La Anécdota Musical…Si llego a saber que es usted Siro.

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Fotos tomadas de Internet

Esto lo contó, hace muchos años, Siro Rodríguez, uno de nuestros inolvidables Matamoros.

Posiblemente, esta anécdota se produjera en 1944. Siro había sido invitado a una fiesta familiar. Si mi memoria no me traiciona, creo que se celebró en una casa de la calle de Estévez, en La Habana. Pero la exactitud geográfica no viene al caso. Lo curioso es lo que sucedió esa noche.

Cuando Siro llegó al sitio del jolgorio, algo llamó poderosamente su atención. Un pequeño grupo musical, formado por entusiastas de la bohemia, interpretaba a su modo el bolero Noche triunfal, composición de Miguel Matamoros. Lógicamente, el popular miembro del glorioso trío se detuvo un instante a escuchar. Y, mientras saludaba a los asistentes y el grupito acababa de tocar, se percató de que el cantante, un mulato alto y flaco -más que delgado-, comenzó a discutir con sus músicos. Algo no había sonado bien. Siro apenas dio importancia al asunto y se fue al fondo de la casa, a la improvisada cantina.

Apenas se deleitaba con el primer trago de la noche, cuando un admirador del trío se le acercó:

-Siro, ¿por qué no cantas algo?

-Sí, hombre, ¡claro!, con mucho gusto. Déjeme terminar este trago y enseguida voy para allá.

Vacía su copa, el popular artista regresa a la sala. Se acerca al mulato flaco y largo:

-Buenas noches, ¿usted es el director de este grupo?

-Buenas, servidor…

-¿Usted tendría la amabilidad de repetir Noche triunfal para hacerle el segundo?

El joven, con toda la desconfianza del mundo, lo miró de arriba abajo -¿quién será este?- y acto seguido volteó hacia sus músicos para marcar el número.

Como era de esperar, Siro hizo su acostumbrado segundo a aquel bolero de Matamoros. Al finalizar, las exclamaciones y los aplausos de los presentes.

A punto de volver a la cantina, Siro escuchó al mulato cuando se dirigía a los músicos:

-¿Ustedes ven? Este señor, que no es cantante ni qué ocho cuartos, ha hecho un segundo igualito a como lo hace Siro, el de Matamoros.

El aludido, lógicamente, ni se dio por enterado. Se dirigió al fondo para otro trago. No bien había ocupado su silla cuando vio acercarse, totalmente fuera de sí, a aquel director musical. Sus ojos parecían salir de sus órbitas:

-¡¡Usted es Siro Rodríguez!!

-Sí, amigo, mucho gusto en conocerle…

Para el joven era como un sueño. Solo atinó a abrazar a Siro una y otra vez. Cuando recobró en algo la compostura, exclamó:

-¡Si yo llego a saber que usted es Siro Rodríguez, no canto con usted! ¡Cómo los admiro yo a ustedes!

“Esa fue la primera vez”, concluyó Siro su testimonio. Poco después, aquel joven, nombrado Bartolo, se uniría formalmente al Conjunto Matamoros, viajaría a México con ellos y allá quedó. Y se convirtió en Benny…

Benny Moré y el Conjunto Matamoros

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