Mujeres en el punto cubano (primera parte)

Por Amaya Carricaburu Collantes

Foto tomada de Internet
Maria Teresa Linares, Hotel Ambos Mundos. la Habana vieja. 15 de marzo del 2005.
Foto©Rene Perez Massola
REALIZADA:15/03/05
FUENTE:TRABAJADORES
ORIGINALES:RPMARIA
FOTOGRAFO:PEREZ MASSOLA, RENE
OBSERVACIONES:CULTURA/COMPOSITORES/LINARES, MARIA TERESA

A propósito del cumpleaños 99 de nuestra querida María Teresa Linares Savio, investigadora incansable de lo más raigal de nuestra música, profesora de varias generaciones y ejemplo de dedicación para los musicólogos; quisiera compartir los fragmentos de dos entrevistas realizadas como parte del proyecto de colaboración internacional El punto cubano y otras tradiciones campesinas. Rescate y difusión en la nueva provincia de Mayabeque (2012-2015). En ellas se visibiliza a las mujeres cultoras de punto cubano, género musical que fue centro de las investigaciones de Teté Linares y donde realizó grandes aportes a favor de su conocimiento.

Las entrevistas forman parte del libro Mayabeque. Cultura, historia y tradición publicado por Ediciones Cidmuc en 2015, fueron realizadas con el objetivo de conocer a profundidad las particularidades de la práctica del punto cubano, así como de las tradiciones culturales asociadas a él, especialmente en la provincia Mayabeque.

 

Encarnación de Armas Medina (Majana, Jaruco, 18 de agosto de 1933). Decimista y profesora del Taller de Repentismo de Jaruco. Entrevista realizada el 23 de junio de 2014, Casa de Cultura de Jaruco.

¿De dónde viene su gusto por la décima?

Yo creo que la inclinación a las canturías viene por parte de los Medina, porque una tía mía, medio hermana de mi mamá, cantaba y le gustaba improvisar y entonces mi tío Félix me llevaba con ella a los guateques, a las canturías que había por ahí, y eso me llamaba mucho la atención, me parecía una cosa linda y por ahí es que viene mi afición por el repentismo. Mi tío Félix tenía un fonógrafo con discos de aquellos tiempos con grabaciones de María La matancera, de Agustín Calderón, de Pedro Valencia y desde muy chiquita esas cosas me llamaban la atención, era algo distinto.

¿Se hacían muchas canturías en esa zona donde usted vivía?

Sí se hacían bastante, sobre todo en los altares de los santos, para la Caridad del Cobre y a San Lázaro, en algunos lugares.

¿Qué eran los velorios, qué se hacía, qué se comía?

Se hacían tremendos altares y la gente le cantaba [a los santos], no sé si había algún brindis de bebida o vino, posiblemente brindarían algo de dulces caseros y había algunas canturías donde cantaban números musicales, por ejemplo, el del periquito y valle plateado de luna, esos números que son clásicos.

¿También se daban serenatas?

También se daban, sí, era la costumbre que la noche antes del cumpleaños se le daba la serenata [al que cumplía], siempre de acuerdo con alguien de la casa y al día siguiente la familia invitaba a los que fueron de serenata a comer lechón asado, vino, dulces caseros, el dulce de fruta bomba o el dulce de coco.

¿Cómo es que usted empieza a hacer décimas?

Mi mamá me enseñó a declamar porque ella lo hacía, eso se usaba mucho antes en la escuela y entonces yo declamaba las poesías, me enseñaban los versos sencillos de Martí y también los decía en esas canturías, me encantaba oír cantar pero eso no me llama la atención como cosa para mí. Sigue pasando el tiempo y llega el radio al campo, empiezo a oír los programas y eso ya era otra cosa; ahí oigo un día a Naborí y me quedé maravillada, impactada, eso era una cosa completamente distinta a lo que yo conocía. Entonces me puse a seguir la idea de cómo era la décima y ahí empecé. Sigue pasando el tiempo, siguen las cosas evolucionando, triunfó la Revolución, empezaron los talleres, las publicaciones hasta ahora que estoy enseñando a hacer décimas.

Después escribía para la radio un tipo de décima, desde luego, cantada, aunque había programas donde las declamaban, hasta que Francisco Riverón Hernández se interesó, porque, desde luego, una mujer que escribiera décimas en aquellos tiempos no era…[habitual] y me dijo: “tú puedes hacer otra cosa, deja un poco ese lelolelo”, que era la canturía, y [escribe] sobre Tomás Guinades, sobre la cocina ahumada, figúrate cocinando con leña en aquellos tiempos, y así me dio ideas de que hiciera otra cosa en la décima y desde ahí es que surge la décima escrita, o sea, yo lo mismo hago décima para cantar que décima escrita para declamar o para leer.

¿Recuerda los nombres de los programas que escuchaba?

Soy fundadora del programa campesino y de la emisora porque estuve trabajando como locutora allí y de redactora de noticias, porque tenía afición por el periodismo –esa otra de mis cosas. Uno de los programas más importante era Patria guajira con el que yo colaboré durante muchos años, creo que se transmitía por Radio Cadena Sur, y después por Radio Cadena Habana.

¿Cuál era la estructura de esos programas, en qué consistía?

Hay una sección para cantar a los oyentes que antiguamente se llamaba “Postalita” que se usaba en los programas de tiempos anteriores, donde se complacían las peticiones a través de pies forzados. Las controversias no pueden faltar, además para el Guateque dominical, que es algo distinto, entra también la glosa.

Hábleme de su trabajo en los talleres, cuándo empezó y cómo le ha ido.

Para eso tengo que remontarme bien hacia atrás. Al principio de la Revolución, cuando empezaron los primeros festivales campesinos, antes de la Jornada Cucalambeana, íbamos a todas las actividades que había, a varios seminarios donde participaron Naborí y Raúl Ferrer. La orientación era que se instruyera a los decimistas o aficionados porque para competir tenían que tener cierto conocimiento, porque en sí el repentismo era como algo innato, espontáneo pero debía perfeccionarse y entonces empezamos a dar talleres. Fui la primera mujer que participó en un jurado de décima a nivel de provincia y posiblemente a nivel del país, junto con María Teresa Linares. Colaboré después con el taller literario de Madruga (un proyecto de Rafael Rubiera) para dar todos los meses una actividad campesina en el central Boris Luis Santa Coloma, una competencia entre todos los decimistas de la provincia. Después [participé en] los talleres literarios en San José, colaborábamos con el de Madruga, el de Santa Cruz y naturalmente aquí.

 

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