Mayra Caridad Valdés, aquí estas

Por: Laura Vilar Álvarez, musicóloga

Mayra Caridad Valdés inició hoy su viaje eterno hacia el Universo. Músico de linaje familiar que heredó sus genes musicales. Al decir de Mayra “Las descargas familiares /de jazz/era lo que se oía en mi casa desde que nos levantábamos en la mañana”.

Chucho Valdés junto a su madre Pilar Rodríguez (izquierda) y su hermana Mayra Caridad Valdés (derecha). Foto: Perfil de facebook del artista

Su padre músico, Bebo Valdés escribió para ella el tema A Mayra, dedicado a “la más pequeña de mis hijas, Mayra Caridad, la cantante, mi ruiseñor”. Su madre Pilar Rodríguez también músico,  su hermano Chucho Valdés, sus tíos, primos y familia de la cual se derivaron diversos afluentes del gran océano que es la música cubana. Y es que esta tierra, además de las bondades de su gente, la familia es el centro formador y generador de grandes artistas. Serian muchos los ejemplos a citar, pero este que hoy nos ocupa es un caudal familiar de altos quilates.

En 1975 Mayra se gradúa en Música Coral en la Escuela Nacional de Arte e impulsada por su madre en 1980 se presenta al programa televisivo Todo el mundo canta donde comenzó su carrera artística en el campo profesional.

Así comienza la historia de una cantante sin límites en su tesitura, de formación familiar-tradicional y formación académica cuya síntesis lograda en esta formación le permitió ser una de las cantantes de gran valía dentro de la historia de la música cubana.

Mayra nunca fue tras la fama, simplemente fue un músico que le gustaba cantar y disfrutaba mucho cuando lo hacía con los profesionales que le acompañaron.

Escucharla en vivo fue un privilegio y aun me pregunto cómo podía mostrar tan diversa paleta de colores con los timbres de su voz en tan amplio registro y tesitura. Puro talento vocal, modestia, sencillez en lo personal, mujer alegre, solidaria, que profesaba un gran amor a su familia, a su patria, a su cultura y a sus ancestros. Mayra es una raíz auténtica de cubanía.

En su formación estuvo la mano del Maestro Odilio Urfé quien le dejó una profunda huella para toda la vida. Con el recorrió el camino de la investigación y de la promoción de los valores de la música cubana y lo más importante al decir de la propia Mayra “poder compartir con el público, con mi gente, es algo muy especial que me llena de vida”.

Foto tomada de internet. Emisora habanaradio.cu

Conquistó a públicos de varios continentes a partir de una carrera vinculada al jazz en el que su impronta vocal marcó la diferencia entre otras cantantes del jazz pues Mayra se movía en todos los estilos posibles y fue Maestra en la utilización de ritmos e improvisaciones vocales y rítmicas devenidas en alusiones melódicas o prestamos de los cantos raigales de la cultura yoruba desarrollada en Cuba. Cuando improvisaba creaba su propio mundo sonoro y viajaba en el tiempo, su tema Obatala es una muestra de ello.

Y esta manera propia de hacer música ella lo hacía a conciencia, decía que “esos ritmos los llevábamos en la sangre. Con una lata y un palo somos capaces de armar un gran concierto. Es parte de nuestra identidad caribeña”. También reconoció que la calidad vocal “puedes mejorarla estudiando y entrenando, pero la improvisación y la manera de hacerlo vienen de fábrica en tu “disco duro”.

Su primer fonograma La Diosa del Mar del año 2002 es acompañada de los músicos de Irakere. En este registro se destaca su versatilidad como cantante en tanto recorre distintos géneros musicales y se muestra su excelente técnica vocal y su capacidad improvisadora. Su segundo álbum Obatala, estoy aquí, es una Obra Maestra de la discografía cubana desde su concepción, los arreglos, los músicos que acompañan y la magistral interpretación de la cantante.  Chucho Valdés, su productor, utiliza al máximo la calidad y diversidad vocal de su hermana para la improvisación y la muestra tanto en el latin jazz como en el bolero o el filin u otros temas antológicos de la música cubana. Mayra trabajaba en un tercer álbum que no pudo ver su final.

Le tenía gran respeto a Olofi y dedicación a su Obatala, quien le tendió su manto blanco a su voz y a su vida, quien le dio la paz. Fue enviada y acá la tuvimos. Fue devuelta y con orgullo le dejamos partir porque su labor continua, quizás, como diría Marta Bonet, para “cantarle a los ángeles” y en otros mundos porque la voz es el reflejo del alma y su voz siempre nos dejó paz, alegría, belleza, nostalgia y amor. Tu voz queda en los registros que nos dejaste y en nuestro imaginario. Descansa en paz Mayra, que tu paso por la vida y Obra no fue en vano.

Nota: Las citas de la cantante fueron tomadas de una entrevista realizada el 22 de abril de 2019 por Odalys Padilla Gradaille en https://www.cadenahabana.icrt.cu

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