Cidmuc, A 41 AÑOS DE SU FUNDACIÓN

El número solo en versión digital  de la revista Clave y dedicado al 40 del Centro de  Investigación y Desarrollo de la Musica Cubana, abre sus páginas con un recuento de estas cuatro décadas a cargo de la Dra. Victoria Eli, quien fungiera como jefa del Departamento de Investigaciones Fundamentales desde la fundación del centro hasta los años noventa, seguido por una entrevista a la actual directora, Lic. Laura Vilar Álvarez, encargada de dar a conocer el devenir del centro hasta la actualidad. Con el animo de recordar la gestión realizada por esta institucion de las Ciencias Sociales dedicada unicamente al estudio de la musica cubana le anticipamos parte de estas entrevistas

ENTREVISTA A la Dra Victoria Eli Rodíguez

Victoria Eli grabando a la familia de los Swaby en Cocodrilos, Isla de la Juventud. Fotografo: Laura Vilar. Archivo patrimonial del Cidmuc, 1985

Cuando en 1973 comencé los estudios de Musicologíacon Argeliers León en la que se proponía entoncescomo Escuela Superior de Música situada en la casa que ocupaba la Biblioteca de Música de la Escuela Nacional de Arte–,1 no imaginaba que la formación allí recibida y la que continuaría en el futuro se convertiría en la principal línea directriz de mi trayectoria profesional. Por entonces, estudiaba también la Licenciatura en Historia en la Universidad de La Habana e impartía clases de Historia de la Música en la ya desaparecida Escuela de Cuadros, primero del Consejo Nacional de Cultura y después del Ministerio de Cultura.

Transcurridos los años, comenzaron los Encuentros del Investigador Musical en las provincias de Villa Clara y Pinar del Río, la realización en 1976 del primer Seminario de Musicología en la Casa de las Américas, que organiza-ba el propio Argeliers y donde participamos sus discípulos y, finalmente, en el mismo año la creación del Instituto Superior de Arte y su Facultad de Música, con el Depar-tamento de Musicología –al frente del cual estuvo tam-bién Argeliers. Allí continuamos los estudios y fuimos los primeros graduados en Cuba de la especialidad en 1981, dando inicio así a una formación musicológica en ascenso en el país.

Todos estos antecedentes son necesarios para trazar los hilos que enlazaron mi trabajo y formación académica de entonces con la fundación del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC) en 1978 y la propuesta que me fue hecha por el maestro Argeliers León y por el musicólogo Olavo Alén, nombrado director de la institución, para formar parte del muy pequeño núcleo de personas que nos vimos involucrados inicialmente en ese proyecto emergente: Olavo, Alicia Valdés, la querida Ramona que era nuestra insustituible recepcionista, personal de servicios y amiga –todo a la vez–, nuestro primer administrador del cual en este momento no recuerdo su nombre y yo. Fue así que se abrieron en un inicio las puertas de la casa de Empedrado 215, en La Habana Vieja, vivienda de la Condesa de La Reunión y que también fue escenario de ficción en la novela El siglo de las luces carpenteriano; mansión señorial que ocupamos por pocos años, hasta el traslado en 1980 a la sede actual en la calle G, n. 505, en El Vedado.

A la derecha al final del camino, la musicóloga Victoria Eli y el grabador Raúl Díaz en investigación de campo. Selva del Amazonas, Guyana.Fotógrafo: Rolando Córdova. Archivo patrimonial del Cidmuc, 1985

Con la fundación del CIDMUC el trabajo de investigación cobró para mí cada vez mayor protagonismo, pero sin abandonar la docencia que ejercía desde mucho tiempo atrás. En el CIDMUC trabajé durante veinte años y en 1981 me incorporé como profesora al departamento de Musicología del Instituto Superior de Arte (ISA). Dos ca-ras de una moneda –investigación y docencia– que de ma-nera indisoluble se retroalimentaban, sobre todo a partir de las experiencias que se iban acumulando por el trabajo colectivo que realizaba desde el Departamento de Investigaciones Fundamentales del CIDMUC, cuya dirección ocupé durante esas dos décadas.

CÓMO SE FUE FRAGUANDO LA HISTORIA PERSONAL Y PROFESIONAL QUE UNIÓ AL COLECTIVO DEL CIDMUC

En los años fundacionales del Centro –nombre que se convirtió en el genérico de nuestra institución– se articularon los proyectos que marcarían nuestro plan de investigaciones con temas encaminados a dar respuestas a un buen número de necesidades que, en los ámbitos científicos y prácticos, demandaban las diferentes realidades de la cultura musical de Cuba tanto en su pasado más lejano, como en las urgencias más perentorias asociadas a la práctica cotidiana. De ahí la división en dos áreas o dos departamentos: el de Investigaciones Funda-mentales y el de Desarrollo, unidos en un inicio, debido a la aún muy escasa disponibilidad de

Zoila Gómez, Jefa del Departamento de Desarrollo. Archivo Cidmuc, 1982

personal especializado, ambos bajo mi dirección y muy pronto bien delimitados con la incorporación al frente del Departamento de Desarrollo de la musicóloga Zoila Gómez.

Otros departamentos con objetivos también claros fueron el de Información y Documentación –que dirigió Sergio González– y un espacio experimental bajo la denominación genérica de Laboratorio que tuvo entre sus integrantes al ingeniero Freddy Hidalgo Gato y al especialista en grabación y edición de sonido Raúl Díaz. Esta estructura y sus objetivos específicos, diseñados por el director Olavo Alén, estaban precedidos por experiencias internacionales disímiles y, en particular, por las obtenidas por Olavo durante sus estudios y formación en la Universidad Humboldt de Berlín. Esta estructura guio la labor durante muchos años, en particular, aquellos en los que trabajé di-rectamente en la institución y a los que dedico estas líneas.

El equipo de trabajo vinculado a las diferentes áreas de investigación fue creciendo y se fue modelando no solo con musicólogos, sino con la incorporación de otros profesionales, en la medida en que el plan temático de in-vestigaciones –fundamentales o aplicadas– demandaba, cada vez con mayor claridad, la realización de estudios interdisciplinares. Es por ello que se sumaron antropólogos, sociólogos, psicólogos, documentalistas, auxiliares de investigación y fotógrafos, entre otros, quienes junto al personal de administración y servicios coadyuvaban a que los resultados fueran positivos en objetos de estudios muy diversos. Resulta muy ambicioso enumerar todos los temas que se incorporaron a nuestras investigaciones, solo algunos en esta lista: las músicas populares y sus interrela-ciones genéricas y culturales; la demanda de músicos para a enseñanza y las agrupaciones de diferentes formatos, la difusión de la música a través de los medios; los gustos musicales de la población, la programación de casas de cultura y movimiento de aficionados, las relaciones inter-personales en las agrupaciones musicales y un largo etcé-tera que aún sorprende por su diversidad y, sobre todo, por sus resultados.

Casi todos debutábamos en los años ochenta en la reali-zación de trabajos de campo. Yo no había trabajado nunca antes en el terreno, no había entrado nunca antes en contac-to con la riqueza y el mestizaje cultural de la música popu-lar del país: eso no formaba parte de mi pasado formativo como músico. Esta experiencia ya había sido iniciada por unos pocos de los integrantes del grupo, pero fue un aprendizaje sobre el terreno que nos enriqueció no solo profesional sino humanamente.(Continuará….)

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