Mujeres en el punto cubano (segunda parte)

Por Amaya Carricaburu Collantes

Yunet López Ricardo (Madruga, 3 de julio de 1991) Poeta y profesora del Taller de Repentismo de Madruga. Entrevista realizada el 4 de julio de 2014, Madruga.

 Vamos a hablar de tu familia. Yunet López Foto: Amaya Carricaburu

Yo tuve la suerte de tener a mi bisabuelo que fue repentista en la década del cuarenta [se refiere a Rigoberto Rizo], compartió con diferentes figuras exponentes de esa época, además primera época de oro del repentismo en Cuba y entonces lo tuve a él y a tres de sus hijos. A uno no pude conocerlo, pero me cuentan que fue el que heredó la improvisación, después de mi abuelo él era el que improvisaba en las canturías y las serenatas y los demás lo acompañaban, todos escribían décimas, pero él era el que improvisaba. Murió muy joven, tenía veintiocho años cuando falleció y yo no lo conocí.

Después de eso, los improvisadores en la familia mermaron; había escritores: mis tres tíos y mi abuela; ellos sí escriben muy bien la décima y sus hijos heredaron también esto. Todos la escriben pero no la improvisaban. Entonces llegué yo en la tercera generación y comencé desde los seis años a escribir redondillas, mi abuela me enseñó las décimas y cuando llegué al taller de repentismo con diez años, gracias al proyecto de los talleres especializados me incorporé al taller de Madruga y ahí aprendí a improvisar la décima. Mi abuela nunca se había interesado en enseñarnos eso, ni siquiera a sus hijos, todo lo aprendieron intuitivamente de esta forma de estar compartiendo diariamente con los repentistas en las canturías y demás. A mí me llegó así y comencé en el taller, a cantar por ahí. Cuando tenía trece o catorce años me gustaba mucho ir a cantar a Cabezas con Ernesto Ramírez, que es una persona adorable, él se pasaba horas enteras improvisando conmigo –que eso no lo hacen otros poetas de su categoría– y así empecé a desarrollarme dentro de la improvisación.

Luego estuve también en el taller de Güines con Lazarito [Palenzuela] a quien le agradezco muchísimo porque me abrió la puerta no del guateque pero sí de otras actividades que resultaban un incentivo para mí como conocer Cuba. Así transcurrió secundaria, preuniversitario y cuando llegué a doce grado tuve la disyuntiva de ¿qué hago?, ¿me dedico completamente al repentismo o estudio una carrera? A mí siempre me ha gustado estudiar y quería ser universitaria, tenía el sueño de la universidad y bueno hice las pruebas de aptitud de periodismo las aprobé y comencé.

Los dos primeros años estuve desligada del repentismo en sí de la canturía como tal porque estaba la semana entera en la Habana, el repentismo aunque yo quisiera que fuera así pero no es un fenómeno citadino, y allí no tenía las oportunidades que naturalmente existen aquí en el campo que es donde vive el género. En tercer año comencé a vincularme un poco más con el Centro Iberoamericano de la Décima y dirigí la peña de ellos como un año y ya en cuarto año tuve que comenzar a hacer la tesis y de qué otra cosa la iba a hacer que de repentismo y entonces comencé a investigar y a adentrarme dentro de esta lista de investigadores del género. Ahí me encontré muchísimas sorpresas incluso cambié muchas de mis opiniones como practicante portadora cuando me adentré a investigar lo que sucede con esta tradición y bueno ya me gradúo el jueves que viene, ya discutí la tesis sobre el repentismo precisamente, un libro de entrevistas a personalidades del género y aquí estoy con el taller de repentismo, con los jóvenes que tengo que atenderlos también que somos la generación de los primeros egresados de los talleres de repentismo[1] entonces queremos hacer cosas nuevas con el género, los tengo un poquito abandonados pero ya terminé toda esta turbulencia de la tesis y ahora sí voy a tiempo para dedicarles y así yo y el repentismo que siempre vamos juntos.

Además de esos jóvenes y niños a quienes enseñas en los talleres ¿alguien más ha aprendido de ti? ¿Existe una cuarta generación [de repentistas] en tu familia?

Mi hermano tiene actualmente quince años y cuando tenía cuatro yo dije que si salía improvisador iba a ser mucho mejor que yo. En aquella época yo tenía doce o trece e improvisaba muchísimo y hacía los cuatro pies forzados como Tomasita [Quiala], cantaba con muchísimos poetas y era como una promesa, la promesa de mi abuelo y yo decía si Amed sigue así pues va a ser mucho mejor que yo porque nunca le explique cómo era un verso octosílabo, ni una redondilla ni mucho menos la décima y nos poníamos a improvisar. Al frente había un señor al que le gusta mucho el repentismo, no es poeta sino un amante de la tradición y le gusta improvisar también y Amed chiquitico iba para allá y se ponía a improvisar y a veces en controversia lograba hasta décimas enteras y a mí me impresionaba mucho y ya en la actualidad hace muy buenas décimas, hace pie forzados. El año pasado, cuando comencé en el taller de repentismo lo llevé para allá, estaba en noveno grado e improvisó sus pies forzados, fue a algunas actividades pero ahora está en primer año de veterinaria, quiere ser veterinario y vamos a ver si de aquí a algunos años se decide y quiere retomar ese vínculo.

¿Tienes alguna tonada preferida o que siempre repitas?

Ese es uno de los grandes problemas que tenemos la mayoría de los poetas improvisadores. El taller de repentismo me brindó muchísimas oportunidades y conocimientos, pero desgraciadamente nunca tuve un músico acompañante. En aquel entonces mi profesor en el taller de Madruga era Yusniel Piloto, buen repentista pero no un buen cantador, pero sí era muy buen profesor y desgraciadamente me enseñó todo de repentismo pero de tonadismo nada.

Crecí con la perspectiva de que yo era improvisadora, no tonadista. La primera tonada que canté fue un punto cruzado, improvisaba con esa, porque mi tía Gisela cayó en que yo tenía que tener una tonada para improvisar y desafinaba en la mayoría de las que me aprendía y dije, bueno, esta es la ideal que no desafino. Comencé con aquello pero era muy rápido y a la hora de improvisar con otros poetas no caía bien, ellos cantando pausadamente y yo en esa seguidilla. Entonces comencé en el taller de Güines y Lazarito fue el de la idea de ponerme la tonada que todas las niñas [cantan] y con esa me sentí muy cómoda. Siempre canté en estas actividades con Leanet Ulloa que es una niña de Güines, y ella cantaba por esa tonada, las dos lo hacíamos en el mismo tono y era fácil para los músicos acompañar a dos niñas improvisando con la misma tonada en el mismo tono.

Después que termine la universidad quiero dedicarme más abiertamente a la canturía, quiero cantar mucho más. Voy a cambiar la tonada, porque esta no me es cómoda para improvisar, es una tonada más bien lenta y yo prefiero que sea una más acorde a lo que cantan los demás poetas. Sé muchas tonadas pero no me he atrevido a cantarlas en público con instrumentos. Por iniciativa de mi mamá una vez fui a un concurso donde obtuve mención, y creo que canté una tonada española y una libre. A mí me gusta cantar tonadas, incluso el taller de repentismo me ha obligado a aprender porque para enseñárselas a los niños muchas veces tengo que cantarla yo, ahí hago un esfuerzo y la logro, pero así de cantarla en público digo no, yo soy improvisadora.

¿Sabes tocar algún instrumento?

Cuando mi primo empezó a tocar la guitarra yo hice mis intentos por tocar el tres, y llegué a tocar algunos tonos: re, do, sol, pero eso no es lo mío, quizás por un intento de querer aprender algo, los conocimientos nunca están de más, pero no soy tocadora ni músico, yo soy improvisadora y sé cuáles son mis límites y ojalá tuviera esos conocimientos y las actitudes propias para tocar un instrumento pero no las tengo, Dios me premió con otra y yo admiro y respeto mucho a los que puedan hacerlo.

¿Entre esos límites está algún tema que no te atrevas a abordar?

No creo eso, en cuanto a los temas en las controversias creo que el poeta que está preparado puede abordar cualquier tema porque sabe darle la vuelta para caer en lo que él quiere, eso ya viene siendo como mañas, trucos, picardía, experiencia que adquieres en el escenario. Por ejemplo, ahora yo que no tengo la práctica necesaria porque hace mucho que no improviso –creo que la última vez que improvisé una hora con un repentista fue hace como cinco, seis meses aquí en Madruga y canté con Pepito (José Antonio Morales) en la peña [El Copey]; si ahora yo subo a un escenario no voy a estar en el nivel de un poeta preparado, entonces a la hora de escoger los temas puede que demos algunos tropezones para caer en un tema fuerte, eso a veces pasa, puede ser que dos poetas muy buenos se encuentren en un escenario, comiencen a cantar y no encuentren el tema y es impresionante porque para mí Omar Mirabal y Ernesto Ramírez son dos de las cumbres más altas del repentismo en Cuba y muchísimas veces se han subido a un escenario y no han encontrado el tema. La gente los aplaude porque son íconos, pero la controversia para los que conocemos bien sabemos que no quedó buena. Y así sucede, hay poetas sí se encuentran, mira a Onieisis Gil y Yoslay García, ni un tropezón, y yo he escuchado muchas controversias de ellos y suben y enseguida encuentran un tema, un camino. Sus actitudes, sus características propias, sus personalidades se interconectan en ese momento. Las controversias son así, uno nunca sabe que te espera arriba del escenario, ese es el riesgo que deben correr todos los repentistas y por eso el público los aplaude.

¿Tienes algún repentista hombre o mujer con quien tengas una química especial?

De todas las improvisadoras, Tomasita es la mayor exponente del repentismo femenino que tiene Cuba, aunque yo no creo en esto del repentismo masculino y femenino. Para mí el repentismo es bueno o malo salga de una de mujer o de un hombre, nunca he improvisado con Tomasita, pero sí me sentí muy bien una vez improvisando con Liliana Rodríguez, me encantó conocerla porque me sentí reflejada, me sentí muy bien en cuanto a actitudes personales y también encima del escenario. Ojalá la vida me permita improvisar otra vez con Lili porque no sé, hay química, entre nosotras dos, quizás podamos hacer algunos números buenos.

Imagino que debes de tener algunos referentes en la música campesina en general ¿podrías mencionarme algunos?

Me gusta muchísimo la décima de Juan Antonio Díaz, muy redonda, es un poeta que sube al escenario y disfruta cada segundo, sin nervios. Escuchar a Juan Antonio improvisar es como verlo conversar con alguien. Creo que es el único repentista que sube y lo mismo te contesta un teléfono, que habla con el que está al lado, que saluda a los que llegaron mientras el otro improvisa, una décima tan limpia, tan clara, que no le falta nada, que está ahí y dices ¿cómo lo logró? Eso me impresiona muchísimo de él, además de la capacidad de réplica que tiene.

Una vez estaba improvisando con Omar [Mirabal] al tema de Chanchito [Francisco Pereira] y entonces Omar dice: “Y tú sabes porque yo / no fui hasta su tumba fría / porque Chanchito ese día / en vez de morir nació”. Ese final estuvo muy fuerte, eso lo dijo Omar y salió Juan Antonio detrás y le dice: “Es verdad que no te vi / no miré tu rostro triste / no sé por lo que no fuiste / yo sé por lo que yo fui. / Pero si dices que ahí / se invirtió su movimiento / que nació por el cemento / que le regaló la muerte / entonces tuve la suerte / de llorar su nacimiento”.

Esas son las décimas totalmente improvisadas, porque está otra que es el repentismo impuro que también tiene, hasta cierto punto es aplaudible porque es increíble que un repentista pueda memorizar hasta cincuenta décimas y subir y decirlas, hasta ese punto es aplaudible, pero la décima como dice Rafael García “sacada de la teta”, es la que yo persigo, la que me gusta.

Están Luisito Quintana, Juan Antonio Díaz y Yoslay García que es un pintor, Yoslay a cada verso le pone su pintura como él mismo dice, es un poeta que pinta, sus puentes me impresionan, son impecables, es mi opinión, puede ser que algunos no le salgan bien porque él es un improvisador y es un arriesgado.

Me gustan mucho también Oniesis [Gil] y Leandro [Camargo], Leandro tiene una décima culta, preparada, que quizás algunos la llamen rebuscada pero a mí me llega perfectamente el mensaje de lo que ellos están diciendo. Me gusta también la serenidad que tiene Luis Paz en el escenario, nada lo atormenta, él se mantiene sereno con una sonrisa. Omar Mirabal y Ernesto Ramírez… como dicen, lo bueno no pasa y a veces es triste ir al Copey y no encontrarlos ahí, pero las nuevas generaciones también están poniendo su pauta y su paso, y ellos aunque no lleven la vanguardia del repentismo están ahí y son referente obligado porque yo he escuchado hace poco controversias de Ernesto con Oniesis y la gente dice que a Ernesto hay que respetarlo aunque piensen que ya pasó de moda, qué va Ernesto sigue ahí y eso son lumbreras, caminos que uno tiene que seguir, respetar y sobre todo defender para que todo el mundo los conozca.

Para ti ¿qué característica tiene que cumplir un poeta bien formado?

Lo primero que tiene que tener es conocimiento, cultura, saber de todo hasta lo que está sucediendo en la actualidad en los demás países, tiene que leer el periódico, tiene que estar actualizado. Lo demás es práctica. Yo creo en la cultura de los analfabetos, no importa que tengas un título; yo me gradué de periodismo y puedo también ser filóloga y tener los conocimientos más extraordinarios que no me van a servir de nada si no tengo lo que hay que tener, esa semillita para subir al escenario y poder engranar todos esos conocimientos poéticamente porque no es citar “José Martí murió en Dos Ríos”, hay que tratar de jugar con eso y buscarle la poesía porque ahí es donde está la magia de la improvisación y es donde se demuestra el talento.

Lo primero es conocimiento; lo segundo, práctica y lo tercero, saber volar pero poniéndole color a las alas porque no hago nada con una décima llena de metáforas y de símiles si al final está vacía y no tiene esa poquito de sustancia conceptual. Hay quien critica a Irán Caballero porque dicen que es un poeta conceptual y es otro de mis ídolos, pero hay que tener cuidado con Irán Caballero, porque cada décima de él trae la materia, me gusta mucho su estilo y creo que lo ideal sería la combinación de ambos estilos en un poeta que diga una idea clara pero que la sepa dibujar.

Háblame de tu labor como profesora.

Me encantan los chiquillos, empecé en cuarto año de la carrera y no necesité estudiar mucho, tenía mucho tiempo que dedicarle al taller, mi vida estuvo centrada en esos niños que no sabían hacer las redondillas, no sabían cantar bien y los veo ahora y yo los he visto crecer, creo que no hice nada, ellos tenían el talento y yo solo supe indicarles y me encanta porque me llaman a mi casa siempre y me dicen: “maestra esta es mi última creación” como hace Adriana cada vez que me llama.

Muchas alegrías, por ejemplo cuando Adriana hizo por primera vez los cuatro pie forzados y viró la décima hacia atrás en el cine de aquí de Madruga y después cantaron Hectico [Gutiérrez] y Luisito Quintana y tuvieron que comenzar la décima de la niña que había terminado porque impresionó muchísimo. Inielis, Mileinis y Erika de tres y cuatro añitos ya subían al escenario y cantaban sus décimas, tres y medio tenía Mileinis cuando aprendió a cantar antes de hablar; ver a Neiser cantar la tonada de Justo Vega e improvisar con  esa tonada es como revivir al maestro y así… Ver a Patricia que me sorprende con esas décimas llenas de metáforas y ver a los demás tonadistas, creo que soy afortunada porque en Madruga he podido reunir un grupo de niños que entre todos logran un todo porque lo mismo tengo un tonadista que una improvisadora, que tengo la que escribe la décima, que tengo la chiquitica y así somos una familia creo que es lo importante, nos llevamos muy bien siempre estamos haciendo fiestas y la otra alegría grande fue incorporar a los padres al proyecto de los talleres que ellos ya cantan, improvisa, escriben la décima.

Lo principal es inculcarle que si uno gana, todos ganamos. Incluso las décimas que canta uno la cantan los demás, nunca una décima es tuya, ni esta es mi controversia, en un momento determinado cambiamos y aquí todo el mundo canta la décima de todo el mundo, eso es lo primordial, y nunca he tenido problemas con los niños a la hora de seleccionarlos para ciertas actividades, todos saben. Nos llevamos tan bien que una vez alguien me dijo cuando Adriana bajó del escenario la primera vez que improvisó con Anamaris, la primera controversia que ella hacía “pues yo no sé quién era la mamá de Adriana porque todo el mudo le cayó arriba a darle besos” y se me perdió la mamá de Adriana y así somos todos y creo que eso es lo que me ha funcionado más, lograr esa unión, esa familia, que me llamen siempre. Que me consulten todas las décimas, que los padres estén atentos a que pueden hacer por el taller y así estamos y hemos avanzado y espero que sigamos teniendo muchos triunfos.

Eso de ser maestra ¿influye en tu manera de improvisar?

No sé hasta qué punto, a veces yo creo que cuando uno improvisa es como estar como dentro de un cuarto oscuro y empiezas a tantear todas las paredes buscando donde está la puerta o el picaporte para que la luz te despeine. Yo me olvido de las teorías y de todo lo demás, quizás sí me ha ayudado muchísimo pero espiritualmente para lograr volar gracias a toda esa inocencia que tienen ellos, pero en cuanto a técnica y demás cosas también porque he removido todos esos conocimientos que tenía del taller pero a la hora de improvisar todo esto que da en un segundo plano, lo que interesa es tu valía como poeta e improvisador y ahí sí hay que recurrir directamente a la semillita que llevas dentro, esa semillita del talento.

¿Qué importancia le das a poder cantar bien, además de tener una buena poesía, una buena improvisación?

Muchas veces en el público que está abajo haya alguien que no tenga oído musical y no se dé cuenta que el improvisador está desafinando, pero en su mayoría en un público casi siempre todas las personas se dan cuenta de estas cosas pues no le llega igual, aunque no sepa, pero hay algo ahí que no concuerda y entonces puedes decir una décima excelente que si no estás afinado no es el ciento por ciento, te quedaste en un setenta y para el que sí sabe de música te quedaste en un treinta porque le prestó atención solamente a tu afinación y olvidó lo que tú decías.

Algunos poetas excelentes de la actualidad a veces desafinan pero no es culpa de ellos, porque si en su comienzo no tuvieron un músico que le dijera: mira es por aquí, ya se adaptaron a cantar de este modo, es muy difícil para un improvisador que ha pasado la vida entera cantando por una tonada decirle que la cambie, porque es un engranaje en su cabeza que todo concuerda ahí y él está adaptado a eso.

Sí es valiosísimo que los niños que estén comenzando sean afinados a la hora de improvisar. No hay que descuidar, no es decirle improvisa y ya, preocúpate por la décima, no, tienes que llevar todo a la par porque si no, no fueras un improvisador porque el improvisador no es solo hacer la décima, tienes que cantarla y la gente que está debajo tiene que recibir eso como un todo, no como un todo que le falte la parte de la afinación y entonces si veo muy positivo que en los talleres exista ahora un músico acompañante, una persona que sepa de música porque a veces los repentistas que son los profesores no tienen conocimiento, pero sí creo que los niños que se están desarrollando ahora van a tener ese punto a su favor y es una forma más de ayudar y de beneficiar la tradición.

Como parte de esa generación ¿sientes que la estructura tradicional de los espectáculos que se hacen ahora de repentismo, de peña está a tono con lo que ustedes sienten, es adecuado?

Esto de dos repentistas improvisando y dos músicos detrás hay que cambiarlo un poco, pero igual es una estrategia que funciona para el público que lo percibe y hay diferentes tipos de público dentro de este público guajiro. Está el que ni siquiera acepta que hagas una trilogía y tienes que poner a cantar a Omar con Luisito Quintana porque si no se va y entonces hay que jugar con todos esos factores. Soy partidaria de que se rescate el pie forzado, de que se rescate la contralectura, no que sea el plato fuerte del guateque para nada, la controversia es la reina del guateque y esa controversia de dos horas es la que persigue el público no la de quince minutos, el público de verdad amante del guateque de aquí no el de ciudad de La Habana, pero hay que ir inculcándoles y metiéndoles qué es la contralectura, qué es una tonada dentro del guateque, qué son los pie forzados, que no es solamente el pie forzado y ya termina la décima, están los pie forzados móviles, los pies forzados extremos y diferentes variantes, poner una foto y que los repentistas improvisen sobre eso.

Hay mil alternativas para demostrar que el repentismo ya no es solamente dos y dos para nada, yo lo veo muy renovado y muy joven pero no es llegar y decirles esto es lo que hay y soltarle aquella bomba, está el repentismo hablado que es una variante excelente que yo no dudo que un día se llene… yo no pretendo que se llene el Karl Marx en este momento y yo dudo que se llene con público de la ciudad de La Habana sino con público del campo que a veces se ve imposibilitado. Vamos a un guateque en Güines y decimos que está lleno y es verdad pero cuánta gente en Batabanó o aquí en Madruga o sabe Dios en cuántos lugares quisieran ir a ese guateque pero no pueden por transporte u otros diferentes inconvenientes, pero yo no dudo que un día se llene un teatro en la Habana para ver una obra de teatro improvisada con repentismo hablado. Es un reto para los improvisadores pero lo han asumido con una verdad que hay que respetar porque improvisar hablando no es nada fácil, a veces los improvisadores se asombraban de ver en España a Alexis con aquel repentismo hablado y que el público lo aplaudía y se levantaba, se ponían en pie para ver aquello, y bueno en Cuba también podemos hacerlo, hay que enseñarle al público todo lo que puede hacer el repentismo, no es solamente la controversia, hay muchas cosas y puede que esté en nuestras manos  y que todavía no hemos sido capaces de viabilizar.

¿Ustedes están conforme con el público que tienen ahora o les gustaría llegar a otro tipo de público, por ejemplo el de la ciudad?

A mí me encantaría ir y hacer un guateque en la ciudad pero no ir a cantar yo, yo creo que si voy a ir a la ciudad a convencer a ese público, no al joven que nació aquí en Madruga y vive ahora en ciudad de La Habana no, al que nació allí yo tengo que ir con Irán Caballero y Luisito Quintana tengo que llevarle lo mejor, no puedo ir con otros poetas que a mi entender son buenos igual pero yo sé que ellos van a asombrar más y a impactar más. Si esa gente va allí, los pongo a cantar en Malecón cerca de la residencia estudiantil de los universitarios. Mis amiguitos de aula me decían ¿Cuándo hay peña? Queremos ir, porque se asombraban cuando yo les ponía los videos y eso asombra a cualquiera y no pretendo que todo el mundo los siga, pero sí que los conozcan porque si yo llego a la Habana y pregunto ¿Quién es Luis Quintana? Y me van a decir ¿Quién es ese?

 

[1] Se refiere al Grupo de Jóvenes Egresados de los Talleres de Repentismo Infantil “Punto joven”.

Yunet López Foto: Amaya Carricaburu

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