El centenario de María Teresa Linares

Por Lalau Yllarramendiz Alfonso. Musicóloga

Cuando una persona se ha dedicado con pasión, entrega y amor a su trabajo, es lógico que a su alrededor muchos le admiren y quieran. Es por eso que voces de distintas áreas de la cultura cubana se suman para agasajar y celebrar el centenario de María Teresa Linares (Teté).

Este 14 de agosto será una jornada especial pues arribar a los 100 años es de esos sucesos fabulosos de la vida; y más si se tiene como referente la frase en que nuestro Apóstol José Martí expresa: “El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras”.

La inmensa obra de Teté son sus libros, su familia, sus trabajos de campo, conferencias, los eventos, los discos y enseñanzas, y por su puesto sus discípulos: un árbol genealógico inmenso de profesionales herederos de esa savia.

Muchas son sus acciones que muestran a una intelectual en todos los sentidos de la palabra; en un constante proceso de enseñanza y aprendizaje.

Son todos esos fonogramas y textos en los que plasmó su firma, los que constituyen un legado valiosísimo para el gremio musicológico cubano y latinoamericano; además de un material de consulta para aquellos que se suman al maravilloso camino de la investigación y gestión de la música cubana.

Sus criterios, la actualidad y vigencia de su pensamiento, su defensa de las tradiciones musicales cubanas; muestran a un ser humano íntegro en su decir y actuar como profesional.

Quiero resaltar su manera mágica de poner la musicología al alcance de todos. Es incomparable la experiencia de encontrar un CD o vinilo con notas discográficas de Teté: una lectura totalmente recomendable para todos los melómanos, en un lenguaje comprensible sin tecnicismos pero con un basamento teórico excepcional.

Entre tantas áreas de la creación y la investigación entre las que transitó, quiero realizar especial mención a su gestión como productora musical; como área del trabajo musicológico donde María Teresa se desarrolló de manera muy particular.

En diferentes momentos de su vida, el disco ha sido símbolo imprescindible en su quehacer; por ejemplo cuando en 1938 se desempeñó como vendedora de discos en Radio Phono Club, o su vínculo con la EGREM desde 1974.

Aunque se le atribuye a Teté una estrecha y exclusiva relación con la música campesina como su campo investigativo por excelencia, más específicamente con el punto cubano; una muestra clara de la diversidad de su trabajo son sus producciones discográficas que abarcan gran variedad de géneros musicales; desde la música con procedencia española, africana, hasta géneros musicales netamente cubanos y la música popular.

Para avivar la curiosidad del lector mencionaré un fonograma que le permitirá descubrir y aprender del quehacer musical de María Teresa Linares, a la vez que escuchará excelente música. Tal es el caso de “La música del pueblo de Cuba”, una compilación de 10 LD con grabaciones realizadas in situ entre los años 1950 a 1972, producido por la EGREM.

En el primero de los volúmenes se pueden encontrar cantos abakuá, oddudua, solo de tambores batá, cantos de yuka, cantos de la comparsa carabalí Izuama, Nicanor cansado y la Tumba Francesa de Guantánamo: todas estas curiosidades etnográficas que siempre han sido y serán fuente inagotable para el estudio y análisis de las tradiciones musicales de la cultura cubana.

Celebramos entonces la vida de nuestra Teté, una persona llena de amor; con una genialidad increíble, años de entrega a su profesión y grandiosas enseñanzas. Esas y otros millones de razones nos permiten celebrar hoy su centenario.

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