“Barroso tiene quince años…” 115º aniversario (1905-2020)

Por Gaspar Marrero. Investigador cultural

Fotos tomadas de EcuRed, Fundación Musicalia y Colección Revista Show, compilada por Rosa Marquetti Torres.

Abelardo Barroso

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Para quien estas líneas escribe, era una verdadera obsesión, desde la infancia, la de tener un tocadiscos. Por consejo de mi papá, debí terminar mis estudios y contar con mi salario para, entonces, sostener tan costosa afición. La espera resultó más larga de lo imaginado: poco más de veinticinco años.

Una tarde de sábado -puedo ubicarla en septiembre de 1979- estaba en plenos trajines radiales en la querida C.O.C.O. de la calle 10, en El Vedado. Era mi costumbre desde hacía unos seis años. Luego de mi semana profesional como docente en un plantel educacional de mi barrio, reservaba sábados y domingos a mi otra vocación: la radio.

El teléfono me saca de la máquina de escribir. Era un amigo: me avisaba de la venta, en una tienda de Galiano y Neptuno, de aparatos tocadiscos marca Akords, de fabricación rusa, con una cualidad indispensable para mí. A diferencia de otros modelos en el mercado cubano por esos días, este reproducía discos de 78 revoluciones por minuto. Ese equipo, en particular, tenía originalmente un precio de cuatrocientos sesenta pesos. Pero esa tarde ocurría en aquel establecimiento algo singular: los aparatos a vender tenían algunos defectos y, por ese motivo, fueron rebajados a doscientos cincuenta.

Y yo acababa de cobrar…

Dejé todo por hacer y tomé un ómnibus -una guagua, decimos en Cuba. Muchos melómanos se habían enterado de la oferta y eso me obligó a varias horas de espera. Finalmente, mientras me llenaban la documentación acostumbrada para pagar en la caja registradora, doy un vistazo a los estantes: vi un disco de reciente edición por la Egrem. Antes de cerrar la venta del equipo, lo pido al vendedor y lo agrega al vale.

Ya era de noche cuando salí en dirección al parque de Galiano y San Rafael, solo dos cuadras más allá. No recuerdo, a estas alturas, cómo pude llegar allí con aquella caja tan pesada y el disco, verdadero trofeo de guerra:

Se trataba de un disco de Abelardo Barroso…

La Sensación con Barroso

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-Oye, cruco, vamos pa’llá pa´l solar de Guagüina, que tiene un “guaguancó” [sic] allá. Está Abelardo, Boloña y to’a esa gente allá. ¡Vamos pa’ llá’! -los demás se unen a la invitación.

-¡Eh!, ¿qué pasa, Juan Pablo?

-Nagüe…

-¡Eh! ¿Qué hubo, Gerardo?

-Aquí, mi socio…

-¿Qué hubo, Luisito?

-Ahí, en la matraca…

-Yo creí que ustedes no iban a venir, caballero…

-¿Cómo no?, si vine pa’ oírte…

-Hace una hora que los estoy esperando…

-Bueno, po… pon una, pon una, pon una ahí…

-Bueno, voy a cantar una na’ más, que estoy cansa’o… ¡’Toy cansa’o!

-Fíjate que estás en tu día…

Es el simpático diálogo introductorio que se escucha en un viejo disco de la Orquesta Sensación.[1] El flautista Juan Pablo Miranda y los cantantes Gerardo Pedroso y Luis Donald hacen las veces de tres amigos que van a una rumba en un solar donde los espera Barroso. La grabación es todo bajo y ritmo, con coros al final -se les une Rolando Valdés, el director de la orquesta- para apoyar al veterano Abelardo, en pleno reverdecer de laureles con cincuenta años de edad…

Reportaje en la revista Show (1960)

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Aunque en algunas biografías se consigna el lugar de nacimiento en la esquina de las calles habaneras de Concordia y Escobar, el propio Abelardo Barroso afirmó al periodista Orlando Castellanos -en entrevista para su hoy legendario programa Formalmente informal, de la emisora de onda corta Radio Habana Cuba- que nació en el solar[2] El Tetuán, cuya dirección exacta era la de Concordia número 75 entre Lealtad y Perseverancia. Tal y como se cuenta, el pequeño cantaba en casa desde edad tan temprana como sus cuatro años. Un conocido trovador de entonces le escuchó y dijo al señor padre del muchacho: “Oiga, Barroso, éste va a ser cantante.”[3] Era Manuel Corona, el autor de Longina

En la escuela donde cursó sus estudios primarios, tuvo como condiscípulos a Andrés Laferté y a Ernesto Muñoz, quienes, ya adultos, serían músicos y directores de orquesta. Pero la vida entonces era extremadamente dura y muy pronto se vio obligado a trabajar. Se desempeña en diversos oficios: desde limpiabotas hasta guardabarreras en los ferrocarriles, pasando por pelotero y también boxeador.

“Mayo de 1925. Una máquina[4] de alquiler conduce de madrugada a los integrantes del famoso ‘Sexteto Habanero’, hacia la playa de Marianao. Van cantando. El joven chofer se les une, haciendo un falsete. ‘Muchacho, desde hoy perteneces al Sexteto Habanero’, dice categóricamente Guillermo Castillo, el dueño del conjunto.”[5]

Semanas después, el 29 de octubre de 1925, tal y como reza en los archivos de la Victor, el joven Barroso, con veinte años recién cumplidos, participa en la primera sesión de grabaciones de la agrupación. Empezaba la era gloriosa del son urbano: otrora despreciado, vilipendiado y relegado, la impronta sonera entra en sociedad. La primera obra grabada fue Maldita timidez, original de Carlos Valdés Brito [disco Victor 78510]. Otros tres registros se producen entonces: aquí difieren los datos: según Jordi Pujol, del sello catalán Tumbao Cuban Classics, en su “Discografía del Sexteto y Septeto Habanero”, estos tuvieron lugar cuatro días después, es decir, el 2 de noviembre de 1925. Y, por otro lado, Cristóbal Díaz Ayala, en su Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana, consigna las tres primeras en la fecha del 29 de octubre y la cuarta en la sesión citada de noviembre. Haya sido de una o de otra forma, a finales de 1925 estarían en el mercado, además de Maldita timidez y No me desprecies, mujer, al otro lado del disco, los sones Chaparrita, basado en la reconocida composición del mexicano Ignacio Fernández Esperón Tata Nacho, y el clásico del son Loma de Belén, cuya autoría se anota a nombre de Juana González [Victor 78594].

Pudiera pensarse en una posible permanencia de Barroso en el Habanero después de aquel acontecimiento discográfico. No fue así: pasó por varios grupos soneros hasta regresar al célebre grupo en 1927. Coincide con la inclusión, por vez primera, de la trompeta, ejecutada entonces por el músico Enrique Hernández. Entre el 19 y el 21 de marzo de 1927, el cantante lleva a más discos Victor diez nuevas grabaciones. Aunque las etiquetas muestran la clasificación genérica son, una escucha atenta descubre que se trataba de sones propiamente dichos, boleros sones, boleros soneados y hasta congas, como fue el caso de La Chambelona (Rolando Leyva) [Victor 79397]. Sus últimas grabaciones con el ya Septeto Habanero se efectuaron en Nueva York, en 1928.

Porque un poco antes, en 1927, Abelardo Barroso se había unido al nuevo grupo sonero fundado por un contrabajista, también inspirado compositor, nombrado Ignacio Piñeiro…

Los músicos de la Sensación

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El hoy legendario trompetista del Septeto Nacional, Lázaro Herrera, opinó acerca de la etapa de Abelardo Barroso con el grupo fundado por Piñeiro: “era un cantante muy bueno, pero quiero señalar que fue Ignacio quien lo enseñó a inspirar en los montunos, porque, antes, él no tenía ese conocimiento.”[6] Otro de los recordados músicos del septeto, Rafael Ortiz, guitarrista y compositor, dijo:

“El Sexteto Habanero fue el primero en interpretar el son que hoy conocemos, un son elaborado. La agrupación tenía dos cantantes que, a mi entender, eran los más grandes, los más destacados soneros, porque después todo el mundo cogió de ellos. Me refiero a Gerardo Martínez y a Abelardo Barroso.”

Leonardo Depestre Catony: Ob. cit., p. 10.

Desde entonces, el joven sonero, todavía con veintitrés años de edad, comienza a peregrinar por septetos y orquestas. En 1931, ya en pleno apogeo del danzonete -especie de híbrido entre danzón y son, creado por Aniceto Díaz en 1929- entra a la orquesta de su antiguo condiscípulo infantil Ernesto Muñoz. Permanece allí dos años hasta sumarse a la iniciativa, del maestro Orestes López, de fundar la denominada Orquesta López Barroso, conformada además por Israel López Cachao como contrabajista, el flautista Juan Pablo Miranda y el güirista Abelardito Valdés. Por entonces, Barroso y Fernando Collazo eran los cantantes más populares.

Sigue el andar de Abelardo Barroso. Organiza dos septetos: el Universo y el nombrado Pinín. Más tarde, canta con la orquesta de Calixto Allende y, por intermedio del propio Collazo, ingresa a la de su ya citado compañero de estudios primarios, Andrés Laferté. Pasa luego a la agrupación del pianista Everardo Ordaz hasta llegar a la Orquesta Maravilla del Siglo, que dirigía Juan Pablo Miranda, allá por 1939.

Gracias a las increíbles gestiones de apasionados coleccionistas, apareció una toma radial (presumiblemente obtenida en Radio Cadena Suaritos), donde Abelardo Barroso canta la guaracha Mi bumbané, uno de los primeros triunfos musicales del compositor matancero Senén Suárez.

Sin embargo, ya corrían otros tiempos…

“Me retiraron, porque la gente no quería escucharme, vinieron las variaciones, otros cantantes que, vamos, gustaban más que yo. Entonces me fui a tocar tambor con la orquesta de [Rafael] Ortega. Pero vino mi caída, no tenía para pagar la casa ni apenas para comer. Y el mejor amigo que yo he tenido en mi vida, Benny Moré, se enteró… ‘¿Qué te pasa, Barroso?’ ‘Benny, que estoy mal, en una situación mala. Vivo aquí, pero debo dos meses de casa y estoy demandado.’

Los testimonios de Barroso fueron tomados de una entrevista, concedida al periodista Orlando Castellanos para Radio Habana Cuba, recogida por el cineasta José Galiño para su documental No quisiera que me olvidaran.

El Bárbaro del Ritmo le pidió que lo acompañara a ver al casero: pagó la deuda y alquiló otra vivienda, donde vivió Barroso el resto de sus días. Fue a la bodega y liquidó los pagos atrasados. Y exigió a Alipio García, propietario del cabaret Ali Bar, donde Benny era ya una estrella:

-Alipio, contrata a este hombre, ¡de lo que sea! Y le pagas cante o no cante. Si no lo firmas, me voy y no trabajo más aquí…

En televisión

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Mi gran amigo y hermano Francisco Paco Miranda, coleccionista de discos, locutor y director de programas radiales en Contramaestre, Santiago de Cuba, me facilitó el contenido de una carta recibida por él y guardada celosamente en sus archivos:

“… en la mañana del 23 de agosto del año 1953 se presentan en una de las casas de la calle Sitios, próximo a Manrique, lugar donde residía un conocido músico (Güirero y cantante) nombrado ROLANDO VALDÉS GONZÁLEZ, los músicos Jesús Esquijarosa (Chuchú, timbalero famoso e integrante de la orquesta Arcaño y sus Maravillas), Miguel Santa Cruz (El Pitcher, percusionista de la orquesta Melodías del 40) y Eloy Martínez (flautista de la Melodías del 40). Estos músicos visitaban a Rolando con el propósito de proponerle la creación de una nueva orquesta, pero este les indica que había que esperar una coyuntura para llevar a vías de hecho esa fabulosa idea.

“En el mes de septiembre de ese mismo año Rolando busca a Chuchú, ya que el momento había llegado (la orquesta de Arcaño estaba en decadencia y la orquesta América de Ninón Mondéjar se imponía por la creación del CHA-CHA-CHÁ).

“Comienzan a organizar la orquesta y lo primero que se plantean es buscar el nombre, proponiéndose los de Farándula y SENSACIÓN, optándose por este.”

Carta dirigida a Francisco Miranda, realizador radial de Contramaestre, Santiago de Cuba, por Roberto González, director de la Orquesta Sensación en 1994.

Por su parte, un amplio reportaje gráfico dedicado a la popular charanga y publicado en 1960, dice: “La orquesta ‘Sensación’ (…) lleva 6 años de constituída. [sic] Debutó el 24 de agosto de 1952 en una fiesta de las Mercedes en la calle de Campanario (…)”[7] Muchos años después, el cronista Rafael Lam dialoga con Rolando Valdés: “En mayo de 1953, (…) tres músicos me vienen con la idea de organizar una orquesta charanga. (…) al cabo de tres meses (…) le dije a mis colegas: ‘este es el momento’, organizamos la charanga y sugerí ponerle Sensación o La Farándula. Todos decidieron Sensación, y yo adicioné: ‘¡que hay una sola!’”[8] Hay confusión en las fechas, pero, al parecer, esta versión de su fundador es la más lógica. Continúa el testimonio de Rolando Valdés:

“El 23 de septiembre de 1953 se estrena la Sensación con diez músicos y 35 pesos por presentación, llegamos a 350 por baile y hacíamos hasta cuatro diarios, 14 programas de TV y estuvimos en un programa diario durante un año con Manolo Rifat.[9]

“Las primeras grabaciones las hicimos con Celio González como invitado,«[10] pero no pasó nada; la orquesta América estaba sonando duro. El primer cañonazo fue Seven Boys,«[11] en el que por vez primera una pieza se inicia con un solo de tumbadora en el protagónico. Era un cha con swing, con las voces al unísono de Alfonsín Quintana, Cheo Junco y Rolando Valdés. El segundo hit fue Arráncame la vida[12](…)”

“En el 55 [agrega el fundador de la Sensación] traigo al ‘cuarto bate’ Abelardo Barroso. A éste me lo encuentro en el cabaret La Campana donde cantaba Benny Moré.”

Rafael Lam: Ob. cit., pp. 17-18.

Será la apoteosis…

Éxito del Danzón cha

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El cabaret La Campana, situado en la calle de Infanta, algo distante del nuevo centro neurálgico de las noches habaneras -El Vedado de Radiocentro y también de las agencias publicitarias- se convirtió, tal vez contra todo pronóstico, en el “nite club favorito de la sociedad”.[13] Su propietario, Luis Soto, decidió seguir la iniciativa impuesta por el Montmartre, de la calle P: cambió los números a cargo de un elenco estelar por una revista musical con excelente composición danzaria. De tal modo, contrató al destacado coreógrafo Gustavo Roig y presentó la producción “Noche antillana”. Fue un suceso, como se decía entonces -traducción libre del inglés success, éxito. Sin embargo, con el transcurso de las semanas, las ganancias no fueron las esperadas y, contra todo pronóstico, La Campana cerró.[14]

Poco antes de su obligada clausura, tuvo lugar allí un encuentro con el cual comenzaría (sus protagonistas ni lo imaginaban esa noche) un capítulo significativo en la historia de la música cubana.

No hay fecha exacta de aquella ocasión. No obstante, a juzgar por los acontecimientos posteriores y el cierre del cabaret, puede ubicarse la reunión en los primeros meses de 1955.

Gracias al apoyo del Benny, Barroso recompone su devenir: “Entonces me fui para el cabaret La Campana. Vino Jesús Gorís [propietario de los discos Puchito]: ‘Vine a verte y a grabarte. Yo te voy a dar esa oportunidad. Tengo a la orquesta Sensación’. Dije: ‘Mira qué bonito está el nombre ese: la Sensación.’ ‘Casualmente, vengo con Rolando, el director de la Sensación.’ Pero Rolando me dijo: ‘Yo prefiero que tú me grabes con mi orquesta En Guantánamo y La hija de Juan Simón.’ Fueron los primeros dos números que grabé con la Sensación.” Rolando Valdés recordaba así aquella conversación:

“‘Rolando, yo quisiera grabar contigo.’ ‘Está bien.’ ‘Quisiera grabar contigo un bolero.’ Me dije: ‘Este hombre con esa edad, ¿un bolero? No va a pasar na’. [Canta]: ‘Aaaaah… ah ah ah ah… De mil novecientos veinte, ma’re…’ Oye, eso ha salido… que parecía que ya estaban puestos los discos… Y sale Barroso y le pongo yo, en vez del instrumental: ‘Esta es… la milonga… de Barroso en chachachá…’ por la otra cara del disco.”

José Galiño: No quisiera que me olvidaran, documental.

En la ya referida entrevista con Rafael Lam, el músico agrega: “fue un escándalo. Lo lancé en la TV, introduciendo el montunito: ‘Barroso tiene 15 años / y baila cha cha chá [sic] /’. Al veterano lo opuse como un ‘pepillo’ con short, tennis y hasta una tetera.”

-La Sensación fue mi triunfo. Y Rolando es un muchacho que vale mucho -resumió Barroso esa estela magnífica de éxitos. El ya citado Senén Suárez aseveró: “Esa fue su etapa más bonita, más lucida: un cantante con mucho carisma, con una pronunciación y una melodía exactas, no desafinaba. Tenía una extensión de voz como no la tenían muchos. Se lució en los veinte, en los treinta… y en los cincuenta.”[15]

“A propósito de las nuevas grabaciones de discos ‘Puchito’, ya a la venta en estos días, [Jesús] Gorís anunció el último ‘hit’ de Olguita Guillot, la cancionera de América, que lleva el título de ‘Vete’, así como otra de Abelardo Barroso, que se ha impuesto avasalladoramente tras una tregua de años. Barroso, con la orquesta Sensación, interpreta ‘El Guajiro de Cunagua’ (Cha-cha-chá) y ‘Yo ta Cansá (Ña Teresa)”.[16]

Aquellos años constituyeron un lapso tan brillante como incomprensiblemente olvidado hoy. Tras iniciarse por Radio Mambí, la Orquesta Sensación fue proclamada, en 1957, como la más escuchada en las ondas. También se cansó de obtener diplomas y trofeos, amén de contratos por cifras monetarias astronómicas. Después de aquel disco solitario con el sello Sonoro, de la Panart, la popularísima charanga de Rolando Valdés grabó, hasta 1960, cuatro producciones de larga duración y más de cien sencillos, todos con Puchito. De los dos Discos de Oro obtenidos, por marca record de ventas, uno fue, precisamente, el que marcó la entrada a la agrupación de Abelardo Barroso: En Guantánamo y La hija de Juan Simón, en 1955.

Con Barroso entre sus voces, la Sensación se fue hasta los carnavales de Caracas, Venezuela (1957) y, en varias ocasiones, al Bay Front Park de Miami, EE. UU. En octubre de 1960, la orquesta cubana, en el apogeo de su fama, se posesionó del mítico trono de la música bailable en Norteamérica, tal y como lo reflejó la prensa: “Dos fines de semana estuvieron en el ‘Palladium’, Abelardo Barroso y la orquesta Sensación. Barroso llevó mucho público al local de Broadway.”[17]

“EL DISCO ‘TIENE SABOR’

“Ha sido de mucha aceptación el Long Playing ‘Tiene Sabor’, que Puchito ha puesto a la venta en la interpretación de la gran orquesta ‘Sensación’, que hay una sola, con sus cantantes Donald-Barroso y Tabenito. Entre otras, la orquesta ‘Sensación’, de Rolando Valdés, les brinda al público las siguientes melodías: ‘Tiene Sabor’, ‘Puchunguita’, ‘La Rosa Mustia’, ‘Naufragio’, ‘Desconfianza’, ‘Cielito Lindo’, ‘La mulata rumbera’, ‘Los Sitios llaman’, ‘Casablanca’ y muchos más.[18]

Esta anécdota forma parte de la gran leyenda de los músicos cubanos. Según se dice -no me consta- la Sensación actuaba en un programa de televisión animado por Germán Pinelli. Tal y como se narra, en el momento climático de un bailable, como era su costumbre, Rolando Valdés se acerca al micrófono y exclama, con su peculiar acento:

-Sennn… sación hay… ¡una sola!

Y, como una tromba, el travieso Pinelli acota:

-¡¡Menos mal…!!

Los cuatro grandes en acción

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En solo cinco años, Abelardo Barroso consiguió lo que, quizás, hubiera soñado muchas veces durante décadas. En 1960 se cumplieron treinta y cinco años desde su entrada en el glorioso Sexteto Habanero. Y nunca obtuvo el reconocimiento unánime de los melómanos. La fama le llegó muy tarde…

Precisamente, en aquel año, Barroso es llamado por Jesús Gorís, quien acababa de crear un nuevo sello disquero tras el colosal éxito de sus grabaciones Puchito: lo identificó como Clave. Gorís decidió grabarle esa vez al cantor con un conjunto, organizado -como muchos otros- solo para la ocasión por el maestro Severino Ramos.[19] Lejos del trepidante chachachá y su variante más movida, conocida entonces como ritmo charanga, el querido intérprete se luce entre boleros y guajiras. Dice una revista: “‘Te Odio’, en la voz de Abelardo Barroso, grabado por el sello ‘Clave’ de Jesús Gorís, alcanzó un éxito que superó todos los cálculos. Y ello ha decidido que ya esté en la calle una nueva grabación en la voz del veterano de nuestros cantantes populares, con ‘El Amor de mi Bohío’, y la ‘Guajira Guantanamera’. Con esos títulos, no cabe duda que el éxito de este otro disco superará al anterior.”[20] Semanas más tarde, comenta:

“Abelardo Barroso está demostrando que su popularidad no decae. Desde que salió su último long-playing ‘Puchito’ titulado ‘El Alma de Cuba’, su voz se escucha reiteradamente por todas partes… Y el nombre que lleva el disco está aplicado cabalmente, porque en él aparecen títulos tan cubanos como ‘El amor de mi bohío’, ‘La alborada’, ‘Lágrimas negras’, ‘Cubanita’, etc.”

Show (La Habana), no. 81, noviembre de 1960, p. 70.
Tabenito, Eddy Álvarez, Barroso y Rolando Valdés

8

Las últimas grabaciones de Abelardo Barroso se efectuaron con el respaldo de la Orquesta Sensación. Un disco sencillo de 45 revoluciones por minuto, con el sello Panart (Nacionalizada), recoge sus interpretaciones de Triste lucha, bolero de Arsenio Rodríguez, y No hay como mi son, de Antonio González.[21] En 1964, la agrupación es llamada por la naciente Egrem para formar parte de su primer catálogo. El Lp 3104 Sensación hay una sola contiene, entre sus doce selecciones, las siguientes en la voz de Barroso: No te agites, mozambique de Eloy Oliva; Viva Bayamo, son montuno de Rolando Valdés con texto del propio intérprete, y la pachanga Te queda corto, original de Pedro Pablo Pérez Chorot.

El esfuerzo de tantos años provoca el ocaso de su carrera musical:

“Vine de Isla de Pinos, [cuenta el propio Barroso] a cantar a la playa de Guanabo. Esa fue mi última actuación, porque ya no pude cantar más. Entrando el año ’68, que fue el último día en que yo canté. Tuve la mala suerte de que me tuvieron que extirpar una cuerda vocal.”

En 1973, durante una de mis tantas sesiones de trabajo en la emisora C.O.C.O., el inolvidable productor y escritor Ignacio Figueredo, quien me abrió esas puertas, me confesó:

-Cada vez que escucho un disco de Barroso recuerdo que quedé en una triste deuda con él. Lo encontré un día en la calle. Ya sabía de mis programas en la “COCO” y casi me rogó: “Yo quisiera que hicieran allí un programa con mis discos…” Le dije que por supuesto, que con muchísimo gusto lo haríamos… Lo fui posponiendo sin darme cuenta…

El 27 de septiembre de 1972, en su casa de la calle habanera de Clavel, “en su barrio del Pontón” falleció Abelardo Barroso. Acababa de cumplir sesenta y siete años de edad.

Senén Suárez, guitarrista, compositor, arreglista y director de agrupaciones, rememoró esta experiencia en uno de sus viajes al extranjero:

“En África me preguntaron por la Orquesta de Pancho el Bravo y por la Maravilla de Florida, porque ya habían estado allí. Y me preguntaron por Barroso. Ellos estaban en todas. Cuba ha esparcido su música por todos los países. Y África no fue la excepción.”

José Galiño: Ob. cit.

Quizás, en sus últimos días, el querido cantante recordara aquel instante, muchísimos años atrás, cuando aceptó la invitación de un niño que lo escuchó en España: “¡Qué lástima que usted, con ese torrente de voz, no sepa cantar! ¿Quiere que lo lleve con mi maestro de canto para que le diga cosas que yo no me atrevo a decirle…?[22]

Consciente de su cercano final, confesó:

“Yo quisiera que el pueblo de Cuba nunca me olvidara…”

El canto será mi muerte, / tal vez mi felicidad, / así, de conformidad, / yo espero cualquiera suerte. / Así que mi cuerpo inerte / lo lleven al camposanto, / allí yo no quiero llanto: / que rueguen por mi ventura / y, al darme la sepultura, / que entonen alegre canto…[23]

Sancti Spíritus, 18 de septiembre de 2020.

Voces de la Sensación

NOTAS:

[1] Lp Puchito 599, La Habana, 1959. Regresar

[2] En Cuba, una construcción dividida en muchos cuartos para otras tantas familias, con un gran patio central, lavadero y baño compartidos. Sus inquilinos eran familias muy pobres, sin posibilidades económicas para siquiera alquilar una habitación más decorosa. Regresar

[3]  Para ampliar detalles acerca de la vida del cantante, consultar:

Leonardo Depestre Catony: “Abelardo Barroso en el recuerdo”, en Homenaje a la música popular cubana, pp. 9-22. Regresar

[4] En Cuba, entonces, automóvil. Regresar

[5] Alberto Pozo: “Una voz que se aleja… Abelardo Barroso”. Regresar

[6] Leonardo Depestre Catony: Ob. cit., p. 11. Regresar

[7] Ver: Show (La Habana), no. 78, agosto de 1960, p. 60. Regresar

[8] Rafael Lam: “Sensación: hay una sola”, p. 17. Regresar

[9] Famoso director de programas en la televisión cubana. Se le recuerda, sobre todo, por el espacio Música y estrellas, por los años 1960. Regresar

[10] Disco Sonoro 118, ca. octubre de 1953. Contiene El brillo de tus ojos (Eloy Martínez) y Tú quieres un mambo (Rolando Valdés). Regresar

[11] Lp Puchito LPX-102 Chachachá de Cuba. Regresar

[12] Disco Puchito 223. Regresar

[13] Show (La Habana), no. 15, mayo de 1955, p. 16. Regresar

[14] Show (La Habana), no. 16, junio de 1955, pp. 22, 32. Regresar

[15] José Galiño: No quisiera que me olvidaran, documental. Regresar

[16] Show (La Habana), no. 22, diciembre de 1955, p. 23. Regresar

[17] Show (La Habana), no. 81, noviembre de 1960, p. 81.< Regresar/p>

[18] Show (La Habana), no. 73, marzo de 1960, p. 36. Regresar

[19] Lamentable error el de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem), al incluir los cortes de este disco en su colección Las voces del siglo, en formato de casete y de disco compacto. En la producción dedicada a Barroso, se identifican estas grabaciones, equivocadamente, como efectuadas con el Conjunto Gloria Matancera. Regresar

20] Show (La Habana), no. 79, septiembre de 1960, pp. 68-69. Regresar

[21] Panart 2367. En épocas recientes, se ha atribuido la autoría de este son al pianista y arreglista Luis Martínez Griñán con el título de Mi son, mi son, mi son, frase tomada del estribillo de la composición. Regresar

[22] Alberto Pozo: Ob. cit. Regresar

[23] Versos de En Guantánamo. Regresar


BIBLIOGRAFÍA:

“Catálogo discográfico Panart”. Copia manuscrita. Archivo del autor.

Collazo, Bobby: La última noche que pasé contigo. Hato Rey Sta., Cubanacán, 1987, p. 323.

Depestre Catony, Leonardo: Homenaje a la música popular cubana. Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 1989.

Díaz Ayala, Cristóbal: Enciclopedia discográfica de la música cubana. Volumen 2 (1925-1960). Florida International University, 2002. Disponible en: http://www.latinpop.fiu.edu/discography.html. Última actualización: 2018.

Galiño, José: No quisiera que me olvidaran, documental. La Habana, Icaic, 2012.

González, Roberto: Carta dirigida a Francisco Miranda, realizador radial de Contramaestre, Santiago de Cuba, 1994.

Lam, Rafael: “Sensación: hay una sola” en Música cubana (La Habana), no. 2, 1998, pp. 17-19.

Pozo, Alberto: “Una voz que se aleja… Abelardo Barroso” en Bohemia (La Habana), año 60, no. 25, 21 de junio de 1968, p. 80.

Pujol, Jordi: “Discografía del Sexteto y Septeto Habanero” en estuche Sexteto y Septeto Habanero – Grabaciones completas 1925-1931. Tumbao Cuban Classics (Barcelona), 1998.

Show (La Habana): no. 15, mayo de 1955; no. 16, junio de 1955; no. 22, diciembre de 1955; no. 73, marzo de 1960; no. 78, agosto de 1960; no. 79, septiembre de 1960; no. 81, noviembre de 1960.

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