Notas del ayer. El archivo de música de la iglesia habanera de La Merced. Estudio y catálogo

Por: María Teresa Linares Savio, musicóloga

* A dos décadas de esta publicación, nos complace presentar la valoración que hiciera la emblemática musicóloga María Teresa Linares, acerca de este trabajo de Miriam Escudero, de cierto modo iniciador de una obra mayor, todavía activa y en ascenso, que hoy se constata no solo en su relevante trayectoria, sino también en los sólidos resultados del Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas, que dirige.

Dra Miriam Escudero, autora de la investigación. Foto tomada de internet

La Casa de las Américas acaba de publicar El archivo de música de la iglesia habanera de la Merced. Estudio y Catálogo, de Miriam Escudero Suástegui, correspondiente al Premio de Musicología Casa de las Américas 1997.

Valorar este libro nos lleva a destacar distintos aspectos. El primero es el vacío que existía en la investigación de música eclesiástica patrimonial desde hace más de cincuenta años, cuando Alejo Carpentier, después de penetrar en los archivos de la Catedral de La Habana y en el de la Catedral de Santiago de Cuba, describió en La Música en Cuba los tesoros hallados y lo que se suponía faltaba, descubrimiento importantísimo para los estudiosos y amantes de nuestra cultura musical.

Le siguió en este empeño Pablo Hernández Balaguer, con el mismo espíritu, pero su malograda existencia no le permitió profundizar en los hallazgos y la práctica que había continuado.

Otras pesquisas sobre la música sacra no completaban la tarea, y es ahora, cuando la musicología cubana toma cada vez más fuerza, que se vuelven a abrir las puertas de los archivos para que una joven continúe por aquella brecha, con nuevas herramientas, nuevos métodos y una serie de preguntas por responder en un futuro trabajo que alcance otros archivos.

El segundo aspecto a destacar es la comprensión, el amor fraterno, que despertó la autora en los padres de la Iglesia de la Merced, quienes asumieron la necesidad de organizar los fondos, estudiar y dar a conocer sus contenidos, apoyar y recomendar su trabajo en otras iglesias, lo cual inicia un trabajo sistemático de una élite de investigadores que como Miriam podrán salvar, para el conocimiento de las futuras generaciones, obras que estarían en el más absoluto anonimato.

Altar Mayor. Iglesia La Merced. Foto tomada de internet

Algo que llama la atención cuando comenzamos a leer, es su crítica de las fuentes disponibles en el momento de iniciar este trabajo, donde señala los aspectos positivos y, con datos concretos, los que carecen de rigor científico.

Portada del libro premiado. Foto tomada de La Ventana, Casa de las Américas

A partir de dichos postulados cataloga la música de las principales iglesias y catedrales, atendiendo a tres propósitos fundamentales: aportar a la historia de la música cubana la obra de compositores de los que sólo se tiene referencia histórica, y descubrir otros creadores y obras totalmente desconocidos; caracterizar teórica y estilísticamente la composición de música religiosa en Cuba; e incrementar el repertorio coral y característico de nuestra música religiosa.

La musicóloga analiza y desglosa cada uno de estos objetivos, con el fin de establecer una secuencia entre los estilos que en distintas fechas desarrollaron los compositores y maestros. Para ello se basa en los análisis realizados por Pablo Hernández Balaguer y por Luisa Hechavarría, delimitando el período comprendido entre la presencia de Esteban Salas en Santiago de Cuba en 1786, y la de José Francisco Rensoli en la Catedral de La Habana en 1845.

La selección de las obras del fondo, la identificación posible de los autores, la ubicación como maestros de capilla, organistas o compositores laicos, cubanos, españoles y de otros países situados en su época, es el siguiente ordenamiento. Más tarde analiza los grupos de obras por su singularidad.

El segundo capítulo es muy rico en informaciones que estaban dispersas; comienza con la historia del templo y todos sus avatares desde la solicitud para construirlo, por fray Gerónimo de Alfaro, hasta la conclusión de sus obras en 1866. Ofrece una información detallada de los músicos que sirvieron como organista, los que integraron la orquesta de veintitrés profesores, fundada en 1864 por José Rosario Pacheco. Además, incluye a los maestros de capilla de las catedrales de La Habana y de Santiago de Cuba que pudo constatar a través de la revisión bibliográfica. El capítulo tercero estudia la música de Cayetano Pagueras. Este es un acápite fundamental. Diríamos que el meollo del texto, pues incrementa la cultura artística cubana al descubrir la obra de un compositor que vivió en la isla por más de cincuenta años y produjo un catálogo de ochenta y ocho obras, de las cuales se conservan cinco del siglo XVIII. Parte de tres aspectos generales: la estructura, el texto y los medios expresivos, para luego realizar una confrontación con los resultados del análisis realizado por Luisa Hechavarría en su tesis sobre la obra de Esteban Salas. En sus conclusiones establece que ambos músicos “colocados en un mismo estilo epocal, en coincidencia nacional, demuestran más semejanzas que diferencias en la creación de música religiosa para las capillas de La Habana y Santiago de Cuba” y concluye: “A partir del hallazgo de la obra de Cayetano Pagueras se ha de reescribir la historia de la música en Cuba… y en el siglo XVIII se ensancha el patrimonio más antiguo de la música cubana”.

El proceso de secularización de la música religiosa por la influencia de la ópera y el teatro es analizado por Miriam Escudero en el capítulo V. De manera cuidadosa selecciona las obras más significativas de los autores que aparecen en los fondos de la Iglesia de la Merced, correspondientes al periodo 1855 y 1924. Luego de ordenarlas como géneros litúrgicos y no litúrgicos y de autores religiosos y laicos, analiza diecisiete partituras de cuarenta y tres autores comparando las estructuras en la construcción fraseológica, el timbre y la textura y relaciones melódico-armónicas. Los resultados de este método le permiten suponer qué rasgos son influidos por el “bel canto”, la vuelta al canto llano y otras conclusiones donde expone una nueva hipótesis a comprobar –según advierte– con las partituras restantes de la Iglesia de la Merced y con otros nuevos archivos que pudieran consultarse en la continuación de este trabajo.

Le sigue el Catálogo del archivo de música de la referida iglesia habanera, con las advertencias para su uso, la metodología para la recogida de la información de partituras, la estructura de las planillas, lo que constituye una valiosa herramienta de investigación; las fuentes consultadas, y los índices: onomástico de compositores, instrumentadores, arreglistas, compiladores, copistas, intérpretes y propietarios. Y culmina con el índice general y el de partituras catalogadas.

La lectura del libro nos confirma lo expresado por el jurado del Premio de Musicología Casa de las Américas de 1997: “La obra Catálogo del archivo de música de la iglesia habanera de La Merced, de Miriam Escudero Suástegui, es una contribución significativa a la historia de la música cubana y latinoamericana en general, que abre, con extrema coherencia metodológica, nuevos senderos a la investigación en este orden y retoma un espacio que se consideraba terminado. Pero hay otras razones que también motivan estos criterios: la tenacidad y el deseo sistemático de una joven investigadora en reconstruir la historia musical de su país, en comprenderla y analizarla para su momento histórico, así como abrir un mejor puente entre la historia de Cuba y la historia eclesiástica de este país. Se trata de la confirmación de un camino abierto por el mismo Alejo Carpentier que hoy ve respuestas y, con ellas, nuevas interrogantes”.

 

* Tomado de Revista Clave, año 1, no. 1, 1999, pp. 62-63.

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4 comentarios en “Notas del ayer. El archivo de música de la iglesia habanera de La Merced. Estudio y catálogo

  1. Francisco José Castelló de Pereda

    Hola, me gustaria poder contactar con la autora del libro, Miriam Esther Escudero, sobre un compositor español que tiene obras catalogadas en la Catedral, y estoy haciendo un trabajo sobre él.
    Muchas gracias.

    Me gusta

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