Argeliers León, figura imprescindible de la cultura cubana (III)

Un acercamiento a sus múltiples facetas en el centenario de su nacimiento*( III)

Por Jesús Gómez Cairo, musicólogo

Autor y pedagogo

Foto tomada de laventana.casa.cult.cu

Como compositor, incursionó con éxi to en importantes certámenes, al punto de obtener disímiles premios. A pesar de ello su obra compositiva, como la de otros creadores musica les académicos de su tiempo, no ha tenido toda la divulgación ni la puesta en conciertos y grabaciones que amerita. Una espléndida excepción, entre otras, lo constituye el álbum Argeliers, editado por Producciones Colibrí en 2009, contentivo de varias obras suyas de música de cámara, partituras, entrevistas, un DVD con el documental homónimo el que antes mencioné, más la filmación de un concierto homenaje en vivo y una entrevista al pianista Ulises Hernández, quien ideó tal compendio, es su productor musical y uno de sus destacados intérpretes.

En la nota que escribió para este excelente producto audiovisual, la musicóloga Grizel Hernández Baguer precisa que en las obras musicales creadas por él, la riqueza de los sonidos descubre un compositor de elevada sensibilidad, en el que confluyen y se entrecruzan recursos estilísticos que van desde el neoclasicismo hasta las técnicas composicionales más avanzadas en su momento, sin eludir el compromiso con lo nacional y lo universal, con la tradición y la vanguardia .

Muchas de sus obras musicales quedan aún por plasmar y difundir, pero en los últimos años han pasado a interesar a las nuevas generaciones de músicos. La faceta creativa que ató en un lazo indisoluble a todas las demás es la de pedagogo. Fue un maestro por vocación y por profesión. Su profunda y vas- ta cultura, obtenida al costo de grandes empeños y hasta sacrificios en épocas cuando el dinero, que no tenía, fue para otros la clave del éxito , su entendimiento de la cultura y el saber, enlazados con su vida personal y social, fructificaron en la pasión por enseñar.

Para Argeliers León fue igualmente importante dictar una conferencia en un foro académico como en un encuentro con jóvenes, impartir una clase en un recinto universitario como en una escuela secundaria básica, ser tutor de una tesis de doctorado como repasar a un alumno desventajado, pero laborioso.

En el mismo año (1938) en que inició los estudios de Pedagogía, impartía clases en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana (CMMH), e integraba el claustro del curso de perfeccionamiento e instrucción pedagógica del Ministerio de Educación. Posteriormente ofreció lecciones de otras disciplinas en el CMMH y en otros conservatorios de la capital. Desde 1946 y durante varios años asumió la asignatura de Música folklórica, en el Curso de Verano de la UH, en el que más adelante también ocupa el estrado para ofrecer Didáctica del folklore e Historia de la Música en Cuba. A la vez, enseñaba en el CMMH diversas asignaturas. En 1950 brindó el Curso de perfeccionamiento y orientación pedagógica del Conservatorio Provincial de Oriente, en Santiago de Cuba, Holguín, Guantánamo, Manzanillo, Bayamo y Palma Soriano.

Foto cortesía del Museo Nacional de la Música

Desde 1968, en la UH impartió Arte Africano y Culturas Negras, forjando a su alrededor un círculo de alumnos que después obtendrían lugares relevantes en los medios intelectuales del país. Asimismo ocurrió como resultado de sus acciones formativas en el Teatro Nacional de Cuba, en el Instituto de Etnología y Folklore, en la Universidad de las Artes (ISA). Al movimiento de aficionados al arte y la cultura siempre dedicó incontable apoyo.

Fue un conferencista que llevó sus conocimientos a instituciones y círculos de interesados prácticamente en todas las provincias y mu- chos municipios del país. Fuera de Cuba impartió cursos y conferencias que establecieron cátedra en muy reconocidas universidades e instituciones culturales de América Latina, Europa y África.

Sus escritos conforman numerosas monografías, ensayos y artículos, los cuales sientan bases esenciales a las varias disciplinas que sus temáticas alcanzaron. Con ellos, el sello Ediciones Museo de la Música prepara una compilación, en ocho voluminosos tomos, abundantemente comentada e ilustrada, bajo el título de Argeliers León: Pensamiento teórico, a cargo de Grizel Hernández Baguer.

A pesar de su aspecto aparentemente severo (salvo a sus amistades más allegadas trataba a todos de usted, hasta a los más jóvenes, incluidos sus alumnos), Argeliers tuvo muchos amigos y amigas que le admiraron en todo el país y entre todas las capas de la población, desde artistas e intelectuales de alto relieve hasta personas muy sencillas y humildes, con las cuales era especialmente respetuoso y amable. Una de sus cualidades fue la de poseer un especial sentido del humor que a todos gustaba, por lo que en él eran frecuentes las bromas, por cierto, muy originales.

Mientras estuvo en París cursando estudios al costo de sus escasos recursos financieros y de la poca ayuda que su hermana podía enviarle desde Cuba, varios de sus colegas, quienes supervivían con igual precariedad en esa ciudad, visitaban su habitación para conversar e intercambiar noticias llegadas de la Isla.

Junto al poeta Nicolas Guillén en el Paris de los años 50. Foto del Museo Nacional de la Música

El 7 de mayo de 1958, fecha en que cumplió 40 años, uno de los visitantes fue su amigo Nicolás  Guillén; entre todos improvisaron una comida que cocinó el propio Argeliers, célebre también por sus dotes culinarias. Ese mismo día Guillén le compuso el siguiente poema, cargado de buen humor y ritmo cubano:

A Argeliers LeónT (6)

¡Póngale música!/ Querido Argeliers León/ (pon, pon)/ te llegó el segundo ta / (ja, ja)

Todo París sabe ya/ Que eres un buen cuarentón,/ Querido Argeliers León Pon,/ Pon, pon, ¡ja, ja!

Por eso estamos aquí/ (ji, ji)/ bai- lando en un solo pie, /(je, je)/ para brindarte café/ y un trago de Bacardí;/ por eso estamos aquí/ (ji, ji, je, je)

Que pases la fiesta tú,/ (¡pu, pu!)/ con risas guitarra y ron,/ (¡pon, pon!)/ querido Argeliers León/ comiendo ajiaco y fufú,/ que pases la fiesta tú,/ pon, pon, pu, pu.

Galardones

En 1959 obtuvo el Premio María Teresa García Montes de Giberga, por el revelador ensayo La influencia africana en la música cubana, que llamó la atención de la intelectualidad de su tiempo.
Por sus composiciones recibió: Premio Nacional de Música en la categoría de música de cámara (1950), por el Concertino para flauta, piano y orquesta de cuerdas.

Primer premio en igual categoría, pero en el Concurso Nacional de Música de 1962, por el Quinteto para instrumentos de viento y guitarra, y Mención en música sinfónica, por Cantata a Jesús Menéndez.

Primer premio en música de cámara del Concurso 26 de Julio (1969), por la cantata Creador del hombre nuevo.

Premio de composición, del XII Concurso Nacional de Música de la Uneac (1985), por Llanto por el Grito en la Plaza de Mayo, para violín, violonchelo y piano.

Entre sus múltiples reconocimientos se encuentran la Orden Félix Varela de Primer Grado y la Orden Frank País, que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba, así como las medallas Fernando Ortiz, Raúl Gómez García y Rafael María de Mendive.

Nota: (6) Nicolas Guillén. Obra poética (1958-1985). La Habana, Letras Cubanas, 2002, pp. 452-453.

*Cortesía de la revista Bohemia. Año 110 No. 22 del 26 de octubre de 2018. pp 11 -14

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