Jesús Ortega, el Maestro de Juventudes

Por Grizel Hernández Baguer. Musicóloga

Fotos: cortesía de la autora.

El pasado 15 de septiembre Jesús Ortega Irusta, cumplió 85 años de una fructífera vida de creación, que irradia a los más diversos campos artísticos donde destacan el pedagogo, el compositor, el promotor y por supuesto el instrumentista.

Ortega inició sus estudios de música en 1953, en el Conservatorio Municipal de la Habana, institución donde se vincula a Argeliers León, Edgardo Martín, Antonio Mompó y Harold Gramatges, entre otros pedagogos. Su acercamiento a la guitarra estaría vinculado desde sus inicios al ilustre maestro de la guitarra Isaac Nicola, quien le mostraría los caminos del repertorio clásico para el instrumento. De estos años iniciales de adentrarse en el mundo guitarrístico data también su amistad con el maestro Leo Brouwer con quien años después, iniciara su carrera profesional al formar un dúo en 1956.

En 1959 funge como director de la Banda de Música y director del Departamento de Arte del Ejército Oriental, es asesor del Departamento de Conservatorios del Ministerio de Educación y jefe del Departamento de Conciertos, Orquestas y Bandas, asimismo es nombrado profesor asistente del maestro Nicola, actividad que se consolidaría cuando en 1961 se vincula al Conservatorio Municipal de la Habana – posteriormente Amadeo Roldán – como profesor de música de cámara y práctica de conjunto de instrumentos de viento a petición de su maestro Nicola, entonces director de la institución y, en 1968, asume la dirección de la cátedra de guitarra y es designado director de la institución.

Su proyección en este accionar se extiende además a la Escuela Nacional de Arte, pues en 1974 se vincula como profesor de guitarra y años después, a la máxima institución de la enseñanza artística de nuestro país, cuando se integra en 1980 al claustro de profesores del Instituto Superior de Arte (hoy Universidad de las Artes) donde dirige el departamento de guitarra nuevamente en sustitución del maestro Nicola y es Profesor Titular. 

Encuentro de guitarristas. Casa de las Américas, con Jorge Cardoso y Argeliers León, 1980 / Foto Archivo Casa de las Américas

En 1995 como extensión de su obra pedagógica y maestría artística, funda y dirige desde la agrupación Sonantas Habaneras, proyecto que formara con sus jóvenes estudiantes hoy ya exitosos profesionales de la guitarra, entre los que se pueden citar a Rosa Matos, Alejandro González, Edel Muñoz, Osnel Rodríguez, Joel San Martín, Ariadna Cuellar, Elvira Skourtis, Ariadna Abreu, Yalit González y José Lázaro Domínguez.

Su intensa labor como maestro no ha frenado la carrera como instrumentista. A partir de 1958, su actividad como guitarrista en Cuba y en el extranjero ha sido ininterrumpida, con programas que han incluido obras de toda la literatura musical, desde los vihuelistas y laudistas del siglo XVI hasta las obras contemporáneas. Asimismo, ha integrado dúos de piano y guitarra en diversos momentos con las maestras y pianistas Karelia Escalante y María del Henar Navarro.

Como músico integral, Ortega también se ha ejercitado en la composición, pues desde 1957, cuando escribe Danza del adolescente ingenuo, de la cual también hizo una versión para quinteto de viento, no ha dejado de componer para diversos formatos y géneros mostrando un rico catálogo que incluye piezas para guitarra, música de cámara, sinfónica, electroacústica, ballets, para el cine, etc. Entre estas se citan Dos poemas de lucha, para barítono, guitarra, violín y chelo, sobre texto de José Martí; In Memoriam por Luis Escalante, para orquesta de jazz; y para guitarra: Treinta piezas pequeñas, Recitativo y fuga, Caminos y Divertimento, para cuatro guitarras.

Pero vale destacar en este quehacer su compromiso con la música electrocústica, a la que se vinculó desde los inicios junto a su también amigo y pionero del género en el país Juan Blanco, Ortega creaba y ayudaba en el Laboratorio y juntos compusieron Canto a la vida, basada en la voz de Benny Moré, para banda magnética e instrumentos de percusión en vivo. Hoy se encuentran en su catálogo obras como Rondó para cinta magnetofónica; Concertante, para computadora MW y banda magnética; Picasiana I, II y III para guitarra y cinta magnetofónica; Invocación por la paz mundial, para cinta magnetofónica; Son Mac Plus, dedicada a Enmamuel Blanco, actual director del Laboratorio Nacional de música electroacústica donde imita un tanto al órgano oriental y es también un homenaje a García Caturla en el tratamiento del son.

A estas se suman Fanfarria de primavera compuesta para estrenarse en Francia donde resultó premiada, resultado de un experimento con un sintetizador de juguete y una grabadora estéreo, Invocación, galardonada con el Premio Nacional de Composición en 1984 y Sax-Son para saxofón alto y tape de 1991 dedicado al destacado maestro y saxofonista cubano Miguel Villafruela.

Ortega compositor, también ha incursionado en la música para cine, con la musicalización de varios Noticieros ICAIC a solicitud de su director Santiago Alvarez, así como de la película Una pelea cubana contra los demonios dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, donde recrea la música cubana del siglo XVII. Asimismo, ha realizado transcripciones para guitarra de obras escritas para la vihuela y el laúd que le han llevado a rigurosos estudios e investigaciones.

Otra esfera asoma en la labor de Ortega durante estos años, la promoción y gestión cultural, es también un accionar destacado que se revela de particular manera en la fundación del Concurso y Festival de la Guitarra de La Habana, iniciado en 1982 y del que hoy es su presidente, que tiene sus antecedentes en el Encuentro de Guitarra de América Latina y el Caribe, de 1978, bajo la dirección de la Casa de las Américas del que también fuera un enérgico colaborador.

Sin dudas, la magna obra de Jesús Ortega ha merecido numerosos reconocimientos, es por ello que hoy tiene en su haber numerosos premios y condecoraciones conferidas por numerosas instituciones nacionales y extranjeras. Una rápida ojeada a algunas de las más significativas muestra el Doctorado Honoris Causa en Artes, por el Instituto Superior de Arte (1996); Medalla Alejo Carpentier (2002); Orden Félix Varela (2004); Premio Nacional de Enseñanza Artística (2005); Maestro de Juventudes, otorgada por la Asociación Hermanos Saiz (2015), la réplica del machete mambí del Generalísimo Máximo Gómez  (2002) y el Premio de Honor del Festival Cubadisco 2012, en la edición de 2013 de dicho festival, obtuvo dos nominaciones en la categoría Música de convierto, con los discos Paisaje cubano con sonantas y Jesús Ortega y la guitarra, del sello Producciones Colibrí.

Este año 2020 Jesús Ortega arriba a un aniversario que celebra su fructífera vida y una rica obra por la cultura cubana, donde destaca el meritorio camino como educador que le ha valido ser reconocido junto a Isaac Nicola y Leo Brouwer como fundador de la Escuela Cubana de Guitarra. Como homenaje a tal acontecimiento, reproducimos sus palabras como testimonio de su amistad con Argeliers León, de quien fuera alumno desde los años de estudio en el Conservatorio municipal y un gran colaborador en la Casa de las Américas.

Lo que representa para mí el Maestro Argeliers León

Recuerdo que lo vi por vez primera en el año 1954, en su aula del Conservatorio Municipal de Música de La Habana, donde impartía Pedagogía Musical y yo debía incorporarme a esa clase. Pronto me sorprendería la muy especial metodología del Maestro. Durante unos veinte minutos desarrollaba el tema correspondiente, preciso, exacto y muy convincente, comprobaba la asimilación de sus alumnos y después venía lo novedoso: el tiempo restante lo dedicaba a menesteres más urgentes: hablaba de las tropelías del régimen de Batista en todos los ámbitos de la sociedad cubana o arremetía contra las publicaciones chatarra norteamericanas que abundaban por aquel tiempo entre nosotros, del tipo Selecciones o las tiras cómicas de Superman o Mandrake el mago. O sea, además de la materia que debía impartir, daba a sus alumnos una formación básica de política y responsabilidad social.

Esa es la imagen que conservo para siempre del Dr. Argeliers León: simpático, irónico, culto y muy preocupado por el futuro del país.

Además de alumno, pronto llegué a ser su amigo, conocí de su aguda y casi siempre acertada ironía, de su generosidad para difundir conocimientos y estimular el talento; de su extraordinaria admiración por don Fernando Ortiz, de quien se consideraba discípulo. De lo que se había propuesto hacer con la Musicología en nuestro país, muy escasa en aquellos años de investigadores con formación mínima y conceptos certeros. Por primera vez escuché el término etnomusicología tan importante y vital para él, y para el desarrollo de esta ciencia en la música cubana.

Conservo algunas cartas que me envió desde África en el año 1965 donde, a pesar de estar tan lejos, se preocupaba por todo lo que estaba pasando en nuestro país, particularmente en el sector artístico. Una de ellas incluye pequeños dibujos a los que era muy aficionado, y a veces adornaba sus originales con ilustraciones más o menos alusivas.

Durante su etapa como Director del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional José Martí colaboré con él en diversos proyectos de conciertos, organizándolos y tocando en ellos. Publicamos una colección de partituras para guitarra de autores cubanos y allí, bajo su orientación, comencé mis trabajos de transcripción a la notación moderna de tablaturas de los siglos XVI y XVII de vihuela, guitarra y laúd. Recuerdo que cuando comencé este proyecto no sabía cómo hacerlo y consulté con cuantos músicos pude. Como no encontré auxilio alguno, sobrevino el pesimismo al pensar que no conseguiría descifrar tan diferente sistema de escritura musical, pero él me impulsó, convenciéndome que yo era quien más había conseguido averiguar sobre el tema y que solo se obtiene el éxito cuando se hacen las cosas con mucha convicción y tesón.

El primer resultado de ese trabajo fueron algunas piezas ejecutadas en un concierto de música de los siglos XVI y XVII que presentamos Leo Brouwer y yo en la Exposición de libros raros y curiosos de la Colección Raventós, brillantemente organizada por Argeliers. Estos libros —algunos de ellos incunables, otros muy raros y valiosos— habían sido donados por Ángela Raventós a la Biblioteca, y poco a poco fueron publicadas muchas partituras como fruto de esa investigación. Fue esa una de las épocas más hermosas y fructíferas del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional, con conciertos frecuentes, publicación de partituras y textos importantes junto a una intensa actividad musical con los niños.

Argeliers se interesó por componer música para guitarra y desde su primera obra para el instrumento: Tres canciones lentas, colaboré en esos empeños. Seguirían otras como Cinco piezas para flauta, clarinete y guitarra y, muy especialmente, Quinteto n. 2 para flauta, oboe, clarinete, fagot y guitarra, todas compuestas con las técnicas seriales muy próximas a los conceptos dodecafónicos pero asimilados de modo muy personal por la fina sensibilidad

(Tomado de Grizel Hernández Baguer (comp.) (2012). Historias para una historia, La Habana: Museo de la música. p. 234.

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Un comentario en “Jesús Ortega, el Maestro de Juventudes

  1. boriska02

    Extraordinario comentario sobre el gran Maestro Jesús Ortega, sin duda uno de los hombres influyentes en la escena musical académica en Cuba. No solo se le reconoce en su país, sino también en Chile donde muchos jóvenes alumnos de guitarra han ido a Cuba especialmente con él y luego construir carreras importantes como instrumentistas o maestros en la guitarra en diversas instituciones. Realmente un comentario que reconoce y rinde homenaje a uno de los grandes en Cuba.

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