Ildefonso Acosta, Premio Nacional de Música 2019

Por Leydet Garlobo González. Musicóloga

Todas la fotos tomadas de internet

Este lunes 23 de diciembre el teatro Sauto acogerá a las 5:00 pm la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional, en su aniversario 60, junto a eminentes figuras del panorama musical (Silvio Rodríguez, Niurka González y Muñequitos de Matanzas). El concierto, bajo la dirección del maestro Enrique Pérez Mesa, será un marco propicio para la entrega del Premio Nacional de Música 2019 a Ildefonso Acosta. A propósito, les invito a repasar la impronta de este intérprete, arreglista, compositor y pedagogo cubano.

 Ildefonso Acosta Escobar (n. 1939, Matanzas) ama la música desde pequeño. Su habilidad para reproducir, con apenas tres años, las canciones en boga e incluso transcribir algunas de sus melodías con bastante precisión, apuntaba a la música como único destino posible, aún en medio de los erróneos conceptos de la época que desdeñaban la carrera del músico profesional.

Su primera etapa formativa, que abarcó la niñez y parte de la adolescencia, fue netamente popular. Se caracterizó por la búsqueda incesante de timbres y posibilidades expresivas en instrumentos como el piano, violín, trompeta, filarmónica, tres, requinto y guitarra; hasta hallar en esta última ese todo fascinante al que denomina “la orquesta bajo el brazo”. No obstante, las clases de violín recibidas de Cándido Faílde –sobrino nieto de Miguel Faílde-, y de trompeta con Rafael Somavilla y Dagoberto Hernández Piloto fueron decisivas en la conformación de su universo creativo. En la guitarra, tuvo como primeros referentes a su tío Ernesto Escobar (quien fue, además, cantante y actor dramático), a la profesora Mercedes Galindo y a Ñico Rojas, a quien llama su “padre negro”.

Al ingresar al Instituto Superior de Arte enriqueció su práctica musical con el uso de herramientas técnicas, armónicas, de orquestación, etc. que facilitaron su desenvolvimiento como guitarrista concertista, arreglista y compositor. Su obra composicional e interpretativa muestra esa pluralidad de estilos, géneros y tendencias propiciada en la interacción de su origen popular y su formación académica.

Los rasgos que se identifican de modo recurrente en su catálogo son: la depuración de elementos de la música popular cubana llevados al plano concertante; la mezcla de raíces hispanas y africanas; la reminiscencia de ritmos característicos del continente americano y el empleo de tendencias vanguardistas, fundamentalmente el dodecafonismo y el politonalismo. Pongamos por ejemplo su emblemática obra “Penta y 12 para Matanzas” , escrita para orquesta sinfónica en 1985 o “Quintetos para dos musicaturas cubanas”, de 1974, ambas expresiones cimeras de la apropiación de vertientes diversas.

Constan en su haber cinco producciones discográficas: tres realizadas en Cuba, una en Rusia y otra en Estados Unidos, seis discos con el trío Tropical grabados en Radio Cadena Habana –que no están reconocidos por firmas- y cuatro producciones más recientes que atesora en casa. Parte de su música ha sido recogida en audiovisuales como “Matanzas hacia el futuro” (1975), “Carilda” (1985); “¿Quién eres Ildefonso Acosta?” (1986) los dos últimos del realizador Ángel Ferrer, “Cautivo de la guitarra”, de Nelson Barrera y “Academia y Corazón” (2016) de Gloria Torres. Una de sus facetas menos conocida y sin embargo de suma importancia es su contribución al diseño acústico de las guitarras Pablo Quintana. Aproximadamente nueve años tardó en concluir la investigación que sirviera de guía al artesano encargado de llevarla al plano tangible. De esa experiencia Ildefonso ganó su erudición en el campo de la física-acústica de ese instrumento.

El aporte de este artista incluye también su labor como formador de varias generaciones de guitarristas matanceros, particularmente con la creación del Centro Vocacional de Música Aniceto Díaz en 1964, que fue luego la Escuela de Superación Profesional; su permanencia por catorce años consecutivos en la presidencia de la UNEAC de Matanzas; la creación del Festival CubaDanzón en 1989, entre muchos otros aspectos; pero, el más significativo es el haber llevado su música desde los escenarios más distinguidos del mundo hasta los lugares más recónditos de Matanzas y de Cuba, manteniendo, a sus 80 años, el estudio diario de su instrumento a fin de continuar sus presentaciones en público.

Su trayectoria le ha merecido innumerables premios, reconocimientos y distinciones llegadas desde distintas partes del orbe. Entre ellos destaca la condición de Miembro Emérito de la UNEAC, de Hijo Ilustre de Matanzas y el recientemente otorgado Premio Nacional de Música. En entrevista realizada al maestro, al referirse a este último galardón, expresó:

Considero que es la máxima distinción a la que puede aspirar cualquier profesional que haya dedicado su vida a la música. Es tácitamente un ¡felicidades, has hecho bien tu vida! Sólo me resta dar las gracias.

 

 

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