La décima y el punto en el folclor de Cuba*

Por María Teresa Linares Savio. Musicóloga

*Publicado en Boletín Música de Casa de las Américas, no. 31-1972.

El punto es la expresión musical más extendida actualmente en las zonas rurales de Cuba. Constituye un amplio cancionero representado con estilos característicos de las distintas regiones de las cuales toma aspectos locales.

El nombre genérico es el de punto –libre, camagüeyano, sanjuanero, espirituano, pinareño, etc.-, denominándose tonada a la melodía, la que utiliza siempre como texto una décima, aprendida o improvisada.

La improvisación de las décimas ha permitido al campesino utilizarlas como instrumento expedito de sus luchas ideológicas, como crónica, como canto de epopeya o mensaje de su lírica.

En ocasiones se ha desestimado el punto por sus cualidades de canto simple, primitivo, de elementos muy antiguos, monótonos o aburridos; pero a pesar de estos criterios y de la incorporación de otras músicas a los sectores jóvenes de la población, el punto ha sido asimilado por elementos urbanos y mantenido por campesinos venidos a las ciudades.

Si bien es cierto que los cantores poetas prestan mayor atención a la improvisación de la décima que a la música, y que, a su modo, estudian preceptiva sin interesarles el aspecto técnico musical, hay muchos campesinos que crean su propia tonada, y que es posible recoger en distintas zonas cientos de tonadas totalmente diferentes.

En otras ocasiones ya le habíamos llamado cancionero campesino a la presencia de un orden de cantos perfectamente identificados con el pueblo que las entona, y con características especiales que le dan el derecho, si no de llamarse autóctonos, de poseer la más legítima carta de cubanía. Esta presencia y vivencia de los cantos del campesino sugieren características tan definidas y diferenciadas con los demás cantos del pueblo cubano que constituyen un ente aparte. Sus numerosísimas tonadas, sus instrumentos y afinaciones, sus ritmos, sus estilos, sus textos, son patrimonio de gran núcleo de nuestro pueblo, ubicado en el campo, o en la ciudad. Sus caracteres son tan definidos que difícilmente se alteran con elementos extraños, y se manifiestan en todas las ocasiones de la vida campesina, ya en los guateques o fiestas, ya en las faenas del campo o del hogar, ya en amor o en lidia.

La décima es la forma de texto más generalmente usada en el punto guajiro y tiene un común denominador en todos los pueblos de habla hispana en la América. Su localización, en los pueblos que todavía lo usan es siempre rural. Son conocidas las payadas o trovadas de los gauchos argentinos, que también usa la décima como texto de varios géneros como cifras y medias cifras, trovadas, estilos, tonos y milongas en las formas siguientes: décima glosada, décima con estrambote o estribillo, décimas improvisadas a lo humano y a lo divino y el encadenado, que consiste en comenzar un cantor con el ultimo verso de su contrincante. Llaman contrapunto a la controversia nuestra, la usan en diversas formas, siendo notoria la de preguntas difíciles de astronomía, geografía y mitología, que la usan para los velorios de Altares de Cruz.

Tomamos este ejemplo de décimas a lo divino en una glosa que aparece en el folleto de Oreste Plath, Santuario y tradición de Andacollo, cantadas por Nicasio García a los Milagros de la Virgen de Andacollo, de las cuales tomamos la primera y última décima.

A ver la Reina del Cielo

ocurre bastante gente

llega el humilde devoto

hincado se hace presente.

De diferentes lugares

vienen a rendirle culto,

el pobre, el jurisconsulto

lloran junto a sus altares;

algunos cruzan los mares

deseosos de tal consuelo.

Andacollo, feliz suelo,

que el mes de diciembre atiende,

todo el orbe se desprende

a ver la Reina del Cielo.

Ciegos, han tenido vista,

los tullidos han andado,

el enfermo ha mejorado,

refiere una larga lista;

dicha princesa conquista

que ocurra inmediatamente

todo estado de viviente

si quiere ser perdonado,

confesado y comulgado,

hincado se hace presente.

Folcloristas eminentes de América como Carlos Vega, Isabel Aretz, Ángela de Cufré, argentinos; Luis Felipe Ramón y Rivera, Juan Liscano, de Venezuela; Oneida Alvarenga, de Brasil; Lauro Ayestarán, de Uruguay; Oreste Plath, de Chile; Vicente T. Mendoza, de México, etc. Concuerdan en reconocer el uso de la décima en estas formas mencionadas en sus respectivos países, además de señalar que existen géneros cantados que admiten la improvisación de la misma, pero otros no, en los cuales esta tendría que ser aprendida y sabida por los dos cantores, como son los cantos llamados “apareados” o “cruzados” en que un cantor comienza y canta dos o tres versos, el otro canta otros tantos y terminan la décima a dúo. Dice Isabel Aretz:

en el canto cruzado alternaban entonando un número determinado de versos de una composición poética conocida por los dos, o bien cada cual elegía una, cuyos versos se iban entrelazando por el canto alternado de ambos. Estas poesías eran también conocidas o improvisadas sobre tema común o diferente. Las estrofas podían ser alargadas por la repetición de algunos versos, por la intercalación de estribillos, o por el agregado de nuevos versos que completaban el sentido de la composición.

Este canto cruzado se observa entre nosotros a veces, cuando hay una controversia “candente, en que un cantor “arrebata” el canto al otro sin que haya terminado de improvisar su décima, sucediéndose entre ambos estos “robos”, improvisando cada cual de dos en dos, o verso a verso, réplicas, insultos, etc. hasta terminar con guitarras y cabezas rotas.

El uso y adopción de la décima en las poblaciones de América se puede situar entre los siglos XVII y XVIII, de los cuales tenemos ejemplos de décimas glosadas citados por Lauro Ayestarán, en su trabajo “Un antecedente colonial de la poesía tradicional uruguaya” aparecido en la Revista Histórica, año XLII (2a ep), tomo XVII (donde cita un trovo escrito en Montevideo en el año 1798).

Es innegable su ascendencia hispana –ya lo cita Cervantes en su Don Quijote, donde nos da buen ejemplo de décimas glosadas- y muy bien pudiera haber aparecido junto con los primeros colonizadores españoles, pero, basándonos en datos ciertos a nuestro alcance, Antonio Iraizoz en su trabajo “La décima cubana en la poesía popular” publicado en la revista Archivos del Folclore Cubano Vol. IV, No. II, sitúa su aparición en la manifestación literaria cubana entre los siglos XVII y XVIII y menciona las décimas del Padre Capacho.

En otro número de la misma revista Archivos del Folclore aparece un trabajo de Joaquín Llaverías titulado “Unas décimas políticas”, donde recoge unas décimas que aparecen en el Archivo Nacional, remitidas por el Marqués de Someruelos al Gobernador de la Isla en 1808, y que circularon en hojas sueltas por La Habana, a manera de proclamas. En el mismo trabajo menciona otras de igual intención política que aparecieron en 1838.

De los poetas populares de América que más usaron la décima, aparte de los miles de ignorados cantores que han hecho obra tan buena, sin alcanzar ulterior divulgación, mencionaremos a Hilario Ascasubi (1807-1875), conocido por su poema Aniceto el Gallo; José Hernández (1834-1886), autor de Martin Fierro; Estanislao del Campo (1834-1880), autor del Fausto, poetas gauchescos (aunque no usaron la décima en estos poemas mencionados) y nuestro Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, nacido en 1829 y desaparecido en 1862. El Cucalambé que vivió menos años pero en la misma época que los anteriores, no construyó poemas épicos como el Martin Fierro, ni obras completas como el Fausto, pero cantó maravillosamente al amor puro en los cantos a Rufina, al amor patrio en los cantos a Hatuey y Guarina, a la naturaleza cubana, en sus cantos a la primavera, a las costumbres cubanas en las décimas “La lidia de Gallos”, al amor fementido en sus décimas “El amante despreciado”, utilizando en cada una de estas décimas los nombres más autóctonos, al extremo que a veces hay que consultar la Lexicografía antillana de Zayas para entender lo que quiso decir. Según el biógrafo que hizo la última edición de Rumores del Hórmigo, Cucalambé adoptó el metro popular en Cuba, la décima de octosílabos rehusando endecasílabos y heptasílabos en silvas, liras y cuartetas, lo cual quiere decir que antes que se popularizaran sus décimas ya era el metro preferido por los poetas populares cubanos.

El uso de la décima no sólo el ambiente bucólico lo asimila. Esa maravillosa cualidad del cubano de “tirarlo todo a choteo” ha permitido una gran colección de décimas políticas que recoge la Revista Archivos del Folclore Cubano antes mencionada. Además, en cancioneros antiguos aparecen romances e historias de sucesos famosos, asesinatos, amores desgraciados, etc., que se publicaban y vendían en hojas sueltas. La décima comercial, que cantaba las bondades del producto en un pregón callejero era usada también por los magnates de la novel ciencia publicitaria, científicamente elaborada, para anunciar productos en programas de radio y televisión.

Musicalmente no hay gran semejanza entre los géneros que usan la décima como texto en Argentina, Brasil, Colombia, México y Chile con nuestro punto guajiro, sin embargo, un folclorista venezolano que estuvo en La Habana y escucho puntos camagüeyanos grabados por nosotros nos expresó que eran casi exactos al galerón venezolano. También, Luis Felipe Ramón y Rivera, cita esta semejanza agregando que en la isla de Margarita todavía le llaman punto, al igual que en Cuba, al canto decimado para Altares de Cruz, y plantea la tesis de que estos cantos fueron traídos por los marineros que viajaban en galeones visitando distintos puertos del Caribe.

El siguiente ejemplo de trova margariteña con décimas a lo humano la tomamos de una colección llamada Poesía popular venezolana y es para cantar con música de galerón.

El ave busca la cima

Busca la abeja la miel

Busca el hombre a la mujer

Busca el poeta la rima.

Busca el prado el colibrí

la niña busca el jazmín,

el edén el serafín

busca el alma el frenesí

busca el color carmesí

el pintor y lo sublima

busca el escultor la lima

busca la pupila el llanto

y para arrullar su canto

busca el ave la cima.

Busca el cantor la velada,

busca el celo la malicia,

busca el amante caricia

con que halagar a su amada,

busca el adalid la espada

busca la mirla el vergel

busca el insecto el clavel

busca vuelo el pensamiento

y para su más sustento

busca la abeja su miel.

Busca el imán al acero,    

busca el tigre la llanura,

el salvaje la espesura,

busca el viento el marinero,

busca el avaro el dinero,

busca el malo el padecer,

busca el alegre el placer,

el corazón la ambrosía

y para su compañía

busca el hombre a la mujer.

Busca la ola la playa,

las nereidas a la mar

y busca el cielo el palmar,

busca el cura el atalaya,

el ariete la muralla,

el espadachín la esgrima,

busca todo el que se estima

la paz en el universo

y para escribir un verso

busca el poeta la rima.

Nuestro punto tiene cercano parentesco con géneros andaluces como peteneras, bulerías y seguidillas. Pero no podemos olvidar que esos galeones españoles, que cita Ramón y Rivera partían de los puertos de Cádiz o Sanlúcar haciendo escala en Islas Canarias; además la inmigración de agricultores canarios a las tierras que colonizaba España. De aquí que también tengan características notables de cantos isleños, como es el tono agudo y nasal, adornos e inflexiones vocales difíciles de transcribir a la notación actual por desviarse de nuestra afinación temperada, lo cual establece cierta elasticidad en la producción del sonido. La característica principal del punto vueltabajero, llamado también punto libre, punto pinareño o punto a gusto, que consiste en un tempo dócil que les da mayor libertad de expresión, siguiendo las inflexiones prosódicas del texto desviándose de los valores métricos regulares, pudiera también derivarse de los cantos isleños o tener una influencia muy cercana a ellos, pues las zonas de Pinar del Río, Habana y Matanzas donde más se usa este estilo han sido pobladas por grandes contingentes de familias isleñas o sus descendientes. Hemos encontrado guajiros cantadores que usan el estilo pinareño en el Valle de San Luis, provincia de Oriente, donde a principios de este siglo se establecieron más de cincuenta familias isleñas.

De la forma de cantar los isleños venidos a Cuba –que muchos llaman desentonada- se popularizaron, a fines del siglo pasado, las seguidillas que se “choteaban” cantándolas, desentonando y con voz agudísima:

-Seguidillas me pides,

¿De cuáles quieres?

-De las amarillitas

 Que son alegres.

Hemos recogido en grabaciones tonadas llamadas seguidillas en el estilo pinareño y en el camagüeyano.

Es notable la presencia de dos tendencias dentro de las tonadas campesinas, la occidental o vueltabajera del punto libre, que acabamos de mencionar y la del punto en clave o cruzado, también llamado punto camagüeyano o punto fijo, que comienza a usarse en las tonadas espirituanas, donde según algunos el punto va “entrando en metro”. Aquí es donde aparecen las tonadas con estrambote que cita Isabel Aretz, son nuestros puntos coreados con estribillos. El punto en clave toma el nombre de cruzado cuando el canto va midiendo síncopas cruzadas con un acompañamiento de ritmo rígido, rápido y rico en figuraciones, marcado casi siempre por la clave y el güiro. Estas síncopas provocan cortes o cisuras que dividen las frases del texto y cambian su acentuación prosódica, produciendo una línea melódica estructurada en frases y miembros de frases de extensiones relativamente cortas, diferente a la línea melódica del punto pinareño que se hace más continuada y a veces casi melismática.

Otra característica notable del punto guajiro que hace contacto con el galerón venezolano es su sonoridad modal. En todos los puntos recogidos y analizados por nosotros, tanto en el estilo pinareño como en el camagüeyano hemos encontrado una modalidad mayor sin sensible correspondiente al modo medieval mixolidio o una sonoridad menor (tonadas españolas) correspondiente al modo medieval frigio.

Sobre el galerón anota L. F. Ramón y Rivera:

Al principio fue un canto largo, recitado y dulce (expuesto también sobre la escala hipofrigia: ámbito descendente sol a sol), que se acompañaba con la guitarra y el laúd (posteriormente la bandurria). Pero es muy probable que en algún momento de entusiasmo, y a falta de otra música, gentes que deseaban bailar bailaran con ese canto, y de ello se derivó la costumbre de bailar el galerón en Venezuela, mientras que en otros países como Cuba (allí se llama punto guajiro) sigue siendo hasta el presente sólo un canto.

Esta escala hipofrigia que cita Ramón y Rivera debe ser la clasificación griega que corresponde a la clasificación medieval mixolidia anotada por nosotros.

La forma bailable de las tonadas guajiras era el zapateo, “tonada de punto” tocada a tempo giusto por los instrumentos de cuerdas y percusión (guitarra, laúd, güiro o machete y mocha y clave); ya casi ha desaparecido, recordándola sólo algunos instrumentistas viejos.

La estructura rítmica del punto es sumamente sencilla, regular y constante. Corresponde al compás de 3/4 con valores poco fragmentados. Ha sido usual entre los músicos folcloristas que han recogido puntos guajiros, transcribir la melodía en 6/8 y el acompañamiento en 3/4. Observando gran cantidad de tonadas hemos llegado a la conclusión de que todas marcan un 3/4 preciso e invariable, no sólo las tonadas cantadas sino también las de zapateo.

Las tonadas sin estribillo son más frecuentes en el estilo pinareño, siendo las preferidas por los cantores improvisadores porque su tempo libre les da tiempo de pensar en la improvisación sin tener que ocuparse de la música. En el estilo camagüeyano se utiliza frecuentemente la tonada con estribillo, de los cuales unos son versos fuera del texto de la décima, los llamados coros de las tonadas espirituanas, y otros son frases onomatopéyicas, que imitan el acompañamiento instrumental.

Estos coros en algunas ocasiones dividen la décima en dos partes, una de cuatro versos y otra de seis, en otros están al comienzo y al final.

Ave María, Ave María

¡Que muchacho!    (Bis)   

Le encargue una chiva hembra   

Y me trajo un chivo macho!  (Bis)

Fue muy famosa tonada la que inventó un viejo y no menos famoso poeta y cantador de principios de siglo, Juan Pagés, “El Cojo”, que según la tradición la cantó en la toma de posesión del primer presidente de la República D. Tomás Estrada Palma. Imita el rasgueo de la guitarra, y fue dictada a nosotros con una décima que estuvo de moda a mediados del siglo pasado:

Apreciable señorita guambán

desde que te conocí guambán

siento una rebambaramba guambán

de amor que no se me quita guambán.

Y al mirarte tan bonita guambán

yo quisiera ser tu novio guambán

y aunque parezca un oprobio guambán

hermosísimo alelí

guambán y guambán y guambán y guambán

desde que te conocí guambán

brinco, relincho y “corcobio” guambán.

Otro estribillo onomatopéyico los recogimos de una señora de avanzada edad, nacida en la zona de Cienfuegos, Las Villas, imita los giros del laúd en los pasajes, usuales entre frase y frase de la tonada:

Con el dinero que junto

de mis pollos y gallinas

compro buena muselina

y un pañuelito de punto

gua tiqui miniqui

y quiti jay

etc.

Otras tonadas contienen estribillos de carcajadas, “tonada de la risa”, que la oímos magistralmente interpretada al “Jilguero de Cienfuegos”; la tonada del burro, con un estribillo a base de rebuznos, la del gato, la del nervioso, la de las dos voces, que consiste en cantar una parte con la voz natural y otra con un falsete agudísimo.

En cuanto a la forma de usar la décima, además de los estilos mencionados de glosa, improvisación con pie forzado, controversia, etc., usados en toda la América improvisando a lo humano y a lo divino se usa mucho la de fábulas disparatadas, como las que siguen:

Ayer pasé por tu casa

yo para adentro miré

en la sala había una rana

abrochándose el corsé

mas palante había un ciempiés

abrochándose zapatos

echábase polvo un gato

una pulga vaselina

y una vaca en la cocina

salcochaba unos boniatos.

Estaba un cangrejo pando

un zorro tocando un pito

muerto de risa un mosquito

al ver un burro estudiando

un buey viejo regañando,

muy sentado en su butaca,

a una ternerita flaca

que de risa estaba muerta

al ver una chiva tuerta

remedándose una hamaca.

Las décimas han recogido en cada momento histórico el sentir del pueblo. Los siguientes ejemplos aparecieron en distintos trabajos publicados en la revista Archivo del Folclore Cubano.

Entre los sesenta modos

que se han hallado de hurtar

uno es decir que Alvemar

pide donativo a todos.

Peñalver hasta los codos

a sacarlo se ha empeñado

y yo tengo averiguado

que no hace por el Conde

sino ver lo que es-conde

y quedar aprovechado.

Arrójese al fementido,

mas protéxase al honrado,

extermínese al malvado,

y sea el bueno querido:

El laborioso cumplido,

merezca la estimación,

mírese con atención,

aquel que adicto a Fernando

no se matricule al bando

perverso de Napoleón.

En la tienda del Vaivén

vi llegar a yo no sé

vi comprar yo no sé qué

para darle a no sé quién.

Amo de tal almacén,

puritos los dos hermanos,

a donde existe fulano,

preguntó por yo lo vi

y entonces le respondí:

ayer he visto a ciclano.

Muy popular entre los cantores campesinos es esta antigua décima que se sitúa en los momentos de la Guerra de Independencia:

Maceo llego a un potrero

de una viuda con amor

pidiéndole de favor

unos caballos ligeros

ella dijo: ”Caballero

ese objeto nada mas?

Tengo un potrero que está

lleno de ganado en brete

y además tengo un machete

que pide la libertad.”

De José Marichal, llamado La Estrella de Govea, poeta campesino de muy reconocidos méritos, son las siguientes décimas que improvisara, en 1950, en una presentación en la Universidad de La Habana, glosando la cuarteta que aparece a continuación:

La familia campesina

base de nuestra riqueza

vive en la mayor pobreza

en un estado de ruina.

Cuba, tu dicha soñada,

tu sueño de amor y paz

está en tu tierra feraz

tan rica como olvidada.

En el llano y la cascada

que agua pura y cristalina

la abundancia se adivina

por lo que no se concibe

la miseria conque vive

la familia campesina.

Allí bien cerca del monte

se alza un gracioso bohío

que tiene rumor de río

y gorjeo de sinsonte

soñando un bello horizonte

toda una familia reza

con la infinita tristeza

de saberse abandonada

aunque es su labor honrada

base de nuestra riqueza.

Y así el pobre campesino

cultiva su rico suelo

siempre esperando del cielo

lo que pocas veces vino.

En lucha con el destino

pide a la naturaleza

que le ayude en la pobreza

de darle a su prole el pan

la que a pesar de su afán

vive en la mayor pobreza.

Pues no teniendo manera

de canalizar el río

muere de sed su plantío

casi en la misma ribera.

La sequía horrible y fiera

que su colonia calcina

duro golpe le propina

a su hermoso porvenir

y tiene que proseguir

en un estado de ruina.

Las tonadas tienen siempre un acompañamiento instrumental que inicia una breve introducción a base de floreos y adornos por el laúd, dando tiempo al cantor a improvisar la primera parte de la décima, siguiendo a ésta un breve interludio antes de los seis versos siguientes. Además del laúd, suele usarse una guitarra o un tres que llevan el bajo de ese acompañamiento, y en los puntos fijos se utiliza un güiro o guayo, o en su falta una mocha y un cuchillo que al frotarse producen un sonido semejante al guayo, además de las obligadas claves.

Estos conjuntos en algunos lugares de las provincias de Las Villas y Camagüey se han hecho más complejos, agregándoles quijada de burro, botija y acordeón de doce costillas. En ocasiones se ha visto usar u  pequeño bongó, como influencia del contacto con el son. Los conjuntos más antiguos de que tenemos noticias usaban acordeón, guitarra, bandurria (la que hoy llaman laúd), botija de barro (la cual presentaba un hueco en la barriga por donde soplaban y con los dedos dentro de la boca hacían movimientos que ocasionaban las diversas modulaciones de los sonidos). Algunas veces utilizaban también el tiple y la filarmónica de boca; están en desuso igual que la botija y el acordeón.

El cantor guajiro no cuida la emisión correcta de la voz. Su impostación es nasal y su tono agudo; su entonación correcta; a veces la calidad de la voz no es buena; otros naturalmente están bien dotados, pero ocurre casi siempre que los buenos poetas no tienen muy buena voz, pero expresan su canto y su poesía tan bien que llegan a obviar completamente ese defecto.

Es este papel de poeta el que prestigia aún en nuestros campos al cantor, prestigio que se cifra en su arte de improvisar. En él se conserva esta tradición folclórica del punto, inseparable de la cuerda pulsada de guitarras y laúdes, cantando en todas las ocasiones de su vida diaria, reuniéndose para cantar, cantando en sus reuniones, compitiendo en festivales y certámenes, interviniendo en programas radiales y televisados. Con el cantor poeta el punto se hace historia de una rica tradición cubana.

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