Danilo Orozco: Sí, dejaste una huella*

Por: Liliana González Moreno. Musicóloga

*Texto escrito a petición de Leydet Garlobo, para la inauguración del III Festival Jazz Matanzas, abril 2019. Lo compartimos, en conmemoración del natalicio de Danilo Orozco, tal cual fue enviado por la autora y reproducido en el sitio web de la compositora Keyla Orozco, hija del reconocido musicólogo.

Preámbulo a la publicación de la semblanza

El 11 de febrero de 2019, sostuve una de múltiples conversaciones por mensaje electrónico, con la musicóloga matancera Leydet Garlobo (coordinadora del Festival Jazz – Matanzas y directora de la sala José White). Esta vez, me pedía que abordara facetas del legado de Danilo Orozco a la musicología cubana como conferencia inaugural en el Coloquio de Musicología, del Festival Jazz-Matanzas, a celebrarse en Abril de este año. Su interés se basaba fundamentalmente en compartir con la audiencia, el recuerdo de algún investigador matancero que hubiese estado muy cerca de Danilo, en alguna etapa de la trayectoria musicológica. En esa ocasión me hizo saber del entusiasmo de Keyla Orozco, hija del maestro, y su ofrecimiento de colaborar en lo que fuese necesario, aportando materiales, imágenes, etc.; posibilidad que ponía en mis manos. En ese momento, le conté algunas cosas de la etapa final de su vida que aún me afectaban emocionalmente cuando las mencionaba. Y en medio de esta charla, ella sugirió una frase que la tomé como título para esta conferencia. Era la respuesta a lo que a él le preocupaba y que este coloquio quería remover, y hacerlo en un contexto diferente al de La Habana o de Santiago de Cuba, donde siempre su obra tuvo más impacto.

Esta semblanza que leerán a continuación no pretende, ni podría constituir, la narración de toda mi experiencia de vida musicológica, y por tanto personal, en relación a Danilo Orozco. Para ello… necesitaría muchas páginas, infinitas páginas que darían paso a increíbles marcos teóricos, planteamientos historiográficos, análisis sociológicos, en referencia a tramas que construyeron su relevancia y su adversidad, su dicha y su tristeza; tendría que referirme a diversas experiencias de vida institucionales en las que confluyó nuestro encuentro y aprendizaje de él, el contexto de las personalidades, la referencia a mi grupo de musicología en el ISA que con Jacqueline Echevarría a la cabeza logró atraerlo hacia los estudiantes de una manera más diáfana (le entramos con la verdad en las manos; “queremos comprenderte y se nos hace difícil”), mencionar espacios de trabajo, saberes compartidos, situaciones profesionales en disputa, comunicaciones fallidas y logradas, mención a seres humanos increíbles que sacaron de Danilo lo mejor y que ofrecieron a él todo lo que puede añorarse en la vida. Estos últimos, no fueron pocos. Desde el chino, el chofer del ICM,  que estuvo “de guardia” sin descanso hasta sus amigos del alma Augusto Blanca (a quien creo nunca le devolvimos su tasa de café), Fiallo, Freddy que siempre llegaban como ángeles llamados, en el momento más necesario y cuando no también. Entre esos dos extremos, muchas personas que fueron vitales en todo el concepto de la palabra. Personas que no necesitan ser mencionadas en esta semblanza porque podrán escribir sus propias semblanzas y ojalá lo hagan. Pero me tocó, por ser matancera, musicóloga y por haber sido una guerrera en sus luchas, a veces de un lado y otras veces, y ahora me río, cuando me ponía del otro; pero no tengo dudas de que en el fondo, siempre estaba el cariño y el respeto, el deseo de hacer más por quienes quería apostar, e incluso, el celo de no querer que nadie más invadiera, con la misma fuerza y en campos por él dominados profesionalmente, el terreno de la enseñanza de sus alumnos o jóvenes profesionales cercanos.

Por último, a tenor de que alguien entendiera mal mi exposición. Nunca diría que a la obra de Danilo no se le dio continuidad, que no se hiciera nada con sus escritos posterior a su desaparición física. Como podrán leer, solo hablaba de aquel proyecto que él y yo discutimos, ese que le dio vida a lo que consideraba su muerte como autor, y como primer intento personal de trazar una línea de inicio a esta realización pendiente, propuse su perfil científico, que tanto disfrutó.

Ahora sí va el escrito. No me atreví a revisarlo, solo corregí una fecha y añadí los materiales que recomendaba en el material visual de mi exposición (powerpoint).

Lo escribí de un solo golpe, con angustia por revivir lo narrado; con satisfacción de traerlo de vuelta, una vez más.

A Danilo Orozco. “Una vez más sí, dejaste una huella”.

Entre enero y marzo de 2013, estudiantes, colegas y familiares del  musicólogo Danilo Orozco, vivimos la triste experiencia de un repentino, doloroso y fulminante padecimiento que llevó a Danilo, en menos de tres meses  a la muerte. La última vez que lo vi “sano” aunque muy cansado, fue en el CIDMUC, en la jornada científica de diciembre de 2012. Yo regresaba de dictar una conferencia en el Congreso de la Asociación Americana de Musicología y como suele suceder, venía con deseos de lograr un evento sólido, propositivo. Quería impulsar proyectos, marcos teóricos, temas de investigación. Logramos crear cierto ambiente de trabajo. Nos reunimos con frecuencia, invitando a directivos y especialistas del Instituto Cubano de la Música. Recuerdo especialmente el apoyo de Pepe Vázquez quien estaba al frente del departamento de programación del ICM. Diseñábamos una metodología para estudiar las prácticas de consumo musical en Cuba e intentábamos crear un equipo multidisciplinario, lo más parecido a aquel que le dio origen al Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana. Comentar esto sería objeto de otra conferencia, pero pensar en Danilo lo trajo hoy a colación.

Lo que me hace comenzar por ese momento, es recordarlo sentado en la última fila de la sala Fernando Ortiz, con la cabeza ladeada, la mirada lejana, cansado pero atento. Hoy diría… triste, casi derrotado, como quien avizora un final quebrado, una interrupción que impedirá sacar a flote todo lo que queda por decir. Al terminar la sesión me dijo algo como esto: “no hables más, no te desgastes, las conferencias se olvidan, escribe, solo lo que escribas va a quedar y podrá cambiar algo, siempre que quieran hacerlo, pero nadie hace caso y uno termina cansado”. Hay frases lapidarias. Esta conversación lo fue. Un mes después entraba al hospital y esta vez aquel comentario suyo se convirtió en el centro de todas nuestras conversaciones, con un tono de pena, de insatisfacción, de miedo a la muerte profesional. Sabía que no estaba bien. Era un hombre muy agudo e inteligente. No era fácil engañarlo, decirle que la placa que la enfermera dejaba no era de él y así justificarle de manera esperanzada la gravedad de su estado de salud. Hablar en un tiempo futuro que no llegaría para completar su obra, construir un proyecto de trabajo en su ausencia. Fue absolutamente desgarrante. Mezclar ese trabajo de campo, de investigación biográfica, estética, filosófica, con la experiencia de la despedida. Gracias Leydet porque estas biografías nunca se escriben y las obras no solo son lo que se escribía sobre la música, los contextos históricos no solo son el mundo que nos rodea, sino la manera en que estamos viviendo cuando el mundo nos rodea.

Tuvimos tres meses para dejar sobre la mesa que:

  1. Había dejado una obra rastreable, a pesar de no contar con un libro editado donde se desarrollara su pensamiento. Pero existían artículos, comentarios, prólogos, conferencias transcritas, citas de sus opiniones en tesis, notas en discos, producciones musicales, revisiones editoriales, informes especializados… que permitían transitar por su pensamiento en varias décadas.
  2.  Que sus escritos correspondían a épocas determinadas. Que lo que había sido escrito de una manera y ya no veía de la misma forma no era motivo de arrepentimiento, ni excusa para borrar y eliminar lo dicho, sino un material indispensable para reflexionar sobre los cambios de pensamiento, según las épocas, las ideologías, nuestra experiencia.
  3. Que dadas todas esas preocupaciones, sería hermoso hacer una compilación con sus textos, desde una perspectiva historiográfica, cuya edición crítica permitiría introducir la voz de un autor que dialogara con sus textos, con él como autor, con las épocas. De esa manera, potenciábamos la historiografía musical y proponíamos metodologías de enfoque que repercutieran en la formación de los musicólogos.

En este punto, recuerdo lo referente a algunos artículos de inicios de los ochenta, en los que desarrolló ciertos aspectos de la teoría de los complejos genéricos. Tema que luego retomó en una conversación de la lista electrónica de IASPM y que edité y amplié para la revista Clave en su número Música y género. Allí pueden ser leídas algunas de sus ideas. No quería que se recordara que había validado y desarrollado algunos aspectos de ese marco teórico. Entrar a discutir por qué sería tema de otra conferencia (vamos sumando varias). Lo importante fue convencerle que ninguno de los materiales debían desecharse, sino era inminente estudiarlos para entender cómo pensaba una época y cómo se construyeron sus modos teóricos.

En este punto tengo que decir, que posterior a su muerte, un grupo presidido por Jesús Gómez Cairo, director del Museo de la Música, Laura Vilar, directora del CIDMUC, y Purry, su esposa, se reunió en el CIDMUC para discutir qué pasaría, desde el punto de vista editorial y de preservación con la obra de Danilo. En ese momento, expuse parte de las conversaciones que había sostenido con él y fundamenté la idea de hacer esa obra de compilación, revisión crítica y estudio historiográfico, a la manera en que la había pensado y compartido con él. Posteriormente, no supe más, y sigo considerándolo un trabajo pendiente en  mi vida profesional, que de alguna manera va repensándose con mi especialización en el campo de la historiografía. Se han publicado trabajos en revistas cubanas, que han permitido continuar difundiendo su pensamiento, pero no se trataba simplemente de eso, sino de situar en perspectiva histórica y biográfica esa producción intelectual.

Con esta idea que tanto hablamos, Danilo accedía a construir y preservar lo que yo llamaría: el espejo de su pensamiento. Los momentos profesionales finales de su vida fueron ocupados por la idea fija de encontrar una manera de dejar una obra. La ausencia de esta parecía ser su mayor angustia.

Como podrá deducirse, los  recuerdos que les he narrado dieron origen al motivo y título de esta conferencia. Decir en voz alta, a una audiencia mayor: “Sí, dejaste una huella” e intentar invitar a conocer, profundizar y valorar algunas de sus facetas de pensamiento.

De esta manera, intento también preservar mi propia memoria, al compartir aspectos de las conversaciones que sostuvimos y que estoy segura le regalaron un tiempo extra de vida en medio de la adversidad.

Añado, como quienes estuvieron cerca sabrán, que en el primer tiempo de la enfermedad Danilo podía comunicarse verbalmente, de manera que pudimos dialogar en “igualdad de condiciones”. De manera progresiva, se fue haciendo difícil e interrumpida la comunicación verbal y llegado un momento más crítico solo pudo escuchar y acertar o negar con la mirada, y a veces con las lágrimas o la ternura en los ojos. Con lo cual, aprender a escuchar su silencio, desde lo que ya se había pautado y lo que se conocía de él,  fue parte de ese trabajo inconcluso, pendiente, que cerraría el ciclo de vida profesional, necesario, de Danilo Orozco.

Es importante decir, que en ese período, la presencia constante en el hospital de su estudiante de musicología Yisell Ruiz Hernández terminando un artículo sobre reguetón, que escribían en conjunto, fue muy estimulante para él. Si no recuerdo mal, fue publicado en La gaceta de Cuba. Tal vez fue ese artículo, el resultado de su estadio más maduro de pensamiento. Le interesaba mucho el tema y tenía mucha confianza en la capacidad de análisis de Yisell.

Hoy no podremos abarcar toda la impronta de la huella de Danilo. Pienso que por una parte narrar esta memoria es importante, y lo considero un modo de trasmitir a los jóvenes investigadores, musicólogos o de otras especialidades, que la investigación de campo, la discusión teórica, se produce muchas veces en espacios complejos, que precisan ser tomados en cuenta, analizados, como parte de las dinámicas de pensamiento. Siempre insisto en los espacios de participación o espacios participativos como algo determinante en cualquier estudio o análisis sobre la música y el pensar en ella. ¿Qué importa la edad de una persona si no es para interpretar las secuencias de vida que en cada  momento en particular determinan los giros de pensamiento? Asimismo, ¿cuánto determina la experiencia de “la muerte cercana” en la manera en que se recapitula y se teoriza sobre sí biográficamente? Ese fue el más grande reto que me permitió Danilo: cuidarlo, protegerlo en momentos delicados, saldar conflictos profesionales generados por tantas problemáticas locales y de carácter individual,  y a la par, estudiar todas las circunstancias que condicionaron su pensamiento en medio de un proceso consciente de despedida. Para eso hay que estar preparado o al menos fortalecerse en el camino. Es como la investigación en un campo de guerra ideológica o militar, es como entender que la timba, el jazz, el reguetón o cualquier otro género no es solo la música, sino el complejo universo de relaciones que condicionan su existencia, producción, escucha, consumo.

Entrando en un momento final de mi conferencia, y agradeciendo ser escuchada sin imagen visual, quisiera comentar algunos materiales de Danilo, casi desconocidos, que conforman su trayectoria vital formativa y profesional, y que nos colocan ante diferentes espacios de la música en Cuba.

Una de las áreas de trabajo menos estudiadas, aunque conocidas, de Danilo fue la de la acústica musical, tan necesaria en este momento en cátedras como la dirección de sonido, que hasta donde conozco no abrió convocatoria este año y sus estudiantes sienten cierta dispersión. Un área imprescindible para abarcar cualquier género musical, para estudiar un instrumento, para desarrollar y realizar una producción musical de concierto, disco, etc. Sin dudas, un área pendiente de profundizar en nuestro ámbito, a pesar de haber contado con excepcionales maestros de acústica en la ENA y el ISA durante tantos años, pero donde podría decirse que este pensamiento no penetró en el de los instrumentistas y teóricos, y que incluso, al día de hoy, se desestima el conocimiento de investigadores como Alfredo Hidalgo-Gato (de los grandes, imprescindibles y verdaderos amigos de Danilo) que participaron de los proyectos que en los 70 y principios de los 80 parecían ser los campos teóricos y científicos de la música de mayor despliegue.

En esta área de trabajo de Danilo, quiero referir, e invitar a buscar y leer el libro Ciencia y Música, del importantísimo científico James Jeans. Este libro fue publicado en inglés en 1937 y en español en 1946. El prólogo, revisión y ampliación de la traducción al español del libro fue realizado por Danilo. La ampliación consistió en un corpus de notas que iban actualizando, desde el conocimiento de Orozco, las problemáticas que planteaba Jeans en un libro escrito hacía más de 30 años. Asimismo, acotando aquello que él consideraba las “insuficiencias” del libro. De manera que casi se convertía en una coautoría. Por cierto, algo que solía realizar, realizar notas extensas al margen de escritos de otros autores, y donde su pensamiento dejó una huella. Esta publicación, en Cuba, fue realizada por la editorial Pueblo y Educación, del Instituto Cubano del Libro, en 1973, bajo la edición de Radamés Giro resultando su segunda publicación en español.

El prólogo al libro, escrito por Danilo, es otro ejemplo de modos de prologar de manera informada. Podría tomarse como una conferencia, un manual breve, que además de mostrar su conocimiento del tema y dejar evidencia del arduo trabajo de prologar y editar, nos deja saber su entrega y análisis de las necesidades de la enseñanza artística y las limitantes del momento. Aprovecha el prólogo para contraponer libros que se consideraban fundamentales en ese momento y que resultaban los materiales de estudio y referencia de nuestros investigadores, estudiantes y docentes. Ante las múltiples trabas que he experimentado con la academia musicológica cubana, se encuentra la ceguera ante el desconocimiento que muchos estudiantes y colegas tienen de las publicaciones sobre música cubana, sus autores, sus problemáticas, referencias, y relatos históricos. Esto es un problema de investigación musical real, porque tributa en las múltiples incompetencias que frenan el desarrollo de la música en nuestro país. Y no niego con esto que exista música en Cuba, enseñanza, etc., digo que, no estamos yendo a fondo en lo que estamos subvencionando y promocionando y es por ello que una y otra vez más nos consolamos con la crítica a la música popular, pero la verdadera crítica debe hacerse al desconocimiento. Segura estoy de que la historiografía musical, potenciada con profesionales preparados para impartirla y proyectarla en las diferentes esferas musicales, traería muchos más resultados que los que podemos palpar en nuestra cotidianidad. Este paréntesis que hago, aparentemente alejándome de Danilo, es solo porque hay que dialogar con las fuentes que leemos. Y Danilo deja claro que la actualización de la información y su despliegue más allá de los investigadores era una urgencia. El jazz, los jazzistas cubanos (ya que estamos en un festival de jazz), los músicos de manera general, deben plantearse esa urgencia. Cuando analizamos algunos de los grandes proyectos que se realizan bajo el rubro de “Músicas del mundo” no solo estamos observando productos comerciales, sino también, músicos preparados para dialogar, en términos acústicos e históricos con diferentes culturas. Y me tomo una última licencia para situar un ejemplo. Hace algunos años entrevisté a Marcos Madrigal. Hablábamos, entre otras cosas, del piano y el jazz. La conversación tomó un giro hacia lo acústico. Aquel deseo de hacer jazz para ser mejor pianista, porque así casi lo validaba la sociedad, se tornó en la experiencia de aprender sobre la historia de los organistas y la evolución de un repertorio, un concepto armónico y de improvisación hacia el piano. De esa experiencia lo dotó el trabajo con Ars Longa y lo sitúo en este contexto solo para llamar la atención sobre la importancia de colocar el sentido práctico de la maestría interpretativa e improvisatoria en el conocimiento teórico y práctico de la historia de la música. Y ahora sí, me permito leer algunas de las ideas que Danilo expresara en el prólogo del libro:

Con la publicación de este libro, se abre por primera vez en Cuba, el capítulo de ediciones con carácter oficial sobre estudios de la Teoría Musical apoyados en razonamientos científicos, que aunque no sobrepasen el nivel elemental y medio, constituyen un paso serio con vista a dar a los músicos una mejor base para la total asimilación de su Arte, aparte de constituir a nuestro criterio, la mayor garantía a la solidez de formación de futuros profesores de Teoría, Solfeo y Armonía.

Tampoco se descarta la posibilidad de que algunos de los tópicos, sumados a futuras ediciones más profundas y amplias puedan servir de guía a muchos pedagogos de instrumentos musicales, en cuanto a la metodología de la enseñanza, que, unido a su experiencia y dominio del instrumento, se revierta en rápidos adelantos para sus alumnos. Esto, desde luego, es una posibilidad menos inmediata. (Orozco: 11)

Sobre la necesidad de sus notas editoriales comenta:

Jeans, científico de rango internacional, posee un conocimiento musical de cierto nivel, pero, al no tener una dedicación real dentro de este intrincado arte, muchos de los problemas enfocados, no satisfacen completamente el vocabulario musical o no responden exactamente a la realidad de la práctica instrumental. Esto podrá irse observando durante el desarrollo, y el lector deberá, por tanto, permanecer alerta. Por este concepto se ha derivado una gran parte de las notas editoriales aclaratorias de su ampliación. (Orozco: 12-13)

En el prólogo, Orozco brinda una serie de recursos bibliográficos, así como ideas problematizadas, que invitan a un análisis crítico de la lectura del libro, guiando este proceso. De manera que, una vez más, es una guía de cómo hacer análisis documental. Sin dejar de lado, que el autor hace evidente su amplio conocimiento a lo referente a la ciencia físico-matemática. Añado, a manera de ejemplo, este fragmento de su prólogo refiriéndose a cómo las ediciones que continúan al original no han realizado correcciones a diversas aseveraciones del libro.

(…) es muy probable que no hayan puesto atención a problemas que aunque científicos, tienen una aplicación muy reducida a lo musical, y que, por tanto, se revisan relativamente poco dentro de la Ciencia, y que además, se consideran pertenecientes a teorías ya muy clásicas y donde no es frecuente añadir aspectos esenciales, ejemplo de los cuales son: las ecuaciones y discusiones del movimiento de las cuerdas frotadas (violín, cello), de las cuerdas percutidas (piano), etc. Sea cual hubiera sido el motivo concreto y definitivo, entendemos que no podíamos pasar por alto este asunto durante  nuestro trabajo, sin una correcta aclaración (…).

Para ello:

  • Ordenó e hizo asequibles las aclaraciones.
  • Recomendó su lectura a manera de estudio con continuos análisis.
  • Adaptó las notas al nivel de los estudiantes que cursan los primeros años de armonía, formas y contrapunto.
  • Orientó la lectura en  orden riguroso de las materias tratadas en el libro, así como de las notas.
  • Y un largo etc de recomendaciones y usos que señala en su prólogo.

Por último, en cuanto al prólogo, y para hacer memoria de quien fundara la carrera de musicología, y de alguna manera, traer a colación algunos recuerdos que sitúan la idea de disputa entre Argeliers León y Danilo Orozco, es útil mencionar esta cita de los agradecimientos en su prólogo:

Concerniente al aspecto histórico de estos estudios en nuestro país, es justo que reconozcamos aquí, la infatigable y en parte desconocida labor, que desde los años 30 realizó el doctor Argeliers León en el Conservatorio Amadeo Roldán, donde completamente solo, apenas sin apoyo oficial, logró organizar un modesto pero admirable Laboratorio de Acústica, con muchos instrumentos rústicos pero útiles, y donde con el auxilio de prácticas didácticas impartió algunos conocimientos de utilidad a buena cantidad de músicos que hoy son profesores; conocimientos que estaban enmarcados dentro de una asignatura nominada Teoría superior de la música y que, dado los escasos recursos, así como a las concepciones reaccionarias de la enseñanza musical en general, no alcanzó mucha sobrevivencia, aunque el fruto quedó sembrado. (Orozco 16-17)

Me pregunto, ¿cómo podríamos entender gran parte del repertorio que tocamos, en el que nos formamos, si desconocemos “el fondo” de “este relieve que somos”? Esta ha sido solo una historia dentro de las extensas tramas que podemos desarrollar a partir de las huellas que cada día se construyen. Esta vez, una huella desde Danilo que habla de un pensamiento formativo deseoso de generar, desarrollar teoría científica musical. Una época que entronca con el desarrollo de las formas abiertas, las músicas espaciales, la vanguardia musical cubana, la experimentación.. pero no se trataba solo de organizar sonidos sino de pensar el sonido en toda la extensión de sus tramas.

Hoy he tenido la oportunidad de no dar fin a ese hermoso y amargo (por el dolor) diálogo con Danilo Orozco. En realidad, me dirigía a la audiencia del Coloquio y el Festival, pero me doy cuenta que todo el tiempo he conversado con él. No se es maestro solo en un aula.  El no fue mi maestro de aula, no soy de la generación que participó de su taller abierto y multidisciplinario, yo solo contribuí (mientras no guerreaba conmigo) a organizar espacios para él y hacer acopio de su pensamiento, a observarlo y entenderlo aún e incluso mucho más cuando su denso y acorralado conocimiento se proyectara en ocasiones como ataques hacia mí. Le dediqué mucho tiempo a la edición de un artículo que fue publicado en el Boletín Música, y de ese proceso, saqué por experiencia conocer sus fuentes, sus caos, sus límites personales. Pero eso también es parte de lo que estudiamos, son zonas de aparente silencio, que de ser problematizadas, siempre logramos documentar.

Se acabó el tiempo, me quedé con un montón de materiales, algunos de ellos que les mostraré ahora, gracias a la generosidad de Leydet y Roselsy colegas matanceras, para aportar cierta visualidad de la época en que fueron publicados sus resultados en esta línea de pensamiento. No sin antes decir que le agradezco a Danilo sus apuntes que incluí en mi libro sobre Federico Smith y que podrían redondear la idea de cómo desde la acústica generaba todo un sistema de pensamiento histórico-teórico. No fue solo él, sin dudas, es una época que podemos leer, por ejemplo, en los boletines música de Casa de las Américas de los setenta y ochenta. Pero, también, sin dudas, en él fue un modo de intelectualizar la vida.

Hoy cumplí un poco con mi promesa de aquellos días maestros… eso creo. He compartido una de sus huellas. Ojalá lo haya hecho accesible a todos, ojalá y cree puentes.

Gracias.

Nota:

Agrego la recomendación de lectura de dos escritos posteriores a su muerte. En uno de ellos, la voz narradora de uno de sus grandes amigos Agustín Ruiz Zamora, imprescindible para conocer a Danilo Orozco, esta vez en una valiosa etnografía biográfica. El segundo, la más completa referencia bibliográfica de la obra activa y pasiva de Danilo Orozco, realizada por Xonia Jiménez López (su amiga, vecina y especialista principal del archivo personal Danilo Orozco); la participación precisa de Yianela Pérez Cuza (de sus queridas alumnas y especialista del Archivo personal): y Olga Alemán (nuestra Purry) compañera de viaje personal y profesional de Danilo Orozco.

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