Primeras rumbitas en Camagüey

Por: Heidy Cepero Recoder,  Musicóloga

La música cubana posee gran importancia dentro de la identidad cultural, pues aporta elementos que caracterizan al pueblo. A fines del siglo XIX ya es posible apreciar la existencia en Cuba de géneros populares que conjugan elementos aportados por inmigrantes hispánicos, africanos y sus descendientes. Este es el caso del complejo de la rumba. Camagüey, a pesar de no ser tierra de tradición rumbera, gozó de esta manifestación musical desde las primeras décadas del siglo pasado.

En Del canto y el tiempo Argeliers nos comenta que a la palabra rumba no se le adjudica ningún significado, que “está comprendida dentro de una serie de términos de origen afroamericano como tumba, macumba, y otros que significaron fiestas colectivas, con sentido general de grupo, de reunión”.[1] A esta última acepción se acercan las primeras rumbas camagüeyanas.

En los documentos revisados del investigador Rafael “Papito” García Grasa,[2] además del término rumba, para la designación de fiesta, festividad, en Camagüey se usaban también los de rumbitas y rumbones. Se debe observar que el investigador Papito le adjudica la misma designación del término rumba, al género traslaticio similar a la conga, porque en aquella época se llamaba de esa forma.

Fotos archivo personal de Wilmer Ferran.

Con respecto a la creación de la conga camagüeyana La Arroladora Papito afirma: “Comienza a aparecer en nuestra ciudad a principios de la década de 1930 con la figura de Antonio Izaguirre, (…) Como resultado de todo un proceso dialéctico en que tuvo en cuenta los toques de Cabildo, rumbas y comparsas”.

Esta rumba según los informantes es llamada también rumba de comparsa o de calle.[3] Sobre esta Papito cuenta además que:

Esos rumbones salían de diferentes barrios: Matadero, Rosario, Palma, Cristo, Bedolla y otros, son masivas, al compás de su ritmo se arrolla, se marcha sin un orden de colocación establecido. Sus instrumentos varían en números pueden llevar tres o seis tumbadoras, cencerros o percutientes de hierro, sartenes, bombo, a veces trompeta y otros instrumentos de viento como trombón y saxofón.

Fotos archivo personal de Wilmer Ferran.

La Rumba conocida como el complejo musical con sus variantes de yambú, columbia y guaguancó, entra a Camagüey a través del traganíquel que existía en los repartos Cielo y Prieto, en la calle Bembeta. En Bares como el de Montalvo y Los Panchos se escuchaban las canciones de Los Muñequitos de Matanzas, Mercedita Valdés y Celeste Mendoza. Otra vía de entrada fue por las agrupaciones invitadas de La Habana y Matanzas como los Muñequitos de Matanzas que venían a acompañar los toques de tambor de fundamento que celebraban los practicantes de la religión Yoruba. Entre ellos una de las casas más visitadas fue la de Peto, en el barrio Cielo.

En estos años también la rumba tomó auge en los municipios de Florida, Vertientes y Nuevitas, donde según informan “se tocaba más rumba que en la propia ciudad cabecera”. Esto se debe en parte a que muchos matanceros y habaneros emigraron a esos lugares por necesidades de trabajo y mejoras económicas, y trajeron consigo sus melodías y ritmos rumberos. Entre ellos: Nuevitas, debido al puerto que facilitaba mucho el mercado, y Florida y Vertientes que tenían los centrales azucareros. Es importante resaltar que fue en este último lugar donde el Benny Moré cantó mucha rumba en los bares y calles, elemento no muy divulgado y conocido en nuestra historia de la música cubana.

Es entonces debido a las migraciones internas de esos pobladores foráneos hacia la capital camagüeyana, para mejorar económicamente, que llega también la rumba a los barrios de la ciudad agramontina.

Una figura importante en la difusión y desarrollo de la rumba en Camagüey fue la matancera Esperanza Villa, de quien el investigador Reinaldo Echemendía anota:

En septiembre de 1945 la señora Esperanza Villa y Torrientes (Omí Saya Adé), consagrada al santo en La Habana, en la rama Omó Fuché, da inicio a la santería propiamente camagüeyana, asentando el santo a la señora Julia Betancourt (Omí Iyá Ilé) camagüeyana e iniciada al santo en esta Ciudad de Camagüey, con lo cual dio paso a múltiples consagraciones más que se difundieron por todo el territorio de Camagüey, creando verdaderas familias de santo que han llegado con todo su potencialidad hasta nuestros días.[4]

A partir de ese momento, según se cuenta, Esperanza fundó el primer conjunto folclórico en el año 1962, en donde se empieza a escuchar la rumba de Matanzas. Reúne en la ciudad a músicos que venían de un grupo anterior de guaguancó bajo la batuta de “Quintín”, y comienzan a tocar la rumba en los güiros y tambores de bembé en el conjunto de aficionados de la CTC a la cual se afilió; convirtiéndose así en la principal precursora y promotora de las expresiones musicales tanto religiosas de la santería, como festivas, como lo es la rumba.

En Camagüey es imposible deslindar los elementos de antecedente africano del género festivo en cuestión pues desde que se comenzó a interpretar la rumba los músicos eran religiosos de diferentes creencias. Esperanza Villa se destaca además por introducir los tambores batá en el conjunto instrumental que interpretaba la rumba, todos instrumentos típicos de la música de santería que se resignifican para utilizarse en un nuevo contexto festivo. Algunos nombres de rumberos que aún se recuerdan son Arsenio Rodríguez, el más famoso; Joseíto Agüero García y Erasmo García; otros han continuado como Luis Mariano “Quintín” Zayas, Luis M. Almanza “Fila”, José Zayas Castillo “Mayembé” en los años ’30, los cuales se destacaron por tocar en comparsas y charangas.[5] Una rumba camagüeyana famosa fue la de Jesús Márquez “Marquezano” en las décadas del 40 y 50. En los años 60 se destacan en el San Juan camagüeyano las rumbas de la Chancleta y del Anoncillo. Otros tocadores de Rumba que sobresalen en Camagüey son José de la Cruz, Bienvenido Céspedes Baró, Alejandro Mola Cento, Rafael Carrera, Enrique Guerra, Frank Miclín, Justo Morga y R. Marín Valdés.

Según el Atlas etnográfico de Cuba, en Camagüey hacia la década de los ‘80 se interpretaban todas las variantes de la rumba y se han mantenido hasta hoy. En la actualidad en Camagüey existen agrupaciones donde la rumba aparece dentro de sus repertorios como las compañías Camagua y Maraguán, el Folklórico de Camagüey, Los de Lionel y el Conjunto Arlequín. Existe además Rumbatá, agrupación rumbera, que se ha dedicado a cultivar ese género dentro de espectáculos artísticos y didácticos.

Para analizar las tipologías rumberas que existen en la actualidad en Camagüey hay que tener presente la versión de la que habla Argeliers León, “la cual se explica como una cualidad que va más allá de la resignificación de los bailes de la santería cubana, del baile palero o de los simbolismos del íreme abacuá”.[6]

A pesar de ser la rumba un género musical festivo, está influenciado por el carácter religioso, porque sus intérpretes en su mayoría son practicantes de alguna religión afrocubana. Este rasgo se evidencia en la agrupación por excelencia de la rumba en Camagüey que es Rumbatá; donde todos sus músicos son practicantes jurados como omó-añá y akpwón, es decir tocadores y cantantes de tambores, pertenecientes a la santería.

Según sus cultores sus raíces parten de los estilos religiosos. Para Wilmer, director de Rumbatá “en las bases de un rumbero tiene que haber un conocimiento de la música yoruba, bantú, ñáñiga, congo; así como de géneros como el mozambique, pilón, bolero, gagá y vodú haitiano”;[7] mientras que para Echemendía, director del Folclórico de Camagüey, “la rumba tiene en su base lo abakuá, congo, yoruba”.[8]

Desde Argeliers ya se anunciaba la transformación en los modos de creación, interpretación, apropiación y consumo en ese intercambio entre lo sacro/profano como espacio de construcción de sentido.  Es importante señalar que la rumba también tuvo auge en la ciudad de los tinajones con la inclusión de este baile en las asignaturas de danza folklórica de la escuela de Nivel Medio de ballet. Con Antonia Jiménez, Bárbara Balbuena y Aloida Ortega la cátedra de bailes populares se enriqueció con las magistrales clases de estas conocedoras de la rumba; propiciado también porque para ello se hicieron acompañar por los mejores tocadores de rumba que existían en aquella época del territorio como José de la Cruz Varona, Bienvenido Céspedes Baró, Luis Delfín Almanza, entre otros.

Estos músicos junto a Plácido, Enrique soler y Enrique Guerra fundaron el primer grupo de rumba que existió en Camagüey llamado Los camaradas del ritmo, del cual no se ha encontrado ninguna referencia en las fuentes consultadas. Sin embargo, de otro grupo posterior de rumba llamado Tínima, solo aparecen en periódicos de la provincia cuando se hace referencia a conciertos y galas en el teatro principal de Camagüey.

Esas clases de danza sirvieron de inspiración al incipiente bailarín clásico Wilmer Ferrán, que en un inicio formó parte de los rumberos del Tínima y más tarde se convirtió en el director de la agrupación representativa de la rumba en Camagüey: Rumbatá. Esta se fundó en 1996 con el propósito de desarrollar armónica y rítmicamente el canto y la percusión de este género musical.

En la actualidad Rumbatá tiene un reconocimiento nacional que se ha ganado durante todos los años de existencia de la agrupación, y dentro de sus producciones discográficas está: Rumbatá, La Rumba del Siglo, Gracias a la Rumba, y un cuarto disco que está en proceso de grabación.

La rumba es un género musical cubano que ya no pertenece a las clases más humildes de la población, como se apuntó en las primeras investigaciones. En nuestros días es una expresión cultural que pertenece a todo un pueblo y a cada cubano que desea afianzar su condición e identidad nacional en cualquier lugar del mundo donde se encuentre. La proclamación de Patrimonio Cultural de la Nación Cubana a la rumba en 2016, reafirma su validez y riqueza para continuar las miradas investigativas que hasta los propios rumberos respetan y defienden, cuando le llaman a una interpretación de calidad “rumbear en serio”.

 

 

Notas:

[1] Argeliers León: Del canto y el tiempo. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1974, p. 139.

[2] Rafael “Papito” García Grasa fue el investigador que tributó en Camagüey a la conformación del Atlas Etnográfico de Cuba. Al referirme a él a partir de ahora lo haré por su apodo.

[3] Entrevista realizada a José de la Cruz el 4/8/2016.

[4] Tesis de maestría de Reinaldo Echemendía Estrada, Instituto Superior de Arte, Camagüey, 2010, p. 18.

[5] En aquella época charangas se les denominaban a las comparsas que arrollaban por las calles con tambores.

[6] Grisel Hernández: “Del canto y el tiempo de Argeliers León”, en Revista Timbalaye N.2, marzo de 2012, p. 4.

[7] Entrevista realizada a Wilmer Ferrán el 3/8/2016.

[8] Entrevista realizada a Reinaldo Echemendía el 6/8/2016.

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Un comentario en “Primeras rumbitas en Camagüey

  1. Heidy Cepero Recoder

    La musicología cubana es muy fuerte en la rama de la etnomusicología, pero aún hay muchos temas en nuestros territorios que debemos profundizar e investigar.

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