Frank Emilio, 80 años de luz*

Por Karen González León, musicóloga

*Publicado en revista CLAVE, año 6, números 1-2-3, 2004, p. 34-39

Desde que se comenzó a hablar del boom de Buena Vista Social Club me adherí a la corriente que defendía criterios como: “Tuvimos que esperar a que viniera Ry Cooder para sacar a la luz este tesoro de nuestro país”. Pero después de reflexionar sobre el asunto más detenidamente y leer “Encrucijadas músico-culturales en la convulsa modernidad global”, ensayo del doctor Danilo Orozco publicado en Clave, año 5, no. 1, 2003, comprendí que el mayor problema radicaba no en el supuesto descubrimiento, sino en la atención (o más bien la poca atención) prestada a la promoción y difusión de esos valores por parte de algunas instituciones cubanas, incluso, que la difusión de estas figuras en algunos momentos funcionó mejor hacia el exterior que en el patio.

La carrera musical de Frank Emilio Flynn se vio favorecida por tal boom. Buena Vista Social Club fue el detonador de una explosión que provocó un interés mundial hacia los músicos cubanos, en especial hacia aquellos de edades avanzadas, posiblemente por ser considerados los exponentes más fieles de una época de oro que luego fue quedando atrás. Sobre todo en Europa ganaron en popularidad los intérpretes del más tradicional son cubano y otros más inclinados a las descargas del latin jazz, siempre sazonadas con nacionalísimas improvisaciones.

Sin embargo, la aceptación internacional no siempre repercutió en una mayor promoción dentro del país. Fue el caso de Frank Emilio, a diferencia de muchos otros beneficiados por aquel fenómeno musical. En términos de reconocimiento público, él nunca llegó a ser un músico “popular”.

Frank Emilio fue una mezcla de influencias, estilos y emociones, que le hicieron labrar en toda su trayectoria un sello propio y una marca típicamente personal. Profundizar en su historia descubre no sólo al genial músico y pianista versátil, sino al hombre sencillo, modesto, esposo y padre ejemplar, que dedicó su vida a formar nuevos valores y dejar una huella imborrable en la historia del movimiento pianístico cubano.

Como compositor legó una modesta cantidad de obras, pero de gran valor, como la descarga Gandinga, mondongo y sandunga, que figura en el repertorio de muchos jazzistas del mundo, por lo que ha pasado a la historia como uno de los compositores más representativos del latin jazz. Fue además uno de los primeros en introducir la música de fusión en nuestro país, especialmente en el trabajo que realizó con el grupo Los Amigos.

Como arreglista también hizo grandes aportes, sobre todo por las armonizaciones de obras de importantes compositores del filin, muchos de ellos músicos empíricos. Los arreglos de Frank Emilio permitieron su difusión, y posibilitaron que muchas de aquellas obras magistrales alcanzaran popularidad. El periodista Félix Contreras recordaba en su libro Porque tienen filin:     

Al maestro Frank Emilio no sólo debe el filin aportes y sostenido apoyo promocional, sino también el enriquecimiento de géneros, técnicas, modos, estilos que él proporcionó a sus compañeros filineros en las famosas tertulias y descargas.(1)

Junto a otros como Frank Domínguez, fue uno de los pianistas que definió el estilo para acompañar el filin con el piano, cuando era la guitarra el instrumento por excelencia de que se acompañaban los cultivadores del género. A ello, además, se suma su influencia en generaciones posteriores de pianistas, particularmente en intérpretes como Chucho Valdés y Emiliano Salvador.

El libro Notación musical en sistema Braille, el cual, como método escrito, no tiene precedentes en la historia de la pedagogía cubana del siglo XX, fue otra importante obra de Frank Emilio.

EL NIÑO TRANSFIGURADO EN MÚSICO

Frank Emilio nació el 13 de abril de 1921, de la unión de Digna María Rodríguez Bustamante y el norteamericano de origen irlandés Francisco José Flynn Gilmartin, pero a la muerte de su madre, el padre regresó a Estados Unidos y fueron sus tíos, Elvira Rodríguez Bustamante y su esposo Emilio Valdés Magallanes, quienes lo acogieron como a un hijo propio.

Frank sólo veía con su ojo izquierdo cuerpos de colores sin contorno definido, y perdió totalmente la visión a los trece años. Desde muy pequeño se sobrepuso a ese impedimento. Con un piano en su habitación, no necesitaba luz para empezarle a arrebatar los más exquisitos sonidos.

En su formación musical se nutrió de diversos profesores como Juana Sánchez y Concepción Castañer, de las que tomó clases de piano, así como de Harold Gramatges y Félix Guerrero, que lo instruyeron en otras materias como armonía, teoría y composición. También le aportaron Pedro Hernández y Ñola Sahig, y ya con treintisiete años recibió lecciones de César Pérez Sentenat, algunos de los nombres que nos dan la medida de las fuentes de las que bebió Frank Emilio Flynn.

Fran Emilio Flynn / Foto tomada de Internet

Uno de los puntales fundamentales de su educación, y del que luego se valió para brindarles a otros sus conocimientos, fue el sistema Braille. Sus primeras nociones de notación musical en este sistema las recibió de Julio Azanza Rodríguez,(2) luego siguió estudiándolo solo, hasta dominarlo con increíble destreza.

Frank aleccionó a gran cantidad de alumnos, ciegos y videntes, pero hubo dos acciones en su poca conocida carrera pedagógica que pueden ser consideradas grandes hazañas.

La primera fue su labor con los alumnos de la Fundación Cultural para Ciegos Varona Suárez, que estudiaban música como una materia complementaria a la educación general. A algunos de aquellos estudiantes los insertó en las escuelas normales de música, y así posibilitó que un músico profesional ciego no tuviera que ser empírico, sino que sus bases fueran tan fuertes como las de cualquier otro.

La otra es uno de sus más grandes legados a la enseñanza de la música para estudiantes invidentes, el ya citado libro Notación musical en sistema Braille, basado en un estudio paralelo de esta notación musical y la escrita en tinta. Para el proyecto contó con la invaluable ayuda de Armando Romeu, quien se convirtió en un fuerte pilar en el asesoramiento y, principalmente, en la revisión de este trabajo monumental. Romeu estudió el sistema con tal seriedad que llegó a transcribirle a Frank Emilio gran cantidad de obras que nunca había encontrado en los catálogos, como las contradanzas de Ignacio Cervantes, innumerables danzas de Ernesto Lecuona, y Rhapsody in blue y Concierto en fa de George Gershwin.

Este libro ha sido de un valor excepcional, por haber permitido que profesores de música videntes enseñaran a estudiantes ciegos. A partir de él se comenzó a impartir un seminario de musicografía, destinado en lo fundamental a profesores y otros especialistas videntes, y a músicos ciegos deseosos de aprender los aspectos teóricos y prácticos de la notación musical en el sistema.

Detenido temporalmente por la crisis económica del Período Especial, en 1997 el seminario cobró vida en las manos de Carlos Abel Ramírez (3) y Joaquín Borges Triana,4 que lo habían impartido desde sus primeros intentos, siempre con el asesoramiento incondicional de Frank Emilio. En esta segunda ocasión lograron incluso mantener una frecuencia anual y darle la necesaria continuidad, facilitando que los que ya lo hubieran recibido, pudieran regresar al siguiente año para ampliar conocimientos.

Gracias a este texto escrito con gran profesionalismo, magnífico desde el punto de vista pedagógico, hoy contamos en casi todas las provincias del país con profesores capacitados para atender y dar seguimiento al aprendizaje musical de alumnos ciegos y débiles visuales, en escuelas de arte y de instructores de arte.

Frank Emilio también compuso algunas piezas de corte pedagógico, en las que trataba de plantear retos a diferentes dificultades técnicas de sus alumnos, con las cuales alcanzó generalmente resultados positivos. Dos Fuguetas cubanas, la Danza de la mano derecha y el Zapateo cubano, se escuchan a menudo en los programas de los estudiantes de piano.

EL INTÉRPRETE

Frank Emilio inició su carrera pianística, cautivado por el danzón y el estilo de Antonio María Romeu. El propio Frank Emilio comentaba: “Me anunciaban como el único imitador del Mago de las Teclas”.(5) Este género influyó tanto en él, que mucho más tarde compondría un danzón titulado Luyanó.

Por esa época integró varias orquestas, incluyendo una típica que él mismo creara en 1934, al tiempo que era invitado a tocar con otras prestigiosas agrupaciones como la Sonora Matancera y el Septeto Nacional dirigido por Ignacio Piñeiro, y que trabajaba en varias radioemisoras cubanas. De estas últimas marcaría su carrera profesional la Mil Diez, a la que entró en el año 1946. Allí se vinculó a gran cantidad de proyectos que lo enriquecieron sobremanera. Allí surgió su fuerte nexo con el filin, y sus más altos exponentes: César Portillo de la Luz, Tania Castellanos, Luis Yáñez, José Antonio Méndez, Omara Portuondo, Ñico Rojas.

Foto tomada de Internet

Eran los tiempos en que frecuentaba la casa de Jorge Mazón, (6) donde se reunía con Armando Peñalver (7) y Aida Diestro (8) entre otros, para escuchar la música de su preferencia e intercambiar criterios. Su labor fundamental con el filin se dirigió al trabajo de acompañamiento a cantantes, especialmente cuando otros músicos, principalmente extranjeros, se interesaban en escuchar las obras de algunos de nuestros compositores. Pero más importante aún fue su forma tan especial de interpretar el género. Lejos de ser un “pianista sin estilo propio”, como él mismo confesara, fue un maestro de estilos, con los que jugaba a su antojo, sabiendo adoptarlos en el momento justo. Él, con su natural modestia, nunca se reconoció como uno de los músicos que más le aportara al género, pero los integrantes de aquel movimiento sí sostienen tal juicio hasta nuestros días.

Fue una gran experiencia su prolongado trabajo con el conjunto Loquibambia, que integraban José Antonio Méndez en la guitarra prima y Alberto Menéndez en la segunda, Oscar Kiko González en el bajo y el propio Frank en el piano, con las voces de Omara Portuondo, Leonel Brabet y Eligio Varela. Esta agrupación cultivaba música norteamericana y populares números de jazz de la época, además de algunas canciones del filin, con profunda influencia norteña en sus  arreglos e interpretación.

Comenzaron a presentarse en una emisora radial de La Víbora, en la Loma del Mazo, pasando más tarde a la Mil Diez, que les brindó mayores posibilidades, por ser mucho más popular y llegar a mayor cantidad de público. Loquibambia tuvo una segunda etapa fuera de la Mil Diez, en la que participaron Bobby Williams y Jorge Mazón. Durante todo ese tiempo Frank Emilio dirigió el conjunto, hizo arreglos e incluso montó voces.

Más tarde transitó por otras agrupaciones como Los Modernistas,(9) el cuarteto de Alejandro y sus Muchachos, (10) pero había un género que lo apasionaba y al cual deseaba dedicarse: el jazz, el que de hecho más reconocimiento público le dio.

Leonardo Acosta (11) recuerda sus primeras visitas a Frank, por los años 1954 y 1955, las que más tarde se convirtieron en una costumbre casi diaria. Entre ellos crearon una especie de hobby que consistía cada tarde en enseñarse al menos un tema que el otro no conociera. De esta forma, tal vez sin proponérselo, fueron creando un amplio repertorio que luego les fue de mucha utilidad cuando en 1958, a raíz de la creación del Club Cubano de Jazz, Frank Emilio conformó un cuarteto con Walfredito de los Reyes en la batería, Orlando Papito Hernández en el bajo y el propio Leonardo en el saxo alto. Con ellos actuó durante varias semanas para recaudar fondos con el fin de costear las invitaciones de los primeros músicos extranjeros que vinieron a tocar en las jam sessions. Durante esa época se introdujo de lleno en el género, tocó todo tipo de jazz, de cualquier año y cualquier índole.

Surgió entonces el Quinteto Instrumental de Música Moderna Cubana, cuyo origen se encontró en el trío formado por Guillermo Barreto en la batería, Papito Hernández en el bajo y Frank en el piano. La idea del quinteto se le ocurrió a Barreto mientras grababan en un estudio privado, incluyó a Tata Güines en la tumbadora y a Gustavo Tamayo en el güiro. Pero el nombre de la agrupación resultaba extremadamente largo para el mundo comercial, y el encabezamiento de “quinteto” los limitaba a la hora de tocar con otros intérpretes. Decidieron entonces llamarse Los Amigos, con un formato más libre para adoptar cualquier combinación experimental que resultara interesante y les abrió el camino desde el punto de vista comercial, con lo cual se hicieron muy populares entre los músicos.

“Yo no soy un compositor de propósito”, (12) decía de sí mismo Frank Emilio, pues generalmente componía cuando se veía en la necesidad de completar un disco, o cuando le surgía una idea y se aseguraba de que podía aplicarla a un tema. Más que un compositor de obras, se consideraba un compositor de temas, notoriamente apreciable en las llamadas “descargas”.

Su primera obra fue un fox trot, en 1946, titulado Tema de media noche o Midnight Theme, pero entre sus composiciones, la más conocida Gandinga, mondongo y sandunga, ya referida, es considerada por muchos una de las primeras del latin jazz en Cuba. Se trata de una descarga que cuenta con combinaciones rítmicas muy complejas; el apoyo metrorrítmico en ella es sustantivo, sobre todo para el bajista y el pianista, quienes de no estar atentos a la métrica, corren el riesgo de ser sacados de tiempo por el solista improvisador. Otras descargas de este autor muy apreciadas son Los Amigos y Reflejos ancestrales, que da título a una de sus últimas producciones discográficas, y Guerra de flautas, también incluida en este fonograma.

Foto tomada de Internet

El quinteto Los Amigos dio uno de los primeros pasos en Cuba hacia la música de fusión, pues hacía música cubana aplicando recursos armónicos, rítmicos y tímbricos del jazz.(13) En su repertorio incluían canciones de filin y de la música tradicional mezcladas con elementos de la música africana; apelaban en lo fundamental a sus combinaciones rítmicas. Consúltese “Scheherezada Cha-cha-chá”,(14) que comienza con el tema del famoso poema sinfónico de Rimsky-Korsakov, al que le sigue otro tema en chachachá.

A esas alturas, Frank había sumado a su experiencia aislados trabajos que muchas veces se reducían a suplencias de pocos días o invitaciones a tocar con algunos importantes jazzistas de otras latitudes, sobre todo norteamericanos y canadienses. Fueron breves pero medulares contactos que le enriquecieron de manera vital, ampliaron su visión genérica y le aportaron grandes conocimientos en cuanto a genuinas técnicas del jazz, y a su desarrollo rítmico y armónico.

La última década de la carrera musical de Frank Emilio se tornó muy intensa, colmada de conciertos en Cuba y giras por otros países, lo cual puso de manifiesto el incuestionable valor de su obra.

No por ello, sin embargo, ha sido Frank Emilio Flynn justamente ponderado y reconocido en el lugar que le corresponde dentro de la historia del jazz cubano. Aunque nunca falte entre los grandes quien, como su entrañable amigo Luis Carbonell, le aprecie. “Frank tuvo el prestigio y el valor intelectual de estar muy adelantado en la música, era un hombre que tenía una capacidad de improvisación increíble y una capacidad de lectura también prodigiosa”, (15) entre otros extraordinarios méritos aquí esbozados.

NOTAS

1 Félix Contreras: Porque tienen filin, Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 1989. p. 144.

2 Director de la Asociación Cubana de Ciegos, en la que Frank Emilio comenzó sus estudios primarios y más tarde impartió clases.

3 Carlos Abel es actualmente el director del Centro Cultural Recreativo de la ANCI, además de ser el director de estos seminarios de musicografía, excelente músico y transcriptor.

4 Periodista y crítico de arte del diario Juventud Rebelde y de El Caimán Barbudo y otras publicaciones, transcriptor y especialista en cifrados musicales en Braille. Al igual que Carlos Abel, fue de los alumnos más destacados de Frank Emilio.

5 Mayra A. Martínez: “Frank Emilio, aprendiz y maestro”, en Cubanos en la música, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1993, p. 224.

6 Guitarrista y compositor, y uno de los iniciadores del movimiento del filin (La Habana, 1923-?).

7 Compositor vinculado desde 1945 al movimiento del filin (La Habana, 1920-?).

8 Pianista, arreglista y directora del cuarteto femenino las D’ Aida, fundado en 1952. Se vinculó al filin desde sus inicios (La Habana, 1928-1973).

9 Con la colaboración de su amigo José Antonio Méndez en la guitarra, Isauro Hernández en el contrabajo, en la percusión Oliverio Casanova y Justi Barreto, y como cantantes Pepe Reyes, quien se convirtió en la voz de los boleros. Francisco Fellove cantaba las guarachas, los sones y otras piezas más movidas, fundamentalmente de la música bailable cubana.

10 Contaba con Alejandro Fernández como cantante y director, y con un bajista, un tresero y Frank Emilio en el piano. Tocaban música cubana bailable.

11 Saxofonista, escritor y destacado musicólogo. Formó parte como instrumentista de varias agrupaciones de música popular cubana y de jazz.

12 Entrevista realizada a Frank Emilio Flynn, conducida por Raúl Fernández y Radamés Giro para el Oral History Program of the National Museum of American History, Smithsonian Institution. (En colaboración con la UNEAC.)

13 En este último aspecto, en la combinación de timbres, era Barreto un verdadero maestro.

14 Por ser Frank quien popularizó esta obra, muchos le adjudican su composición, pero lo cierto es que pertenece al catálogo creativo de Giraldo Piloto.

15 Entrevista realizada por la autora el 29 de diciembre de 2001


CRONOLOGíA

1921– El 13 de abril nació en La Habana Francisco Emilio Flynn Rodríguez.

1932– Se presentó a un concurso de aficionados en el antiguo Teatro Nacional, actual Gran Teatro de La Habana, donde obtuvo el premio masculino por la interpretación del danzón Tres lindas cubanas.

1934– Creó una orquesta típica que llevó su nombre con la que interpretaba el danzón al estilo de Antonio María Romeu.

1936– Comenzó sus estudios primarios en la Asociación Cubana de Ciegos.

1941– Enfermó de tuberculosis y fue recluido en el sanatorio La Esperanza hasta 1943.

1943– Ingresó a la Asociación Cubana de Ciegos como maestro de la enseñanza primaria.

1945– Se reincorporó a la vida musical. Se inició como pianista acompañante con Miguel Ángel López.

1946– Comenzó a trabajar en la emisora radial Mil Diez. Compuso su primera obra, Tema de media noche o Midnigth Theme.

1948– Se convirtió en el protagonista de un programa de jazz todos los jueves en Radio Kramer.

1951– Fundó Los Modernistas con la colaboración de José Antonio Méndez.

1953– Contrajo matrimonio con Marta Montes, con quien estuvo casado por casi cincuenta años.

1958– Comenzó a recibir clases de César Pérez Sentenat para perfeccionar su nivel de interpretación. A raíz de la creación del Club Cubano de Jazz, conformó un cuarteto con Walfredito de los Reyes en la batería, Orlando Papito Hernández en el bajo y Leonardo Acosta en el saxo alto. Conformó el Quinteto Instrumental de Música Moderna Cubana, que más tarde se llamó Los Amigos.

1959- El 17 de julio ofreció un concierto personal en la Sala del Museo de Bellas Artes.

1963– Interpretó Rhapsody in Blue de George Gershwin, acompañado por la Orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

1964– El 5 de septiembre en el Teatro Amadeo Roldán, interpretó el Concierto en fa de Gershwin, acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la batuta del maestro Manuel Duchesne Cuzán.

1975– Interpretó nuevamente Rhapsody in Blue, acompañado por la Orquesta Popular de Conciertos, dirigida por Rafael Lay.

1980– Estrenó el Concierto para piano y orquesta de Adolfo Guzmán, con la orquesta de ICRT. La revista Unión publicó su trabajo “Rasgos estilísticos de Antonio María  Romeu”, que analizaba su estilo como exponente de la pianística cubana en el danzón. Siendo presidente del Frente de Educación y Cultura de la ANCI, fue enviado al Conservatorio para Impedidos Visuales de Praga, para analizar sus planes de enseñanza.

1981– Recibió medalla y diploma por más de treinta años en la radio, que le fueron otorgados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

1982– Le fue concedida la Distinción por la Cultura Nacional.

1987– Se jubiló y le fue otorgado el Bastón de Cristal de la ANCI.

1992– Se reincorporó a su trabajo como pianista, y participó en el espectáculo Noche Tropical ofrecido en Japón.

1993–  Viajó a Toronto, Canadá, donde actuó en un concierto que compartió con importantes músicos cubanos y canadienses.

1996– Viajó a Valencia, España, donde protagonizó un concierto patrocinado por la Universidad Politécnica y la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE).

1997– Viajó nuevamente a Canadá para participar en los festivales de jazz de Montreal y  Toronto.

1998– Fue invitado por el famoso trompetista Wynton Marsalis al Lincoln Center de Nueva York. Tocó en el Ronnie Scott de Londres y otros teatros de Bruselas, Berlín y París; en este último se presentó en el Festival de Música del Caribe en el Parc de la Villete. Fue nominado al Premio Nacional de Música en interpretación convocado por el Instituto Cubano de la Música. Presidió el Primer Concurso JoJazz que tuvo lugar en noviembre-diciembre.

1999– Ofreció conciertos en el Festival de Moers, Alemania, Barbican Center London, en el Festival Spoleto Charleston en Carolina del Sur, en Santander, España, y finalizó el año con una gira por seis ciudades de Alemania. En julio ofreció un concierto didáctico en Zaragoza, España.

2000– Regresó al Lincoln Center de Nueva York. El 29 de marzo la UNEAC le otorgó la Distinción Nicolás Guillén. En julio y agosto realizó una gira por doce ciudades de Alemania, acompañado por un grupo de prestigiosos músicos cubanos.

2001– Ofreció sus últimos conciertos en una gira por Los Ángeles que se extendió hasta el mes de mayo. Falleció el 24 de agosto. Se le dedicó el Festival JoJazz de ese año como homenaje póstumo.

DISCOGRAFÍA

La obra de Frank Emilio está dispersa, en soportes larga duración y discos compactos. El orden que establecimos en esta propuesta es cronológico. Hay un grupo de discos cuyas fechas no pudimos determinar, pero por su importancia los incluimos al final de esta lista.

1958-1962 & 1982 Instrumentales cubanos (CD-0030, EGREM), Los Amigos.

1962 & 1971 Frank Emilio interpreta a Ignacio Cervantes, (LP-3351, CD-228, EGREM en 1997)

1963 Pianoforte (LP-1001, EGREM) Piano con yunfa (CD-0196, EGREM)

1972 Danzones de Antonio María Romeu (LP-3353, EGREM)

1974 Frank Emilio presenta a Frank Emilio (LP-3473, EGREM)

1985 Instrumentales-Música de Juan Almeida (EGREM) con Los Amigos.

1991 Spirits of Havana (CD, Denor / Messïdor), Jane Bunnett y músicos cubanos.

1993 Abanicos y vitrales (CD-0052, EGREM), con Juan José Suárez. The Cuban Piano Masters, Jane Bunnett y músicos cubanos (CD World Pacific/EMI).

1994 Pasaporte (CD-0074 EGREM/Enja), con Miguel Angá, Tata Güines & Cuban All-Stars.

1996 Barbarísimo, Frank Emilio y sus Amigos, (CD-74321 38999-2 Milan Latino) Chamalongo (CD, Blue Note), Jane Bunnett y músicos cubanos.

1997 Tributo a Lecuona (CD-74321 43052-2 Milan Latino)

1998 A tiempo de danzón (CD-74321 58407-2 Milan Latino)

1999 Reflejos ancestrales (CD, Blue Note)

2000 Danza y danzones cubanos (LP-3138, EGREM)

Sin fecha: Tropicana. Volúmenes 1, 2 y 3 (Quinteto Instrumental de Música Moderna), LP, EGREM/Panart.

Rico Melao, LP-1027, EGREM.

Jazz 6 pm, LP-1020, EGREM (Areíto).

Paisajes de España, LP-1615, DuArte.

La flauta en el danzón, LP-4399, EGREM.

Lo mejor de la timba cubana, Concierto en la Casa de la Música de la EGREM.

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