Tres por Cuatro, tributo al tres cubano*

Por: Laura Vilar Álvarez, musicóloga

* Notas discográficas escritas por la autora que fueron nominadas con el Premio Cubadisco 2018.  Sello Unicornio de Producciones Abdala.

Cuba, pródiga en tradiciones culturales, se caracteriza no solo por la diversidad de sus expresiones musicales sino también por la riqueza de su organología, aún vigentes en los conjuntos instrumentales propios de la música tradicional de la Isla. De ahí el colorido tímbrico-sonoro que la distingue.

El tres, instrumento musical cubano por excelencia y por derecho propio, es uno de los componentes sonoros que expresa un profundo sentimiento de cubanía, y que por su impronta y tradición fue declarado Patrimonio de la Nación Cubana.

Portada del CD Tres por Cuatro, sello Unicornio, Producciones Abdala.

El Sello Unicornio de Producciones Abdala, nos propone un testimonio sonoro de altos quilates con esta producción discográfica En Tres por Cuatro, la que además de marcar su compás o  tempo, conjuga la interpretación de cuatro excelsos treseros cubanos: Pancho Amat, Efraín Ríos Morales, Juan de la Cruz Antomarchí  Padilla  “Cotó” y Maykel Elizarde  Ruano. Ellos despiertan admiración y crearon una escuela repleta de seguidores en toda Cuba y otras tierras. Ellos testimonian en este fonograma todo su esplendor y maestría interpretativas, haciendo gala de sus virtuosismos, así como de sus habilidades en la explotación de las posibilidades tímbrico-armónicas que posee este instrumento de solo tres cuerdas dobles.

En Tres por Cuatro los intérpretes le rinden tributo a este cordófono cubano con sus interpretaciones e improvisaciones, puntean los diseños melódicos, acompañan armónicamente dentro del conjunto, utilizan las yemas de sus dedos, el plectro, la púa o uña, rasgan las cuerdas, utilizan cualquier posición no vista en la ejecución del instrumento, logrando una sonoridad tímbrica única e irrepetible en este disco.

Y es que cuando está detrás la “pluma de un maestro” como Joaquín Betancourt quien además de algunos arreglos realizó la Dirección Musical, se logra la excelencia y el cuidado de cada detalle tímbrico, melódico y armónico. Capullito de Alelí, hace gala del excelente fraseo y el equilibrio sonoro de buen gusto que me atrevo a decir quedará como un clásico de la interpretación infinita de esta obra antológica de la música cubana.

Otro tema que también marca la diferencia es la Sonata No.15 en C mayor de Mozart, cuyo arreglo e interpretación “rompieron el molde” al demostrar que la música es una sola: la que rebasa los poros y te llega al corazón, no importa si esta es popular o clásica, esos términos son arquetipos que sirven solamente para ordenar un poco la diversidad de músicas que existen y conviven, pero que no definen su excelencia artística e inmortalidad. Esta obra escrita originalmente para piano en el siglo XVIII europeo, se versiona en el XXI y concluye en tempo de son, acentuándonos que aunque fueron lejos en el tiempo son de acá, son de Cuba, son eternamente cubanos.

La producción musical y los coros estuvieron a cargo de Tony Piniella, productor discográfico y conocedor de la buena música cubana, lo que se demuestra en el repertorio seleccionado que recorre varios géneros y estilos musicales transitando por el nengón, el jazz, el bolero, la conga, el son, el contrapunto barroco al estilo de Juan Sebastián Bach o el clasicismo mozartiano con una sonoridad cristalina y afinación impecable, para cerrar siempre cada tema con ritmos cubanos.

Esta resultante es posible por la experiencia profesional acumulada por todos los solistas e intérpretes de diferentes generaciones que participan, quienes desde su función en el grupo, bien diferente en cada tema, evocan a Miguelito Cuní, Chito Latamblé, Arsenio Rodríguez, el Niño Rivera, Faustino Oramas, Emiliano Salvador y otros “robles” que no menciono porque el tres y sus treseros, nacieron de ahí de donde crece la palma, del pueblo, de sus saberes y bebieron de todos ellos.

Casi siempre que escuchamos el tres, estamos en presencia del son, del changüí, el sucu-sucu, el son montuno, la guaracha, géneros que por lo general se acompañan de la guitarra, el laúd, el bajo y la percusión menor, pero en este fonograma se incorporan otros timbres como el del violín, el piano, la viola, que aumentan la gama sonora y armónica al conjunto.

En Tres por cuatro brota la cubanía y contagia a todos los que lo escuchan. Es un testimonio original, una deuda con el tres, un cabalgar de Unicornio firme y maduro, que apuesta por la buena música, por aquella que queda para siempre, por los valores más genuinos de la música nuestra, de la música que nos hace sentir orgullosos de ser cubanos.

 

 

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