“Simplemente nos gusta el jazz”. Testimonio del bailador de jazz de Santa Amalia Roberto Cabrera

Por Amaya Carricaburu Collantes

El azar me llevó a compartir una mañana con Roberto Cabrera sin saber aún que tenía ante mí a un bailador de jazz de Santa Amalia. Nos encontrábamos los dos alejados de nuestra tierra y al enterarme a quien tenía delante fluyó nuestra conversación aún más, pues siempre me llamó la atención ese grupo de personas mayores que con tanto entusiasmo bailaban en el escenario en casi cada concierto de jazz que he ido. No quise perder la oportunidad de conocer a este grupo por dentro y pactamos un nuevo encuentro, del que surgió el testimonio que se ofrece a continuación.   

Roberto Cabrera
Roberto Cabrera/ Foto de la autora

Yo me llamo Roberto Cabrera González, nací en Sancti Spíritus hace 82 años y cuando tenía 16 vine para La Habana, en ese momento ya yo tenía el oficio de sastre que lo había aprendido de mi padre. Encontré trabajo muy rápido en un taller de confecciones pequeño, luego pasé a la fábrica de trajes “Antonio Maceo” donde hice mi juventud.

En esa etapa yo era muy bailador, a mí me gustaba mucho el baile, pero lo que bailaba era chachachá, que era la música que estaba en el ambiente de la juventud. Y un buen día un sastre amigo mío me dijo: oye te voy a invitar a ir a un club, muy pequeño, muy bonito, que se toca otro tipo de música a ver si te gusta…El club era un barcito estrecho, con sus mesas, su victrola, la gente compartiendo, y cuando empezó la música aquella me gustó, y empecé a conocer a los que frecuentaban ahí que eran jóvenes estudiantes, trabajadores, un ambiente muy bonito. Ese club se llamaba El Gato, estaba en Zanja y Belascoaín, aquello me gustó y seguí yendo hasta que me hice fanático del jazz.

Al doblar de allí había una bodega que a su vez tenía una barrita pequeña en una esquina y una victrola, y en esa victrola todo lo que había era música americana de jazz Frank Sinatra, Duke Ellington…todos los artistas famosos de la época y discos cubanos, muchos de Vicentico Valdés, Olga Guillot… le decían el ambiente del filin, aquello era otra cosa, otro ambiente, y las mismas gentes que iban allí al Gato, iban al bodegón de Celso, que era como se llamaba.

En aquella época era usual que en las bodegas hubiera victrolas y en muchas había una barra y se podía tomar una cervecita mientras se jugaba al cubilete por ejemplo, así habían muchas, unas de las que frecuentábamos era el bodegón de Goyo, que estaba cerca de Infanta y Carlos III.

Bueno pues así empecé a conocer amigos, era el año 1956 y ya después empecé a visitar los clubes en el Vedado, había uno que se llamaba Atelier que era de música norteamericana pero allí ya iban grupos musicales y eran formatos de trío y cuarteto, que era lo que nos gustaba a nosotros y me siguen gustando los formatos pequeños: piano, bajo, batería y algún instrumento de viento. También frecuentábamos el club de Celina que estaba en Neptuno frente al parque Trillo, era más espacioso y la dueña (que le puso su nombre al local) era muy amante del jazz, ella se enteró de nosotros y demás, nos hizo la propaganda, y así fue que empezamos a compartir el bar del Gato con el club de Celina.

Nosotros aprendimos a bailar el jazz por mediación de los marineros norteamericanos, habían varios bares entre ellos el Two Brothers, que nosotros frecuentábamos y allí se podían encontrar marines norteamericanos, ahí fue que nosotros empezamos a ver cómo era el verdadero jazz. El conocimiento de ese género se amplió y empezamos a mejorar nuestro baile y cada vez que llegaba una gente nueva a nuestro club pues hacíamos lo mismo, le enseñábamos, igual que hacemos hoy en la actualidad.

Antes de empezar a frecuentar esos sitios íbamos al cine, habían varias películas famosas: “Morena oscura”, “La cabaña del Tío Tom”, “Las viudas del jazz”, esas son películas norteamericanas donde se bailaba el jazz, y entonces eso nos ayudó a desarrollar más nuestro baile.

En aquella época el baile popular era el chachachá, se bailaba en el Salón Rosado de la Tropical los sábados por la noche, y los domingos en la tarde era en los Jardines. Tuve varios amigos bailadores como yo de chachachá, que los embullé a bailar jazz y también se hicieron fanáticos. Yo frecuenté esos lugares pero después me quedé definitivamente con el jazz.

Al Triunfo de la Revolución empezamos a tener problemas los amantes del jazz, pues como se sabe durante los primeros tiempos no era bien visto. Estuvimos alrededor de diez años sin reunirnos a escuchar y bailar jazz, hasta que Gilberto Torres organizó la peña en su casa. Él se mudó para el barrio de Santa Amalia porque vivía más modestamente en un solar, entonces le dieron una bodega y él la arregló. Gilberto siempre lo dijo, que la casa de él se iba a prestar para reunir a los jazzistas y su sueño era ese, si tenía una casa que se prestara para hacer su peña allí, hacerla. Y lo hizo.

En su casa fue que empezó a funcionar los sábados la Peña de Jazz de Santa Amalia, entre los primeros que se reunieron allí estaba Roberto Manzano, Juan Picasso, Lázaro Montero, Lázaro Martínez, Raimundo Terry… Aquello fue creciendo y nos fuimos agrupando otra vez los amigos que nos reuníamos en los años 50 que nos habíamos dispersado.

Roberto Cabrera bailando en la peña
Roberto Cabrera bailando en la peña/ Foto tomada del diario El País

Los sábados nosotros llegábamos sobre las cuatro y no había hora de terminar. Gilberto ganaba muy buen dinero porque él era cigarrero y en esa época los cigarreros tenían buen salario, por eso cuando nosotros llegábamos ya él había comprado una botella de ron, y tenía una cigarrera de lo más bonita llena de cigarros, todo eso en un barcito que tenía en la sala. El que conseguía un disco lo donaba para allí y aquello creció que hoy en día lo que hay allí de discos… pero ya eso no funciona más, porque murió él y después murió su hijo Willy.

Por lo general escuchábamos grupos musicales, también nos gustaba Nat King Cole, Frank Sinatra, Duke Ellington, Charlie Parker, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, más reciente Cris Botti y muchos, y una enorme cantidad de jazzistas y grupos que no eran famosos. Los grupos cubanos que tocan latin jazz no lo podemos bailar, tienen cosas bonitas que me gusta oírlas pero eso no se puede bailar, para nosotros poder bailar tiene que ser el jazz tradicional, el que tiene swing. También bailábamos swing, ya hoy ninguno de nosotros puede bailarlo porque es más rápido.

Todos nosotros teníamos discos, pero para ir a casa de Gilberto no hacía falta llevar porque él tenía, cada vez que venía alguien de afuera donaba discos y discos, tú puedes pasarte una semana oyendo discos en esa casa sin repetir.

En la actualidad, de aquel enorme grupo quedamos cuatro hombres nada más, entre los que se encuentra Papito con 94 años y de las muchachas quedan cuatro también. Hay más bailadoras pero esas las hemos enseñado nosotros.

Ahora mismo tenemos dos espacios, uno en la Uneac una vez al mes, aunque últimamente estaba fallando eso, y el otro es dentro de un proyecto comunitario de la Víbora que se llama Atrapasueños y queda en Párraga y Libertad, ahí el segundo sábado de cada mes por las tardes nos reunimos, llevamos la música, la bebida y ya se ha hecho popular, hay nuevas incorporaciones, hombres y mujeres que están aprendiendo.

En la peña de Santa Amalia tuvimos muchísimas visitas, recuerdo mucho la de Dizzy Gillespie que compartió con nosotros y bailó también, pero ha estado Roy Hargrove, Diego el Cigala y hasta las hijas del presidente Obama cuando vinieron a Cuba. Esa peña cogió mucha fama, todos los amantes del jazz que van a Cuba pasan por ahí. Pero de los cubanos también hemos tenido a Chucho Valdés, Frank Emilio, Bobby Carcassés, César López, el comentarista musical que trabaja en la televisión Oni Acosta, también muy amigo de nosotros, Zule Guerra cuando estaba empezando y era prácticamente desconocida, han sido muchos…

Dizzy Gillespie y Gilberto Torres
Dizzy Gillespie y Gilberto Torres/ Foto tomada del diario El País

Bobby cuando se enteró de la peña fue a vernos, y enseguida comenzamos a trabajar con él, cada vez que tiene una actividad nos lleva a nosotros. Hemos participado en muchos conciertos de diferentes músicos, para ese momento del espectáculo nosotros no nos preparamos, lo dejamos a la espontaneidad, en las últimas cosas que hemos hecho realizamos una coreografía pero bailamos individualmente cada uno. Por ejemplo ahora somo cuatro parejas nada más, y hay una muchacha bailadora de tap pero como ya Papito no baila, ella hace su número sola, y nosotros bailamos libre.

Solamente cuando los organizadores del concierto quieren hacer alguna variedad en el baile nos hacen una citación para un ensayo el día antes, y nosotros nos adaptamos. Cuando la cosa es con Bobby y sus músicos, siempre hace un ensayo con nosotros, nos toca un swing y ya él sabe.

De las últimas colaboraciones que hemos hecho está el vídeo “Con mi dinero” de Cimafunk, salimos varios bailadores de la peña, entre ellos Julián que tiene 85 años y no suelta la cachimba.

El cubano es muy musical y muy bailador, después que ya yo he empezado a viajar lo he notado más todavía. Mis dos hijos estudiaron música en la ENA, y yo observé durante muchos años a los muchachos que estudiaban ahí, creo que ellos se dieron cuenta que un jazzista se desarrollaba y era mejor músico para cualquier tipo de orquesta en que estuviera, porque la mente del jazzista, pienso yo y no soy músico, debido a la improvisación que tienen que hacer, tienen que mentalmente desarrollarse más musicalmente. Yo veía el ambiente que había allí en la ENA que los muchachos todos o la mayoría de ellos se dirigían hacía el jazz, querían aprender del jazz. Pienso que sea por eso, por la improvisación que tiene y los cambios que hay en la música que este género se ha hecho tan popular en nuestro país.

Nosotros como grupo hemos durado tantos años porque simplemente nos gusta el jazz, es la música que nos gusta, yo cuando estoy en la casa lo que escucho es jazz y tengo muchos discos, creo que eso debe pasarle a los demás.

Roberto Cabrera González ha compartido su oficio de sastre con el de tenista profesional, de la mano del entrenador Félix Millán llegó a formar parte del equipo nacional de tenis de campo. Su amor por este deporte lo llevó también a entrenar a los más jóvenes logrando numerosos resultados a nivel nacional.

En los siguientes enlaces puede leer otros artículos sobre los bailadores de jazz de Santa Amalia.

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