Honor a quien honor merece: Gracias Omara

Por Carmen Souto Anido y Yanira Martínez Arango

Omara Portuondo. Foto tomada de internet.
Omara Portuondo. Foto tomada de internet.

Celebrando los 89 años de vida de la gran Omara Portuondo, el equipo de Del canto y el tiempo se complace en compartir fragmentos de una entrevista concedida por la prestigiosa cantante cubana y Premio Nacional de la Música hace algunos años. Sirvan estas líneas también como primicia de un nuevo volumen en preparación por el sello Ediciones Cidmuc, donde, además de este testimonio, se reúnen las voces de muchos otros músicos cubanos de diferentes generaciones.

Muchos no conocen que usted se inició como bailarina. ¿Qué la hizo inclinarse por la canción?

Bueno, la respuesta es la siguiente: para poder bailar, cantar, o hacer música en sentido general, tú tienes que tener, igual que en cualquier otra profesión, una condición natural: oído ritmático, oído melódico, oído armónico… A mí siempre me gustó bailar, y por coincidencias de la vida, fui a bailar por primera vez a Tropicana, un lugar donde nunca me imaginé que iría y fue por sustituir a una muchacha que no lo podía hacer en un estreno; mi hermana bailaba en ese lugar y dijeron que yo lo podía hacer. Y así fue. Pero de todas maneras yo simultaneaba la danza con el canto. Al principio, además de cantar, siempre quise hacer ballet clásico, que no lo pude hacer por las cosas de la vida… Al final me destaqué muchísimo más en el canto, pero a aquella primera vez en Tropicana, se suma que pertenecí al conjunto de Alberto Alonso, donde además de cantar en espectáculos, bailaba con ellos en televisión y en otros sitios. De esta parte de mi vida casi nunca he hablado, siempre digo que empecé porque tenía las condiciones normales que debe tener un bailarín: ritmo, memoria coreográfica, ese tipo de cosas, eso lo aprendí en el quehacer diario. De todas maneras en la escuela primaria donde estudié daban clases de canto, de música, de actuación… y tenía condiciones para bailar lo popular, porque me encantaba.

Su debut en la música fue en un programa de aficionados en Radio Cadena Habana. En su opinión, ¿cuánta importancia puede tener en la carrera de un músico profesional la formación autodidacta y cuánta la academia?

Lo primero que tienes que tener son condiciones naturales. Cuando se hacen las pruebas para estudiar en la escuela —entonación, armonía— lo hacen para comprobar si tienes aptitudes. Eso creo que es normal en casi todas las profesiones. En la formación autodidacta lo primero es la naturaleza, pero independientemente, tú te vas “haciendo”, espontáneamente, de acuerdo con la vida… En aquella época nosotros no teníamos tantas condiciones para entrar en las escuelas de música, sobre todo por problemas de economía, porque yo siempre quise estudiar piano pero no pude porque en mi familia no había dinero; pero tú siempre cantas. Fue entonces cuando entré en el grupo de aficionados, así que ya, autodidacta, yo tenía la experiencia de la escuela con coros y ese tipo de cosas, tuve mucha suerte. Y la importancia de eso es fundamental. Ahora la academia también es tremendamente importante porque tienes toda la formación conjuntamente con lo que te da la naturaleza, lo que resulta en un buen músico. Así que yo creo que los niveles de importancia están equiparados.

Verla a usted, para muchos cubanos, es también remitirse al recuerdo de otras dos grandes de la música cubana: Elena Burke y Moraima Secada.

Se recuerda a Elena y Moraima, que fueron dos grandes de la música, pero me entristece que no se hable tanto de la directora del cuarteto D’Aida [Aida Diestro], quien fue la que nos formó tan bien, logró que nosotras hiciéramos muchas cosas desde el punto de vista armónico sin haber estudiado música, porque ella era un músico excelente, muy considerada por todos los profesionales en esa época. Ella nos enseñaba cada una las voces que nos tocaban. Mi hermana Haydée también era importantísima, porque era la prima; ella también aprendió en la escuela como yo —sabes lo importante que es la voz prima en una agrupación. Esas son dos personas que para la gente han pasado inadvertidas, las que más destacaron fueron Moraima, Elena y yo. Creo que era un cuarteto magnífico, por la forma en que armonizaba con sonoridades actuales, más contemporáneas de acuerdo con los anteriores… e incluso para los tiempos de ahora mismo. Los músicos que tienen cuartetos ahora siempre me dicen que se remiten al cuarteto D’Aida, porque la manera de armonizar era muy actual.

¿Qué significa para usted que esa amistad sea recordada con tanto cariño por el pueblo cubano?

Eso para mí es fundamental, creo que representó tan bien la música nuestra, de nuestros compositores… Por eso te digo que quisiera que nos recordaran a todas: Elena con su voz de contralto tremenda, tan natural, para mí la mejor cantante que había; Moraima, que tenía un sentido de la armonía, un sentimiento, era muy temperamental, y tenía una manera tan profunda de cantar que yo misma admiraba; mi hermana, que no cantó más nunca, era soprano y cantaba cosas clásicas también; y Aida que era insustituible. Para mí es tremendamente importante, y me siento muy compensada porque para la gente ese cuarteto fue fantástico. Para mí es casi tan importante como el momento este que estoy viviendo porque de eso devino mi carrera posterior, de todas las experiencias que tuve con el cuarteto y los compositores del momento como Guzmán, Lecuona, mucha gente. Mi formación fue aquí en Cuba y yo siento una gran honra de haber podido ser una persona conocida y de representar a mi país y a su cultura, que tanto amo.

 Sus interpretaciones han pasado a ser clásicos del feeling, del son, de la Nueva Trova… ha sido protagonista de nuestra historia musical en diferentes etapas. ¿Se considera usted una artista que vive acorde con su tiempo?

Sí chica, sí me considero que vivo acorde con mi momento, además siempre recibo algunas influencias más, algunos destellos de calidad de la gente más joven por ejemplo, ahora siempre nos pregunta todo el mundo en el exterior ¿por qué hay tan buenos músicos en Cuba? A ver, ¿cómo tú contestarías esa pregunta?

Es algo que llevamos en la sangre…

Esa es la naturaleza, la atmósfera, el ambiente… yo no sé, pero es una cosa innata. Aquí los músicos son muy buenos. Mira con los que estoy trabajando, que me siento muy honrada: Harold [López-Nussa] en el piano y Andrés Coallo, que yo le digo “el bebé”, es un baterista excelente también, y Felipe Cabrera, que no es tan joven, pero es un instrumentista excelente, que en vez de estudiar bajo creo que estudió fagot, luego cambió de instrumento y llegó a ser bajista de Gonzalito Rubalcaba; además, el brasilero que está trabajando ahora con nosotros [Swami Jr – director musical, guitarrista y productor], está haciendo una mezcla, con una fusión de muchos elementos. Buenísimos todos, con ellos me siento muy bien. En la época del feeling también eran todos muchachos jóvenes, todos “éramos tan jóvenes”. La juventud siempre trae sus propuestas propias, eso es normal, va en la naturaleza también. Cuando el feeling, eran estudiantes de la Universidad; otros como César Portillo de la Luz, que era pintor de brocha gorda, pintaba casas, y mira qué nivel intelectual tiene, ¿verdad?; José Antonio Méndez era estudiante de bachillerato; otros eran dirigentes, como Suso Fuentes que era director de la escuela de Odontología… todos de distintas procedencias sociales, había hasta uno que no cantaba pero era bailarín, que trabajaba en la basura, así que fíjate todos los niveles que coexistían, y todos teníamos una cosa en común que era la música, del tipo que le empezaron a denominar el feeling porque en ese momento se escuchaba mucha música norteamericana, pero los antecedentes de ellos también eran de la trova tradicional. Sindo Garay, mira, ese es otro personaje, por su manera de componer y de armonizar tú dices “ese hombre es actual”.

* * *

 Nos llama mucho la atención que a usted como figura la sigue un público muy diverso. ¿Por qué usted cree que es escuchada en el mundo entero por gente tan diferente y con preferencias musicales tan disímiles?

La música no tiene edades ni idiomas. Lo que tiene es eso, que la gente la prefiere: sentimiento, alegría… eso vamos a tener que preguntárselo a un psicólogo. Cada vez que alguien me pregunta algo así yo siempre digo: “vamos a tener que buscar un psicólogo”, porque no deja de ser cierto lo que me dices. A veces yo me quedo sorprendida y me digo: “mira qué interesante esto”. Por ejemplo, en el tiempo de la nueva trova también pasó. En ese tiempo éramos muchachos jóvenes, pero había un personaje más viejo, bueno, que ellos consideraban que era viejo, pero que hizo una canción como la del Che Guevara que ha quedado para la historia, que es Carlos Puebla. Por eso te estoy diciendo que eso es una cosa tan tremenda que a veces no tengo respuesta para eso. Eso pasa en todas partes del mundo. La música no tiene idiomas, a veces veo personas que tú ves que lloran con los textos y vas y les preguntas “¿lo entiende?”, y a lo mejor eso es algo que tiene que ver con la sensibilidad. Y eso me pasa a mí a menudo, porque veo que corresponden a mis sentimientos, lo que yo estoy expresando, a lo que los músicos están dando en sus notas musicales, en una serie de elementos que son fundamentales para el cantante.

¿Es posible que esa aceptación sea una influencia del éxito del Buena Vista Social Club?

También. Yo pienso que el éxito del Buena Vista llegó en el momento indicado, a la hora indicada. Lo del Buena Vista también fue una cosa casual, en ese momento no estaba previsto que pasara eso. Fue una grabación que iban a hacer otras personas, unos músicos africanos, y el que lo hizo al final fue este señor que es un norteamericano [Ry Cooder] que trabaja también con africanos en el sello World Circuit, donde eran conocidos. Entonces él vino a Cuba, ya había estado en otras ocasiones, y como se cayó la visa de los pobres africanos que nunca pudieron llegar, y ahí mismo este niño, Juan de Marcos González que también tenía el grupo Sierra Maestra, de son tradicional, y estaban en el mundo entero ya caminando con esa música, él fue el de la idea […] puso todos los elementos y resultó ser eso que se llama Buena Vista. Fue bueno, porque abrió mucho el camino, quiero que tú sepas que ciertamente no fue solo el grupo ese, sino que empezó a abrir una brecha ahí tremenda que fue importantísima y estábamos queriendo lograr hacía años. Era el mismo trabajo que ya hacíamos en distintos lugares durante intercambios culturales, en muchísimos países, y tenía mucho aplauso, pero nosotros decíamos “por qué no llega más”. Entonces salió el Buena Vista […] Son cosas así, de oportunidad, de momentos, como este de ahora que tenemos tú y yo.

* * *

En la música popular cubana de estos momentos hay mucha polémica porque hay quienes creen que afrontamos un período de crisis, o un período difícil por varios factores, entre los que se encuentran el arribo de géneros foráneos como el reguetón, que discute el gusto, las legislaciones del sistema de la música, el comercio del disco en Cuba, la piratería, los espacios de presentación de los artistas, las condiciones de trabajo, los problemas económicos, la difusión, un cúmulo de factores… ¿qué cree que está sucediendo con nuestra música popular hoy?

Lo de la piratería es una cosa que ya es universal. Pero te digo que los jóvenes traen sus propios conceptos y proyectos, sus proposiciones. A veces digo que si hay reguetón, pues es reguetón. Ahora creo que hay una cosa que le llaman la fusión del Caribe, porque ahora ya el Caribe no es solo Cuba, Santo Domingo… ahora es inclusive la parte sur de Norteamérica, o sea, New Orleans también se relaciona con el Caribe. Y todo esto tiene que ver con las fusiones, tú sabes que hay muchas fusiones, lo mismo en un momento determinado hay merengue que hay otra cosa, ya no es solamente reguetón, están incluyendo más elementos, todo tiene su tiempo y su espacio.

¿Entonces usted no comparte la idea de que hay una crisis?

No, yo no la comparto. Por ejemplo, yo tengo grabada una canción con Arnaldo y su Talismán, que a lo mejor no se ha hecho popular, pero que está ahí, es una proposición de gente joven que está ahí, me invitan a cantar y yo encantada, yo voy y lo hago. Como la canción “Libertad” que hice con Joel [Guillian], mira eso qué interesante fue, yo me quedé sorprendida cuando vi a la hora de hacer el video la cantidad de personas que había allí, que él había logrado nuclear allí, inclusive periodistas, de la CNN… y yo decía: “cómo podrá hacer eso”, pero fue muy bueno, y todo un éxito, todo el mundo me habla de eso, a niños y mayores les pareció bien, inclusive hay algo dentro de ese mensaje muy actual, de mucha actualidad.

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¿Cuánto tienen de semejante y de diferente la Omara de los tiempos de Rodney en Tropicana y la Omara de hoy?

No tienen tanto, es más una asimilación de todo: de público, de músicos, la admiración que uno tiene por los autores, orquestadores, vaya, es una correlación de fuerzas que tenemos tremenda. Y eso desde pequeña me lo inculcaron mis padres. Música que oía, música que me ponía a bailar y a cantar. En las vacaciones, en la sala de mi casa, que era chiquitica, mi hermana y yo montábamos espectáculos y lo hacíamos todo, los papeles, los personajes, todo, y la gente de la familia de nosotros nos iba a ver cantar y nos aplaudían.

¿Qué es lo que más la alimenta como artista y como intérprete?

¿Lo que más me alimenta? El disfrute de la gente, el público, los músicos, yo disfruto mucho con ellos. Es una relación de fuerza musical, es una fuerza que yo alimento y a veces cambio las melodías jugando con las armonías y ellos se divierten y el público no se molesta, hasta ahora no me han hecho ninguna crítica al respecto. Y siempre he sido así, siempre, con la armonía voy cambiando las notas y me divierte mucho, me causa mucha satisfacción. También cuando me pongo a dirigir al público… Es que me parece que somos la misma gente, que siempre estamos juntos y que nos queremos, y que te gusta cómo yo canto y tú me regalas tu aplauso […] es una relación de amor con todas esas personas que durante sesenta años me han ayudado a llegar a donde he llegado, porque es una compenetración directa e indirecta con músicos, con autores, con otras épocas, con mi niñez, con mis padres que me enseñaron que este era mi país, que esta era mi cultura, que este era mi lugar, y hay una serie de elementos ahí que aunque sea con una sola palabra yo creo que eso lo abarca todo. Le doy gracias a tanta gente…

* Tomado de Carmen Souto Anido y Ailer Pérez Gómez (selección), La música cubana … por La Calle del Medio, pp. 179 – 188, Ediciones Cidmuc (en preparación).

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