Tambor Yuka

Por Martha Esquenazi Pérez

Notas musicológicas escritas para el álbum Tambor Yuka, perteneciente a la Antología de la Música Afrocubana. Cuyos créditos de producción son los siguientes:

Producción: María Teresa Linares

Textos: Martha Esquenazi

Técnicos de grabación de la EGREM

Grabación in situ: El Guayabo, Pinar del Río,  24 de marzo de 1978

 Dirigida por María Teresa Linares

La zona más occidental de la isla fue poblada desde mediados del siglo XVI, por grupos heterogéneos de colonizadores, emigrantes canarios que venían con sus familias a cultivar la zona, en tierras mercedadas, y numerosos esclavos que trabajarían en las plantaciones de caña para los ingenios y en los cafetales. Este poblamiento se acrecentó en el siglo XVIII al reconocerse la calidad del tabaco de Vueltabajo, cultivado casi exclusivamente por manos canarias; y al incrementarse los cafetales con la llegada de los franceses, que mejoraron las técnicas de cultivos, además del poderoso desarrollo de la fabricación de azúcar, cultivos ambos que requerían en aquel momento mayor número de fuerza de trabajo esclava, por lo que se importó un mayor número de congos, cuya fuerza y resistencia física resistía las duras faenas agrícolas e industriales.

Al finalizar en 1886 el régimen esclavista y luego de terminadas las guerras de independencia, estos grupos de congos fueron mermados por una inmigración interna, quedando algunos en los centros montañosos de la antigua zona de Nueva Filipina, (hoy Pinar del Río), donde se establecieron en pequeños caseríos, dedicados a cultivos varios y a trabajos fabriles en poblaciones cercanas.

Aquellos congos, a pesar de encontrarse situados en lugares apartados de difícil acceso, en medio de montes enmarañados, acostumbraban reunirse los domingos para celebrar sus fiestas de tambor yuka, costumbre que se había iniciado en los barracones de esclavos durante la colonia, y que, en la República se caracterizaba, en esta provincia de Pinar del Río, por dos aspectos fundamentales: la unidad étnica entre los miembros de todos los municipios de la provincia, pero con una mayor densidad en la zona central y oeste, y la gran interrelación que mantenían entre las poblaciones, pues se visitaban mutuamente.

Esta cohesión se daba por el carácter un tanto competitivo de la fiesta, en la que participaban los solistas o gallos de cada comunidad, que iban a cantar sus pullas, cantos de jactancia donde se burla o zahiere al contrario durante la fiesta.

La coyuntura económico-social de la provincia y la relación existente entre los diferentes grupos poblacionales permitió la conservación, hasta hace poco tiempo, de una manifestación danzario-musical sin grandes variantes para esta zona relativamente extensa, lo que no ocurre en otros lugares. Una de las más notables diferencia entre el desarrollo de los grupos de origen congo en Pinar del Río, con respecto a las otras provincias, la constituye la ausencia de sociedades o cabildos para esta actividad, ya que se trata de una fiesta profana a la que se asiste libremente, no siendo necesaria la integración a un cabildo o sociedad religiosa. Ortiz señala su desplazamiento hacia zonas rurales quizás por la prohibición oficial que existía, desde la colonia, de celebrar estas fiestas.  Los informantes también señalan esta prohibición, no obstante, en épocas recientes, por lo que siguen manteniéndose en lugares recónditos.

La investigadora Mercedes Pacheco, al frente de un equipo interdisciplinario que estaba realizando el Atlas de la Cultura Popular Tradicional, realizó hace varios años la reconstrucción de estas fiestas en la zona conocida por El Guayabo, para lo cual se construyeron enramadas, se invitó a participantes de una amplia zona, los que informaron de sus tradiciones, se organizaron varias fiestas de tambor yuka que fueron filmadas y grabadas. La Comisión Provincial del Atlas (hoy Centro de Cultura Comunitaria), ha continuado atendiendo las actividades de esta comunidad.

La presente grabación se realizó en El Guayabo, por un equipo técnico de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, EGREM, dirigido por María Teresa Linares, musicóloga, un técnico de grabación, un auxiliar, un fotógrafo y el conductor de un camión facilitado por el ICAIC que tenía un equipo de control remoto. Se utilizó una grabadora NAGRA. La Dirección de Cultura de la Provincia de Pinar del Río convoco a los músicos y acudieron, desde un viejo hijo de esclavos, de cien años de edad, hasta las generaciones más jóvenes que tenían que aprender de aquel lo cantos de pulla. Ellos conservaban tambores muy antiguos que fueron utilizados en la improvisada fiesta para nuestra grabación.

La fiesta de tambor yuka es una reunión amistosa, de un colectivo de vecinos que toman aguardiente, comen puerco asado sobre ramas de guayabo, bailan, cantan y realizan competencias entre los solistas, a los que llaman gallo por su actitud retadora. Se le llama baile de yuka a una variante dancística de las fiestas profanas de origen bantú que se celebraron en toda la Isla por grupos de aquella etnia. Similares son el baile de makuta, (en los que se emplean tambores del mismo nombre), los bailes de maní y las tahonas, formas antiguas de la rumba.

El conjunto de tambor yuka consta de tres tambores unimembranófonos construidos generalmente de un mismo tronco de aguacate o almendro –árboles que tiene la médula blanda, cortados en tres tamaños y ahuecados a mano. Del trozo más ancho, y de mayor longitud (hasta 1.50 m) construyen el llamado caja, del resto del tronco cortan otros dos de tamaños mediano y pequeño con respecto al mayor o caja, que reciben el nombre de mula y cachimbo. Se les coloca un parche de cuero de res previamente curtido y remojado, tensándolo fuertemente antes de clavarlo por la boca más ancha. En el momento de ejecutarlo lo tensan y afinan mejor aplicándoles calor con una mecha.

El tocador de la caja toca además unas maraquitas, (nkembi) de güira cimarrona o metal atadas en ambas muñecas. Otro participante golpea la base del tambor, -que cubren con una pieza de hojalata o latón-, con unos palos entrechocantes. A este golpeteo le llaman la guagua. La caja tiene una función improvisadora, parlante, de ritmos irregulares que reta los pasos y virtuosismos de los bailadores. Los otros tambores, mula y cachimbo, tienen una función más métrica al igual que en otros conjuntos de procedencia afrocubana como en la rumba. Esta es la razón de que se les denomine con nombres prestados de aquellas manifestaciones, como tumba, tumbador o llamador, también tahona.

Otro instrumento obligado es el idiófono de hierro, que puede ser una reja de arado o una hoja de azadón (guataca), golpeados por una varilla de hierro. También a veces incluyen una marímbula, o una botija y un güiro (raspador) y maracas, tomados posiblemente en préstamo a los conjuntos de Son rurales.

Es una danza de pareja suelta basada en la persecución amorosa como la rumba. Se describen dos pasos característicos de este baile: el ronquido y el campanero. El ronquido es una sucesión de pasos laterales desplazándose y enfrentando luego a la pareja. El campanero es el dibujo de un número ocho que el bailador realiza con los pies en el suelo produciendo un movimiento fuerte en la cadera y las manos al enfrentarse a la compañera. Para la ejecución de estos pasos se guían por los toques o llames que ejecuta la caja, porque existe, como en la rumba, una relación muy estrecha entre los ritmos de los tambores y las respuestas del bailador.

Los cantos tienen una estructura de solo-coro, con motivos cortos, y melismas generalmente del agudo al grave. El gallo o solista tiene un rol improvisador sobre un motivo tomado de alguna historia o fabula de donde derivan un refrán que será el estribillo cantado por el coro.

Las diferentes lenguas o dialectos del conglomerado bantú han desaparecido casi en su totalidad y se conservan sólo vocablos de los varios grupos congos, que a veces han perdido su función semántica. Los textos son completados con palabras del español bozal que aprendieron de sus antepasados de nación que vinieron esclavizados, otras veces usan palabras yoruba, efik o del caló español que se trasladaron al lenguaje coloquial del cubano. El ritmo y expresión del lenguaje es característico del habla de los congos. Los mensajes y las pullas tienen un carácter tropológico enigmático, por lo que a veces es comprensible su significado global. Las pullas y jactancias buscan demostrar mayor habilidad en el canto y el baile y mayor fuerza mágica.

Es común que los cantos sean de larga duración, a no ser que sea interrumpido por otro gallo que “arrebate el canto” interpretando otro. Son muy alegres y sus carcajadas acompañan la música y el baile.

En la presente grabación, tomamos cantos aislados, discusiones, toques aislados de tambor, afinaciones, el viejo centenario iniciando cantos antiguos para que lo siguiera el gallo en turno y parte de la fiesta donde se aprecian todas las características de su talante y sana alegría.

Esta grabación se realizó el 24 de marzo de 1978, en la localidad de El Guayabo, en las lomas de Luis Lazo, Pinar del Río a un grupo residente y oriundo del lugar. Ellos se alternaban en los toques de tambor y coros.

  • Perfecto Rivera Caraballo, 98 años, guía de los cantos.
  • Amado Caballero, 78 años, pequeño agricultor.
  • Domingo Barrios y Ríos, 53 años, cantador solista.
  • Luis Valdés, 61 años, pequeño agricultor.
  • Alipio Rivera Iglesias, pequeño agricultor.
  • Faustino Rivera Iglesias, pequeño agricultor
  • Juan Rivera Chacón, 32 años, pequeño agricultor.
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