La música cubana en 1898*

Por María Teresa Linares Savio. Musicóloga

*Publicado en la revista Debates Americanos, No. 4, julio-diciembre, 1997, pps. 118-120.

Al finalizar la Guerra de Independencia en 1898 no se produjo una ruptura con la tradición cultural hispánica que nos había nutrido, pues había ocurrido un amplio proceso de transculturación por el cual ya tenía nuestra nación una música identificada como de nuestro pueblo.

Este proceso iniciado posiblemente en el siglo XVII –oscuro para nosotros por la falta de fuentes históricas- cristalizo a mediados del XVIII con la música guajira, como primer elemento musical que denotara identidad nacional.

Desde el siglo XVII se había conocido el uso de la décima como estrofa –motete del Espejo de paciencia-, pero ya en el XVIII se conocieron décimas populares y cultas que demostraron el arraigo de esta estrofa entre nuestra población rural y urbana. Las décimas populares que se recuerdan de la toma de La Habana por los ingleses, en las cuales se criticaba a las mujeres

que se iban con los ingleses

en los bocoyes de arroz…

y las cultas que inspiraron la Dolorosa métrica expresión, de la marquesa Jústiz de Santa Ana, así lo confirman.

A fines del siglo XVIII se introdujo la contradanza francesa por la vía de la revolución de Haití y se arraigó aún más a principios del XIX con la entrada de franceses de la Louisiana y a través de las propias cortes españolas.

Esta danza cortesana se criollizó de inmediato, aportando los primeros rasgos de nuestra nacionalidad a la música, primero bailable y luego de concierto.

En la última mitad del XVIII se había conocido en Santiago de Cuba la música religiosa de Esteban Salas, maestro de capilla de la Catedral. Era música de evidente influencia del clasicismo europeo, que aún no acusaba identidad cubana, aunque hoy la consideramos una gema de la música clásica nacional.

De los cientos de contradanzas que se crearon en el siglo XIX por diversos autores, las de Manuel Saumell (1817-1879) son las más conocidas. De Saumell dice Carpentier: Con la labor de deslinde realizada por Saumell lo popular comenzó a alimentar una especulación musical, consciente. Se pasaba del mero instinto rítmico a la conciencia de un estilo. Había nacido la idea del nacionalismo.

No es hasta Ignacio Cervantes (1847-1905) que se confirma esta idea del nacionalismo, el pianista, abandona la patria en dos ocasiones para seguir colaborando con su libertad, al ofrecer conciertos ante los tabaqueros de Cayo Hueso y México.

Ciertamente, ya a fines de siglo había una música nacional de distintos caracteres: danza, danzón, valses criollos, habaneras –bailables y cantables-, canciones a dos voces populares, canciones de concierto, zarzuelas, uso de la guitarra con rasgueos que identifican los géneros cubanos de canción, como el cinquillo cubano. Ya se conocían estilos de rumbas y zapateos, y otras dancitas como la caringa y el cariaco. En la campiña, durante la Guerra del 95 se conoció que una orquesta típica de danzones acompañaba al general José Maceo. Otro músico, Dositeo Aguilera, acompañó con su banda al general Antonio.

Con la intervención americana se introdujo el one step, el cake-walk y otras danzas populares, y también el pueblo volvió a chotear a los invasores:

Mayeya

¿y el bombín americano

Que tu traía´en la maleta?

Así rezaba el estribillo de una vieja rumba.

Sin embargo, las familias de oriundez española conservaban sus costumbres de asistir a fiestar y tocar “piezas para piano” de autores españoles.

Las sociedades regionales mantenían sus rondallas, sus coros –que dejaron honda huella en nuestra tradición-. En las fiestas patronales se cantaban y bailaban Isas y Folías canarias, sardanas catalanas, jotas aragonesas y muñeiras gallegas o danzas asturianas. La gaita, la bandurria, tenoras, timplillos, eran instrumentos de uso cotidiano.

Si por el Tratado de Paris muchos españoles se acogieron a la ciudadanía cubana, cantaron puntos guajiros y bailaron el danzón, otros permanecieron fieles a sus tradiciones culturales y a su ciudadanía nativa y mantuvieron una música regional del mosaico español vigente hasta el primer cuarto del presente siglo. El incesante proceso de transculturación integró estas músicas a formas nacionales.

En otro sentido, en 1898, se evidenciaba que música de carácter nacional, ya reconocida como tal, había regresado a España en lo que musicólogos españoles han llamado cantes de ida y vuelta. Muy tempranamente se habían conocido los puntos guajiros como puntos de La Habana, y más tarde se les llamó guajiras cubanas. La vuelta de los elementos de la habanera, o tango americano, o canción americana, impulso en España la más vigorosa respuesta al aparecer en casi todas las zarzuelas una habanera incluida y conocerse la habanera La paloma, de Iradier, que dio la vuelta al mundo. Desde España, la habanera influyó en músicos europeos como Bizet.

En Cuba se habían integrado a nuestra música los elementos de nuestros antecedentes fundamentales, del mosaico español y de las diferentes etnias africanas que se integraron a nuestro pueblo. Pero además había influencia europea –sobre todo, francesa-, aun en los músicos que estudiaron, tanto en París como en Alemania. Había también una importante presencia italiana a través de la ópera. Se conocía mucha música norteamericana, y del resto de América, canciones fundamentalmente, traídas por las familias emigradas a México, Dominicana, Venezuela y Colombia.

Con la instauración de la nación intervenida, teníamos ya definida una identidad nacional en la música, que no fue posible influenciar ni adulterar por la fuerza raigal que le había dado origen: las raíces nutricias española y africana durante largo tiempo constreñidas a la base más popular del pueblo que alcanzo, al final del XIX, en Ignacio Cervantes su mayor exponente: Cervantes se planteaba la cuestión del acento nacional como problema que sólo podía resolver la sensibilidad del músico. Su cubanidad era interior. De ahí que Ignacio Cervantes pueda ser considerado un extraordinario precursor (Carpentier).

Cervantes fue el músico más representativo del 98. En él se consolidaban la nación y la nacionalidad de nuestra música.

                                                                                                    Septiembre de 1997.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s