Roberto Faz: canto y vida de la guaracha cubana… En su nuevo aniversario (1914-2020)

Por Gaspar Marrero. Investigador musical y autor de Roberto Faz. Sonero de Cuba, publicado por Ediciones Cidmuc.

Fotos: cortesía del autor.

Roberto Faz

1

Al iniciarse la televisión en Cuba, en octubre de 1950, el nuevo Canal 6 de CMQ se identificaba como una gran Cadena nacional. Pero a diferencia de la radio, capaz de multiplicar la señal de origen mediante la interconexión de retransmisores por toda la Isla, aún el nuevo medio no contaba con esa posibilidad.

Entonces, a fin de llegar con sus programas a todas las provincias, y a falta del video tape (aún tardaría años en llegar), se aplicaba el procedimiento del kinescopio: el programa a grabar se trasmitía en circuito cerrado y era captado por un televisor -los técnicos lo identifican como monitor. Esa imagen se filmaba, literalmente, por medio de una cámara para cine enfocada hacia la pequeña pantalla. Después del proceso habitual de revelado de las cintas de celuloide, estas se reproducían en un equipo llamado tele-cine, cual si fuera una de las tantas películas, series y documentales que conformaban la cartelera habitual. Luego, la pomposa Cadena nacional de la CMQ consistía en el envío diario de los kinescopios, por avión, a sus plantas trasmisoras locales, las cuales reproducían aquellos materiales fílmicos a la misma hora indicada en la programación… uno o dos días después.

En YouTube es posible hallar un buen número de ellos. Verlos es un maravilloso ejercicio: conservan muchas sorpresas…

2

Noche muy alegre en los hogares cubanos. Faltan solamente horas, tal vez minutos apenas, para la llegada de un nuevo año. Amenizando la fiesta familiar, incluida la cena, música a cargo de las mejores orquestas del país, en un espacio gigante de la televisión.

Convocar tan amplio elenco, en una fecha donde los músicos se dispersaban por las plazas bailables para contribuir, en vivo, al tradicional jolgorio, resultaba un reto para sus realizadores. ¿Cómo lo lograron? Simplemente -se dice fácil ahora- echaron mano al casi obsoleto kinescopio.

El gran programa Bailables de Fin de Año había presentado esa noche, luego de algunas horas de trasmisión, lo más destacado de las agrupaciones bailables: la Orquesta de Neno González y la Aragón; Senén Suárez y su Combo, con sus cantantes Laíto y Portillo Scull, y la Riverside con Tito Gómez. Barbarito Diez era el plato fuerte obligado para las doce de la noche… Y, en medio de tales atracciones, correspondió el turno al Conjunto de Roberto Faz.

Los músicos vestían las clásicas guaracheras que, por entonces, eran sello de identidad de Cuba para el mundo. Aparecían en cámara ante el micrófono, junto a la muy querida locutora, actriz y animadora Consuelito Vidal. Ella, supuestamente molesta, requiere al cantante y director del grupo -el más pequeño de todos, con abundante cabellera y espejuelos oscuros- ante la risa cómplice de los demás, por lo sucedido la semana anterior en un programa similar:

-…porque lo que hicieron la semana pasada, el día de Nochebuena, ¡no me gustó, chico! Cada vez que yo viraba la cara estaban ustedes disfrazados de una cosa distinta. Hoy están de lo más lindos…

-Y falta uno todavía… tú lo verás… -dice el chispeante director. Consuelito pregunta por el título de la pieza musical a interpretar: Tengo una penita.

-¡No me digas! ¿Estás triste, Faz?

-¡Qué va, nunca! Yo muero con las botas puestas. No me vengas con tristezas: yo siempre estoy alegre…

Entre exclamaciones sigue el diálogo:

-¿También en este número canta ese cuarteto nuevo que se ha creado en esta orquesta? -Consuelito se refiere, con picardía, a la intervención, como vocalistas, de los cuatro trompetistas del conjunto.

-¡Los Malditos! ¡El cuarteto Los Malditos! -responde Roberto. Ella sigue la broma, como si revelara un secreto:

-Me han dicho que están muy preocupados Los Meme, Los Bucaneros y Las Aida por esa ¡maravilla! que ustedes han creado.

-Nos han felicitado. Nos han dicho que sigamos así… que hemos avanzado entre todos los conjuntos… -ante el humilde silencio, interrumpe Consuelito:

-… Además una cosa nueva; ustedes, que tienen fama de muchísimos años ya, de pronto se han modernizado…

-¡Eso, eso es lo que yo quería decir! Lo que pasa es que soy un poco analfabruto y no sé hablar bien de eso… -carcajada general para dar paso a la música.

Roberto Faz se hace a un lado y da paso a la interpretación de sus músicos. Cantan Rolito y Reyes, ahora protagonistas del conjunto, en perfecto unísono y, en varios pasajes, se les unen en el canto los trompetistas.

Meses más tarde -todos lo ignoraban- volverían a actuar solos en un emotivo programa, ante el inesperado deceso de su director…

El conjunto de Faz en el Ali Bar, 1958

3

En el pueblo costero de Regla -los cubanos le llaman el ultramarino pueblo– nació Roberto Faz el 18 de septiembre de 1914. Cantante y fundador del conjunto que aún lleva su nombre, sobresalió por su ductilidad. Se le recuerda principalmente como bolerista -sus músicos popularizaron, luego del fallecimiento de Faz, una serie conocida como los Mosaicos, cada uno con varios boleros a modo de popurrí-, pero su repertorio incluía, en cifra nada despreciable, sones, guarachas, mambos, rumbas y congas. Fue, a no dudarlo, un destacadísimo guarachero, calificativo que sintetiza su versatilidad. Esta faceta ha sido increíblemente olvidada y se hace ya imprescindible redescubrirla.

Un periodista lo entrevistó hace más de sesenta años. La introducción de aquel diálogo es más que elocuente:

“Característica peculiar de nuestros bailes, es que los que de ellos disfrutan reclaman algo más que música. Es preciso que, además, el montuno se adorne con el imán de una voz que complemente su ritmo cálido con el excitante adicional que en él pone ese toque de alegría.

Así, en la nomenclatura de nuestra lírica existe esa clasificación muy nuestra que es ‘el cantante de orquesta’. Que no es precisamente el que tiene de la orquesta el respaldo para su actuación, sino el que forma parte integrante de ella.

Y, sin duda, el más cabal exponente de esta clasificación lo es Roberto Faz.”

Pacopé: “Hit! [sic] Radial. La entrevista del lunes: Roberto Faz”. Salvo indicación en contrario, las palabras y frases mostradas en las citas como negritas subrayadas son destacadas por el autor.

4

Hoy día, el ambiente musical identifica como soneros solo a los cantantes capaces de cantar son, de improvisar -con mayor o menor éxito-… y nada más. Sin embargo, durante el largo proceso de difusión y consolidación sonera en los salones de baile citadinos, eran soneros quienes, como cantantes en cualquiera de los formatos al uso -bandas, orquestas y conjuntos- asumían los más variados géneros de la música popular bailable cubana. El compositor, periodista y productor discográfico Andrés Castillo decía entonces al respecto:

“La palabra ‘sonero’ resume las variantes más populares en el acendrado modismo musical que surge del ritmo afrocubano. El ‘Sonero’ de nuestros días es el producto final del choque de dos civilizaciones musicales: la africana y la folklórica [sic] española, fundidas en nuestra isla desde los albores de la colonización. (…)

El son de nuestros días se apoya, muy principalmente, en el estilo peculiar de cada voz intérprete. Y así es como los más famosos cantantes populares de Cuba hacen del son uno de sus modos, recreando en su ritmo ya secular los estilos personales y la tradición musical de todo un pueblo.”

Andrés Castillo: Nuestra música: Soneros.

Benny Moré es el más reconocido ejemplo. Pero no fue el único: otros intérpretes, también de amplia fama, se caracterizaron por esa cualidad -muy común en aquellos tiempos- de contagiar a melómanos y bailadores con los más variados géneros: desde el bullicio hasta lo íntimo, del son y la guaracha al bolero. Todos ellos eran llamados soneros: el verdadero sonero cantaba de todo… El reportaje en cuestión, con abundante material gráfico, muestra los rostros de Miguelito Cuní (1917-1984), Benny Moré (1919-1963), Rolo Martínez (1935-2017), Pío Leiva (1917-2006) y Roberto Faz.

Con el rumbero Fuico en Radio Progreso, 1959

Permítame, en este punto, recordar una vivencia familiar. Muchas veces mi señora madre evocaba su infancia en una casa de huéspedes en La Habana, allá por los años 1920. Alguna que otra vez, a la hora de la cena, la propietaria del lugar invitaba a sus inquilinos “a pasar después al salón para una velada musical”. En la muy amplia sala, los grandes sillones se disponían en círculo, alrededor de un fonógrafo. En esas recepciones la dueña reproducía, orgullosamente, sus discos del Trío Matamoros y del Sexteto Habanero. Con ellos comenzó la historia.

En particular, la fama del Habanero -luego Septeto, al incorporar una trompeta- consiguió el triunfo sonero. Sus discos (unos cien en un lapso de seis años) resultaron no solo la vía para llegar a su público, cada vez mayor. El musicólogo e investigador cubano Radamés Giro expone:

“También hay que considerar las grabaciones discográficas que coadyuvaron a fijar los patrones fundamentales del son: formato instrumental, modo de cantar, de tocar el tres, de sonar la trompeta o el cornetín, prevalencia del bongó como factor rítmico fundamental; a la vez, se sentaron las bases para la formación del conjunto de son, con nuevos instrumentos y modo de sonar que ampliaron las posibilidades tímbricas de la época.”

Radamés Giro: Los motivos del son, p. 28.

La prensa se hacía eco, desde aquellos tiempos primigenios del son en La Habana, de las grabaciones del grupo. Un anuncio publicado en 1928, dedicado a las llamadas victrolas ortofónicas -a la venta con un precio máximo de trescientos pesos-, agrega la relación de nuevas grabaciones, recibidas en la propia tienda: “He aquí algunos que recomendamos a $1.00.” Se trata de dos discos Victor, con cuatro sones por el Sexteto Habanero: Qué dirán, Africana [disco 80494], Un meneíto suave y Son las dos… china [79340].[1]

El son titulado Guantánamo (Felipe Neri Cabrera)[2] revela la concepción al uso entonces del sonero. Dice el texto: De mil novecientos veinte, negra, / vengo pulsando la lira / luchando con los soneros, nena, / y ninguno me ha hecho na’. / En Guantánamo na’ má’ / donde yo me sacudí, / uno llamado José Luis / ese sí le daba bueno…

Este JoséLuis era uno de esos soneros. No cantaba: se desempeñaba como contrabajista y bongosero.[3] Eran soneros todos los miembros de sextetos y septetos, incluidos los cantantes. Paulatinamente, tal calificativo se limitaría solo a los vocalistas.

Por razones evidentemente comerciales -lo propio sucedería luego con la rumba y, en tiempos recientes con la salsa-, las grabaciones del Habanero se catalogaban como sones. Pero al escucharlos detenidamente se descubre un espectro genérico mucho más amplio: boleros, criollas, pregones y hasta canciones de moda, sea cual fuera su procedencia, llevados al son. Así, los cantantes de estos grupos se habituaron a interpretar cualquier género y a adaptarlo al entorno sonero, manteniendo en lo posible la composición original. De ahí en lo adelante, los vocalistas de los grupos de son debían ser extraordinariamente dúctiles.

Se considera a Abelardo Barroso (1905-1972) el iniciador del estilo sonero en tales agrupaciones. El propio Miguelito Cuní dijo, en cierta ocasión: “El primero que comenzó a pronunciar y a darle expresión al son fue Abelardo Barroso.”[4]

El buen sonero debía demostrar una amplia versatilidad. Esa era la escuela donde aprenderían los demás.

Conjunto Kubavana (1943) Faz es el cuarto de izquierda a derecha

5

La infancia de Roberto Faz encontró ese singular contexto musical. De tal manera, su temprana vocación musical quedó definida por el apogeo del son. En aquel diálogo con la prensa, en 1959, recordó: “Desde que nací, mis cartas a los Reyes Magos solo pedían guitarras. Y apenas podía caminar y ya buscaba palitos para golpear los cueros de los taburetes. Apenas levantaba dos cuartas del suelo, y ya, con el pretexto de que así podía ganar la entrada gratis, me metía en el camión de propaganda del cine Regla y hacía de timbalero”.[5] Roberto Álvarez, pianista y arreglista, quien fuera su compañero en el Conjunto Casino, resumió aquella pasión infantil: “Lo de cantar lo traía en la sangre” -dijo.

El padre del pequeño Roberto, nombrado Pascual, era el único cartero en Regla. Y un gran aficionado a la música. Al percatarse de la vocación de su hijo, la apoyó totalmente. “El padre de Faz (…) -añadió Roberto Álvarez- formó un grupo de muchachos que tenía el nombre de un refresco que había en aquella época, Champán Sport.” Y le pidió al entonces joven trompetista Félix Chapottín convertirse en asesor musical de aquel sexteto infantil:

Allí [en Regla] conocí al padre de Roberto Faz […] El viejo nos consiguió una guitarra y un tres para que formáramos un grupo. Pero un concejal reglano, Ricardo Cabañas,[6] compró el resto de los instrumentos y la ropa; la fábrica de refrescos Champán Sport nos habló para que le hiciéramos la propaganda. Por ese entonces Robertico tendría trece años (…)[7]

Su padre me pidió que enseñara a su hijo los trucos de la música y así me convertí en maestro del grupo, mientras el viejo nos preparaba un buen almuerzo todos los domingos.[8]

“Recuerdo que una vez -narró Faz en la ya referida entrevista- nos lanzamos a competir, en un concurso que se celebró en el ‘Havana Park’,[9] con los más populares conjuntos profesionales de entonces, y ganamos el primer premio. Más tarde (…) pasamos al Cabaret ‘Pirata’, de Cojímar donde estuvimos hasta que el sexteto se disolvió…”[10]

Ese fue el inicio. Luego, desde 1932, con apenas dieciocho años, Faz pasaría por septetos, charangas y grandes orquestas, hasta llegar a dos importantes conjuntos: el Kubavana, de Alberto Ruiz (1913-1978), y el Conjunto Casino, de Roberto Espí (1913-1999).

6

La contribución de Faz a la música cubana, de lo cual nunca fue consciente, puede resumirse en cuatro aspectos: su amplísima discografía, compuesta por más de cuatrocientas grabaciones (fue el sonero con más discos en Cuba, por encima de grandes del género como el mismísimo Benny Moré); su reconocida impronta en el bolero; la fundación de su conjunto, y su condición de guarachero, intérprete eficaz de las variantes más rítmicas, movidas, de la música popular bailable cubana.

Con motivo del centenario de Faz, en 2014, el periodista colombiano Fausto Pérez Villarreal sintetiza en este párrafo la proyección del cantante cubano: “En el escenario contagiaba al público con su sabor y su facilidad para improvisar. Hacía bailar con sus sones y enamoraba con sus boleros”.[11] Luego menciona a muchas glorias de la música de Cuba y comenta: “En esa lista no puede faltar el nombre de Roberto Faz, en opinión de los estudiosos en materia de música, de los cantantes y coleccionistas; uno de los vocalistas más versátiles y mejor afinados no solo de la fecunda isla antillana, sino de América Latina”.[12]

Un esbozo acerca de la guaracha y sus intérpretes, elaborado por Patrick Dalmace, invoca otros nombres: “Entre los guaracheros respaldados por las grandes orquestas, la Reina Guarachera fue y sigue siendo Celia CRUZ y dentro de las voces masculinas Orlando Cascarita GUERRA sobresalió notablemente en su etapa con la orquesta de Julio CUEVA; Roberto FAZ con el conjunto CASINO. Tito GÓMEZ y la RIVERSIDE; Alberto RUIZ en el KUBAVANA también dieron brío a una guaracha que durante los años cuarenta se hace tan bailable como el Son.”[13]

Con sus maracas en el Conjunto Casino

Su ingreso como guarachero en el Conjunto Casino se produjo en 1944. Allí se mantuvo, como figura principal, hasta enero de 1956: en total, casi doce años. Él mismo sintetiza aquella etapa de su carrera:

“El ‘Casino’ sostenía una cordial y permanente competencia con la ‘Sonora Matancera’. Y ambos nos repartíamos la popularidad, que se traducía en trabajo incesante. Durante tres años permanecimos en ‘El Show del Mediodía’ por CMQ-TV, actuamos en distintos programas radiales en Cadena Azul y en el cabaret ‘Casablanca’. Sería difícil relacionar todo lo que hicimos (…) Y en lo que respecta a discos, grabamos primero con la Victor y luego con ‘Panart’, para un total de no menos de 150 placas.”[14]

Por otro lado, Radamés Giro afirma: “Su gran musicalidad, buen fraseo, sentido del ritmo y amplia extensión vocal, además de una buena capacidad de improvisación, lo convirtieron en un cantante popular que conocía la materia sobre la cual trabajaba. Ese fue el legado que dejó a la música popular cubana, de la que fue un notable exponente”.[15]

Al identificar a Faz como guarachero, es imprescindible definir aquella guaracha: La musicóloga María Teresa Linares explica que los conjuntos “habían aumentado el sexteto de son con piano, tumbadoras, varias trompetas. Interpretaban un estilo de son lento al que dieron el nombre de bolero, y guarachas que llevaban un tempo más rápido, más ʽalanteʼ”.[16] Y en otro artículo amplía:

“Al introducirse el son en La Habana, los septetos y conjuntos incrementaron sus repertorios incluyendo guarachas tradicionales con la adición de un montuno, a lo que llamaron guaracha-son y  de esta manera se fue transformando aquel ritmo muy segmentado, pero fundamentalmente cantable, en forma de son de tempo más acelerado. […] Al convertirse en son, la guaracha dejó para muy pocos conjuntos su uso como canción.”[17]

Contrato con la Seeco, 1960

La discografía de Roberto Faz muestra la amplitud de su repertorio, en lo referente a géneros musicales. Contrariamente a cuanto se afirma hoy, acerca de su brillo exclusivo como bolerista, en su producción fonográfica predominan la guaracha (36,8%) y otro gran grupo con características bailables (son, son montuno, guaguancó, chachachá, pregón, mambo, rumba, batanga y otros) entre ellos el dengue y el pacá, sus dos últimos éxitos. En esta gran clasificación se reúne el 68,4 % del total. Por el contrario, el bolero abarca solo el 31,6%; la cifra de boleros grabados por el cantante como solista no llega a cien. Las ciento trece composiciones en este género incluyen veintiséis a dúo con otros intérpretes. Son datos sorprendentes.

“En el repertorio del conjunto de Roberto Faz imperan los números movidos: guarachas, chachachás y pachangas. Cuando Faz y sus muchachos actúan en el interior, los números más solicitados son Arrímate pa’cá, Sueño mentiroso, Qué te pasa, María y Suena tu bongó.”[18]

Además, se mueve en variantes del bolero (combinado con el mambo o el chachachá y la modalidad rítmica conocida como guapachá, así como el bolero moruno y el denominado bolero lamento) y de la guaracha, tanto la más empleada, la guaracha son –muchas de las guarachas interpretadas por los conjuntos se identifican solo con ese nombre, aunque siempre finalizan con un montuno–, como otras muy peculiares, denominadas guaracha milonga (Españolerías,[19] deRené Rodríguez Carlés) o guaracha afro kan (U’lee,[20] del Niño Rivera).

La rumba y el guaguancó están presentes en su repertorio, tanto en forma pura como en unión con la guaracha y la conga. En cuanto al son, incluye el son montuno y el son cha. También asumió géneros muy populares en distintas etapas de su quehacer (la tamborera panameña, el sucu sucu, dengue, pachanga, mambo y batanga) y otros como el pregón, la guajira y el danzonete, el porro colombiano y el merengue dominicano. Y en cuanto a la conga, atracción imprescindible en los bailes de su tiempo, no solamente la cantó al estilo habanero: supo además de las variantes típicas de Guantánamo y Camagüey.

7

Testigos de excepción, compañeros de labor y colegas de otras agrupaciones opinan: “Para mí, sinceramente -sentenció el pianista del Casino, Roberto Álvarez-, Faz es uno de nuestros cantantes más completos; era tan completo como Benny Moré. A mí me gustaba en todos los géneros: como bolerista y como guarachero. No tenía nada que envidiarle a ningún cantante. Su único defecto era que no tenía una gran dicción, principalmente motivada por falta de instrucción. Pero tenía un carisma y una pimienta en el escenario que se ganaba al público: se echaba a correr, tiraba sus maracas al aire…”

La voz eterna de la Orquesta Riverside, Tito Gómez, fue su gran amigo desde tiempos de juventud, cuando ambos se iniciaban en la música y el canto. Acerca del triunfo de Faz con el Casino, comentó las razones de su éxito: “Primero, porque era muy buen cantante; segundo, porque a pesar de ser blanco y rubio, tenía tanto ritmo en el cuerpo como cualquier negro, que son los reyes de eso. Faz fue un fenómeno.” En diálogo con el autor, Tito recordaba:

“Si tú lo hubieras conocido como yo, te darías cuenta, al verlo tocar el bongó o la tumbadora, que Faz [los tocaba] muy, muy bien. Eso lo acompañó al desenvolverse como cantante. Tenía una clave increíble.

Además de eso, era incansable para cantar. (…)  Siempre tenía deseos de trabajar. En eso, los dos éramos iguales. Nos gustaba cantar el martes, el miércoles, el jueves. Nunca nos cansábamos.

Me gustaba más como guarachero. Yo le decía: ‘Cuando te metes en la guaracha, le pones todo lo que hace falta’”.

Un nombre legendario de la salsa, Larry Harlow, aseveró: “One of the first pure soneros I ever heard. His band was also very typical son montuno…”[Uno de los primeros soneros puros que escuché. Su grupo sonaba también a típico son montuno].

Descarga, Catálogo 96/97, EE. UU. Traducción del autor.

El musicólogo Helio Orovio, además de investigador musical, tuvo la experiencia de ser percusionista del Conjunto Jóvenes del Cayo. De tal modo, a sus conocimientos como estudioso de la música cubana, se añade la singular e inestimable circunstancia de haber compartido con los grandes de la época. Por ello, sus criterios adquieren un gran valor:

“Roberto Faz es uno de los intérpretes vocales blancos que mejor expresó los géneros musicales en que prevalecen las raíces africanas. Esto, unido a que vivían en él con explicable autenticidad, los giros vocales y ritmáticos oriundos de España, hace de él una de las figuras más completas y aglutinantes que ha conocido nuestra música popular. No puede obviarse el hecho de que era oriundo de una cuna riquísima de folclor como es el pueblo de Regla. El bolero, la canción filin ritmática, el son, la guaracha, la rumba, la conga, el mambo, el chachachá, el dengue… sonaron en su peculiar voz, haciendo disfrutar y bailar a todo el pueblo de Cuba.”

Leonardo Depestre Catony: ob. cit., p. 59.
En Radio Mambí, 1957

8

El 3 de enero de 1956, Faz firma el documento que oficializa su intención de separarse del Conjunto Casino. Otros seis músicos del grupo le acompañarán en ese camino. Al respecto, el propio Roberto Faz recordaba: “Un día, con el deseo de independizarme, hablé con Espí. Y dentro de la mayor armonía, abandoné el ‘Casino’ para fundar el mío propio, que lo inauguré el 10 de Enero [sic] de 1956, debutando con él en “El Show del Mediodía” de CMQ-TV.”[21]

El naciente Conjunto de Roberto Faz se insertó muy pronto en el ambiente. Uno de sus primeros bailes tuvo como escenario el Centro Gallego de La Habana. Y el propio Canal 6 de la televisión lo presentó en su programa dominical Orquestas cubanas:

“CMQ-TV ha tenido la brillante idea de presentarnos un programa a base de orquestas cubanas, lo cual resulta no sólo alegre, sino muy entretenido. Todos los domingos se presentan distintas orquestas y conjuntos que nos deleitan con distintas interpretaciones de nuestros ritmos. El animador del programa es Enrique Rodríguez que nos recuerda en muchas de sus cosas y ocurrencias a Germán Pinelli. El domingo las orquestas presentadas fueron la de (Ernesto) Duarte y el conjunto –nuevo por cierto– de Roberto Faz. Ambas estuvieron muy bien, pero el número final fue de gran lucimiento. Las dos orquestas se unieron y tocaron juntas un número musical que nos hizo brincar de nuestro asiento y bailar al compás de tan alegre ritmo. Ya saben los bailadores que todos los domingos a las diez de la noche pueden bailar al compás de las mejores orquestas y conjuntos que tenemos actualmente.”

El Avance Criollo (La Habana), 28 de febrero de 1956. El programa salió al aire el domingo 27.

Durante 1956, la agrupación efectuó sus primeras grabaciones para el sello Puchito y mantuvo un programa en Radio Mambí. Al año siguiente, firma contrato fonográfico con Panart y se convierte en importante atracción del cabaret habanero Ali Bar:

“»SHOW» VISITA EL CABARET «ALI-BAR»

Las voces más populares y un gran conjunto alternan en su pista. Benny Moré y Orlando Vallejo, el Conjunto de Roberto Faz y el cantante Fernando Álvarez, llenan un elenco cubanísimo que provoca el delirio de la concurrencia.”[22]

Otra foto en el Ali Bar, 1958

Y un momento convertido hoy en leyenda se produjo, precisamente, en Ali Bar, en noviembre de 1957. De ello dejó constancia un hábil reportero gráfico de Bohemia: “Una noche, en el AliBar [sic], Benny Moré tenía tantas ganas de cantar, que cantó con todo el que quiso. Y la cancionera Olga Guillot que había ido como espectadora, accedió a la invitación del “Bárbaro” (…) Después cantó a dúo con Roberto Faz y Orlando Vallejo […] Cantó con muchos artistas más. Pero como demostración de que el “Bárbaro” canta cuando tiene ganas, quedan esas tres pruebas gráficas.”[23]

Muchos años después, en medio de uno de mis paseos preferidos cuando retorno unos días a mi Habana natal, recorría una de las hermosas esquinas de la ciudad antigua. Frente a un pequeño local nombrado La Taberna, un anuncio mostraba copia de aquella foto de los dos grandes, verdadera pieza de colección. No era una simple evocación al pasado: es la invitación permanente a compartir, en ese sitio capitalino, con la música cubana interpretada, entre sones, boleros y guarachas, por el mismo conjunto fundado por el inolvidable sonero hace más de seis décadas, con su nombre como estandarte.

A dúo con Benny Moré en el Ali Bar, 1957

Roberto Faz se ganó un lugar, por demás merecido, como parte insoslayable del panorama musical de esta Isla. Guarachero, bolerista, sonero de cuerpo entero, su voz, recogida en más de cuatrocientas grabaciones, constituye un capítulo trascendental en la historia de la música popular cubana.

Sancti Spíritus, 16 de septiembre de 2020.

Esta noche yo bailo con ella. Roberto Faz y su Conjunto

NOTAS:

[1] Bohemia (La Habana), 15 de abril de 1928, p. 57. Regresar

[2] Disco Victor 46962, 14 de febrero de 1930. En el disco soporte de la versión grabada décadas después por Abelardo Barroso con la Orquesta Sensación, (Lp Puchito 504 Chachachá – Orquesta Sensación, ca. 1955) se consigna como autora a Juana González, esposa de Cabrera. Regresar

[3] El músico José Luis Céspedes Fournier nació en el central Baltony (luego Los Reynaldos), en la localidad de Almeida, en Oriente, el 21 de julio de 1909; murió en Guantánamo, el 17 de febrero de 1991. Regresar

[4] Sigryd Padrón y Dulce María Betancourt: “Cuní, la voz del son”, p. 13. Regresar

[5] Pacopé: Ob. cit. Regresar

[6] En otras fuentes se escribe este apellido como Cabanas o Cabana. Regresar

[7] Erena Hernández: “Dos poetas del son” en La música en persona, p. 173. Regresar

[8] Leonardo Depestre Catony: ob. cit., p. 56. Regresar

[9] Parque de diversiones situado en los terrenos donde se levantó luego el Capitolio Nacional. Regresar

[10] Pacopé: Ob. cit. Regresar

[11] Fausto Pérez Villarreal: “¡Así cantaba Roberto Faz!”. Regresar

[12] Ibídem. Regresar

[13] Patrick Dalmace: “La Guaracha; Guaracheras et Guaracheros”. Regresar

[14] Pacopé: Ob. cit. Regresar

[15] Radamés Giro: Diccionario enciclopédico de la música en Cuba. Tomo 2, p. 86. Regresar

[16] María Teresa Linares: La música y el pueblo, p. 139. Regresar

[17] María Teresa Linares: “La guaracha cubana. Imagen del humor criollo”. Regresar

[18] Bohemia (La Habana), 18 de diciembre de 1964, p. 36. Regresar

[19] Disco Panart 1625, 19 de enero de 1954. Regresar

[20] Disco Panart 1653, 26 de mayo de 1954. Regresar

[21] Pacopé: Ob. cit. Regresar

[22] Show (La Habana), no. 48, febrero de 1958, p. 42. Regresar

[23] Bohemia (La Habana), 17 de noviembre de 1957, p. 139. Regresar


BIBLIOGRAFÍA:

Avance Criollo, El (La Habana): 3 de febrero de 1956; 28 de febrero de 1956.

Bohemia (La Habana): Vol. xx, no. 16, 15 de abril de 1928; año 49, no. 46, 17 de noviembre de 1957; año 51, no. 21, 24 de mayo de 1959; año 56, no. 51, 18 de diciembre de 1964.

Calderón, Jorge: María Teresa Vera. La Habana, Letras Cubanas, 1986.

Castillo, Andrés: “Nuestra música: Soneros” en Bohemia (La Habana), año 54, no. 33, 17 de agosto de 1962, pp. 20-21.

Dalmace, Patrick: “La Guaracha; Guaracheras et Guaracheros”. En Montuno Cubano. Disponible en: http://www.montunocubano.com/

Depestre Catony, Leonardo: Homenaje a la música popular cubana. Santiago de Cuba, Oriente, 1989.

Descarga Catalog 98/99. Brooklyn, 1999.

Giro, Radamés: “Los motivos del son” en La Gaceta de Cuba (La Habana), no. 2, marzo-abril de 1994, pp. 27-31.

____________: Diccionario enciclopédico de la música en Cuba, 4 t., La Habana, Letras Cubanas, 2ª edición, 2009.

Hernández, Erena: La música en persona. La Habana, Letras Cubanas, 1986.

Linares, María Teresa: “La guaracha cubana. Imagen del humor criollo”. Disponible en: http://www.musicuba.net.

_________________: La música y el pueblo. La Habana, Adagio, 3ª reimpresión, 2007.

Marrero, Gaspar: “Redescubrimiento de Roberto Faz”. Ponencia presentada al Coloquio Internacional Boleros de Oro, La Habana, 28 de junio de 2014.

_____________: Roberto Faz. Sonero de Cuba. La Habana, Ediciones Cidmuc, 2016.

Moore, Robin D.: Música y mestizaje. Revolución artística y cambio social en La Habana. 1920-1940. Madrid, Colibrí, 1997.

Pacopé [seudónimo de Francisco Pita Rodríguez]: “Hit! [sic] Radial. La entrevista del lunes: Roberto Faz” en Prensa Libre (La Habana), año xix, no. 3123, 17 de febrero de 1959, p. 16.

Padrón Díaz, Sigryd y Dulce María Betancourt: “Cuní, la voz del son”, en Extramuros (La Habana), no. 7, diciembre de 2001, pp. 12-14.

Pérez Villarreal, Fausto: “¡Así cantaba Roberto Faz!” En El Heraldo (Barranquilla), 20 de septiembre de 2014. Disponible en: http://www.elheraldo.co/cultura

Show (La Habana): no. 48, febrero de 1958.

TESTIMONIOS

Álvarez Valdés, Roberto: La Habana, septiembre de 1991 y 15 de julio de 2001.

Gómez, Tito (José Antonio Tenreiro Gómez): COCO. La Habana, 16 de septiembre de 1995.


Anuncio publicitario

Un comentario en “Roberto Faz: canto y vida de la guaracha cubana… En su nuevo aniversario (1914-2020)

  1. Emilio Banos 3219 s.w 63 ave Miami Fla. 33155

    Mi nombre es Emilio Banos naci en la Habana diciembre 23-1935 tengo 85 anos’ fui y soy tremendisimo admirador de Roberto Faz Monzon. hable con el dos o tresveces en el show de la manana en CMQ , me escapaba del colegio De la Salle donde estudiaba, algunas veces con dos companeros para deleitarnos en el show de la manana viendo y oyendo al conjunto Casino. aprendi a tocar bongoes y tumbadora viendo las ejecuciones del Chicuelo y el Patato fueron momentos inolvidables que aun persisten en mi corazon’ Gracias por la gran oportunidad de rememorar todo esto, hace unos siete anos fui a Cuba por un mes y conoci personalmente a Rolito Rodriguez lo visite unas cinco veces y hablamos extensamente sobre el gran Roberto faz.
    Gracias mil por haberme hecho recordar al mejor sonero blanco de Cuba

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s