Setenta y un sones para un caballero.

Por: Leannelis Cárdenas Díaz, musicóloga.

Foto tomada de Internet

Muchos son  los nombres que por fortuna, destacan y honran la historia de la música cubana. En cualquier área de creación de la escena musical de nuestro país, hay personas directamente ligadas al desarrollo de un género en específico. Estas con su quehacer, han contribuido a la trascendencia y aceptación de lo más autóctono de nuestra música dentro y fuera de la isla. Tal es el caso de Adalberto Álvarez, figura relevante en la escena de la música popular bailable cubana y que lleva ya setenta y un sones de vida junto a nosotros.

Hijo ilustre de la ciudad de Camagüey, Adalberto Álvarez resulta defensor incansable del son cubano de todos los tiempos. Con el título de Caballero del Son, el maestro Adalberto es reconocido a nivel mundial como uno de los principales exponentes de este género. Compositor, arreglista, pianista y cantante, inició su carrera musical desde muy temprana edad dirigido por su padre como integrante de la orquesta “Avance Juvenil”, formando parte posteriormente del grupo de aficionados de nombre “Combo Caribe” en Camagüey. Para el año 1966 ingresa a la Escuela Nacional de Arte “ENA” en La Habana, en la especialidad de fagot. A partir de 1967 y durante ocho años asume la tarea de dirigir la Orquesta típica de la escuela, donde además comienza a componer y hacer arreglos, siempre teniendo como referentes a Benny Moré, Miguelito Cuní y Félix Chapotín. Obras como Con un besito mi amor y El son de Adalberto fueron de sus primeros éxitos, interpretados por la orquesta Rumbavana que fuera dirigida por Joseíto González.

En 1978 se traslada a Santiago de Cuba donde funda con la colaboración de Rodulfo Vaillant la orquesta Son 14. Bajo la dirección de Adalberto, esta orquesta alcanzó gran popularidad dentro y fuera de la isla, presentándose en festivales como II Festival de Música del Caribe en Colombia. Durante los cinco años que dirigió dicha agrupación popularizó éxitos como “A Bayamo en Coche”, sencillo que diera nombre al primer álbum de Son 14 bajo el Sello Egrem, con la producción musical del Maestro Frank Fernández, quien fuera igualmente el productor de los próximos cinco CD de la orquesta.

Bajo el nombre de Adalberto Álvarez y su Son funda su segunda agrupación en 1984, con la que defiende la música cubana hasta la fecha. Con esta alcanza mayor popularidad y continúa realizando presentaciones tanto en territorio nacional como internacional.

Muchos han sido los festivales y eventos donde ha participado el Caballero del Son, alcanzando importantes reconocimientos. En 2001 le es otorgado el título de Presidente Honorífico en el Festival del Son en Santiago de Cuba. Con el CD El son de Adalberto suena cubano, fue merecedor en el año 2002 del Premio Cubadisco en la categoría Música bailable actual, obteniendo este mismo galardón en la edición del año 2018, pero esta vez con el fonograma De Cuba Pa’l Mundo Entero. Premio Nacional de Música en el 2008, Adalberto igualmente ha alcanzado otros reconocimientos como el Premio Maestro Juventudes que otorga la Asociación Hermanos Saiz o la Orden «Félix Varela”.

En octubre del 2013 por sus aportes a la música y cultura cubanas, la Dirección Provincial de Cultura de La Habana le otorgó la distinción Gitana Tropical.

Muchos son las composiciones legadas por Adalberto a la música cubana. Quién no ha bailado al son de A bailar el toca toca, Contradicciones, Chivo quiere que le den candela, Dale como e, Para bailar casino, Son para un sonero, Un pariente en el campo, Y qué tú quieres que te den, entre tantas otras. Así mismo, la labor de Adalberto como precursor y defensor de la música cubana va mucho más allá del trabajo realizado desde su orquesta. La creación y participación en distintos festivales como “La Fiesta del Tinajón” en Camagüey de la que es fundador, o el Matamoros Son del que fue Presidente de Honor por varios años, son muestra fehaciente de su compromiso con el desarrollo de la música popular-tradicional cubana.

Más allá de los aportes tímbricos que realizó desde la formación instrumental en su orquesta, siendo novedad en el momento de su fundación la composición instrumental empleada por él, sobre todo el empleo de dos trombones; o de la calidad de las composiciones legadas al amplio catálogo de obras musicales pertenecientes a la escena de la música popular tradicional, la mayor contribución del Caballero del Son a la música cubana es la revitalización y actualización del son cubano. Gracias al trabajo realizado desde su orquesta, la cual ha servido de escuela a muchos de los que hoy son nombres indispensables del pentagrama musical cubano, el Son no ha dejado de permanecer en la preferencia y el imaginario sonoro de todos los que de manera permanente o casual, habitamos esta hermosa isla.

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