EL OLVIDADO BOLERO CUBANO DE LOS ‘60s*

Por Gaspar Marrero, investigador

* Ponencia presentada en el IV Encuentro Académico Internacional del Bolero

Caicedonia, Valle del Cauca, Colombia, 1 de noviembre de 2014.

Tal parece que el bolero desapareció en Cuba después de 1960. Al menos, eso es lo que se deduce al consultar algunas fuentes de información.

Lastimosamente, la obra Cien años de boleros, del investigador colombiano Jaime Rico Salazar, solo menciona a Orlando Contreras y a Roberto Ledesma como “Los últimos boleristas cubanos que surgieron después de 1960.”[1] No hay referencia alguna en ese libro al desarrollo del bolero en la isla en esa etapa. Al describir el panorama musical en ese año ’60, el propio Rico Salazar afirma: “Ya para este año, el bolero estaba en franca decadencia en el aspecto creativo.”[2] Y a continuación relaciona solamente nueve boleros como surgidos en aquel lapso. De ellos, dos eran anteriores («Si te contara», de Félix Reina, y «Eres sensacional», de Senén Suárez) y otros dos, en efecto, fueron compuestos en Cuba a comienzos de esa década: «Adiós, felicidad» (Ela O’Farrill) y «Canta lo sentimental» (Urbano Gómez Montiel y Yodi Fuentes). En cuanto a los intérpretes, se cita al dúo de Clara y Mario y al compositor Juan Arrondo, en una extensa relación calzada con este comentario: “Después de 1950 no volvió a surgir una figura que se destacara en la composición de boleros (…)”[3]

Como se comprende, faltó una necesaria búsqueda de información in situ, es decir, en Cuba. No hay dudas de que la música compuesta y grabada en la isla, carente entonces de posibilidades reales de difusión internacional por razones totalmente extra musicales y muy conocidas, se perdió literalmente de las grandes plazas latinoamericanas donde hasta ese momento se impuso: Colombia, Venezuela, México y toda el área del Caribe.

Estos apuntes nos acercan a una etapa singular del bolero en la isla, cuando el escenario dejado atrás por muchos artistas que emigraron fue ocupado por otros valores de gran ascendencia dentro de los melómanos cubanos.

La crisis en la industria discográfica cubana

Sí hubo boleros en Cuba, como también compositores e intérpretes destacados. Pero el género, uno de los más trascendentes de la música cubana, sufrió serias vicisitudes durante esa década, muy difícil para los cubanos. Lo mismo ocurrió con toda la producción musical de la isla. Y no solo en lo referente a la creación musical propiamente dicha.

En su indispensable ensayo El son no se fue de Cuba, la investigadora colombiana Adriana Orejuela califica los tres primeros años del lapso aquí analizado (1961-1963) como de “auge del bolero vitrolero y sus cultores.”[4] En cambio, el panorama cambiaría ostensiblemente muy poco tiempo más tarde.

En 1964, se instituye en Cuba la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, regida por sus siglas Egrem. Su objetivo era el de unificar el trabajo de decenas y decenas de pequeños sellos disqueros surgidos desde 1959, principalmente en La Habana. Hubo antes un primer intento con la firma discográfica Imprenta Nacional de Cuba, que tenía a su cargo, además, la producción masiva de libros. Tanto la Imprenta Nacional como la Egrem recogieron boleros en sus primeros catálogos.

En lo que a la Egrem se refiere, hubo dos hechos que atentaron, desde el primer momento, contra su desarrollo:

  1. La emigración de muchos expertos en la fabricación de discos y en el proceso de grabación.
  2. La falta de materia prima para asumir la producción, como consecuencia de las medidas unilaterales del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba.

Entonces, la naciente empresa debió afrontar una verdadera crisis dentro de la industria cubana del disco.

El compositor Pedro Vega, primer director de la Egrem, viajó a Europa para adquirir la experiencia necesaria en ese campo. Entre otras gestiones realizadas entonces, se logró el surgimiento del sello disquero Palma, cuyas producciones de música cubana serían prensadas en instalaciones de Hungría. Orejuela añade:

Pero no solo la fabricación, sino la distribución de los discos, es en realidad deficiente. Elena Burke se queja de que sus grabaciones no han llegado a las victrolas de La Habana, aunque sabe que a las ciudades del interior sí. Se habla de «discos muertos» en las victrolas, es decir, de música que no incita a nadie a gastar un níquel para escucharla. (…) Como puede apreciarse la era de las victrolas con el bolero o la guaracha acabaditos de salir de las prensas, si no terminaba del todo, había perdido buena parte de su esencia y no solo desde el punto de vista comercial.[5]

En el aspecto de la creación de boleros, muchos compositores se enquistaron; es decir, persistían en el estilo que impuso al género en Cuba y en toda la América hispana desde la década de los años 1940s. Las revistas de la época dedicadas a publicar textos de canciones de moda –llamadas en Cuba cancioneros– publican, nostálgicamente, boleros de otrora. Pero también dan cabida en sus páginas a composiciones firmadas por nuevos nombres: Juan Almeida, Orlando Martínez Almaral, Olga Rosado, Isaac Fernández, Rolando Vergara, José Sláter Badán y, sobre todo, Leopoldo Ulloa.

A pesar de todas esas circunstancias adversas, el bolero permaneció vigente, incluso ante la fuerte influencia de la música pop internacional a partir de 1966. Había público para todo: para las canciones y baladas extranjeras, para el filin, que, por fin, lograba un alto reconocimiento en el ambiente, y para el bolero afincado en la tradición.

Gina León, la primera gran figura del bolero en la etapa

Se hace necesario aclarar un detalle. En Cuba, el bolero no fue propiedad exclusiva de aquellos solistas dedicados a su interpretación. Desde los años cuarenta, cuando se desarrolló en la isla la denominada Era de los Conjuntos, todos los grupos musicales de ese formato tenían al bolero y a la guaracha como sus principales géneros. Recuérdese que por entonces se editaban discos de 78 revoluciones por minuto con un fonograma en cada cara. Y, por lo general, los conjuntos grababan un bolero para un lado del disco y una guaracha para la otra. Ejemplos sobran.

Esa tendencia musical siguió en la década de los años cincuenta y no solo la materializaron los conjuntos. Con la entrada del cantante José Antonio Pepe Olmo a la Orquesta Aragón, todas las charangas surgidas al comenzar la Era del Chachachá combinaban el naciente género y otros netamente bailables con boleros. De tal modo, al entrar 1960, la inclusión del bolero en los discos editados en Cuba era algo muy natural.

En el catálogo del sello Imprenta Nacional de Cuba destacan dos producciones: una de ellas (INC 1004) se titula Juan Almeida y sus canciones e incluye canciones y boleros de este fecundo autor en voces como las de Fernando Álvarez, Amelita Frades, Gina León, Elena Burke y las Hermanas Valdivia. El otro álbum (INC 1011) es Gina canta en el Capri y recoge la primera colección de una intérprete cubana que haría época desde entonces.

Gina León (Georgina León Crespo, 1937) había participado por vez primera en un programa radial para aficionados en 1956. Contaba apenas diecinueve años. No tengo referencias exactas acerca de si ganó o no el concurso. Sí se sabe que enseguida comenzó a estudiar con el pianista y compositor Candito Ruiz y fue él mismo quien la preparó para examinarse en la entonces denominada Asociación de Artistas. Comienza de ese modo su carrera profesional en un humilde cabaret del Paseo del Prado, en La Habana, nombrado Monte Casino. Se habla mucho internacionalmente de Olga Guillot, pero no se dice que fue Gina León la encargada de sustituirla en las grandes pistas de la capital y ello le valió ser la “revelación artística de 1961.”[6] En junio, Gina y otros artistas protagonizan el show Me voy pa’l Brasil, una de las producciones nocturnas más destacadas del año, en la pista del cabaret del Hotel Capri. De ahí, el título de ese disco, el primero de su discografía. En la placa sobresalen dos de sus primeros éxitos: «Qué te cuesta», de Ricardo García Perdomo, y una inigualable versión de «Aléjate», del mexicano Roberto Cantoral, que la impulsó a los primeros planos de la popularidad en Cuba.

Pocos años después, en 1963, murió prematuramente Benny Moré y el público cubano, ante la irreparable pérdida, buscó un bálsamo precisamente en Gina León, intentando llenar un vacío que ha persistido después de medio siglo.

A solas con Elena Burke

Bajo la marca Palma, sale al mercado internacional el álbum 1002 A solas con Elena Burke, donde ella recibe el respaldo de su recordado guitarrista Froilán Amézaga, así como de Rolando Aguiló y Frank Domínguez. En la selección de ese disco de larga duración figuran dos boleros de muy grata recordación: el ya mencionado «Canta lo sentimental» y «Aquí de pie», de Olga Navarro.

Más tarde, el disco 1007 de Palma se dedica a Gina León. En él, Gina demuestra la amplitud de su repertorio, al grabar, entre otros boleros, su versión de «Canta lo sentimental» (indiscutible éxito de la etapa), «Corazón negro» (Pedro Castillo), «Así me pagas tú» (Jesús Díaz) y «Estar enamorado», con música del maestro Adolfo Guzmán.

El primer catálogo de la Egrem incluye muchos boleros en discos grabados por agrupaciones como la Orquesta Oriental de Mario Patterson, la Orquesta Riverside con Tito Gómez, Ñico Saquito y su Conjunto de Oriente, Roberto Faz y su Conjunto y el Trío Veinte Años, un grupo organizado para grabar las composiciones de la insigne trovadora María Teresa Vera.

El Lp Egrem 3113, primero de la serie Seis voces y un sentimiento, contiene grabaciones de canciones y boleros por intérpretes femeninas: Juana María Campos, Marga Martins, Inés María, Gladys León, Yolanda Brito y Francis Nápoles. Luego, se edita el primer volumen de la serie Cancioneros (Egrem 3121) con grabaciones a cargo de René Ferrer, Pancho Diez, Reniel Suárez, Fernando González, Leonel Bravet y Germán Piferrer. En particular, Fernando González había debutado con la Orquesta de Ernesto Duarte y desde los años sesenta permaneció mucho tiempo como uno de los vocalistas del Conjunto Rumbavana. Y el álbum 3123 será el segundo de Seis voces y un sentimiento, donde interpretan boleros Moraima Secada, Mercy Hernán, Mercedes Fernández, Nancy Álvarez y Cuqui González. Curiosamente, Omara Portuondo completa el sexteto de voces, pero no canta boleros en ese disco.

Otro ídolo: Lino Borges

A mediados de la década de los cincuenta, un joven cantante nombrado Severo Alberto actuaba por las noches con una orquesta en un hotel del poblado de Surgidero, localidad cercana a su natal Batabanó. Allá fue a buscarlo el compositor y director Senén Suárez para proponerle se uniera a su conjunto en Tropicana. El joven, respetuosamente, declinó la oferta: “No estoy preparado para eso.” Otro en su lugar, quizás, no lo hubiera pensado dos veces.

Tiempo más tarde, un aviso telefónico. Era Alberto Luberta, funcionario del departamento de programación de CMQ. Tony Smith, cantante del Conjunto Saratoga, se había marchado al extranjero y era imprescindible reemplazarlo. Esa vez, Severo Alberto aceptó. Debutó en el programa Show del Mediodía como guarachero del Saratoga.

Cuando menos lo esperaba: un obstáculo, quizás definitivo. El Conjunto Saratoga se disuelve. Pero el joven cantante de Batabanó ya empezaba a ser conocido y lo llama el naciente Conjunto Rumbavana, con el cual graba sus primeros discos de boleros con el nombre que le inmortalizó: Lino Borges. Luego vendría su gran éxito: «Vida consentida», página del venezolano Homero Parra llevada al bolero.

Entre las producciones iniciales de la Egrem destaca el álbum 3127 titulado Las fibras de mi alma, donde Lino recibe el acompañamiento de una gran orquesta bajo la dirección del maestro Rolando Baró. Entre otras piezas musicales, el disco contiene el bolero moruno que da título al disco, original de José González, un compositor que daría mucho que hablar en esos años; «Tu rubor» (Yáñez y Gómez), «Se pierde y se gana» (Rolando Vergara), «Serrana mía» (Calixto Callava), «Por ser obstinado» (Pablo Reyes) y «Ni un solo motivo» (Manolito Menéndez).

Posteriormente, hacia 1965, Lino Borges graba con su querido Conjunto Saratoga el Lp Quiero quererte (Egrem 3179), donde recoge varios de sus triunfos musicales de aquellos tiempos. El más popular de todos fue «Psicología», de Javier Vázquez quien, a la sazón, dirigía en La Habana el conjunto que acompañaba a otro querido bolerista: José Tejedor. También, en la placa, «Este amor profundo» (Víctor Hernández), «Más»(Jorge Alberto Abal), «Vuelve a la felicidad» (Ciro Quintana), «No te miento» (Isaac Fernández), «Ven, vuelve otra vez» (Hugo Cruz Artigas), «Quiero quererte» (Alberto Barreto) que da título al disco, «Raro presagio» (Cristóbal Dobal) y «Qué ganas con herirme», de Leopoldo Ulloa, un prolífero autor de boleros tristemente desconocido en América Latina.

Los boleros de Leopoldo Ulloa

Es verdaderamente increíble que se relegue al injusto anonimato a Leopoldo Ulloa, uno de los más importantes compositores de boleros que hemos tenido en Cuba. Una revisión del catálogo discográfico de la Egrem, desde 1964, muestra un nada despreciable total de veintiséis (26) grabaciones de sus boleros. Seguramente en Colombia, donde existe una pasión inigualable hacia la Sonora Matancera, se desconozca que este autor es el mismo de quien Bienvenido Granda grabara «Rico guaguancó», la primera composición de Leopoldo en llegar a los discos.[7]

Nacido en el barrio habanero de Luyanó, Leopoldo Ulloa fue llevado por su familia, desde muy niño, al pueblo de Catalina de Güines, donde todavía se le recuerda. Además de aquella grabación original de la Sonora, Leopoldo le llevó al también compositor y director Walfrido Guevara su composición «El son de Mateo» y accedió a grabarla con su Orquesta Súper Colosal.[8] Pero como consecuencia de un desengaño amoroso de adolescencia, ya había creado «Amor entristecido», su primer bolero que mucho tiempo después interpretara para discos el dúo de Clara y Mario.[9]

Durante la década de los sesenta, sería Tejedor el primero en grabar boleros de Ulloa. En 1965, la emisora Radio Cadena Habana, anunciada entonces como La emisora musical de Cuba, presentaba frecuentemente en su amplio programa Música del pueblo el bolero «Como nave sin rumbo», interpretado por José Tejedor y Luis Oviedo para el Lp Egrem 3172 titulado Cuando estés muy sola. Luego, en 1967, Lino Borges incluyó en su repertorio fonográfico el bolero «Canto mi propia vida», nuevamente con el Conjunto Saratoga. Después, artistas como Roberto Sánchez y los ya citados Clara y Mario habrían de popularizar nuevas obras del modesto autor.

Precisamente, en ese tiempo de los primeros boleros de Leopoldo Ulloa, surge en el ambiente musical de la isla otro peculiar cantante, cuyo primer disco muestra otra de las creaciones del compositor: «Regálame un recuerdo».

Wilfredo Mendi: Te voy a besar

En 1962, mientras Gina León incluía en las listas de éxitos de la radio de Cuba «Perdóname», de Felo Bergaza, y «Aléjate», de Cantoral,[10] debuta en la capital un bolerista de registro agudo, muy personal, quien rápidamente se destaca en el ambiente de entonces.

Wilfredo Mendi fue uno de los intérpretes que participó en el Primer Festival de la Canción Popular en Varadero, en noviembre de 1965. Ya era muy conocido por la radio gracias a su interpretación del bolero «Dices mentiras», de Orlando Martínez Almaral. Tres años después de su debut, la Egrem le edita su primer y único disco de larga duración, titulado como uno de sus hits: «Te voy a besar», también de Almaral. Para las grabaciones, el bolerista contó con una gran orquesta dirigida por el maestro Joaquín Mendível. El disco (Lp Egrem 3180) es un verdadero resumen de sus triunfos musicales de la etapa: «Tu ventana» (Tony Gaínza), «Como un carnaval» (Mendível), «Mi corazón no se engañó» (Margot Samuell), «Amor marinero» (Jorge de Quesada) y «Quién tiene tu amor» (Leopoldo Díaz). Otro detalle singular: su primer éxito, «Dices mentiras», no fue incluido en este álbum.

Resulta verdaderamente imposible describir todos y cada uno de los discos grabados durante el período 1960-1970 donde aparecen boleros y boleristas. Juanito Márquez, quien popularizara entonces el ritmo pacá, aparece con su Combo en un álbum de 1965 con Pedro Gómez como cantante de «Esos tiernos ojos», un triunfo musical de Juanito totalmente olvidado. Miguel D’ Gonzalo, uno de los primeros intérpretes dentro del movimiento del filin, graba una producción que contiene, entre otros, «Burbujas de mar» (Enrique Pessino), «Y esa canción»(Ricardo Díaz) y «Te regalo esas horas» (Juan Arrondo). Fernando Álvarez recrea boleros de años atrás en el Lp Egrem 3157 Amar y vivir. Y otros nombres de la década fueron los de Nancy Álvarez, Ela Calvo y Leonora Rega, junto a los también consagrados Pacho Alonso y Celeste Mendoza.

El insólito caso de Tejedor

Aunque en estos apuntes la atención se centra en el lapso de diez años a partir de 1960, creo necesario destacar lo ocurrido en La Habana con el bolerista José Tejedor.

En 1973 inicié mi carrera en la radio en una escuchada emisora identificada como COCO-CMCK El Periódico del Aire. En dicha estación se transmitía diariamente, a las 5:00 pm, el programa Tejedor en la tarde, con discos suyos. Esto lo viví personalmente: usted podía andar por las calles habaneras a esa hora sin perder un solo detalle de la audición, porque en todas las casas la sintonía era total. Lo mismo sucedía en las mañanas con un espacio similar en la ya desaparecida Radio Marianao.

José Tejedor nació en la barriada habanera de Santos Suárez. No tuvo muchas oportunidades musicales en su juventud: apenas alguna intervención en La Corte Suprema del Arte, programa musical para aficionados que transmitía CMQ. Negro y ciego, tenía dos barreras imposibles de franquear entonces. Se refugió en la música y cantaba dondequiera que se le solicitara. Una tarde lluviosa en que Tejedor debía cumplir con una visita familiar, se sentó en su portal con su guitarra y empezó a cantar, como si quisiera espantar el chubasco inoportuno. Por su acera venía un albañil que, por el contrario, estaba feliz por la lluvia: así terminó su duro trabajo más temprano que de costumbre. El joven operario escuchó al ciego que cantaba en el portal y detuvo su marcha ante él. En menos que se cuenta, cantaron juntos por primera vez. Fue de ese modo como Luis Oviedo, con su voz tan peculiar, se convirtió en el compañero eterno de Tejedor.

En 1962, Tejedor y Luis popularizan «Escándalo», de Rubén Fuentes. Más tarde graban con éxito el mencionado bolero «Como nave sin rumbo» (Leopoldo Ulloa). La Egrem edita en 1965 el disco Cuando estés muy sola (LP Egrem 3172), título de un bolero original de Andrés Castillo, periodista, compositor y otrora productor discográfico de la empresa cubana Panart. Puede decirse que fue uno de los álbumes más populares de la etapa, a juzgar por las piezas musicales contenidas en la placa: «No te pertenece» (Terina Martín), «Si pudiera adorarte» (Alberto González) y «Fantasma del ayer»(Guillermo Sandoval).

Otras figuras de la época

En 1960, el compositor José Dolores Quiñones se encarga de las presentaciones mutuas entre Benny Moré y dos mulatos jóvenes, los hermanos Rubén y Armando Bermúdez. Formaban un excelente dúo vocal. El Benny se interesó en ellos y los invitó a las que serían varias de sus últimas grabaciones. Entre ellas, los boleros de Quiñones «Sin una despedida»[11] y «Vagar entre sombras»[12].

Ese era el espaldarazo que necesitaban. Casi enseguida, los Hermanos Bermúdez llevan a la popularidad su interpretación del bolero «Levántate»[13], del propio Quiñones. Tiempo después, ya en 1966, aparece su primer disco Egrem con arreglos de Joaquín Mendível y dirección orquestal de Rolando Baró y el propio Mendível.

En cuanto a los tríos de voces y guitarras, alcanzan celebridad Los Cancilleres y Voces de Oro.

Orestes Macías, un veterano cantante procedente de la Orquesta de Rolando Aguiló y de los Hermanos Castro, logra varios triunfos musicales con «Ojos y labios», de Carlos Gómez; «El banco«», de Frank García; «No me arrodillo», de Orlando Rivero; «Yo tuve un amor», de Mendível, y «Regálame media hora»¸ de José González. Estas páginas y otros boleros populares se recogen en el disco Egrem 3227.

Aurelio Reinoso, quien formara parte del Cuarteto de Orlando de la Rosa, incluye en su álbum de 1967 (Lp Egrem 3228) su versión de «El día», del mexicano Luis Demetrio, y «Bibelot de chocolate», de Rosendo Ruiz Quevedo. Carlos del Valle impone «Mi cariño, ven», del querido autor y músico cienfueguero Felito Molina.

En los catálogos de la Egrem de Cuba, en 1967, se registra la salida casi simultánea de otros dos álbumes de boleros con las voces de Tejedor y Lino Borges. La placa Lp Egrem 3275 lleva como título «Mis horas contigo», bolero del propio Tejedor, donde aparecen también «Que se vaya la noche» (Pepito López), «Tus ojos son mis ojos» (Andrés Castillo), «Negros sentimientos» (Terina Martín) y «Deja que te aprenda» (Oscar Luis López). Por otra parte, el Lp 3277 conserva estos hits de Lino Borges con el Conjunto Saratoga: «Volcán de ilusiones» (Víctor Hernández), el mencionado bolero «Canto mi propia vida», «Ebrio de engaño» (Juan M. Larrazábal), y «Tu mirada y la mía» (Orlando Álvarez).

El dúo romántico de Cuba

Según se cuenta, Clara Morales y Mario Rodríguez se conocieron desde niños en su natal pueblo de Regla, localidad costera de la bahía de La Habana. Su afición por el canto los unió definitivamente en el arte. Actuaban con frecuencia en veladas culturales del pueblo y jamás pensaron en dedicarse profesionalmente a la música.

Una tarde, mientras paseaban libremente por el Vedado, encontraron una fila ante los estudios de televisión. Se trataba de una convocatoria para aficionados al canto. Sin algo mejor que hacer, Clara y Mario se colocaron al final de la fila. Al llegarles su turno, supieron que a cada interesado se le realizaba una audición musical para aceptarlos o no en un nuevo espacio de la pequeña pantalla. Así, cantaron ante los organizadores, sin otro interés que el de pasar el rato. Pero no contaban con la gratísima impresión que causaron. Los citaron para cantar esa misma noche en el programa. Desde entonces, a Clara y Mario les cambió la vida.

Reconocidos popularmente como El Dúo Romántico de Cuba, Clara y Mario apostaron por el estilo tradicional de decir el bolero, en un momento en que la balada y la música pop influía cada vez más en el ambiente musical de la isla. Su primer disco (Lp 3306) es una muestra exacta de sus posibilidades. En la placa, editada en 1969, aparecen dos creaciones de Juan Arrondo que ellos interpretaron de manera singular: «Y es verdad» y «Si en un final».

Era el final de una época. Los artistas que surgirían después cantarían distinto. Así lo anticipó el periodista cubano Omar Vázquez en las notas que escribiera al Disco Homenaje a Benny Moré editado un mes después de la muerte del Bárbaro del Ritmo.

¿Cómo olvidar tantos boleros?

Para estas notas, concebidas apenas como una aproximación al panorama del bolero en Cuba en el período 1960–1970, se revisó el catálogo de discos de larga duración Egrem, iniciado con el Lp 3100 en 1964. Por su importancia en el desarrollo de la industria discográfica cubana de la época, consultamos el breve catálogo del sello Imprenta Nacional de Cuba.

No consultamos la extensa relación de placas sencillas o singles y extended play, de 45 revoluciones por minuto editados en ese tiempo por la Egrem, ni los discos grabados en La Habana entre 1960 y 1961 por pequeños sellos disqueros de muy efímera vida y escasa producción o por el sello Discuba, filial de la RCA Victor en Cuba. Si uniéramos a la investigación tales anotaciones, la cifra de boleros en la época que nos ocupa sería muy superior a la de quinientos treinta (530) boleros encontrados en este primer acercamiento.

¿Por qué se omite esa historia? ¿Cómo olvidar tantos boleros?

No puede obviarse en modo alguno la ausencia de la música cubana de entonces de los mecanismos internacionales de distribución, difusión y publicidad. Los cantantes y agrupaciones establecidos fuera de Cuba gozaron de manera amplia de ese privilegio. Por eso, muchos de los nombres aquí mencionados resultan punto menos que desconocidos para quienes se interesen en la América Latina por estas notas.

A inicios de la década comparten la popularidad Lino Borges y Gina León. Les siguen Pacho Alonso, Fernando Álvarez, el Conjunto de Roberto Faz, Orestes Macías, Tejedor y Luis, y Wilfredo Mendi, junto a otros de quienes no detallamos su producción, como Frank Hernández, Kino Morán e Iluminada Zequeira. Y no olvidemos a los más difundidos cultores del filin. Todos ellos reemplazaron a los boleristas de los ’50 que se establecieron en el extranjero. Cerca de cincuenta títulos adquieren popularidad.

Una buena parte de los éxitos de aquellos años sesenta han desaparecido de las fonotecas de las actuales emisoras cubanas, debido a la imposibilidad técnica de utilización de discos: el hoy desconocido tocadiscos ha dejado de ser parte del equipamiento radial. Todo ello ha condenado al olvido a decenas de boleros muy populares, porque en su momento los respectivos fonogramas no fueron transferidos a otros soportes, como la cinta magnetofónica, empleada en las plantas radiales de la isla de manera total hasta la introducción de la tecnología digital.

Por fortuna, las matrices de todas esas grabaciones se conservan en los atestados archivos de la Egrem en La Habana, Cuba, en espera de alguna iniciativa promocional por parte del sector discográfico, en la isla o en el extranjero, que nos permita salvar del olvido aquellos boleros de los ‘60s.

Quienes vivimos a plenitud esos años nos negamos a aceptar que los recuerdos musicales se limiten a lo que se ha dado en llamar La década prodigiosa, cuyo prodigio nadie ha sabido explicar. Muchos romances de adolescentes de aquel entonces tuvieron en las voces de la nostalgia y en los repertorios de las grandes orquestas cubanas el eco sentimental de los primeros latidos de un corazón enamorado.

Eso no lo olvidaremos nunca.

Sancti Spíritus, 7 de octubre de 2014.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Díaz Ayala, Cristóbal: Enciclopedia discográfica de la música cubana, Vol. 2 (1925 – 1960). Florida International University, Miami, 2002. Versión digital disponible en: http://latinpop.fiu.edu.

Marrero, Gaspar: “Apuntes para un estudio de la evolución del bolero en Cuba”.  Sancti Spíritus, junio de 2005 [Inédito].

_____________: “Apuntes para una discografía Egrem (1964 – 1990)”. [Inédito].

Orejuela Martínez, Adriana: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia 1959 – 1973. La Habana, Letras Cubanas, 2006.

Pérez Blanco, Armando: “Lino Borges. Su vida y sus canciones.” En: Lino Borges y Gina León. Sus vidas y sus canciones. La Habana, Editorial Clase, S. A., [s/f], pp. 3-21.

Rico Salazar, Jaime: Cien años de boleros. Bogotá, Centro Editorial de Estudios Musicales, 2ª edición, noviembre de 1988.

Valdés Cantero, Alicia: Con música, textos y presencia de mujer. Diccionario de mujeres notables en la música cubana. Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2ª edición, 2011.


NOTAS:

[1] Jaime Rico Salazar: Cien años de boleros, p. 55.

[2] Ibídem.

[3] Ob. Cit., p. 54.

[4] Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba, p. 248.

[5] Ídem, pp. 277-278. En las citas se respeta la ortografía y la redacción original.

[6] Ídem, p. 186.

[7] Disco Seeco 7282. Grabación realizada en La Habana el 24 de abril de 1953. Cristóbal Díaz Ayala: Enciclopedia discográfica de la música cubana, Vol. 2 (1925 – 1960). Sección04Mpt1, p. 160.

[8] Lp Ansonia 1617 Ecos del pasado – Como se goza en Cuba. Ídem, Sección06S, p. 144.

[9] Lp Areíto 3351, año 1971. La Egrem adoptó el sello Areíto en 1967 para su producción nacional.

[10] Adriana Orejuela: Ob. Cit., p. 225.

[11] Producción Discuba 45-1096, año 1960. Cristóbal Díaz Ayala: Ob. Cit., Sección04Mpt2, p. 130.

[12] Producción Discuba 45-1027. Según Díaz Ayala, el disco data de 1958, pero debe ser posterior. Ob. Cit., Sección04Mpt2, p. 129.

[13] Lp Duher 1616 “Hermanos Bermúdez” Arreglos y dirección musical: Niño Rivera. Grabado en Radio Progreso, La Habana, marzo de 1959.

Cristóbal Díaz Ayala: Ob. Cit., Sección02H, p. 57.

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