El Cubadisco por dentro. Algunas consideraciones acerca del trabajo del Comité del Premio*

Por Liliana González Moreno

* Tomado de Periódico Cubadisco, julio 2008.

De haber sido este 2020 un año “típico”, por estos días estaríamos celebrando la Feria Internacional Cubadisco. Por eso aprovechamos estas fechas de mayo, para rememorar una interesante reflexión sobre el trabajo del “Comité del Premio”, que como sistema de valoración acompañó durante varios años a este certamen imprescindible de la fonografía en Cuba.

El Comité del Premio es el equipo interdisciplinario que tiene la responsabilidad de organizar, nominar y premiar los materiales fonográficos que cada año presentan las casas discográficas cubanas al certamen CUBADISCO. Está compuesto por músicos, musicólogos, historiadores de la música, realizadores, productores, difusores y promotores de los medios radiales y televisivos, en igualdad de funciones: audicionan, comentan y valoran cada producto, seleccionando los discos premiables en cada categoría. El procedimiento consiste en que una vez efectuadas las nominaciones, son convocados junto a este comité, un grupo de reconocidos músicos en el ámbito de cada género, que pasan a integrar los jurados.  A través de boletas individuales, tras sesiones de escucha, se vota por el premio y quien recibe la mayor puntuación es el ganador. En caso de empate, se lleva a discusión con el jurado. Así mismo se realiza para entregar el Gran premio. Por otra parte, durante las sesiones del comité, se hacen propuestas de discos a premio especial, debidamente fundamentado por quien lo propone y únicamente aprobado por unanimidad. Estas suelen avalar la trayectoria de vida, la compilación de obras fundamentales de un compositor, intérprete, género, o ámbito cultural, trabajos que responden a minuciosas investigaciones, excelencia de factura o aquellos que tengan un valor patrimonial o didáctico de especial mención.

El Cubadisco ha sostenido como premisa: evaluar la calidad e integralidad de los fonogramas sometidos a certamen, contenida esta en su especificidad genérica (de ahí la propuesta de categorías en dependencia de los discos presentados) y en los conceptos de producto cultural y de mercado (más vinculado a los usos y funciones de esta música, y la manera en que han sido concebidos como estrategia socio-cultural).

Por estas razones, el trabajo del comité propone ser una experiencia desmontadora no solo de cánones estéticos disciplinarios, sino de formas de trabajo parcializadas que predominan en otros espacios competitivos y que es nuestro interés superar. Nos enfrentamos a una confluencia y armonía de criterios entre especialistas de las diversas áreas vinculadas a la producción, la promoción, la difusión, y el consumo de la música cubana.

El trabajo de nominación, antes referido, transita por muchas horas de audición, visionaje y discusión. Algunos géneros, generalmente el pop, la llamada música fusión (categoría operativa que nos proponemos superar para próximas ediciones), la música bailable y la trova, suelen ocupar varias sesiones de trabajo y fuertes discusiones conceptuales. Ya son recurrentes las discrepancias por criterios encontrados, la difícil complementación de opiniones muy bien fundamentadas desde puntos de vista, formaciones y competencias artístico-intelectuales muy diferentes, pero logrando siempre, como colofón, no solo un juicio lo más integral e imparcial posible, sino además, aportar al valor socio-cultural de cada material, y a sus potenciales competitivos. A su vez constituye un espacio de superación profesional para los allí reunidos. Esto también pone en evidencia aquellas áreas que aún requieren de una mejor preparación del comité, como es el caso del tratamiento de la música de archivo (antologías y compilaciones) pues muchos no contamos con la formación técnica especializada en materia de grabación, rescate y curaduría de esta categoría que es una especialidad, para entablar un diálogo con miembros del jurado que sí sostienen criterios determinantes desde estos puntos de vista y que no encuentran feliz contraparte en sus acotaciones. En este sentido, se intenta convocar con sistematicidad a encuentros con especialistas de estas áreas que puedan responder a inquietudes del comité para lograr un mejor trabajo.

La moderación de Ciro Benemelis como presidente del Premio Cubadisco, y la asistencia (cada vez más competente) de Yadel Peláez suelen actuar como contraparte de cada decisión que se toma. Poder congeniar todas estas visiones y aceptar una moderación a veces excluyente para algunos, según sea el caso, es un trabajo complejo, y a la vez lo más enriquecedor para nosotros como jurados, al potenciar un sentido cada vez más práctico y consecuente con el mercado discográfico, a favor de ediciones futuras del certamen.

La experiencia de estudiar los potenciales de producción (entiéndase todo lo creativo), distribución y consumo, de productos que son en mayor medida pensados y diseñados para el mercado, pero que a su vez están construyendo discursos de identidades culturales; la posibilidad añadida, de informar, involucrar y comprometer a un equipo de especialistas sobre el acontecer discográfico de manera que terminado el evento, puedan revertir sus conocimientos, interviniendo más eficazmente en estos procesos, forman parte de los derroteros más próximos de este evento. De forma cercana nos queda la insatisfacción, sobre todo a musicólogos, de no lograr intervenir más directamente en el trabajo de las disqueras, transmitiendo toda una serie de preocupaciones, sugerencias e incluso propuestas a favor de determinados perfiles discográficos que no alcanzan mayor vuelo y que año tras año responden a conceptos de realización repetitivos, desestimando ideas y materiales de gran valor.

Es el caso de la realización de antologías y compilaciones, donde sería importante señalar la recurrencia que año tras año se hace de los mismos conceptos de realización, así como la necesidad de un mayor rigor en la información escrita que añade un valor fundamental a este tipo de discografía. Nos referimos a discos que lamentablemente no fueron nominados por no contener la información necesaria que complementa el contenido musical, y cuyo enfoque hace inexplicable el material sonoro que se pone a disposición del consumidor. Es el caso de discos que preservan materiales únicos, que no por ello resultan lo más representativo de un compositor, pero que en dependencia de la manera en que ha sido curado este contenido desde la nota discográfica se legitima el valor de la antología. No de la misma manera, si las notas refieren la relevancia del mismo desde valores culturales universales ya canonizados, que no se corresponden con lo que se ha salvado en el disco, como ha sido el caso. Predominando notas autobiográficas y de informaciones repetitivas de fácil acceso en otras fuentes. Por otra parte, resalta la falta de seriedad ante las erratas de asentamientos de datos autorales, títulos de temas, o fechas, que dado el crédito que cada disco otorga en su cubierta a la ACDAM, suponemos que han sido confirmados. Errores de este tipo pueden tener amplias repercusiones en la consignación internacional que se haga a este registro sonoro.

Algunos de estos elementos conducen a interrogantes que han sido discutidas en el comité del premio: ¿cuál es la función de la nota discográfica?  ¿Cómo se concibe la realización de una nota discográfica tras las dinámicas de escritura de la contemporaneidad?

Para estas preguntas no tenemos aún respuestas abarcadoras y fundamentadas. Pero, la experiencia nos indica que cada categoría discográfica encierra sus propias posibilidades y necesidades discursivas. Y a su vez determina las posibilidades de experimentación y vanguardia de las mismas. Pero sí es fundamental que debe ser concebida para complementar el material fonográfico, ya sea con fines informativos, documentales, propositivos, valorativos o contextuales. El estilo utilizado denota el oficio, el vuelo comunicativo o virtuosismo de quien escribe.

Una polémica planteada desde las primeras ediciones, y que nunca fue resuelta por unanimidad, fue la distinción entre notas musicológicas y notas discográficas. En ese sentido se determinó, que siempre que existieran notas cuya extensión, lenguaje técnico y contenido respondieran a investigaciones musicológicas estas debían competir en categorías diferenciadas. Algunos de los criterios que sostenían esta clasificación se basaban en la posibilidad de premiar facturas diferentes, que respondían a productos discográficos de naturaleza y usos muy diversos: uno era el mercado más comercial, y el otro el mercado especializado. Sin embargo, muchos sostenemos que la nota discográfica es una, y está determinada por su función complementaria al material fonográfico, independientemente del producto y sus particularidades. Es la materialización verbal de una serie de observaciones del producto que contribuyen a su distribución, y a la legitimación de la propuesta. Debe ser propositiva en esencia, no importan los mecanismos de los que se valga, al invitar a realizar diferentes lecturas auditivas tras una serie de datos valorativos que encauzan el tipo de audición. Pero sobre todo, la nota debe formar parte ineludible de un conjunto de acciones discursivas que van desde la manera de producir el disco, hasta el diseño de portada, como agentes publicitarios del artista y la música. Si es poética, lírica, intimista, evasiva, oportunista, convencional o académica responderá a un problema de estilo. Lo que no debe ser nunca es una “nota alimenticia” para cubrir las necesidades de quienes las escriben, y mucho menos que las directivas de producción de las empresas lo permitan.

Removiendo otras temáticas se hace frecuente, como ocurre en todos los eventos competitivos, que los premios suscitan desacuerdos por parte de músicos y disqueras. Esto se debe, en gran medida, a que las expectativas se sitúan desde posicionamientos diferentes. Cada cual legitima su proyecto como el resultado más cercano a sus intereses y estéticas. Algunos de los comentarios más frecuentes se basan en que no existe una correspondencia entre los discos premiados y los más vendidos, y de cierta manera dudan del trabajo realizado por el comité del premio. Lejos de desanimarnos este tipo de criterios, nos parece útil (en un marco extra-evento) tener acceso a estas estadísticas, e incluso conocer cuáles han sido los mecanismos que promueven estos ciclos de ventas. Y si se pudiera, llegar a compartir algunos de estos criterios con los departamentos de marketing y desarrollo de nuestras disqueras. Si bien mucho de lo relacionado con los índices de venta puede que esté determinado por el gusto hacia un tipo de música o músico y no necesariamente por los resultados discográficos. Sería importante compartir algunos por qué de la manera en que estamos produciendo y distribuyendo los distintos tipos de música, las relaciones entre géneros y estrategias de promoción y venta, y descubrir variables de modos de distribución de géneros, e invertir en ideas antes de encasillar probabilidades. Pues el resultado integral del disco, llegando a ser de excelencia desde todos los puntos de vista de realización y en relación, de manera especial, con su ámbito genérico creativo particular, puede no resultar un atractivo comercial para el mercado al que se presenta. En este aspecto el sentido del certamen y los índices de venta responden a intereses diferentes, y solo podrán entrar en correspondencia en aquellos casos en que coincidan resultados de producción, estrategias de mercado e intereses de consumo. No obstante, el Cubadisco se abre cada día más a la valoración desde juicios estéticos múltiples, donde el imprescindible rol de la funcionalidad y uso de la música, que incide y determina en su creación, es uno de los tópicos que están siendo valorados, y que exigen de nuevas metodologías de análisis para una inclusión más consciente y determinante.

Ahora nos enfrentamos al caso del DVD como soporte que cada vez es más usado por las disqueras y que permite la concentración de una cantidad de materiales audiovisuales importante, que desafían a la producción musical anteriormente contenida en el CD. Sin embargo, no podemos someterlo al mismo criterio y encasillarlo en un producto único, porque la diversidad de materiales contenida en cada DVD es evaluable en cada una de sus propuestas. Es el caso de las nuevas categorías que defendimos y que de alguna manera, también es misión del Cubadisco estimular y potenciar el resultado del trabajo discográfico. Es por ello que categorías como documental, espectáculo y concierto en vivo, y videoclip, irán trazando una carrera de competencias a premiar.

Con ello estaremos estimulando también la superación no solo de directores o realizadores, sino de todo un equipo técnico como es el caso de camarógrafos que muchas veces, por falta de orientación y conocimientos, ponen en riesgo el trabajo de todo un equipo.

Creemos que en la medida en que seamos exigentes con estos resultados y demostremos debilidades y desafíos en la realización, concepción y factura de estas realizaciones, desde detalles que son fundamentales para el registro audiovisual de estos tipos de música, estaremos potenciando la atención a áreas subvaloradas dentro de la industria discográfica y cultural, que exigen de una urgente atención especializada. Recordemos que nuestros registros, ya sean sonoros o audiovisuales, conforman una cultura perceptiva no solo para construirnos en nuestra cubanía local, sino para que nos construyan identitariamente los “otros”.

Muchas veces los criterios manejados en el contexto competitivo del Cubadisco no llegan a canalizarse o intervenir en el trabajo de las disqueras, minimizando las funciones de este comité a la entrega de nominaciones y premios. Cada año se desperdician una serie de observaciones que podrían convertirse en tópicos fundamentales para el trabajo de producción y promoción de las casas discográficas cubanas, y que sin duda pudieran aportar a la industria de la música en Cuba con una visión más consecuente, eficaz y propositiva.

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