Moisés Simons aportó a la música cubana mucho más que el «Manisero»*

Por Carmelina Muñoz

Fotos: Museo Nacional de la Música

*Publicado en Clave No. 14/1989, 1ra etapa, pp. 52-54.

Con motivo de cumplirse en 1989 el centenario del nacimiento del compositor cubano Moisés Simons, mundialmente conocido por su canción El manisero –de la que hiciera una célebre interpretación nuestra Rita Montaner- la revista CLAVE publica un extracto del interesante trabajo investigativo realizado por la autora, especialista del Museo Nacional de la Música, que ha sido editado íntegramente por esa institución.

Moisés Simons en la década de 1930

Moisés Simón Rodríguez (luego agregaría una s final a Simón, su verdadero apellido) murió en Madrid, solo, abandonado; los gastos del entierro los sufragó la Sociedad de Autores de Francia por gestión de su amigo Francisco Galacho, ya que el entonces embajador de Cuba en España le negó todo su apoyo. Había nacido en La Habana el 24 de agosto de 1889, y comenzó a estudiar música a los cinco años de edad con su padre Leandro Simón Guergué, músico vasco quien fuera profesor del eminente compositor Eliseo Grenet.

A los nueve años ya tocaba el organito de la iglesia de Jesús María y a los once era maestro de capilla en la de Nuestra Señora del Pilar, así como en algunas fiestas religiosas importantes de la iglesia del Espíritu Santo. En ocasiones participaba como pianista ejecutante  de armonio en los altos del Café Delmónico, en la Acera del Louvre, y en algunos actos musicales en los que intervenían su madre y tías, pianistas también, con los que ejecutaba obras musicales en varios pianos.

A los doce años se inicio como director de orquesta en compañías infantiles que se presentaban en diferentes lugares de La Habana (como el teatro Irijoa, actual teatro Martí) y en el interior del país, así como en centros sociales.

Comenzó a componer al año siguiente aún sin grandes conocimientos para ello. Sus primeras obras fueron de carácter religioso, pero pronto abandonó esta línea de trabajo para musicalizar pequeñas zarzuelas que luego daría a conocer debido a su condición de director de orquesta.

En 1904 cursó estudios de Composición, Armonía, Contrapunto y Fuga con los maestros Ignacio Tellería, Fernando Carnicer y Felipe Palau, los que amplió con clases de Forma e Instrumentación con el músico y pedagogo José Mauri, quien años después sería abuelo de sus hijos Aida y Moisés.

Dos años más tarde su propia orquesta con la cual amenizaba las tandas y variedades de algunos teatros incluyendo al teatro Martí, donde dirigió los estrenos de varias comedias musicales del maestro Ernesto Lecuo

Con la experiencia adquirida en esta importante labor y por sus obras, llamó la atención del conocido compositor español Vicente Lleó, quien contrató a Simons para dirigir la orquesta de su compañía de zarzuela y opereta que actuaba en el teatro Payret.

Muy pronto su nombre figuró junto al de compositores, directores e intérpretes de reconocido prestigio y viajó por México, Santo Domingo, Puerto Rico y Centroamérica.

En 1909 escribió para el periódico La Lucha sus primeros artículos literarios de historia, origen y filosofía de la música, presentándose en esta ocasión en otra faceta de su personalidad artística: la de musicólogo.

Abarcó todos los géneros musicales en sus composiciones, impregnadas de un sello de verdadera originalidad. Su música fue incluida en el repertorio de grandes orquestas y compañías teatrales. La mundialmente famosa Orquesta Sinfónica de Viena dio a conocer uno de sus cuatro Caprichos cubanos: Zaida; editada por la firma Anselmo López.

Su primera opereta, Deuda de amor, en tres actos, con libreto de Fermín Samper fue estrenada por la Compañía de Esperanza Iris el 3 de febrero de 1913 en el teatro Albizu con gran éxito en sus seis funciones, pese a la premura con que fuera llevada a escena.

Formó parte de la directiva de numerosas entidades musicales, una de ellas, la Solidaridad Musical, fue fundada a mediados de 1916 para defender los derechos de los músicos cubanos, que después se convertiría en sindicato en el cual ocupó los cargos de vocal fundador y luego de presidente.

Por un sistema propio perforó más de mil rollos autógrafos de pianola, entre obras clásicas y de música popular. El 20 de octubre de 1926 un terrible huracán azotó a nuestro país y arrasó la fábrica de rollos de pianola de Pascuali. Con la inundación, Simons perdió varias obras de importancia, algunas de ellas inéditas o inconclusas, entre las que cabe mencionar: El hilo de la vida (revista en dos actos) y La cueva de los mochuelos (revista), esta última con libreto de Gómez Navarro y que era una de sus mejores obras pues había desarrollado en ella un estilo contrapuntístico y una fuga a cuatro voces que entonaba el coro masculino; dos obras dedicadas a la Orquesta Sinfónica de La Habana y un ballet dedicado al maestro Pedro Sanjuán, para la Orquesta Filarmónica.

Moisés Simons fue el primer director de orquesta que incorporó el ritmo del danzón a los conjuntos de jazz.

Entre junio y agosto de 1927, sostuvo una interesante polémica con Eduardo Sánchez de Fuentes sobre nuestro folclor, al publicar un artículo titulado «Música Cubana» que apareció en las páginas del Diario de la Marina y mantuvo expectante a toda la isla.

Simons estrechó su amistad con Alejo Carpentier debido a que el escritor español Gregorio Martínez Sierra, de paso por La Habana, tenía la idea de montar un espectáculo que estrenaría en Madrid con música cubana folclórica. Carpentier, a quien había solicitado el libreto, realizó el texto con décimas y guarachas del siglo XIX, pero necesitaba un pregón para separar dos escenas, por lo que se dirigió al maestro Amadeo Roldán y este le recomendó a Simons.

Así surgió en 1928 El manisero, pregón de fama mundial popularizado por Rita Montaner –a quien lo dedicó- y que había escrito sobre una servilleta de papel cuando se encontraba sentado en una mesa de la cafetería capitalina ubicada en las calles San José y Amistad.

Un año después partió hacia New York procurado por la casa editora Edward Marks. A su arribo quedó asombrado: El manisero era todo un éxito allí, a tal extremo, que quienes lo conocían, le decían «Mr. Peanut». Grabado por el cantante Antonio Machín el año anterior, había alcanzado un gran éxito. Sin embargo en 1928, Simons había realizado un viaje exploratorio a dicha ciudad sin resultado alguno.

Rita Montaner, fiel intérprete del compositor –al igual que Machín en 1928- grabó sus primeros doce discos para la marca Columbia. Entre los títulos incluidos apareció, además de la rumba Palmira, El manisero, razón por la cual logró popularizarse. Con anterioridad ya Rita venía interpretando sus obras en diferentes teatros de nuestra capital; incluyo en su repertorio títulos como Así es mi patria, Rumba guajira, Serenata cubana, La trompetilla, Vacúnala, Chivo que rompe tambó y Que es el danzón, entre otros.

En 1930 Simons estrenaba en el Teatro Calderón de Madrid, su comedia Niña mercé, con gran éxito de público y crítica.

Aconsejado por su amigo Enrique Uhtoff, Simons retorno a Paris y al hacer su entrada en los cabarets es saludado con los acordes de El manisero, pues ya la Montaner lo había dado a conocer a su paso por esa ciudad.

Paralelamente, Ernesto Lecuona fue contratado por la Metro Goldwyng Mayer en Hollywood para musicalizar el film The Cuban song con las actuaciones de Lupe Vélez y el barítono Lawrence Tibett que tendría entre sus temas musicales El manisero. Lo acompañaron Carmen Burguette (que en esa década obtuvo grandes éxitos en Paris), Sol Pinelli, Armando Mario y la Orquesta Palau, que contaba entre sus integrantes al joven Félix Guerrero.

Veinte años después, en la década del cincuenta, El manisero fue utilizado nuevamente en el film Nace una estrella en el que Judy Garland cantó un fragmento.

En septiembre de 1932, el Teatro Principal de la Comedia ofreció dos conciertos típicos cubanos en los cuales Simons tomó parte junto a conocidos artistas como María Cervantes, Carmen Burguette, María Ruiz, Esther Borja, Ernestina Lecuona, el Terceto Apolo y el Septeto Anacaona, entre otros. El barítono Paulino Rosette interpretó allí dos canciones Linda mejicana y Marta.

Con anterioridad se habían estrenado en París sus composiciones A una rosa, interpretada por María del Carmen Vinent y Los tres golpes, creación de Madame Mistinguette, estrella del Casino de París.

Su opereta más famosa Toi c´est moi (en 2 actos y 12 cuadros, con libreto en francés de Henry Duvernois) fue estrenada con gran éxito el 18 de octubre de 1934 en el teatro parisiense Bouffes, donde alcanzó más de cuatrocientas funciones. Luego la estrenó en Madrid en 1944 con textos en español de Federico Shaw y al año siguiente en Barcelona, con iguales resultados que en París.

En 1936, estrenó otra opereta Le chant des Tropiques en el Teatro de Paris, en la que tomaron parte Jean Sablon y Roger Bourdin de la Gran Opera, la soprano Helene Regelli, así como el cantante cubano Antonio Machín que debutó en este espectáculo interpretando El manisero con el mismo éxito que en New York y la pareja de bailes Ofelia y Pimienta; quienes enloquecieron a los parisinos al hacerles conocer la rumba cubana.

De esta opereta surgió la canción Cubanacán que, al igual que Marta, alcanzó gran popularidad internacional. Ello motivó a Raquel Meller, Georges Till, Jean Sablon y Tino Rossi a incorporar canciones de Simons en sus repertorios.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Alemania invadió a Francia ocupando la ciudad de Paris. El maestro Simons se trasladó entonces a un pueblo del centro; a pesar de estar convaleciente de una intervención quirúrgica, solicitó su ingreso al ejército para luchar contra los nazis, el cual le fue negado por las autoridades francesas debido a su estado de salud y a su condición de autor. Ante el avance de los fascistas, se trasladó al sur y se instaló en una villa a la que llamo Cubanacán. La guerra le había sorprendido en el momento en que preparaba una nueva opereta Passez Muscade, con libreto de Simon Gautillon. Circularon rumores de que se encontraba en dificultades y por una carta que remitió a una  amiga en La Habana, fechada el 20 de octubre de 1939 –publicada un año después en la revista Carteles– se supo le solicitaba enviase documentos que le permitieran esclarecer su origen pues su nombre y apellido lo habían hecho aparecer sospechoso de ser judío ante los nazis. Familiares y amigos hicieron gestiones para su repatriación y poco después un suelto periodístico publicado en el Diario de la Marina aseguraba que ya no tenía dificultades. A fines de 1942 regresó a Cuba enfermo y en precaria situación económica.

A su regreso de París (en el centro con traje negro) en medio de la segunda Guerra Mundial, a fines de 1942

El 22 de febrero de 1943, la Corporación de Turismo ofreció un homenaje a tres grandes figuras de la música cubana: Ernesto Lecuona, Eliseo Grenet y Moisés Simons en el teatro Auditorium donde les entregaron medallas y diplomas como reconocimiento a su labor artística. Las sopranos Esther Borja, Luisa María Morales y Rita Montaner, entre otros artistas, interpretaron sus obras más populares acompañadas al piano por los propios autores. Con anterioridad Simons había dirigido la orquesta que respaldó a la vedette Margot Alvariño en el show del teatro América donde recibió una gran ovación del público.

Moisés Simons, Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona. Foto en un diario de 1945 con motivo de un homenaje a los tres compositores.

Pocas fueron las ofertas que le brindaron en esa oportunidad. La emisora radial RHC Cadena Azul le propuso contrato para un programa.

En París, antes de la guerra, compuso una marcha que presentó a un concurso convocado en La Habana y de cuyo jurado era presidente Jaime Prats. Su hijo Rodrigo estaba entre sus miembros. La marcha, titulada Montmartre, obtuvo el primer premio y fue interpretada por el tenor Alberto Monset acompañado al piano por Juan Bruno Tarraza.

Ante la evolución musical que se produjo en Cuba desde principios de los años cuarenta (especialmente dentro de la canción, en la que surgieron nuevos compositores como Orlando de la Rosa, Bobby Collazo y René Touzet, entre otros), Simons trató de adaptarse a las formas nuevas y esto hizo que emprendiera viaje a España.

Al hacer escala en Santa Cruz de Tenerife y La Coruña, tanto él como el tenor Hipólito Lázaro, con el que había realizado la travesía, fueron muy bien recibidos por la prensa. En Madrid es inmediatamente contratado para musicalizar el film Sambú protagonizado por las actrices cantantes Imperio Argentina y Celia Gámez, para esta última escribió la canción Hoy como ayer. Entre las numerosas propuestas que recibió, se incluia la del estreno de la opereta Toi c´est moi en español, en Madrid y Barcelona y una ventajosa oferta de Adolfo Torrado (autor de Morena Clara) para otro estreno.

Cuando se proponía regresar a París, lo sorprendió la muerte el 28 de junio de 1946. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de San Lorenzo, en Madrid. Tenía 56 años de edad, y dejó un legado cerca de cuarenta operetas y más de cien partituras de otros géneros.

Queda a los musicólogos y a la posterioridad una valoración integral de su obra. Valdría la pena escrutar en ella para beneficio de nuestra historia musical y tal vez Moisés Simons pueda ser recordado por mucho más que El manisero.

En su última etapa de vida

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Un comentario en “Moisés Simons aportó a la música cubana mucho más que el «Manisero»*

  1. Santiago Ríos

    «…En Madrid es inmediatamente contratado para musicalizar el film Sambú protagonizado por las actrices cantantes Imperio Argentina y Celia Gámez…» El film se titula «Bambú».

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