA, para entonces encontrarnos con el escenario, justamente en el medio. Y encima de este, nos vemos a los músicos de aquel histórico día, pero sabemos que todavía están aquí y no solos por cierto… sino juntos con todos aquellos otros que en algún momento fueron parte de la orquesta y ya no nos acompañan físicamente. No los escuchamos, pero sabemos que todavía están aquí, tocando y cantando porque es de esas músicas que gozamos con toda la alegría posible cada vez que hablemos de Juan Formell y Los Van Van… Por eso les decía que la tarja que vamos a develar, no es pequeña sino bien inmensa, enorme como un país… porque así nos lo recuerda la memorable foto tirada por Iván Soca al espacio de una acera santiaguera donde aparece escrito con lechada en el piso una frase, frase anónima que ella sola por sí misma, encierra todo el significado lo que hemos hablado aquí en esta tarde: Los Van Van son la patria.

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