Los discos del Monarca

Por Gaspar Marrero, investigador musical

Según afirman muchos estudiosos de la música, el danzón titulado Mambo, compuesto por Orestes López (1908-1991), se estrenó en 1938. Y cinco años después, el 1 de abril de 1943 iniciaba sus transmisiones habituales en La Habana, Mil Diez La Emisora del Pueblo cuya historia, apenas esbozada, está aún por escribirse. Fue en Mil Diez, en un programa diario de alta audiencia, donde la Orquesta Arcaño y sus Maravillas vistió de largo al danzón, ocho décadas después de los primeros atisbos del género, surgido a finales del siglo XIX.

Afortunadamente, quedaron muchos discos de aquella respetable charanga, cuyo lema lo decía todo: Un as en cada instrumento y una maravilla en conjunto. A las huellas sonoras de los recordados músicos, encabezados por el flautista Antonio Arcaño El monarca (1911-1994), dedicamos estos apuntes relacionados con su catálogo de grabaciones fonográficas.

La discografía de Arcaño

Pudiera pensarse lo contrario, pero posiblemente la discografía de Arcaño no comenzara con su orquesta, sino antes. En junio de 1937, luego de seis años de ausencia, llegan a la Isla los técnicos de la Victor Talking Machine a realizar varias sesiones fonográficas a músicos cubanos. Aquello se convirtió en todo un maratón. Con él se cerró un lapso osadamente denominado por este autor como un agujero negro en el disco cubano.[1]

En medio de ese maratón, la orquesta Maravilla del Siglo, encabezada por el cantante Fernando Collazo (1902-1939), realiza sus primeras grabaciones. Una fotografía de la época muestra a aquella orquesta: entre sus músicos aparece, muy joven, Arcaño como flautista. Tiempo después, varios de sus integrantes se separan y crean una nueva charanga: Maravilla de Arcaño. Las referencias anotan el año 1937 pero ¿cuál fue la fecha exacta? ¿Fue después de junio de ese año, cuando la orquesta de Collazo grabó por primera vez? ¿Era Arcaño el flautista? No se sabe con certeza porque, como era costumbre entonces, el sello de los discos editados por la Victor no lo consignan. En su colosal investigación acerca de la discografía cubana, Cristóbal Díaz Ayala dice al respecto: posiblemente. Y hay más: un dato oculto entre viejos apuntes sitúa la fundación de la nueva orquesta de Arcaño el 1 de enero de 1937, pero sin más detalles, por tanto, no es posible asegurar, a ciencia cierta, si en esa sesión fonográfica de junio de 1937 aún estaba Arcaño como músico de Collazo. De cualquier manera, vale anotar los títulos de dos danzones grabados en aquel momento por la Orquesta Maravilla del Siglo: Le toca al piano (Silvio Contreras, V 82198)[2] y Cuidado con el loco (Ricardo Reverón, V 83574).

Habría que esperar a 1940 para contar con los primeros registros de la nueva Orquesta Arcaño y sus Maravillas. Entre el 29 y el 30 de abril lleva a discos para fonógrafo seis obras. Un repaso de ellas permite comprender la novedosa interpretación del danzón por aquellos músicos y, al mismo tiempo, las huellas todavía persistentes de la llamada Era del danzonete, ya en declive luego de poco más de diez años.

El disco soporte de los primeros fonogramas de Arcaño y sus Maravillas es, de por sí, muy singular. En una de sus caras, se refleja el auge alcanzado por los soneteros,[3] mediante el bolero Quién pudiera (Armando Beltrán, V 83132) en la voz del también destacado compositor y guitarrista Rafael Ortiz (1908-1994): el único cantante de plantilla en las Maravillas de Arcaño.[4] El reverso recoge la primera grabación realizada por la agrupación. Es una suerte de anticipo de la futura fama de la orquesta. Se trata del quehacer musical de los hermanos Orestes e Israel López, este último conocido como Cachao (1918-2008), en las cuerdas. Uno de los grandes méritos históricos de Cachao fue hacer cantar a su instrumento, el contrabajo, al cual convirtió en solista. Sus virtudes como músico se escuchan en el primer fonograma, Canta, contrabajo, canta (Orestes López), donde hace un solo en una de las partes del danzón.

Desde ese momento, Cachao y Orestes se echarán virtualmente al hombro todo el repertorio de Arcaño y sus Maravillas. El 7 de abril de 1941 tiene lugar el segundo programa fonográfico. Aparecen en la sesión cuatro danzones. Tres de ellos eran de Cachao: África viva (V 83486), Jóvenes del ritmo y ¡Adelante! (V 83635). El otro, Rosa que no se marchita, lleva la firma de su hermano Orestes López, violonchelista de Arcaño.

Ya la orquesta no tendrá cantante. Como consecuencia del estado de cosas en el ambiente musical durante la Era del danzonete, Arcaño comprende cuán problemático resulta para una charanga su dependencia total de uno: cuando este decide dejar el grupo, la orquesta queda prácticamente a la deriva; debía esperarse hasta la entrada de un sustituto y, en consecuencia, concebir un cambio completo del repertorio. De tal modo, Arcaño opta por el regreso a los danzones instrumentales, para eso se decidió a alcanzar con su charanga una gran calidad técnica e interpretativa y con ese fin logró reunir un grupo de músicos de altísimo nivel, algunos de ellos miembros de las orquestas sinfónica y filarmónica de La Habana, cuyos honorarios nominales eran tan exiguos como risibles. Todos ellos vieron en la orquesta danzonera un reto en lo artístico y un refugio en lo económico pues, indudablemente, los bailes daban más dinero, en comparación con los conciertos.

No obstante, aún Arcaño y sus Maravillas no estaban del todo en los planes de los empresarios de la Victor. En 1943 comienza la época de oro. Arcaño y sus músicos aparecen en ocho discos, soportes de dieciséis danzones, cifra superior, por sí sola, al total de obras grabadas por la orquesta en los tres años anteriores. Las ideas iniciales de los hermanos López toman cuerpo de manera definitiva y no solo por su labor autoral. Otros compositores se sumarán al repertorio, entre ellos los integrantes de la orquesta Miguel Tachit y Antonio Sánchez Musiquita; comienzan entonces las versiones de piezas populares: Pobrecitas las mujeres (Julio Cueva, V-23-0039), o el bolero Tenía que ser así (Bobby Collazo), contenido en el danzón Ritmo alegre (V-23-0221). El cine musical se vuelve fuente de inspiración para los hermanos López, tanto en la creación de danzones como en la composición: Así se quiere en Jalisco (Dora Herrera, V 23-0189), melodía de una película mexicana muy famosa, y Cuando los años pasan (Orestes López, V 23-0095), danzón basado en el inmortal tema de la cinta Casablanca. Dicho sea de paso, el 26 de agosto de 1946 la orquesta escoge para un programa de grabaciones, entre otras obras, Rapsodia en azul (George Gershwin, V 23-0722), gracias a las virtudes técnicas de los músicos, capaces de adaptar al baile obras concebidas para la escucha, con un gran nivel de elaboración. Y ya se hablaba del ritmo nuevo de Arcaño.

El ritmo nuevo y Mil Diez

El investigador cubano Cristóbal Díaz Ayala lo explica en estos términos:

Es el público el que va dictando el estilo de la orquesta; la gente quiere salirse del ritmo suave del danzón, y entrar en algo más rápido, más marcado; la fórmula clásica del danzón se va reduciendo del patrón ABACAD, donde la A es la parte suave del puente, que no se baila, el cedazo, a fórmulas que se quedan en la simple introducción, un segundo tema lento, y después un largo montuno. Esto lo hacen otras charangas también, pero Arcaño lo hace entre los primeros, y mejor. Agrega la tumbadora, que necesita para sincopar su montuno, para darle ese sabor jazzístico. Y dejó que sus músicos hicieran el resto.[5]

Y, en otro párrafo, Díaz Ayala afirma: “Entre otras cosas, su orquesta fue el caldo de cultivo necesario para que Enrique Jorrín pudiera crear el chachachá”.[6]

En el citado año 1943, Arcaño y sus Maravillas incluyen, en la sesión fonográfica del 6 de julio, un danzón al parecer intrascendente, mero pretexto para propagandizar el novedoso modo de danzonear: Arcaño y su ritmo nuevo (Antonio Sánchez, V 23-0243) demuestra las características esenciales de esta renovación. Hay tumbadora en la orquesta, aunque en el disco no se le escuche con toda nitidez –¿racismo o fallas de origen?–; nuevos cierres intermedios ponen a prueba al bailador más virtuoso; lo obligan a estar muy atento, pues los mismos simulan la coda (un truco olvidado). Y en el solo climático de Arcaño, respaldado por el montuno de las cuerdas, un pasaje resulta un verdadero antecedente del chachachá, el cual tardaría en aparecer, de hecho, diez años más. Como prueba de cuanto decimos, puede compararse el citado fragmento con el solo de flauta de Richard Egües (1923-2006) en la grabación fonográfica de Bombón cha (Richard Egües y Silvio Contreras, V 23-7042) efectuada por la Orquesta Aragón el 24 de julio de 1956… ¡trece años más tarde!

En ese año 1943 sale al aire, desde La Habana, Mil Diez-Radio Estación Popular, adquirida mediante cuestación pública por el Partido Unión Revolucionaria Comunista. La cartelera publicitaria del día inaugural (1 de abril) resume sus objetivos: “¡TODO LO BUENO AL SERVICIO DE LO MEJOR: EL PUEBLO! ¡EL PRIMER ESFUERZO POR REALIZAR ALGO DISTINTO, QUE EDUQUE, ORIENTE Y DISTRAIGA!”.[7] En los datos consultados no se recoge la fecha exacta; el investigador Oscar Luis López en su libro La radio en Cuba tampoco menciona a la orquesta, pero Arcaño estará en Mil Diez, en un famosísimo programa a las siete de la noche, patrocinado por Pasta Gravi y Jabón Dermos. Reúnase todo esto y se comprenderá el impacto de Arcaño, de sus discos y de su ritmo nuevo. Y, por añadidura, cada tarde, desde las dos, doblarán en RHC Cadena Azul.

El momento culminante de Arcaño

La etapa entre 1945 y 1948 fue el momento culminante de Arcaño. La orquesta  no dejó de interpretar y grabar danzones. Llegan a los discos títulos convertidos con el tiempo en clásicos del género como Angoa, de Félix Reina (1921-1998), (V 23-1154) y dos títulos de Enrique Jorrín (1926-1987): Varón, lo que sea (V 23-0976) y Doña Olga (V 23-0790), todos editados en 1948. Tanto Jorrín como Félix Reina eran violinistas de la orquesta. En esa etapa, Antonio Arcaño sería el director y mayor artífice de las Maravillas. Una enfermedad circulatoria le obliga a delegar su puesto como flautista desde 1945 y, aunque los discos no lo especifican, por la orquesta pasan el maestro de Arcaño, José Antonio Díaz (1908-1991), primo suyo, y Lorgio Ortiz (1919-?).

A propósito de la innovación de la orquesta conocida por ritmo nuevo, durante décadas se ha mencionado el danzón titulado Mambo (Orestes López) como representativo del surgimiento de los géneros musicales mambo y chachachá. En eso se ha basado su importancia y su reiterada inclusión en estudios musicológicos al respecto; sin embargo, la discografía dice otra cosa. Pese a haberse compuesto en 1937 y estrenarse al año siguiente, Mambo nunca se grabó en su versión original. Recuerdo haber escuchado hace años, en el programa Memorias, de la emisora cubana Radio Rebelde, una versión radial de la orquesta, tomada de un programa de Mil Diez transmitido hacia 1947, en la cual la primera parte del danzón incluye la melodía norteamericana Todas las cosas que tú eres (All the Things you are) y, en la segunda, el montuno ya habitual de los danzones de Arcaño.

Sin embargo, en 1951 los mambos creados por el cubano Dámaso Pérez Prado (1917-1989) y popularizados por entonces desde México revivieron pasiones, sobre todo porque a Prado lo llamaban El rey del mambo y se omitían los nombres de Orestes y Cachao López, creadores de aquella pieza primigenia de 1937. Por ello, en las últimas sesiones fonográficas de Arcaño y sus Maravillas para la RCA Victor, en 1951, se decidieron a grabar una versión disminuida de Mambo, sin la primera parte danzoneada, como para hacer valer su supuesta paternidad. La polémica acerca del mambo y su creación llega hasta hoy y, quizás, persista mucho tiempo más.

Desde 1953, luego de la llegada del chachachá y la fama del género y de otras charangas dedicadas a él, la popularidad de Arcaño decae y, en consecuencia, también el interés de las firmas disqueras. Panart insiste con las Maravillas y graba algunas placas, pero ya es el llamado mambo-dan, tal y como lo denomina el propio director de la orquesta. Nuevamente aparecen cantantes: el Cuarteto Musicabana y solistas como Orestes Macías y Gil Ramírez. Hay discos de larga duración de los sellos cubanos Maype, Kubaney y Modiner, pero ya no es Arcaño: se combinan el chachachá con unos pocos danzones. El estilo no era aquel. Quienes a estas alturas han escuchado los discos dudan de la autenticidad de los fonogramas, a su criterio falsamente atribuidos a Arcaño y sus Maravillas. La disolución era inminente: se produce en 1958.

Arcaño y su impacto fonográfico

En entrevista concedida a Marta Valdés, Arcaño se refiere a las grabaciones en estos términos: “[Grabamos] muchísimo, había una editora muy famosa una empresa internacional, la RCA Victor […] casi doscientos y pico de números”.[8] Pero los archivos fonográficos y otras investigaciones en esa línea recogen, en total, ciento dieciséis grabaciones comerciales editadas.

A pesar de eso, una revisión más detallada de los catálogos revela el verdadero impacto fonográfico de Arcaño y sus Maravillas. Entre 1937 y 1948, cuando casi concluye el auge de la agrupación, un total de catorce orquestas, trece de ellas charangas,[9] llevan a los discos comerciales doscientos dieciocho danzones. Los tres grandes danzoneros de entonces fueron Arcaño (65; 29,8 % del total), Belisario López (1913-1969) (48; 22 %) y Antonio María Romeu (1876-1955) (40; 18,3 %). Entre ellos, grabadoron ciento cincuenta y tres danzones: poco más del 70 %. Y téngase en cuenta un detalle: la orquesta Arcaño y sus Maravillas llegó a los estudios tres años después de organizada, en 1940, cuando ya Romeu y Belisario acumulaban una lista importante de registros en su haber, principalmente Romeu, quien aparece en discos desde las primeras décadas del siglo XX. Eso llama la atención: en plena Era de los conjuntos y en un momento de auge de las grandes bandas, Arcaño se alza como el danzonero más grabado entonces.

Durante toda su trayectoria, la orquesta demostró su estirpe: acumularon un gran total de ochenta y tres danzones grabados. Otras treinta y siete obras en discos, hasta completar un repertorio de ciento catorce títulos, abarcan once géneros diferentes, desde el chachachá hasta la canción y el bolero, pero ninguno alcanzó la popularidad ni la trascendencia de aquellos danzones de Arcaño.

Ahí, en los grandes éxitos de esa orquesta, conservados –por suerte– en viejas placas para fonógrafo y en recopilaciones digitales, se recoge una historia: tan hermosa como inesperada entonces. Gracias a Antonio Arcaño, a Cachao y a Orestes López, a Tachit y a Jesús López, Musiquita, Jorrín, Lorgio, José Antonio Díaz, Félix Reina y los demás, guardamos celosamente –podemos hacerlo mucho mejor– un capítulo hermoso, más que trascendente, en los anales de la música cubana.

Sancti Spíritus, 18 de marzo de 2013.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Avance Criollo, El (La Habana), 29 de marzo de 1943, p. 10.

Díaz Ayala, Cristóbal. Enciclopedia discográfica de la música cubana, Volumen 2, 1925-1960. Florida International University, 2002. Versión digital disponible en: http://library.fiu.edu/latinpop.

López, Oscar Luis: La radio en Cuba (3ª edición). La Habana, Letras Cubanas, 2002, pp. 291-330.

Marrero, Gaspar: “Un agujero negro en el disco cubano”. Ponencia presentada al XXIII Coloquio sobre Estudios de la Cultura Musical Cubana. UNEAC, Sancti Spíritus, 4 de diciembre de 2008.

Valdés, Marta: Donde vive la música. La Habana, Ediciones Unión, 2004, pp. 65-74.


NOTAS

[1] Ver bibliografía consultada. Todas las notas son del autor.

[2] V se refiere a discos editados por la firma estadounidense Victor o RCA Victor, según la nueva denominación del sello disquero a partir de 1942.

[3] Así eran conocidos en aquellos tiempos los cantantes de danzonete en Cuba.

[4] En otra de aquellas grabaciones aparece nuevamente Ortiz, al cantar el bolero Cuéntame algo (Homero Jiménez, V 83144).

[5] Cristóbal Díaz Ayala: Enciclopedia discográfica de la música cubana, Volumen 2, 1925-1960. SECCIÓN01A, p. 141.

[6] Ibídem, p. 142.

[7] El Avance Criollo, 29 de marzo de 1943.

[8] Marta Valdés: Donde vive la música, p. 71.

[9] La excepción fue la Orquesta Casino de la Playa, al grabar su versión instrumental del danzón Almendra (Abelardito Valdés, V 83028, 12 de marzo de 1940).

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