Páginas danzoneras…Qué feliz se ve bailando Angoa

Por Ada Oviedo Taylor. Historiadora del Arte

Desde que el músico matancero Miguel Faílde estrenó su danzón Las Alturas de Simpson, el 1º de enero de 1879 en los salones del Liceo de Matanzas, el bailador estuvo como principal protagonista. Fue, precisamente, al reclamo de amigos y asiduos a los salones de un baile menos agitado y complejo que las danzas y contradanzas de la época, que emerge el danzón como género musical.

Fueron numerosos los compositores y orquestas que contribuyeron a la evolución de este género. Raimundo Valenzuela, José Urfé, Aniceto Díaz, Antonio María Romeu, Antonio Arcaño, Orestes López y Enrique Jorrín, fueron algunos de los músicos que aportaron con sus innovaciones –tanto de tipo estructural, instrumental como metrorrítmicas– diferentes etapas en su desarrollo histórico.

Entre las orquestas danzoneras de mayor auge está, sin dudas, Arcaño y sus Maravillas. En su legado cuentan la gestación del danzón de nuevo ritmo, que combina de forma sincopada la tumbadora (utilización pionera en la charanga), el bajo, los violines y, además, la ampliación del formato instrumental con la famosa Radiofónica. Todo ello resultó un elemento determinante para la revaloración del género en el gusto de los bailadores.

Sobre estos aspectos el maestro Arcaño explicó al periodista Andrés Castillo en entrevista realizada en 1951:

“Fue por esta época (1942), que comencé a notar en los bailadores pasillos cadenciosos, algo que los alejaba de la música agitada de las guarachas y las rumbas. Esos bailadores, al sacar nuevos pasillos, hacían lucir a la orquesta muy vacía, entonces fue cuando encontré en la tumba lo necesario para reforzar el ritmo ya que lo consolida y le da pausa y lleno a la melodía”.

Sobre el ritmo nuevo añadió:

“En los montunos, el piano hace unos efectos que se transportan a unos pasajes apropiados para que los bailadores entren con suavidad en la parte final, luego entran unidos la tumba, el bajo y los violines, mientras la flauta da variedad haciendo las inspiraciones para que el ritmo no sea monótono”.

A esta orquesta se debe también el estreno y la popularidad de danzones que se han convertido en clásicos de nuestra música popular. Uno de esos momentos transcendentales fue el estreno del danzón Angoa. Corría el año 1946 y el joven violinista Félix Reyna, que entonces integraba la orquesta de José Antonio Díaz, se inicia como compositor de danzones con este ya antológico título. Reyna también grababa con la legendaria Radiofónica y en una de estas ocasiones, se presenta en la emisora Mil Diez con su danzón, aún sin título, que fue del agrado del maestro Arcaño y, a sugerencia de este, deciden dedicárselo (como era de costumbre en la época), a un bailador que los seguía a todas sus actuaciones, con su elegante figura y bailar mesurado, que no era otro que Angoa.

Pero ¿quién fue Angoa? Ricardo Benedit Varela, nació en el populoso barrio habanero de San Leopoldo, el 7 de abril de 1909. Desde muy joven fue tan atrapado por el cadencioso danzón que ni el duro trabajo como obrero de la construcción en las condiciones adversas de la República, ni las largas caminatas como cartero –entre otras labores que realizó–, impidieron que, en las noches, con su elegante traje y su sombrero de jipijapa, hiciera gala de sus dotes para el baile en los salones de las más prestigiosas sociedades de la época.

Al indagar por su seudónimo nos relató esta anécdota: “Cuando era pequeño viví en la calle Lagunas n. 60 donde tenía por vecinas a Felicia y sus hijas. Una de ellas, llamada Dora, gustaba llevarme a pasear. Debido a la meningitis que padecí, me afectó pronunciar correctamente y cuando la llamaba se me entendía Angoa y ella, al pedirle permiso a su mamá, le decía «voy con Angoa al parque Maceo» y así me quedé con este sobrenombre.”

Pero Angoa no solo fue un excelente bailador de danzón. Muy joven ingresó en la sociedad Los más libres, que presidía Andrés Benedit, uno de sus hermanos. En ella inició una intensa actividad como promotor del género, que se extendió a otras instituciones como Jóvenes de Concordia, Santiago Sport Club, Club Adelante, El Tercio Moderno, Magnetic Club, Club Oceánico y Unión Fraternal, donde su presencia constituía un sello de distinción y elegancia, al punto que la crítica social de la época señaló: “Angoa vive a su manera”.

Debido a la popularidad alcanzada con su danzón y a sugerencia de varios amigos organizó su propia sociedad, Angoa Sport Club, inaugurada el 8 de noviembre de 1951 en los salones de otra sociedad importante, la Isora Sport Club, en la calle Melones n. 70, de la barriada de Luyanó, donde Angoa presentó las orquestas de mayor calidad y aceptación en el gusto popular.

El danzón que lo ha inmortalizado –con más de sesenta años de creado y bailado, desde su estreno en los salones de Prado y Neptuno–, aún tiene vigencia y es obra obligada en el repertorio de toda orquesta danzonera que se respete. Ha tenido numerosas versiones, entre ellas, la original interpretada por Arcaño y sus Maravillas; la Orquesta América, que la grabó en México en 1954, donde se le incorpora el texto y es llevado a la modalidad de danzón-cha, y es la que alcanza mayor popularidad; también son muy gustadas las versiones de la Orquesta Aragón y de la orquesta Sublime.

Angoa siguió “viviendo a su manera”, hasta los 102 años, con la elegancia que lo caracterizó, y así es recordado por los bailadores que integran el movimiento comunitario Amigos del Danzón en todo el país quienes, como él, hacen justicia a nuestro Baile nacional.

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