María Teresa Linares: su pedagogía musical*

Por Gelsy Quinzán Pérez. Licenciada en Educación

*Publicado en la revista Educación, No. 134, septiembre-diciembre 2011, segunda época, pp. 50-54.

[…] la música lo más fino y misterioso del alma. [1]

José Martí

María Teresa Linares es ejemplo del talento y dedicación de una mujer que desde sus primeros años sintió la música como inspiración; dedico su vida a ella, a su enseñanza y defensa como parte fundamental de nuestra identidad nacional. Su constante labor de recopilación, acopio y selección de cantos, tanto hispánicos como africanos, han demostrado el origen, antecedentes y evolución de la música cubana. Su labor como asesora y productora discográfica enriquece los archivos y la historia musical del país. Es una magnifica comunicadora y excepcional pedagoga –formadora de varias generaciones de músicos cubanos-, cuyas clases y conferencias, que resultan magistrales, contribuyen a elevar la cultura del pueblo. Por su trayectoria, talento y labor incansable, es respetada y considerada una personalidad imprescindible en los círculos académicos e intelectuales dentro y fuera del país.

María Teresa Linares Savio nace en La Habana el 14 de agosto de 1920. Sus padres fueron Santiago Linares Outón, nacido en La Coruña, España, y María Teresa Savio Martínez, de Puerto La Güira, Artemisa. De esta unión nacieron ocho hijos: dos varones y seis hembras. Ella, la quinta, fue bautizada con el nombre de su mamá.

En el barrio donde vivió hasta los cinco años predominaban las personas pobres, humildes y muchos emigrantes peninsulares –catalanes, gallegos, asturianos-, además de negros y chinos. Eso resultaba muy animado, pues se hacían fiestas en las que se tocaban rumbas y bembés. Había hasta una comparsa llamada “Los peludos”, que salía en tiempos de carnavales, también se celebraban fiestas entre los españoles, específicamente los catalanes, quienes el día de San Juan, quemaban un muñeco para festejar el santo.

Estos primeros años de su infancia se desarrollaron en un ambiente muy popular y musical. Un vecino tenía un fonógrafo y en él escuchaban la música de moda: tangos, danzones, guarachas; estaban en su apogeo cantantes como Carusso, María Barrientos (cantante catalana), el sexteto de son de Ignacio Piñeiro, y temas como Rocina y Virginia y Ella y Yo, de Rafael Hernández. Un tiempo después sus padres compraron una vitrola y pudieron tener discos de todos estos géneros. Además, su papá fue pastor de la Iglesia Presbiteriana y les enseñaba a cantar los himnos religiosos a tres y cuatro voces.

Al terminar la primaria en la escuela pública No. 31, matriculó, luego de un examen de ingreso, en el Instituto de La Habana. Era una etapa difícil y de muchas limitaciones para las familias cubanas. Por eso no pudo terminar los dos primeros años del bachillerato y tuvo que trabajar para cooperar con la economía de la casa.

Con dieciocho años trabajó como vendedora de la tienda Radio Phono Club. De ese modo inicia su relación con el mundo del disco: tuvo la oportunidad de oír todo lo que se grababa de música clásica y popular, especialmente de la RCA-Víctor; al vender, hacía la propaganda y conocía cada vez más acerca de los intérpretes, compositores, estilos, géneros. Todo ello le sirvió de instrucción y entrenamiento.

Sus hermanas mayores (Sara y Rosa) estudiaban en el Conservatorio Municipal, y cantaban con sus dos hermanos varones en la Coral de La Habana (que pertenecía a la Sociedad Pro-Arte Musical). Mientras los escuchaba, se iba aprendiendo el repertorio del coro, que era música polifónica, también llamada profesional de concierto, y que incluía villancicos, temas españoles y canciones populares nacionales e internacionales. Tanto Pro-Arte Musical como la propia Coral influyeron en su formación musical y pedagógica.

En esa época recibió las primeras clases de piano con la profesora Buenaventura Yánez, e ingresó en la Escuela Municipal de Música (hoy conservatorio Amadeo Roldán), donde fungía como director Diego Bonilla y como secretario, Antonio Rodríguez O´Hallorans. Entre los profesores del claustro se encontraban Aida Teseiro, Clarita Romero de Incola y César Pérez Sentenat.

 En 1938 ingresa en la Coral de La Habana. Allí tiene la oportunidad de interpretar música variada de autores como Orlando di Lazo, Tomás Luis de Victoria, Monteverdi, quienes influyeron mucho en su desarrollo musical.

La eminente profesora española, María Muñoz de Quevedo, directora de la Coral, tenía la costumbre de poner distintas voces como instructores de las cantorías infantiles. Así, María Teresa Linares trabajó con la cantoría de las Dominicas y con la del Instituto de Ceiba del Agua, donde impartió Apreciación y Práctica Coral. Ésta es su primera labor como docente, y la simultaneó con sus estudios en el Conservatorio Municipal, donde cursaba primero, segundo y tercer año de Teoría y Solfeo, y con los de bachillerato, en el Instituto del Vedado. No obstante, cuando terminó Teoría y Solfeo matriculó Armonía e Historia de la Música.  

La profesora María Muñoz organiza un festival donde participan varias corales. Para ello seleccionó a cuatro estudiantes del coro de la Universidad, entre los que se encontraba Argeliers León, quien estudiaba el tercer año de Pedagogía: así se conocieron él y María Teresa, y se relacionaron profesional y sentimentalmente.

 Juntos matricularon en los cursos de verano de la Universidad, donde también estaban María Muñoz de Quevedo y don Fernando Ortiz, quien dictaba conferencias sobre cultura negra. Al enfermarse María Muñoz, designó a Argeliers como su sustituto en el curso de Música Folclórica Cubana, y a María Teresa como su auxiliar. Como tal, tuvo que realizar fichaje de materiales, transcripción de partituras y búsqueda de discos. Esta labor la fue vinculando a los estudios etnológicos, etnográficos y antropológicos iniciados por don Fernando Ortiz y por Argeliers. Estos cursos se impartieron durante diez años, y fueron tan exitosos, que contaron con la matrícula de extranjeros (colombianos, mexicanos y norteamericanos).

En 1942 el profesor español José Ardévol fundó el grupo de Renovación Musical con alumnos destacados del Conservatorio Municipal. Entre ellos podemos mencionar a Gisela Hernández, Harold Gramatges, Hilario González, Edgardo Martin y Argeliers León. María Teresa participó activamente en los conciertos y actividades organizados, donde se interpretaban las creaciones de los miembros del grupo, que constituyeron la vanguardia musical de época.

En 1947 se casaban María y Argeliers. De ese matrimonio nacieron tres hijos, un varón y dos hembras, de los cuales tuvieron cuatro nietos, un varón y tres hembras.

            Etapa profesional

En 1948 María Teresa dictó su primera conferencia sobre música campesina, lo cual fue de gran trascendencia para su futuro profesional.

En viajes realizados junto a Argeliers mientras estudiaba en los cursos de verano, hizo trabajo de campo para el rescate y recopilación de la música hispánica y de origen africano. Estuvo en localidades lejanas y alrededor de pueblos como Placetas, Remedios, Cienfuegos, en el interior de La Habana (Güines, Bejucal, San Antonio, Madruga), Matanzas, Pinar del Rio, etc. Todo esto se hacía con recursos propios, pues no contaban con apoyo oficial: viajaban en tren, entrevistaban, grababan a las personas con una pequeña grabadora y retornaban en el siguiente tren.

En 1949 nació su primer hijo, y como ya para entonces vivían en una casa de cuatro habitaciones, dos fueron utilizadas como aulas, en las cuales maestros de Música de toda la isla recibían preparación para los exámenes de oposición, pues Argeliers, por disposición ministerial, podía dar clases particulares. Era una pequeña academia, en la que impartían Folclor Cubano, Historia de la Música Cubana y Latinoamericana y Pedagogía entre otras asignaturas. Como materiales de apoyo, imprimieron muchos folletos y conferencias; incluso, se editaban dos libros: uno de pedagogía y otro de didáctica musical, que fueron de gran utilidad. Además, fueron transcribiendo e imprimiendo las investigaciones sobre los temas acopiados en los viajes.

Fue una etapa de intenso trabajo. Incluso, la destacada profesora santiaguera Dulce María Serret, los llamó para que desarrollaran cursos de verano en la provincia oriental: se impartieron en Bayamo, Manzanillo, Holguín y Santiago de Cuba. Para ello se les asignó un estipendio y se alojaron en casa de huéspedes o de amigos, donde los atendieron muy bien. Fueron viajes muy productivos, ya que además de las clases, hicieron trabajos de campo en esta zona del país. Pudieron realizar muchas entrevistas, y rescatar numerosos temas musicales antiguos de inmigrantes jamaicanos, haitianos, de campesinos descendientes de españoles y africanos; de santeros, arrieros, vendedores ambulantes, dependientes, obreros agrícolas, lavanderas, amas de casa…, así como cantos de trabajo, canciones de cuna, temas religiosos, de velorios, de festejos o profanos, y de diversos géneros como tonadas, décimas, sones, guarachas, bembés, música popular. Aprovechando todo lo que pudieron aportar los entrevistados. Fue una etapa muy laboriosa en la que acopiaron abundante y valioso material que luego procesarían.

Etapa revolucionaria

En 1952, con el golpe de estado del 10 de marzo, todo se derrumbó. El lacayo Rivero Agüero ocupo el cargo de Ministro de Educación, y decreto la inmovilidad de los maestros, quienes ya no pudieron venir a los cursos de superación, pues estaban expuestos a perder sus plazas, y la pequeña academia tiene que cerrar.

Luego de los hechos del Moncada, en 1953, la dictadura arrecia la represión contra el pueblo, y en 1956 cierran la Universidad. María Teresa y Argeliers se mudan para una casa más chica, y mientras él se dedica a dar clases en las pequeñas academias que tenían en sus casas Esther Matéu y el maestro César Pérez Sentenet, en Guanabacoa, ella tiene que quedar al cuidado de los niños, que ya eran dos.

En un momento en que Argeliers sale de Cuba para participar en un Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Moscú, ella asume la docencia de su esposo en Guanabacoa, pero no puede continua, pues también los conservatorios estaban deprimidos, y consigue un trabajo de oficinista en el hospital ortopédico de Marianao (actual Frank País), hasta que su esposo pudo regresar dos meses antes de enero de 1959.

Con el triunfo de la Revolución, se inicia para María Teresa una nueva etapa de intenso trabajo, que se extiende aun con sus más de noventa años. Con su labor ha alcanzado grandes logros y realizado importantes aportes a la historia musical pedagógica del país. Participó en grandes proyectos. Estuvo en la Creación del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional y en la fundación del Teatro Nacional. En el Departamento de Folclor, creado adjunto al propio teatro, colaboró, sin nombramiento alguno, en la transcripción de partituras, en la búsqueda y compra de discos, en la elaboración y edición de programas, folletos y conferencias, en el diseño y confección de vestuarios, en el montaje de obras, y en la celebración de conciertos y recitales, y en todo lo que por primera vez en Cuba se hizo sobre música folclórica afrocubana, como la fundación del Conjunto Folclórico Nacional, en la que también participaron Rogelio Martínez Furé, el maestro Ramiro Guerra y el propio Argeliers.

En esta etapa pudieron comprar un carro, lo cual favorecería su traslado por la ciudad, ya que simultaneaba su trabajo en los conservatorios Municipal y Caturla, en Marianao, con el de profesora en el Seminario de Folclor y Dramaturgia, organizado en el Teatro Nacional.

Participo también en la fundación de la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA), en el Habana Libre, primera escuela de becarios de Cuba, entre los alumnos recuerda a José Milián, los hermanos Dor, Mario Balmaseda y Héctor Quintero.

En la década de 1960 asesora el Movimiento de Aficionados, y participa en muchos de sus festivales como parte de la comisión organizadora y como jurado.

En 1962 se funda la Academia de Ciencias de Cuba. Ella y Argeliers trabajan en el Instituto de Etnología y Folclor adjunto a esta, donde desempeñan un gran trabajo en el acopio de materiales recopilados durante sus viajes antes y después del triunfo revolucionario. De estos materiales seleccionó una buena cantidad para realizar dos discos: Viejos cantos africanos, que se concibió para un congreso de la Academia, celebrado en colaboración con la UNESCO, al que asistieron prestigiosos africanistas del mundo, a cada uno de los cuales se le entregó un ejemplar de este disco, e Influencias hispánicas, preparado dos años después.

En 1974 se traslada de la Academia para la EGREM donde trabaja hasta 1983. En los discos en que participa – más de un centenar- como asesora y productora discográfica sigue la línea etnográfica.

Y en 1980 se gradúa de Licenciada en Literatura y Lengua Hispánica, con especialidad de Estudios Cubanos, en la Universidad de La Habana. Al respecto, la doctora Ana Cairo, dijo: Con 60 años de edad, cuando ya era una eminente profesora y musicóloga de prestigio nacional e internacional, fue capaz sin ninguna autosuficiencia de sentarse en un aula nocturna para obtener el título universitario que no tenía, pues los que poseía eran musicales. Compartió con los compañeros con la tremenda sencillez y solidaridad que la caracterizan, y lo admirable para mí de María Teresa es eso, su sencillez y su modestia, ya que sin complejo alguno se sentó como una estudiante más, cuando ya era una importante personalidad de la cultura y una pedagoga de experiencia y años de trabajo: y por eso me siento orgullosa de haberle dado clases y de ser además su amiga en el orden personal. [2]

En 1984 es nombrada directora del Museo Nacional de la Música. Allí desempeñó una encomiable labor: bajo su guía se produjo la inauguración de la sala de instrumentos cubanos, que exhibe una importante muestra de la organología de la música popular y de los instrumentos afrocubanos. Después de permanecer trece años en el Museo, en 1997 pasó a trabajar en la Fundación Fernando Ortiz, donde se mantiene como investigadora, miembro del consejo asesor y vicepresidenta.

Durante todas las responsabilidades que ha desempeñado nunca ha abandonado la docencia. Ha impartido clases, dictado conferencias, desarrollado seminarios, charlas, cursos de posgrado y de adiestramiento, así como clases magistrales, no solo en Cuba sino también en el exterior: San Juan, Puerto Rico; los Estados Unidos, Moscú, Budapest, Managua, México, España, Islas Canarias, Santo Domingo, etcétera.

Actualmente apenas descansa, y a pesar de su avanzada edad, realizó trabajos de campo en la Sierra Maestra y el Escambray, acompañada por su nieto Rodrigo Ronda y por el joven investigador Daniel Álvarez Durán, de la Fundación Fernando Ortiz. Una vez más graba y entrevista a arrieros, cooperativistas, obreros agrícolas, integrantes de agrupaciones campesinas y del folclor afrocubano. Esto demuestra la tenacidad y fuerte personalidad de María Teresa, quien también trabaja en la recopilación y procesamiento de toda la obra de Argeliers León, además de escribir para diversas publicaciones nacionales e internacionales.

Cuenta con una valiosa obra entre artículos, libros y ensayos, muchos de los cuales constituyen textos para los diferentes niveles de la enseñanza musical. Además de ser Doctora en Ciencias del Arte, Profesora e Investigadora Titular de la Universidad de las Artes y Heroína del Trabajo dela República de Cuba, posee la Distinción por la Cultura Nacional, los premios Cubadisco 2005 y 2008, y el Premio Nacional de Música 2006.

Cerremos este acercamiento a la vida y obra de la destacada intelectual con el criterio de una de las autoridades en cuanto al conocimiento de la pedagogía musical de este país, el director, compositor y también profesor de la Universidad de las Artes, el maestro, compositor y director Roberto Valera, quien plantea: María Teresa es una mujer a la que los músicos cubanos queremos mucho, porque primero fue la esposa de Argeliers León, y juntos entregaron aportes fundamentales para el conocimiento de la música cubana. Pero, además, ella es toda sabiduría y dulzura. Es un ejemplo de vida para todo el mundo, como sigue trabajando, y además con modestia, porque siempre le he oído decir que todavía necesita seguir estudiando. [3]


NOTAS

[1] José Martí: Obras completas, t. 5, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, p. 470.

[2] Ana Cairo: Entrevista que le realizara la autora de este artículo durante una sesión de trabajo en la Biblioteca Nacional José Martí en el año 2005.

[3] Roberto Valera: Citado por Ignacio Cruz Ortega en “María Teresa Linares. De la satisfacción al mérito”, Boletín Cubadisco, n. 5, 25 de mayo, La Habana, 2005.

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