Recordando a una defensora de la música y los músicos cubanos: Alicia Perea Maza

Por Laura Vilar Álvarez

Este comentario quiere homenajear la figura de Alicia Perea en su natalicio y a pocos días (6 de mayo) de haberse cumplido 5 años de su fallecimiento.

El 24 de mayo de 1935 nació en La Habana Alicia Perea Maza, quien cumpliría hoy 85 años de edad. Alicia Perea fue madre, abuela, tía, hermana, esposa, dirigente, pianista, maestra, amiga, gran soñadora, guerrera incansable de los procesos de creación de la música, una revolucionaria convencida de los principios que sustentan a la Revolución Cubana. En su sangre contenía altas concentraciones de buen arte, amor, concilio por la paz  y sobre todo, gran sensibilidad artística y humana.

Alicia Perea

Para Alicia, la música fue siempre su gran compañera y la supo conducir tanto en las “altas como en las bajas”, en su diverso paso por todos los espacios y funciones donde ella se desempeñó creando así su propio “país de las maravillas”. Y es en ese país donde el tiempo se detiene en cualquier instante, que me permito recordar un pasaje de la vida en el conservatorio “Amadeo Roldán” donde Alicia fue directora y nos exigía que en los pasillos solo se hablara de música, se escuchara música, porque bajo su mandato el arte, la cultura y la revolución social que se gestaba en esos años primaban por encima de todo. Era nuestro deber culminar con creces la carrera optada para continuar enseñando a otros artistas y hacerlo bien donde quiera que fuese necesario.

Años más tarde, coincidimos como colegas en las aulas del Instituto Superior de Arte, porque ella había decidido retomar y culminar sus estudios de música, en especial, el piano. Impresionante y admirable decisión que hizo con total entrega, voluntad y sacrificio. Para un pianista, retomar el tono muscular y destreza de las manos requiere de mucho entrenamiento y valentía, sobre todo, cuando se deja de entrenar sistemáticamente, pues sus encargos estatales no le permitían hacerlo debidamente.

Alicia al piano

Luego de retomar su camino como concertista, para quienes pudimos escucharla en vivo, fue verdaderamente emocionante e inolvidable verla tan feliz y excelsa porque tuvimos ante nuestros ojos a una gran concertista. Al decir del pianista Alberto Joya[1]:

El desarrollo pianístico de Alicia Perea constituye un caso “sui generis”. Dotada de un pianismo natural y una destacada sensibilidad […] Su diversidad de color en el sonido que produce en el piano nos interrelaciona su música con otras manifestaciones artísticas, la pintura o la arquitectura colonial cubana con sus ventanas, rejas y vitrales […], que unido a la flexibilidad en el tratamiento de la agógica dan a sus interpretaciones un movimiento interno lleno de magia y seducción.

Le sacaba al instrumento una gran paleta de colores, de timbres con una interpretación profunda y madura. Debo confesar que fue una de las mejores alumnas, comentaban sus maestros-colegas-subordinados; he de decir que fue una compañera de aula que nos obligaba a estudiar y que la sala de su casa fue el espacio para afianzar los conocimientos antes de las pruebas. Ahí nos reuníamos diversos colegas porque ella estudiaba a la par y por supuesto obtenía la mejor nota, porque aun así nos daba siempre el ejemplo, como dice el refrán, “genio y figura…”.

José Martí decía que “…voz y piano han de ir juntos, como la luz y la sombra…” y cuánta verdad encierran sus palabras, demostradas en la vida profesional de Alicia Perea, pues para ella el piano fue su vida y su voz. Quienes tuvimos el privilegio de conocerla y escucharla en diversos momentos, podemos entender a fondo su significado; para ella la música era tan vital como el aire que respiraba.

El legado de Alicia no fue solo en el campo pedagógico, ejerció también como diplomática representando a Cuba y tuvo una carrera importante como intérprete. Como dirigente se destacó, entre otras tareas, en la Dirección de la Escuela Nacional de Música (ENM) durante 16 años, la cual consideraba “fue el germen de lo que es hoy el sistema de la enseñanza artística, una idea brillante del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, que yo se lo agradeceré hasta el último aliento que tenga”, aseguraba que [2]

Cuando surgió la ENA, todos los que participamos en su creación comprendimos la proyección social de la Revolución Cubana. Se captaron niños y adolescentes campesinos y de capas poblacionales que nunca habían visto un violín, un piano. Cuando por primera vez se enfrentaron con un instrumento musical le pasaban la mano, lo acariciaban. La experiencia para mí fue decisiva más objetiva que todas las anteriores. Hasta ese momento yo solo había sido profesora de hijos de burgueses y decidí dejarlo todo para dedicarme al trabajo aquí. Fue una época muy bella, inolvidable, en la que se realizaron empresas con escasos recursos y mucho coraje.[3]

Pensaba también que “hay que educar y predicar con el ejemplo. No es solo transmitir conocimientos sino formar nuevas generaciones que es un trabajo hermosísimo, sacrificado que requiere de todo el talento, la voluntad: la fuerza de vivir se dedica a la docencia, especialmente cuando además se dirige en una escuela”.[4]

Un logro de la ENM durante su etapa directiva lo fue “la creación en 1982 de un Taller de Música Popular como actividad sistemática dentro del plan de enseñanza artístico-musical. Comienza en el segundo año de nivel medio como asignatura teórica, donde se aborda la historia de la música cubana […] La creación del Taller fue sugerida desde hace años por dos prestigiosas figuras de nuestra música quienes, además son fundadores de la ENA: la profesora Carmen Valdés y el compositor Nilo Rodríguez. Los resultados evidenciaron que sus criterios fueron acertados”.[5]

Alicia recibiendo una distinción

Así intervenía Alicia Perea, así entregó su vida al magisterio y desde la gestión directiva trazó las mejores políticas para el desarrollo de la música en Cuba y su aporte y contribución también a la formación artística en otros países que solicitaron colaboración a Cuba. Meritorio entonces fue el Premio Nacional de Enseñanza Artística 2013, por la obra de toda la vida en el magisterio de la música en Cuba, así como otras distinciones y medallas de alto reconocimiento como la Distinción por la Cultura Nacional, las medallas Alejo Carpentier, Rafael María de Mendive, Raúl Gómez García, y la Orden Juan Marinello.

Durante varios años ocupó la presidencia del Instituto Cubano de la Música, donde bebió tragos amargos, pero también alcanzó enormes logros en el desarrollo de la enseñanza artística, de las orquestas Sinfónicas, en el empuje que necesitaba la industria discográfica cubana para su avance. Recuerdo que en medio de las deficiencias económicas que transitaba el país durante el llamado “período especial”, Alicia apoyó la creación de los Estudios Ojalá,  los Estudios 18 de la EGREM, los Estudios Abdala, la Fábrica de Instrumentos musicales Fernando Ortiz; el respaldo total e incondicional a la Feria Internacional Cubadisco principalmente al Premio discográfico, al patrimonio musical, al Cidmuc –donde le debemos la edición e impresión del Atlas de los Instrumentos de la Música folclórica popular de Cuba, obra científica y monumental de la musicología cubana–, y a la puesta en marcha de la Revista Clave luego de varios años de silencio editorial.

Entrega oficial del Atlas de los Instrumentos.. a Olavo Alén en el Cidmuc en 1998 / Fotografía de Raúl Díaz

¿Sus angustias? la escasez de recursos, que no alcanzaban para hacer más, porque el arte requiere recursos y “en pocos países del mundo existe la fortaleza del sistema de instrucción en las artes como el cubano”, al decir en su propia voz[6].

¿Su mayor deseo? “ […] poder realizar algún día, una actividad en la cual participen no solo la música sino otras especialidades artísticas. Sería como un espectáculo y nada mejor para ello que Sueño de una noche de verano de Félix Mendelssohn. Hasta ahora es solo un anhelo pero pienso que en un futuro no lejano podremos llevarlo a la práctica. Al menos, entusiasmo nos sobra”[7].

Sirvan estas líneas para testificar que las miles de semillas que Alicia Perea sembró germinaron y han dado frutos, que sus desvelos fueron necesarios para que otras generaciones continúen su legado, con otros códigos, con otros derroteros, pero que su pasión y compromiso por la música se multiplique y su ejemplo les de fuerzas para continuar el permanente reto y sacrificio que conlleva la creación artística. Solo he tratado de resaltar algunos de sus valores, algunos de mis recuerdos, porque quiero que los más jóvenes la sientan cercana, sepan que ella, mujer guerrera, de amplia sonrisa, en su “país de las maravillas”, dejó abierta la puerta para que otras guerreras puedan entrar, soñar, crear y seguir defendiendo el quehacer y el prestigio de la música cubana con la misma pasión y amor que ella nos inspiró.


Notas

[1] Alberto Joya en nota al CD Alicia Perea. Danzas, contradanzas, habaneras y danzones. Producciones Colibrí, La Habana.

[2] Entrevista realizada por Lázaro David Najarro Pujol.

[3] Entrevista realizada a Alicia Perea Maza por la musicóloga Hamilé Rozada en Revista Clave, no. 1/86, 1ra época.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] Entrevista realizada por Lázaro David Najarro Pujol.

[7] Ídem.

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