Pianissimo. Emiliano Salvador*

Por Leonardo Acosta

* Tomado del CD Pianissimo. La leyenda del jazz cubano, Emiliano Salvador, Unicornio, Producciones Abdala, UN-CD9003, 2000.

La leyenda en que se ha convertido Emiliano Salvador sin duda se verá acrecentada con la aparición de estas grabaciones inéditas, vibrantes interpretaciones de Latin jazz.

Emiliano Salvador es uno de esos músicos admirados por los propios músicos, y especialmente los que tocan su mismo instrumento; podemos decir en este caso que se trata de un “pianista de pianistas”, lo que los jazzistas norteamericanos llaman a pianist’s pianist.

Nacido en 1951, su inesperada muerte en octubre de 1992 ha convertido a Emiliano en una leyenda no sólo entre los cubanos, sino en todo el ámbito de la música afrocaribeña y el jazz latino.

Entre los músicos cubanos, Emiliano ha recibido homenajes póstumos de figuras tan disímiles como Bobby Carcassés, quien le dedicó un número y el CD Jazz timbero; Paquito D’ Rivera, que le dedicó el CD 40 Years of Cuban Jam Session, y Orlando Valle (Maraca), el talentoso flautista que nombró a su grupo “Otra Visión” en tributo al primer disco de Emiliano, Nueva Visión.

Chucho Valdés, en declaraciones a la prensa, lo calificó de “mejor pianista de su generación”. Y una foto a página entera de Salvador aparece en el Diccionario de jazz latino de Nat Chediak (Madrid, 1998), mientras la revista Latin Beat de Los Angeles, California, dedicaba dos artículos a su memoria. Actualmente Emiliano es fuente de inspiración para los jóvenes pianistas de jazz cubanos como Ernán López Nussa, Roberto Julio Carcassés, Robertico Fonseca y tantos otros.

Luego de estudiar en la Escuela Nacional de Arte, a los 19 años Emiliano se convierte en el más joven integrante del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES), dirigido por Leo Brouwer.

Aunque el grupo trabajaba y experimentaba con todo tipo de música, logrando interesantes fusiones, dentro del mismo se formó espontáneamente un grupo de jazz que integramos Leo Acosta (saxo alto), Eduardo Ramos (bajo), Leo Pimentel (batería) y Sergio Vitier (guitarra), con Emiliano al piano.

Por esos años Emiliano realizó estudios de orquestación y composición con Fred Smith y Leo Brouwer y perfeccionó sus estudios de piano con María Antonieta Henríquez. También compuso la música de numerosos filmes del ICAIC. Al disolverse el GES en 1978, Emiliano se incorpora al grupo que forma Pablo Milanés, junto a Eduardo Ramos (bajo), y Frank Bejerano (batería). Con este grupo hizo varias grabaciones y giras por el exterior, pero además, con este o aquel grupo, acompañó a figuras como Sonia Silvestre, Soledad Bravo, Daniel Viglietti, Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Chico Buarque de Hollanda y el cuarteto vocal MPB 4.

En el propio año 1978 Emiliano grabó su primer disco, Nueva Visión, y es este álbum el que realmente lo da a conocer en el ámbito internacional, tanto del jazz latino como de la salsa. Su segundo LD fue Emiliano Salvador 2 (1980). Ya en la década de los ochenta Emiliano formó su propio grupo, con el que grabó Emiliano Salvador y su grupo (1986), Una mañana de domingo (1988) y Ayer y hoy (1992).

En sus primeros discos habían grabado músicos tan destacados como el saxofonista Paquito D’ Rivera, los trompetistas Jorge Varona, Manuel “El Guajiro” Mirabal y Arturo Sandoval, los cantantes Pablo Milanés y Bobby Carcassés, el bajista Jorge Reyes y los percusionistas Guillermo Barreto, Tata Güines, Amadito Valdés, Changuito y otros.

Con su grupo, Emiliano Salvador realizó extensas giras por Europa, América Latina y Canadá y participó en los festivales de jazz de La Habana, Montreal, Ottawa, Caracas, Moscú, Tbilisi y Bratislava. También actuaron en Francia, Alemania, España, Bélgica, Holanda, Suiza, Italia, Polonia, Suecia, Colombia, México, Puerto Rico.

Compartió, descargó y alternó ocasionalmente en distintos escenarios con grupos y músicos como Dizzy Gillespie, Art Blakey y los Jazz Messengers, Brandford Marsalis, Freddie Hubbard, Bobby McFerrin, Jack De Johnette, Manhattan Transfer, Woody Shaw, Larry Coryell, Steve Swallow, Jimmy Smith, Booy Watson, Joe Henderson, Chico Freeman, Airto Moreira, Nana Vasconcelos… Emiliano recordaba con satisfacción las ocasiones en que tocó con Andy y Jerry González, Billy Cobham, René McLean, Ismael Miranda, Dave Valentín, Louie Ramírez, Mario Rivera, Nicky Marrero y tantos otros.

El crítico de jazz Robert Palmer escribió sobre Emiliano en Rolling Stone: “…una amalgama de McCoy Tyner con un ataque impetuoso a los Herbie Hancock y Cecil Taylor (…) un concepto del ritmo que proviene de las raíces de la música y el sonido cubanos.”

Aunque Palmer lo compare con tres grandes pianistas de la vanguardia, Emiliano logró forjar su propio estilo gracias a que fue un estudioso de todos los estilos, y aunque mostraba sus preferencias por McCoy, Thelonius Monk, y los cubanos Peruchín y Pérez Prado, también mostraba su entusiasmo por Horace Silver, Wynton Kelly, Red Garland o Dave McKenna, a varios de los cuales conoció personalmente, y en especial a Kenny Kirkland, recientemente fallecido. De los latinoamericanos elogiaba a Darío Pérez, Hilton Ruiz, Papo Lucca, el desaparecido Jorge Dalton, así como a Marcos Silva, quien vino a Cuba con Airto Moreira, y Wagner Tisso, pianista y arreglista de Milton Nascimento, con quien compartió un inesperado jam session en París, en casa de la cantante Christiane Legrand.

Emiliano Salvador fue un brillante solista e improvisador, pero también un compositor sutil, un melodista y armonista nato que además dominaba y jugaba con el ritmo y el tempo, gracias a su condición de baterista y percusionista. En estas grabaciones, recuperadas casi milagrosamente del olvido, podrán apreciarse sus virtudes y recursos pianísticos, pues se trata básicamente de piano solo y sobre temas propios, salvo un standard norteamericano y otro cubano tocados sin recursos tecnológicos de edición alguna.

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Portada del CD Pianissimo / Foto tomada de Internet

Se destacan aquí el carácter polifónico y polirrítmico de la ejecución pianística de Emiliano, el contraste entre acordes en bloque o interpretación lineal, cambios de tempo y ritmos, modulaciones inesperadas, empleo de patrones rítmicos afrocubanos, elementos rapsódicos y de free-jazz. El lirismo predomina a veces desde el propio tema, como en Una mañana de domingo, Angélica, o Poly (donde el piano hace un acompañamiento contrapuntístico al saxo). El siglo XIX cubano aparece en La contradanza, mientras Mi contradanza es la mezcla del XIX (la habanera) con (el feeling), más las citas de Cervantes y de la Berceuse campesina de García Caturla (hay otras citas, como la de Gershwin en Tú mi delirio). Lo increíble es la coherencia estilística mantenida y apareada con la imaginación.

Sabemos que Emiliano fue el primer músico de jazz latinoamericano invitado al concierto “Pianissimo” auspiciado por el Palacio de Bellas Artes de Ottawa.

En La Habana, Emiliano parece haber elegido desde fines de los ochenta el teatro “Acapulco” como especie de “sede personal”, donde actuó en vivo, ensayó y grabó con su grupo para luego analizar el trabajo hecho.

Parte del misterio está ahora ante nosotros desde que Angélica, hija de Emiliano, encontró estas cintas que llevaban años guardadas en un rincón de la casa y que hoy resultan de gran valor para aquilatar la maestría pianística de Emiliano Salvador.

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