Cancionero Hispanocubano, una joya de la cultura cubana.

Por Amaya Carricaburu Collantes. Musicóloga

La rica obra discográfica de María Teresa Linares tiene en el Cancionero Hispanocubano, uno de los más valiosos aportes a nuestra cultura, por cuanto representa como testimonio y tradición, hoy en gran parte desaparecida.

Fue editado en 1970 por la EGREM, pero su grabación –in situ– tuvo lugar entre los años 1949 y 1967, como resultado de los numerosos trabajos de campo realizados por María Teresa y Argeliers León, en todas las regiones del país, en un intento por estudiar la diversidad de expresiones musicales presentes en la cultura cubana que, en algunos casos, iban desapareciendo rápidamente. Ese fue el propósito fundamental de este disco: dejar testimonio de ello para que perdurara dicho por sus propios actores.

En 2005 el álbum es reeditado por Producciones Abdala como multimedia, enriquecido con imágenes, textos y videos de la propia Dra. Linares ahondando en determinadas cuestiones de cada género presentado. Este producto se realizó bajo el guión y dirección de Rodrigo Ronda León, nieto de María Teresa y Argeliers.

En el Cancionero están presentes tres elementos que a consideración de la investigadora son los que han definido la impronta musical de la península ibérica en nuestro país: la sonoridad de la cuerda pulsada, la décima y los modos antiguos en el caso del punto cubano. En este material se aúnan puntos, sones, zapateo, polka y sucu-sucu con romances, nanas, cantos de trabajo y pregones.

Este es un disco que ofrece una pormenorizada explicación de cada ejemplo musical que se escucha -como es habitual en la obra discográfica de María Teresa- así como la fecha, el lugar y el intérprete. Por ello, entre otras razones, lo recomiendo como material didáctico en la enseñanza musical y de arte en general.

Llama la atención el trabajo de selección (curaduría musical podríamos decir), de cada intérprete, cuyo criterio más importante parece haber sido la reproducción fiel de la expresión musical en cuestión, por ello aunque en el género campesino tiene a los estelares Chanito Isidrón y Alejandro Aguilar, aparecen otros tantos cantores desconocidos hoy, de tal suerte, que es posible escuchar una nana en la voz de la madre de la propia María Teresa.

Ese es quizás uno de los mayores valores del disco, estamos escuchando algo auténtico, cantado mil veces en distintas ocasiones, y vuelto a cantar una vez más para esta pareja de notables investigadores. Por ello, se nos vuelve tan cercano, tan familiar, tan nuestro, porque estamos escuchando la voz de nuestras abuelas meciéndonos en el sillón, de nuestras amigas de infancia jugando en las tardes, de los vendedores ambulantes, que ya casi no pasan, del punto y el son cantados en el guatequito del domingo por la tarde en el campo, de los monteros llevando las reces…

Ese es el valor entrañable del Cancionero Hispanocubano, reencontrarnos con nosotros mismos mediante la preservación de las expresiones musicales de nuestro pueblo. Este disco es uno de los indispensables para entendernos a nosotros mismo como pueblo, por ello creo que es una verdadera joya del patrimonio musical cubano.

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