Emiliano Salvador. Ayer y hoy*

Por Cecilia García, musicóloga

* Publicado en Clave, Año 6, No. 1-2-3, 2004, pp. 40-46

Emiliano Salvador legó al jazz latino una vasta obra con un estilo muy personal, definido por sus contemporáneos y continuadores como una fusión balanceada entre los géneros de la música cubana y el jazz, una concepción donde el particular empleo del ritmo y la armonía se conjugan con una máxima expresión de espontaneidad.

Su obra se desarrolló dentro de la corriente del jazz latino. En su corta carrera compuso alrededor de ochenta piezas en diversos géneros de la música popular cubana, como contradanza, danza, danzón, chachachá, son, guaguancó, zapateo, bolero, mambo y salsa, siempre fusionados con elementos del jazz e incluso del rock.

Emiliano Luis Salvador Pérez nació el 19 de agosto de 1951 en Puerto Padre y falleció en La Habana el 21 de octubre de 1992. Su padre, Emiliano Carlos Salvador Mora, había sido un destacado músico del oriente del país en las décadas de 1940 y 1950. En 1959 llegó a ocupar el cargo de director de una jazzband llamada, primero, Ritmo Perverso y luego Embajadores del Ritmo, orquesta que llegó a ser la más importante de Puerto Padre y, junto a la de Chepín Chovén y los Hermanos Avilés, una de las más populares de la región oriental.(1)

El hecho de que su padre llegara a ser director de una jazz band resultó medular en la formación de Emiliano. Propició que desde pequeño se relacionara estrechamente con la práctica de un tipo de orquesta superior respecto a las agrupaciones de música popular de la época —una de las características de las jazzbands era la complejidad de sus arreglos, que exigían el dominio de la lectura musical de todos sus integrantes—, más aún, tomando en cuenta que Ritmo Perverso se caracterizaba por el fuerte rigor musical y artístico impuesto por su director.

Con muy corta edad Emiliano fue miembro de la orquesta, donde realizaba suplencias en el piano, el acordeón, la batería y las tumbadoras, demostrando una gran habilidad para la interpretación, tanto de instrumentos armónicos como rítmicos.

Los conocimientos que recibió desde muy pequeño fueron excepcionales. Las vivencias de la interpretación en vivo lo nutrieron de una sabiduría musical extraordinaria, sólo comparable con la adquirida en los ensayos y la experiencia de integrar una agrupación desde tan temprana edad. Esa, quizás, haya sido una de las razones por las que más adelante prefiriera el formato grupal al desempeño como solista.

Pero Emiliano no sólo recibió instrucciones musicales de la práctica en vivo. Su padre, preocupado por su formación académica, lo inscribió en la Academia de Música de Puerto Padre donde recibió clases de solfeo y piano con las profesoras Ana y Rosa Nadal. Allí alcanzó primer nivel de lectura musical y tercero de piano.

Pero la gran afición que sentía por la práctica de la música popular, provocó que a la edad de trece años Emiliano organizara un combo en la escuela Mirna Escalona, durante sus estudios secundarios. La agrupación, llamada Los Amigos, interpretaba música popular cubana y estaba compuesta por músicos muy jóvenes, aficionados como Emiliano, entre los que se encontraban el hoy famoso trombonista Juan Pablo Torres, además de José J. Herrera Muñoz (drums y trompeta), Tomás Velázquez March (saxofón y drums), Enrique Solórzano (tumbadoras), Casiano Pérez (cantante), Rolando Vargas (güiro y batería) y, por supuesto, Emiliano Salvador (pianista, acordeonista y baterista). En 1965, este grupo participó y obtuvo premio en los niveles local, regional, provincial y nacional en el Festival de Aficionados, convocado por el entonces Consejo Nacional de Cultura.(2)

Como galardón, Los Amigos integraron la delegación artística que representaría a nuestro país en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Argelia. Teniendo en cuenta su nueva proyección, el combo cambió su nombre, primero por el de Puerto Padre y luego por el de Cuba. Pero el premio del Consejo Nacional de Cultura también consistió en el otorgamiento de una beca en la Escuela Nacional de Arte (ENA) (3) para todos los miembros.

Cuando Emiliano ingresó a la ENA, en La Habana, traía consigo conocimientos musicales conquistados en las distintas agrupaciones de música popular por las que había transitado; situación frecuente en los primeros cursos de la escuela pues la política de educación artística del país hacía énfasis en capacitar a todos los niños y jóvenes con aptitudes musicales, y muchos de los candidatos se encontraban en el caso de Emiliano, integrando desde muy temprana edad agrupaciones de música —generalmente popular— a lo largo de toda la isla.

Emiliano Salvador
Emiliano Salvador / Foto cortesía sello Unicornio

A su ingreso en la ENA, la  edad de Emiliano (quince años) excedía la requerida para comenzar la carrera de piano básico, de modo que matriculó en la especialidad de percusión, (4) bajo la guía del profesor Fausto García-Rivera, prestigioso pedagogo y uno de los iniciadores de la hoy reconocida Escuela de Percusión Cubana. No obstante, su superación pianística también se vería favorecida con el estudio del piano complementario.(5)

Como profesoras de piano, Emiliano contó con dos destacadas pedagogas: Blanca Barreiro y María Antonieta Henríquez.

En las primeras lecciones de piano, Emiliano mostró disposición, musicalidad, muy buen ritmo, pero también algunos problemas técnicos. Su primera formación pianística oficial sólo había alcanzado hasta el tercer nivel en una academia local de Puerto Padre, y la práctica que había realizado en las orquestas populares, lejos de moldear los errores, derivó en una técnica defectuosa. Según María Antonieta Henríquez:

Tenía una mano muy rígida con una sonoridad un poco dura, debido en lo fundamental al descuido de su formación de base y los pequeños movimientos que tanto se deben vigilar a la hora de empezar, ese toque percusivo con el dedo tirado desde arriba, las sutilezas del teclado”.(6)

Para flexibilizar sus manos, se hizo necesario un trabajo lento apoyado en ejercicios técnicos y en obras de Debussy.

A pesar de esas deficiencias, Emiliano mostraba gran facilidad para el instrumento, una habilidad innata que le permitía correr por el teclado ejecutando movimientos escalísticos y arpegiados a alta velocidad, elemento que explotaría al máximo en su posterior carrera como jazzista.

En su paso por la ENA, Emiliano también confrontó dificultades con la adaptación a su régimen disciplinario, que entonces era muy riguroso y prohibía abandonar el área escolar sin autorización.(7) Devenido de un grupo musical que ejercía de modo constante frente al público, adolescente libre de supervisión paterna y con muchas ansias de conocer, a Emiliano le resultaba difícil permanecer en los predios de la ENA y escapaba, junto a otros compañeros, bien a escuchar algún disco de jazz conseguido clandestinamente, a sumarse a las descargas del Johnny’s Dream,(8) o simplemente a reunirse con sus amigos a debatir algún tema de interés.

Las descargas del Johnny’s jugaron un papel importante en la vida de Emiliano. Además de compartir con los músicos ya conocidos, tocaba junto a compañeros de estudio que luego alcanzaron fama: Arturo Sandoval, Paquito D’Rivera, Enrique Plá. Estos encuentros fortuitos propiciaron que, años más tarde Emiliano, Plá, Paquito y Carlos del Puerto se unieran en un cuarteto ocasional que se presentaba en las propias descargas del Johnny’s y en los distintos espacios creados para la difusión de la música popular cubana.

Desde su etapa de estudiante componía obras que tenían la improvisación como eje conductor, hecho por el que quizás no fueran advertidas entonces como creación. También por esa época comenzó a hacer arreglos para algunas presentaciones en la escuela, aunque no sistemáticamente.

Aunque Emiliano nunca ejerció la percusión de modo oficial sino que todo su desempeño posterior fue como pianista, su formación académica en la percusión lo proveyó de herramientas en el plano de la ritmática(9) y de la concepción musical en general, claves del estilo personal que desarrollaría durante su corta carrera.

Emiliano abandonó la escuela en el año 1969, antes de terminar sus estudios e integró poco tiempo después el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GESI) que se fundara en diciembre de ese año, bajo la dirección de Leo Brouwer.

Fue en el GESI donde Emiliano completó su formación e inició su actividad profesional. Allí fue dando forma a su modo de hacer, a través de la interacción con un grupo experimental donde no se prohibía la fusión con músicas foráneas, en una época en la que todavía no eran aceptadas totalmente influencias de algunas otras culturas.

La figura de Emiliano cobró relevancia dentro del GESI. A partir de allí su virtuosismo pianístico y su genio composicional comenzaron a alcanzar notoriedad en el ámbito de la música popular.

Para el GESI fue algo muy importante la incorporación de Emiliano. Ya no por el pianista que no teníamos, sino por su talento. Desde el primer momento nos dimos cuenta de que era un músico excepcional, y eso influyó del todo en el trabajo posterior que hicimos.(10)

Durante sus primeros años en el Grupo de Experimentación, Emiliano tomó clases de orquestación, composición y otras disciplinas de los maestros Federico Smith y Leo Brouwer, y continuó perfeccionando su técnica pianística con María Antonieta Henríquez. Según diría el propio Emiliano en una entrevista concedida a Neysa Ramón para el periódico Juventud Rebelde el 22 de diciembre de 1985: “ellos me formaron mejor que en un conservatorio”.

Pero el GESI también nutrió a Emiliano de información actualizada sobre el jazz. Dado que los integrantes del grupo manifestaban preferencias muy diversas, cada cual se fue uniendo por afinidad. De ahí surgió un quinteto de jazz integrado por Leonardo Acosta (saxo alto), Eduardo Ramos (bajo), Leoginaldo Pimentel (batería), Sergio Vitier (guitarra), y Emiliano en el piano. Con ese quinteto, aprendió y ejercitó gran parte de los estándares norteamericanos y de jazz que aportarían a la conformación de su estilo.

Con el tiempo se convirtió en uno de los pilares del Grupo de Experimentación Sonora. La posibilidad de combinar la teoría con la praxis, de desplegar toda su habilidad improvisatoria y exponer su potencial creativo, lo convirtieron en uno de los músicos más completos de la agrupación.

Durante su estancia en el GESI, Emiliano compuso prolíficamente, impulsado por las circunstancias y el deseo de poner en práctica todos los conocimientos que ganaba. La Contradanza fue su obra más difundida por el grupo, así como dos en coautoría, una con Silvio Rodríguez, la musicalización de Dos poemas de Rubén Martínez Villena y la otra, titulada Báilalo si puedes, en 5 x 4, junto a Eduardo Ramos y Pablo Menéndez.

Mientras formó parte del GESI, Emiliano le dedicó todo su tiempo; así lo exigía la disciplina de estudio y trabajo establecida por Leo Brouwer. No obstante participar en alguna de las descargas que se realizaban con mucha frecuencia en esa época, sobre todo en el referido Johnny’s Dream. Esas descargas luego se concretaron todos los lunes en el Johnny’s y fueron reconocidas por el público como los “Lunes de jazz”. En ellas participaban también Bobby Carcassés, Leonardo Acosta, Paquito D’Rivera, Chucho Valdés, Leoginaldo Pimentel, Carlos del Puerto, Enrique Plá y casi todos los músicos considerados jazzistas en ese tiempo.

En el período 1971-1972, Emiliano integró un trío experimental, junto a Paquito D’Rivera y Carlos del Puerto. Incursionaba en la corriente del free jazz, una de las pocas agrupaciones que desarrolló este tipo de música en Cuba en fecha tan temprana, si consideramos que había empezado a desarrollarse en los Estados Unidos pocos años antes. Fue un trío que se mantuvo por muy poco tiempo, con él Emiliano realizó algunas presentaciones en la Universidad de La Habana, en los conservatorios de música e interactuó en conferencias sobre música aplicada a la arquitectura con el especialista italiano Gottardi (uno de los autores del diseño arquitectónico del Instituto Superior de Arte). Desintegrado el proyecto, no se escucharía free jazz en Cuba hasta la década siguiente con Arte Vivo.

En el Grupo de Experimentación Sonora, Emiliano pudo cultivar y madurar su talento como instrumentista y compositor. Fue una escuela y un paso determinante en su formación y en el desarrollo de su trabajo profesional, a partir de éste, entonces en ascenso, y definido en un estilo de fusión balanceada del jazz y la música cubana.

Después de abandonar el GESI, Emiliano integró el grupo del cantautor Pablo Milanés quien, a diferencia de otros trovadores de la época, había decidido crear una agrupación. Durante esa etapa, una parte importante de la obra de Pablo fue orquestada por él, pero también la de muchos otros trovadores como Vicente Feliú, Sara González, Eduardo Ramos y Silvio Rodríguez.

Aunque oficialmente Eduardo Ramos era el director musical de la agrupación, Emiliano tomaba la dirección cada vez que se interpretaba algún arreglo suyo. A pesar de la libertad de creación allí encontrada, los muy estrechos vínculos creados y la alta calidad de sus resultados, una vez más Emiliano se encontraba formando parte de un grupo musical que exigía básicamente su desarrollo como pianista acompañante. Y esa práctica, aunque no excluía la búsqueda y la experimentación musicales, lo alejaba de la línea en la que se había venido definiendo desde su estancia en la Escuela Nacional de Arte: el jazz latino, entonces en una etapa muy propicia para su desarrollo.

Emiliano Salvador / Foto cortesía sello Unicornio

Emiliano se mantuvo en el grupo de Pablo Milanés por espacio de cinco años (1978-1983), pero durante este tiempo nunca  perdió su vínculo con el jazz. Permaneció, al mismo tiempo, en el cuarteto ocasional formado además por Enrique Plá, Paquito D’Rivera y Carlos del Puerto, con el que se presentaba habitualmente en el Museo de Bellas Artes. También continuó enrolándose en las descargas del Johnny’s Dream y otros espacios que en esa década comenzaron a abrir sus puertas al jazz (el propio Museo de Bellas Artes, la Casa del Joven Creador, la Casa de la Cultura de Plaza, el Teatro Mella).

Pero no eran las mismas descargas de etapas anteriores. Emiliano, ya reconocido como un pianista excepcional, por músicos y aficionados, era seguido muy de cerca por las nuevas generaciones de estudiantes, y comenzaba a ser imitado. Las circunstancias que rodearon su vida estudiantil y profesional permitieron que Emiliano alcanzara alto grado de madurez musical a una edad temprana, tengamos en cuenta que en 1978 contaba con veintisiete años.

Además de las ya acostumbradas descargas con aquel cuarteto, por ese entonces Emiliano integró grupos, también de manera ocasional, con los que acompañó a figuras como Soledad Bravo, Daniel Viglietti, Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Chico Buarque de Hollanda y el cuarteto vocal MPB4.

Entretanto, logró grabar su primer disco, el LD Nueva visión, en los Estudios EGREM de la calle San Miguel.(11) Era el año 1978. Para ello Emiliano contó con destacados músicos cubanos, entre los cuales no sólo figuraban jazzistas, sino también intérpretes de música popular: Pablo Milanés en los solos de A Puerto Padre, Son de la loma y Convergencia; Bobby Carcassés, en los de Nueva visión y Son de la loma; Jorge Varona, Arturo Sandoval, Andrés Castro y Manuel el Guajiro Mirabal en las trompetas; Lázaro González en el trombón; Ahmed Barroso en la guitarra de doce cuerdas; Jorge Reyes en el bajo; Amadito Valdés en las pailas; Frank Bejerano en la percusión; Roberto García y Francisco Bejerano, Panchito, en el bongó; Rolando Valle en las tumbadoras, y Emiliano en el piano acústico y eléctrico, además de tener a su cargo las orquestaciones, la producción y la dirección musical junto a Armando Romeu.

En Nueva visión Emiliano resume su concepto de fusión entre el jazz latino y la música cubana. Funde ambas manifestaciones en un balance casi perfecto. Los solos de piano —en un estilo con influencias de Thelonius Monk, McCoy Tyner, Peruchín— aparecen acompañados de una orquestación precisa que descubre lo mejor de cada instrumento pero que muestra la importancia del grupo, no de cada individualidad virtuosa. La manera de combinar obras del repertorio clásico de la música popular cubana (Son de la loma de Miguel Matamoros y Convergencia de Bienvenido Julián Gutiérrez) con obras propias que, a su vez, han llegado a ser clásicos del jazz cubano, develan tributo y humildad.

En 1980 Emiliano se convirtió en el primer músico latinoamericano en ofrecer un concierto en el Palacio de Bellas Artes de Ottawa, Canadá, por donde han transitado los mejores pianistas del mundo.

Programa del Festival Internacional de Jazz de Ottawa/ Foto cortesía sello Unicornio

Impulsado por el éxito del primer disco y por su inagotable creatividad, en 1980 grabó su segundo fonograma, con la EGREM, titulado Emiliano Salvador 2. Aquí el formato instrumental al que apeló fue al de una jazz band cuyos integrantes, una especie de todos estrellas, representaban lo mejor de la música cubana de la época, entre ellos el percusionista Changuito; se repetían Arturo Sandoval, Pablo Milanés, Bobby Carcassés, y muchos otros.

La madurez de Emiliano luego de su tránsito por el Grupo de Experimentación Sonora, los grupos ocasionales que formaba en las descargas, y el de Pablo Milanés, junto a sus inquietudes, lo llevaron a formar un grupo propio, un quinteto de jazz latino donde no tenía que rendir cuentas a nadie. El quinteto Emiliano Salvador y su grupo se fundó en 1983. Lo conformaban el saxofonista José Carlos Acosta, el bajista Feliciano Arango, el timbalero y baterista Emilio del Monte y el percusionista menor Rodolfo Valdés Terry, además de Emiliano.

Partiendo de las raíces de la música cubana para luego experimentar con la improvisación jazzística, en su quinteto de jazz latino Emiliano dejaba espacio a todos los músicos. Como director imponía su estilo, pero siempre abierto a las sugerencias y apuntes de los demás integrantes. En la interpretación todos eran protagonistas, no había una distinción especial para el desempeño del piano. Los solos de los distintos instrumentos entraban a escena en dependencia del requerimiento de cada obra, o de cada autor; cualquiera de sus integrantes tenía la posibilidad de interpretar en el grupo sus obras.

Gracias a su proyección grupal, el quinteto adquirió notoria popularidad entre los estudiantes de música, quienes seguían bien de cerca su desempeño:

La gente, sobre todo en la Escuela de Arte, absorbía mucho nuestra música, como también el grupo era una armazón sobre la cual se hacían muchos solos. A la gente le gustaba porque se desarrollaban los músicos también, no como otros grupos en que solamente toca una persona; era todo el quinteto. Eso era muy bueno.(12)

El quinteto se presentó en varios países europeos, así como en Estados Unidos y Latinoamérica. Se sucedieron giras y presentaciones dentro y fuera de Cuba; conciertos, recitales, festivales de jazz, hasta llegar a participar en los importantísimos Festivales de Jazz de Montreal y Ottawa, así como en los Festivales de Jazz de Bratislava, Moscú, Tbilisi, Barcelona, Rotterdam, Copenhague y Frankfurt.

En tales escenarios alternaron con figuras como Art Blakey y sus Jazz Messengers, Brendford Marsalis, Dizzie Gillespie, Woody Shaw, Jack de Johnette, Larry Coryell, Kenny Kirkland, Freddy Hubbard, Bobby McFerrin, Carla Bley, Jimmy Rowles, Sun Ra, Jimmy Smith, Eddie Daniels, Manhattan Transfer, Steve Swallow y Joe Henderson.

Con esta agrupación, Emiliano grabó dos discos Emiliano Salvador y su grupo (1986) y En una mañana de domingo (1987), este último reditado al año siguiente fuera de Cuba bajo el título Con fe.

En ambas producciones discográficas continúa la recurrencia a utilizar en el repertorio géneros de la música cubana como el zapateo, la contradanza, el son, el guaguancó, tratados siempre a partir del concepto del jazz latino. Ejemplo de ello son Para luego es tarde (danzón), En una volanta actual (contradanza), Zapateo para una bella dama (zapateo). Pero también se observa una mayor inclinación a interpretar temas más apegados en su concepción a lo jazzístico, tales como Con fe y Festival en Plaza, de la autoría de Emiliano.

Portada del álbum Visión / Foto tomada de Internet

En 1989 su salud se vio afectada, una de las razones por las que en ese año se disolvió el quinteto, primera agrupación en la que Emiliano desbordó todo su caudal creativo y experimentó ideas propias.

Una vez restablecido, formó una nueva agrupación de jazz, ahora en formato de cuarteto. Lo integraban Conrado García en la batería, Miguelito Valdés en la percusión y Carlitos del Puerto en el bajo, este último hijo del también bajista Carlos del Puerto, quien compartiera escenario con Emiliano durante muchos años en aquella agrupación ocasional integrada por Enrique Plá y Paquito D’Rivera. También se sumó el técnico de audio Carlos Díaz, el Hueso.

El cuarteto Emiliano Salvador y su grupo se formó en 1990, y se mantuvo unido hasta el fallecimiento de Emiliano en octubre de 1992. Juntos grabaron el disco Ayer y hoy que, editado por la EGREM, devino su testamento musical.

Excepto escasas presentaciones, esos últimos meses Emiliano los dedicó a ensayar y a perfilar el repertorio para el disco y algunas giras que no pudieron ser. El cine-teatro Acapulco era entonces una especie de sede personal donde actuó en vivo, ensayó y grabó con su grupo.

Ayer y hoy evidencia, una vez más, el predominio de obras de su autoría, enmarcadas en diversos géneros de la música popular cubana como el danzón y el chachachá; pero también vuelve a abrirse un espacio para dos obras del repertorio popular cubano orquestadas por Emiliano: los boleros Allí de Marta Valdés y Capullito de alhelí de Rafael Hernández.

Para esa época Emiliano ya era reconocido en buena parte del mundo. Su obra era admirada por músicos de la talla de Chick Corea y Thelonius Monk, uno de sus ídolos personales. Pianistas como Michel Camilo, Gonzalito Rubalcaba y Ernán López-Nussa reconocían estar muy influidos por su estilo. En otras palabras, había logrado la madurez y fuerza suficiente para imponerse en el jazz latino internacional. Su carrera se encontraba en un momento cúspide que no pudo disfrutar. Su muerte precoz conmovió a todos; significó una pérdida irreparable para el jazz cubano y, más aún, para el movimiento del jazz latino en toda América.

Sin embargo, a pesar de esa huella, Emiliano no recibió durante toda su carrera el reconocimiento debido. Fue después de su muerte que alcanzó mayor renombre.

Meses más tarde, la casa discográfica EGREM entregaba póstumamente el Gran Premio EGREM ’92 al disco Una mañana de domingo, penúltima producción discográfica de Emiliano Salvador, todavía con el quinteto de jazz.

En 1993 la revista especializada Latin Beat Magazine de Los Ángeles publicó dos artículos en su memoria, bajo la firma de dos fieles amigos, Leonardo Acosta y Paquito D’Rivera. Este último, también en ese año, dedicó a Emiliano el disco 40 Years of Cuban Jam Sessions, editado por Pimienta Records. Allí Paquito escribe: “Emiliano es uno de los pocos músicos cubanos que comprenden el espíritu y el verdadero significado de la palabra jazz”.


NOTAS

1 Leonardo Acosta: “Emiliano Salvador, retrato desde Cuba”, Latin Beat Magazine, Los Ángeles, vol. 3, no. 5, junio-julio 1993.

2 El Consejo Nacional de Cultura (CNC) se constituyó en 1961 para trabajar en el rescate de nuestras tradiciones y en la dignificación del trabajo artístico y literario, así como para dar respuesta a las necesidades del sector de trabajadores de la Cultura. (“La cultura”, Política Cultural de la Revolución Cubana, Ed. Ciencias Sociales, 1977, p. 67.) Este organismo se disolvería para dar paso a la creación del Ministerio de Cultura de la República de Cuba en 1976.

3 La ENA se había fundado en 1962 como parte de los nuevos planes educacionales que incluían la masividad y el acceso gratis a la enseñanza artística. Su fundación, unida a la de las escuelas provinciales de música, así como a las escuelas elementales y vocacionales, propició un amplio desarrollo del movimiento de aficionados y ofreció a la sociedad cubana, por primera vez en su historia, un acceso ilimitado a la cultura. (Clara Díaz: Pablo Milanés, con luz propia, Ed. Txalaparta, España, 1994, p. 32.)

4 La enseñanza musical en Cuba clasifica el estudio de instrumentos en carreras largas (en las que el niño debe comenzar a la edad de siete años) o cortas (a partir de los diez), según el grado de complejidad interpretativa del instrumento.

5 Independientemente de la especialidad que se curse, en las escuelas cubanas de música es obligatorio estudiar piano de forma complementaria.

6 Entrevista realizada por la autora el 15 de junio de 2004.

7 En esa época la disciplina que exigía la dirección de la escuela era sumamente estricta. El complejo de casas que conformaban el plantel (todavía no estaba terminado el edificio que conocemos hoy) ocupaba un área bastante extensa: desde la calle 9na hasta la calle 23 y desde 120 hasta 146 pero a los alumnos no les estaba permitido trascender esos límites; si alguno lo hacía por cualquier razón, se consideraba una falta grave de disciplina y le valía una corte militar con la posibilidad de sufrir castigos. [Cecilia García: “Emiliano Salvador, vida y obra” (título provisional), inédito, La Habana, 2004.]

8 El Johnny’s Dream, luego llamado Río Club y hoy rebautizado con el nombre de Irakere Jazz Club, ha sido desde sus inicios, refugio del jazz cubano o latino. Por su escenario ha pasado lo que más brilla del jazz en Cuba, así como importantes figuras internacionales.

9 “A la ritmicidad o sentido del ritmo de los géneros cubanos que se caracteriza por sus amplias posibilidades de improvisación, un grupo de importantes compositores e intérpretes cubanos lo llaman ritmática”. Lino Neira: “Un panorama de la percusión en Cuba”, inédito, La Habana, 2004. (Versión tomada de la presentación en Power Point elaborada por el autor para la clase magistral impartida por él e ilustrada por los percusionistas José Luis Quintana Fuerte, Changuito; Federico Arístides Soto Alejo, Tata Güines; Román Justo Pelladito Hernández y Gerardo Pelladito Hernández, previo al III Congreso Cultura y Desarrollo, Palacio de Convenciones de La Habana, 9 de junio de 2003.)

10 Entrevista a Eduardo Ramos realizada por la autora el 5 de marzo de 2004.

11 En la actualidad, la casa EGREM cuenta, además, con un moderno estudio de grabación  construido hace apenas unos años en calle 10 y 3ra., en Miramar.

12 Entrevista a Feliciano Arango, 9 de junio de 2004.

Tributo después

En 1996 Bobby Carcassés convocó un concierto homenaje a Emiliano en la Casa de la Cultura de Plaza, previo al Festival Jazz Plaza’96 en el que participaron, además del propio Bobby, Gonzalito Rubalcaba, Peruchín II y el grupo Estado de Ánimo, dirigido por Robertico Carcassés.

En 1998 Nat Chediak publicaba en su Diccionario de jazz latino una foto de Emiliano a página entera. De él dice: “Al no recibir el apoyo que avala a otras figuras de su generación y haber fallecido a tan temprana edad, el pianista adquiere su merecido renombre póstumamente […].De haberle apreciado en vida tal vez otro gallo hubiese cantado. Y Salvador todavía estaría haciendo maravillas entre nosotros”.

En el 2000 el Sello Unicornio de Producciones Abdala, editó el CD Pianíssimo a partir del hallazgo de unas cintas inéditas de una presentación de Emiliano en el concierto homónimo, auspiciado por el Palacio de Bellas Artes de Ottawa, Canadá. Las grabaciones habían sido realizadas por un fanático desde el público quien se las hizo llegar a Emiliano y estuvieron guardadas en un clóset personal hasta que fueron encontradas por su hija. Este fonograma muestra una de las facetas que Emiliano menos explotó en su carrera: la interpretación solista. Es un disco básicamente a piano solo con temas de Emiliano, exceptuando un estándar norteamericano (Estela by starlight de Víctor Young) y un clásico de la música popular cubana (Tú mi delirio de César Portillo de la Luz).

Tras la salida al mercado de éste, otra producción discográfica en homenaje a Emiliano Salvador vio la luz en el año 2002. A Puerto Padre, tributo a Emiliano Salvador, se grabó también bajo el sello Unicornio; participaron una pléyade de jazzistas cubanos admiradores y seguidores de Emiliano, entre los que se encuentran Chucho Valdés, Ernán López-Nussa, Juan Manuel Ceruto, José Luis Chicoy, Isaac Delgado y Tata Güines.

También en el 2002 se estrenó el documental Las manos y el ángel de Esteban García Insausti, que vendría a cerrar un ciclo de homenaje a Emiliano pasados diez años de su muerte.

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