Rosita Fornés, su mundo lírico*

Por Jorge Garciaporrúa, compositor y pedagogo

*Publicado en revista Clave, no. 11, 1988.

Reproducimos a continuación esta entrevista publicada en la primera época de la revista Clave, a 32 años de distancia, la información y valoraciones ofrecidas por Rosita Fornés, mantienen un indiscutible valor.

El Gran Teatro de La Habana acaba de anotar en su Libro de Honor los Conciertos de Gala en Homenaje a la gran Rosita Fornés por sus cincuenta años de vida artística, rememorando su debut escénico precisamente en la hoy sala García Lorca del mencionado coliseo, el cual, a su vez, ha venido celebrando en 1988 el ciento cincuenta aniversario de su fundación. La ilustre carrera artística de la Fornés, forma parte de su historia, en un devenir de momentos artísticos trascendentales para la cultura cubana, gracias a que en su escenario se han presentado personalidades del arte mundial en múltiples oportunidades.

Sirva esta ocasión para rendir merecido homenaje, a través de nuestras páginas, al Gran Teatro de La Habana como también a Rosita Fornés, gloria de Cuba.

Cincuenta años de trabajo abarcan varias generaciones de espectadores y quizás los más jóvenes desconozcan qué representa ella para nuestra historia en el teatro lírico. Hemos acudido a nuestros recuerdos y a una cronología editada por el Gran Teatro de La Habana, para brindarles a los lectores una apretada síntesis de la labor desplegada por Rosita.

Rosalía Palet Bonavea (su nombre verdadero) obtiene en 1938 el Primer Premio de un programa radial de aficionados, La Corte Suprema del Arte, de la emisora CMQ, integrando asi el grupo de las llamadas «Estrellas Nacientes».

Un año después, el 28 de septiembre de 1939, pisa por primera vez un escenario, el del antiguo Teatro Nacional (hoy Sala García Lorca del Gran Teatro) en la que también triunfó.

CLAVE indaga acerca de cuándo se produce su debut en el teatro lírico.

RF.– Fue en 1940 como integrante del coro y el cuerpo de baile de «Contradanza» en la zarzuela cubana Cecilia Valdés, dirigida por su propio autor, el maestro Gonzalo Roig. En ese mismo año interpreté en CMQ radio la revista Las musas latinas y la zarzuela Los gavilanes.

Debuta profesionalmente en 1941 en la opereta El asombro de Damasco, junto a Antonio Palacios, en el teatro Principal de la Comedia y asume el rol de Isabel Ilincheta en Cecilia Valdés cuando fue presentada en el teatro Auditorium (hoy Amadeo Roldan) bajo la dirección del maestro Lecuona.

CLAVE: ¿Y Cecilia?

RF.El personaje de Cecilia Valdés nunca lo he representado completo en escena debido a que me considero limitada para él y porque existían excelentes interpretes con loas que no me podían comparar. A insistencia del maestro Roig, estudie con él la «Salida», el «Gran dúo» y la «Canción de cuna» que interprete bajo su batuta en conciertos, pero nunca actué el personaje por completo.

El repertorio de Rosita Fornés abarca alrededor de un centenar de obras del teatro lírico entre zarzuelas, operetas y revistas musicales. Además de las mencionadas, podrían citarse La del manojo de rosas, La viejecita, Molinos de viento, Luisa Fernanda (la estreno en Cuba en 1942), La duquesa del Bal Tabarin, La casta Susana, La princesa de las czardas, Las leandras, Lola Cruz, La princesa del dólar, La plaza de la catedral (también estrenada por ella), La corte del faraón, El soldado de chocolate y El conde de Luxemburgo.

CLAVE: Revisando su repertorio se advierte la ausencia casi total de zarzuelas cubanas.

RF.Siempre consideré que la zarzuela cubana tiene exigencias interpretativas que no se adecuaban a mis características. Me sentía más segura en la opereta, era más cercana a mis posibilidades reales. Incluso en la zarzuela española del género grande siempre preferí hacer las tiples cómicas y los personajes ligeros como la Rosaura de Los gavilanes o la duquesa Carolina de Luisa Fernanda, y por supuesto, adore dentro del mal llamado género «chico» a La verbena de la paloma y La revoltosa.

CLAVE: Analizando su cronología, se observa que solo en el periodo de 1940 a 1943 se cuentan más de cincuenta y dos obras representadas entre las líricas, las comedias y los dramas, así como comedias musicales y revistas. En un programa del teatro Principal de la Comedia de este periodo, aparecen en un solo día tres funciones: en la tarde La revoltosa encarnando a Mari-Pepa; tres horas después a la duquesa Carolina en Luisa Fernanda y al final de la noche a Doña Francisquita en la obra homónima. ¿Cómo era posible?

RF. – Había que vivir. El teatro dependía de un capitalista que aportara el dinero o de una cooperativa de la mayoría de los integrantes que repartía las ganancias entre todos. En esa compañía del Principal de la Comedia, estuve un año haciendo papeles protagónicos sin percibir salario, pero siempre lo importante para nosotros no era ganar dinero sino ir adquiriendo experiencia. Mientras, me iba remediando económicamente con el contrato en la radio. Pero, además, ese era el ritmo de trabajo, ¡imposible ensayar como ahora durante dos o tres meses! También me aprendía todos los papeles, por si alguien se enfermaba y había que sustituirlo porque no se podía suspender jamás una función.

Pensando y comparando las dos épocas en que me ha tocado vivir, me permito recomendarle a los jóvenes de hoy que tienen la posibilidad de estudiar y adquirir un título luego de una sólida formación técnica, que aprovechen bien esta oportunidad que les brinda el Estado cubano; no deben pensar solo en lo que van a cobrar.

El trabajo artístico depurado es el fruto de una labor de muchos años y sacrificios. No solo es estudiar y lograr un nivel técnico, después viene lo más importante: convencer al público.

CLAVE: ¿Cómo se formó, cómo estudió?

RF.Tuve la suerte y el honor de aprender con personalidades como Enriqueta Sierra, Antonio Palacios, Ernesto Lecuona, Miguel De Grandy, Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, entre otros, pero sobre todo «en la marcha», con la práctica diaria, sin ninguna beca ni dedicada solo a los estudios.

Una Anécdota

Vale contar que al finalizar una de las representaciones de la zarzuela Luisa Fernanda en el teatro Tivoli, de México, en 1945, el maestro Federico Moreno Torroba, autor de la obra, acudió al camerino de la Fornés y al encontrarla expreso: «Vengo a conocer a mi mejor duquesa Carolina».

En 1959 cuando triunfa la Revolución en nuestro país, Rosita Fornés se encuentra protagonizando la revista Siete novias para mí solo en el teatro Calderón de Madrid, y tiene contrato firmado por cinco años para actuar en Europa, Asia y África, pero cancela todos sus compromisos y regresa a Cuba para incorporarse a una nueva vida.

Inaugura en 1961 la Primera Temporada de Teatro Lírico del período revolucionario, en el teatro Payret, interpretando La revoltosa y La verbena de la paloma con Antonio Palacios, para continuar en el teatro García Lorca (hoy sala del Gran Teatro) con La viuda alegre, Luisa Fernanda y otras obras junto a Gladys Puig, Antonio Lázaro y Ángel Menéndez, entre otros.

Esta época marcó una etapa de trabajo de esplendor del género lírico en Cuba con grandes éxitos y vasta afluencia de público.

CLAVE: ¿A qué atribuye la ausencia de público y el poco auge del género en Cuba actualmente?

RF.El grupo lírico precisa hoy día de más apoyo y comprensión por parte de todos. Primero, no estoy de acuerdo con el nombre de «Comedia Lírica», pues el género no incluye solo comedias, sería más justo decir «teatro de zarzuela y opereta».

Algunos lo consideran un arte menor por su temática, su formato y sus objetivos, pero no es así, pues exige intérpretes de compleja formación técnica, artistas integrales que canten, actúen y por lo menos si no bailan, que tengan una buena expresión corporal.

Se debe realizar una mejor selección de los elencos y del repertorio, como también evitar innovaciones injustificadas. Hay obras que marcan una pauta y retratan una época, ello merece un respeto. Se puede revisar o «modernizar» los libretos, pero situándose en la época en que fueron escritos, con más consideración a los originales.

Renovar siempre es válido, pero sin perjudicar la esencia y el contenido originales. Por supuesto, las puestas en escena deben ser realizadas por conocedores del género; innovar por innovar es poco profesional. He presenciado «renovaciones» que son inadmisibles.

En cuanto a los elencos, existen buenas voces que pueden actuar, pero hay que situarlos de acuerdo con sus posibilidades vocales e histriónicas reales, apoyar a los nuevos valores e impulsarlos junto a figuras de experiencia.

La ausencia de público no es aplicable a todas las obras, aunque es cierto que su afluencia ha disminuido. Las puestas recientes de La viuda alegre, La revoltosa y La verbena de la paloma atrajeron a numerosas personas, pues son obras representativas, clásicas. Por lógica, existen otras que históricamente no han atraído tanto y pueden perderse con el tiempo.

Recuerdo que cuando se inauguró el Teatro Lírico, se aprovechó el prestigio de actores-cantantes consagrados como Antonio Palacios, Amparo Jordán, Armando Bianchi, María de los Ángeles Santana, Pedrito Fernández, Mario Martínez Casado… se escogió un repertorio que se sabía infalible: Luisa Fernanda, La viuda alegre, La verbena de la paloma, La revoltosa, Cecilia Valdés… y se intercalaron obras menos conocidas en ese momento, tal era el caso de Doña Francisquita y La princesa de las czardas, que también lograron alcanzar éxito de público.

A ello se sumó un coro y un buen cuerpo de baile, escenografías prácticas, de calidad y modernas, y un vestuario de primera, con puestas en escena que no desvirtuaron los originales.

Lamentablemente, y por diversas razones, se fue desmembrando el grupo. Unos se jubilaron, y otros, incluso yo, nos fuimos a la TV o hacia grupos dramáticos, al no encontrar el marco propicio y el ambiente requerido para mantener el género lírico a la altura que se merecía.

Innumerable es la lista de reconocidos artistas con los que Rosita Fornés ha compartido el escenario, pero valdría evocar nombres como los de Eugenia Zuffoli, Esther Borja, Pedrito Fernández, Agustín Irusta, Hugo del Carril, Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Dolores del Rio, Gloria Marín, Mario Moreno (Cantinflas), Tito Guízar,  Luis Sagi-Vela, Amparo Jordán, Pedro Vargas, Pepita Embil, Joaquín Pardavé, Nini Marshall y Rita Montaner. Actuó en teatros como Tivoli, Arbeu, Degollados, Fábregas, Follies Bergere, Lírico, Alameda, Esperanza Iris y Blanquita en México; Maison de Los Ángeles y Latino de New York, en Estados Unidos de América; Nacional de Caracas, Venezuela; Cómico de Barcelona y Madrid y Calderón de Madrid, España. Además le han aplaudido los públicos de San Francisco, San Diego, San Antonio y Texas, EEUU; Tegucigalpa, Honduras; San Juan, Puerto Rico y en varias ciudades de la URSS, Bulgaria, Polonia, Hungría, Rumanía y Mongolia.

Premios recibidos por Rosita Fornés

  • Primera vedette de México (1947).
  • Primera vedette de América (1949).
  • Mejor actriz del año en Cuba (1953).
  • Mejor vedette de Cuba (1954-55).
  • Doble premio Avellaneda en Cuba: mejor actriz y actriz más versátil (1955).
  • Mejor vedette de España (1958).
  • Premio Especial de Interpretación Concurso Adolfo Guzmán (1984).
  • Mejor actuación femenina Festival de Teatro de La Habana (1984).
  • Girasol de Cristal de la publicación Opina (1984).
  • Miembro emérito de la UNEAC (1988).

En 1985 se incluyó una síntesis de su trayectoria artística en la edición de la Enciclopedia española publicada por la casa editora Espasa-Calpe.

Opiniones de la crítica y la prensa escrita especializada.

En lo tocante a Rosita Fornés, en la zarzuela Doña Francisquita repitió su gran triunfo de tres años ha que le valió tantos elogios de la crítica habanera en pleno. Dijo y cantó como una artista consumada que supo adivinar todo lo que había en el difícil personaje de Francisquita, además de que abordó la «Canción del ruiseñor» con rigurosidad.

                                                   E. L. A. / Periódico El Mundo, La Habana, 1945.

Libertad Lamarque y Rosita Fornés se hermana en esta nueva tarea de hacer placenteras las noches del Tivolí. Dan paso al arte y cada una de ellas se adueña de la escena.

                                     Jaime Luna / Periódico El Nacional, México, D.F., 1948.

Anoche se estrenó en Madrid Los siete pecados capitales, con música de Augusto Algueró. El espectáculo sirvió para la presentación de la estrella Rosita Fornés, una excelente artista con gran dominio del tablado, que actúa magníficamente como actriz, bailarina y cantante.

                                               Alfredo Marquerié / Periódico ABC, Madrid, 1958.

Claro que el mayor éxito los conquisto Rosita Fornés. Ella cautivó textualmente a los soviéticos. Fue ovacionada en Moscú, Leningrado, Kazán y en todas las demás ciudades.

                                                             Revista URSS Internacional, Moscú, 1966.

A propósito de Hello Dolly: Rosita Fornés, versátil e integral, sigue siendo un prodigio de vitalidad y frescura en su madurez artística.

  Pedro García Albela / Periódico Trabajadores, Ciudad de La Habana, 1985.


Hasta aquí parte de una historia que seguirá creciendo, donde «ahora» se convertirá en «siempre», es decir, en sinónimo de artista única: Rosita Fornés.

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