La décima cantada en punto cubano*

Por Liliana Casanella Cué. Filóloga e investigadora

*Publicado en revista Clave, año 3, no. 1, 2001, pp. 27-32. Cotejado con la edición realizada para el libro En defensa del texto, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2004, pp. 17-28.

Desde que los conquistadores llegaron al mundo americano, numerosos han sido los rasgos culturales asumidos por nuestros pueblos en todos los órdenes. A juicio de muchos, es el idioma –la lengua de Castilla– el más importante de ellos. En el ámbito específico de la creación literaria, una forma poética arraigó de modo tal que hoy se considera el tipo de estrofa popular más representativo del folclor musical en varios países del nuevo continente: la décima espinela.

Bien por razones históricas, literarias o musicales, lo cierto es que la décima, por su consonancia y octosilabismo es –para el cultor entrenado– relativamente fácil de crear y retener en la memoria. Por eso, como estrofa aprendida o improvisada, escrita o cantada, trasciende hasta nuestros días en la tradición campesina –y también urbana– de Cuba, Puerto Rico, México, República Dominicana, Panamá, Colombia, Venezuela, Chile, Argentina, Perú y Brasil. En cada pueblo se canta como texto de variados géneros musicales y disímiles melodías pero, formalmente, mantiene características bastante similares.

Muchos son los elementos que hacen de esta manifestación un ejemplo vivo de las tradiciones folclóricas, en este caso de raíz hispánica. La comparación del decimario recogido en nuestra investigación con otros nacionales y de Latinoamérica, corrobora este criterio. También se confirma que como acto improvisatorio, de creación oral, la décima cantada mantiene esquemas estables al paso del tiempo, no sólo en cuanto a los temas abordados sino también en el orden estructural.

Tradicionalmente, amplia ha sido la gama temática que ha usado la décima desde sus orígenes. Las primeras que se recogen en España son quejas; sin embargo, los clásicos del Siglo de Oro extendieron el empleo de diez versos a los asuntos más variados. Las posibilidades de la estrofa permiten el tránsito de asuntos “cultos” a otros de carácter eminentemente popular, lo cual –sin dudas– incidió grandemente en su arraigo en los cantares de la población rural no solo de la propia España, sino de gran parte de América Latina. Se incorporan nuevos contenidos a los ya aprendidos por vía de las tradiciones llegadas de la península y se asumen asimismo, como es lógico, otras formas de decir.

Bien de corte amoroso, político, filosófico o fantástico y además de crónica, siempre ha sido la décima un vehículo apropiado para cumplir una función vital, que María Teresa Linares denomina comunicación cantada,[1] o sea, que sirve para decir un mensaje en cualquier circunstancia de la vida cotidiana.

El análisis de decimarios de diferentes regiones de la América hispana confirma tal aseveración. Las líneas temáticas clasificadas por tradición en temas “a lo humano” y “a lo divino” recorren prácticamente todas las aristas de la vida del hombre y en cada ocasión lo primordial es la intención, el sentido de lo que se quiere comunicar.

En el caso específico de Cuba, es consenso de los investigadores que la estrofa ha sido utilizada para cantal al amor, a la patria, a la naturaleza, las costumbres, a la gran multiplicidad de sentimientos humanos, a hechos y sucesos famosos o interesantes, para elogiar a personalidades y hasta han sido escritas con carácter comercial; mas, han descollado en todas las épocas la temática política y patriótica, alcanzando gran notoriedad en nuestra historia las exaltadas y archiconocidas décimas mambisas.[2]

En la muestra de más de trescientas composiciones recogidas en la década de los 80 en todo el territorio nacional por los trabajadores del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana con fines eminentemente musicológicos, se detectaron nueve líneas fundamentales, las cuales incluyen subtemas afines y de mayor grado de especificidad.

  • Décimas de ocasión propiamente dichas (improvisadas en su mayoría):

De saludo

De alabanza

De despedida

De felicitación

De presentación

De homenaje a fechas históricas, hechos relevantes, eventos, etc.

  • Décimas sentenciosas

Sobre el amor

Sobre el beso

Sobre la muerte

Sobre vicios y errores humanos

  • Décimas de carácter social

Sobre desastres naturales y repercusión

Sobre los logros de la Revolución cubana y su significación para el campesinado

Sobre los tabaqueros

Sobre hechos importantes o interesantes

Comerciales

Mensajes cantados

  • Décimas políticas

Sobre hechos nacionales e internacionales

De carácter consignatario

  • Décimas sobre la naturaleza

A localidades

Sobre paisajes y accidentes geográficos

Sobre el tabaco pinareño

Sobre la fauna

De disparates[3]

  • Décimas patrióticas
  • Décimas afectivas

Sobre las relaciones de pareja

Sobre la mujer

Sobre la madre

Sobre los hijos

  • Décimas sobre el punto cubano y sus cultores

Sobre trovadores locales o famosos

Sobre la décima

Sobre el trovador y el poeta

Sobre las tradiciones poéticas y musicales campesinas

  • Décimas de asuntos variados

Vale aclarar que, como todo sistema clasificatorio, este puede resultar esquemático, pues muchos textos asumen rasgos de diferentes temas. Se ha tomado en cuenta un rasgo predominante a juicio de quien escribe partiendo en este caso de un criterio semántico, no morfológico.

Por otra parte, además de este sistema de clasificación temático, se elaboró otro que permite abordar el texto con mayor grado de especificidad y desde otros puntos de vista funcionales y morfológicos:

  • Por su tono o matiz:

Jocosas

Líricas

Satíricas

Grotescas

Desiderativas

Quejumbrosas

  • Por la forma elocutiva:

Narrativa

Dialogada

Monologada

Descriptiva

  • Por su función:

Didáctica

Informativa

Lúdica

  • Por su finalidad:

De supremacía

De argumentación

De caracterización

Mensaje

Crónica

Salutación

Despedida

Comercial

Una valoración cuantitativa del decimario ofrece como resultado el predominio de los textos de carácter afectivo, y específicamente las referidas a la pareja y las que cantan a la mujer.

Tu nombre tiene un sonido

tan dulce y musical

que como una luz astral

traigo en mi pecho prendido.

Hay un lucero encendido

que siempre me habla de ti

porque desde que te vi

como flor amanecida

tú sabes lo que en la vida

significas para mí.

Rogelio Machado, grupo Los agramontinos, Camagüey, 1989.

Al mismo tiempo se perfilan como las líneas de mayor preferencia entre los poetas, las composiciones de ocasión propiamente dichas, las que cantan a la naturaleza, a la patria y a la décima, por ser en las que la simbiosis hombre-naturaleza se manifiesta hasta de forma inconsciente –como algo inherente al campesino– en versos que emanan orgullo de pertenencia al terruño. Son también estos grupos temáticos los que recogen la mayor cantidad de textos antiguos, a excepción claro está, de las décimas improvisadas.

Debe subrayarse la presencia en este corpus de motivos recurrentes: la patria, la décima, el poeta, la guitarra, la naturaleza; que se emplean indistintamente en el tratamiento de variados asuntos. Es este uno de los elementos que mejor evidencia el apego raigal del trovador campesino a las costumbres, tradiciones y elementos más autóctonos de su paisaje.

Véanse estos ejemplos de décimas dedicadas a la naturaleza y a la décima misma, como reflejo de lo anterior:

Cuba, precioso vergel

cielo azul, verdes montañas

campos regados de caña,

cañas cuajadas de miel.

Ya ves que en raudo tropel

surcan verdes soledades

y alegres sonoridades

de guitarras diamantinas

y de voces campesinas

que conquistan las ciudades.

Texto de Jesús Orta Ruiz

Grupo Restauración Campesina, Artemisa, La Habana, 1986

Amo la décima inquieta

que en el alma me llevé

el día que la encontré

descalza y analfabeta.

Mi corazón de poeta

supo de aquellos dolores

y hoy sus versos como flores

son jardines literarios

que adornan los escenarios

de los improvisadores.

Eduardo Sarabia, Viñales, Pinar del Río, 1989.

También las políticas y de carácter social ocupan una extensa área de la muestra, constituyendo una línea temática subyacente en textos donde el núcleo principal es de otro tipo. En este, aun cuando lo fundamental es un canto a la localidad del poeta, el texto se permea de un evidente carácter consignatario:

Un hermoso veguerío

adorna el lindo poblado

de Consolación que ha dado

belleza a Pinar del Río.

Por eso es que el canto mío

se queda en Consolación

y la rectificación

habla de grandes promedios

donde utilizan los medios

modernos de producción.

Efraín Riverón, Festival del Tabaco, Consolación del Sur, Pinar del Río, 1979.

Al analizarse los elementos morfológicos, se evidencia el empleo de las mismas variantes que en Iberoamérica: décimas sueltas, consecutivas, de pie forzado, glosadas, controversias, diálogos y rondas poéticas, con estribillos de frases o estrofas y las llamadas décimas de dos razones. En Cuba prevalecen las controversias y las llamadas décimas sueltas[4], esta última modalidad constituye una excepción en Hispanoamérica.

La cantada, a diferencia de su homóloga escrita[5], se atiene a una estructura fija tradicional abba ac cddc. Parece ser que para el poeta campesino no es concebible otra estructura diferente, aunque también pudiera pensarse que el mantenimiento de este esquema como posibilidad única facilita el proceso de improvisación o memorización de la estrofa que nos ocupa.

Otro elemento que se manifiesta con fuerza es la tradición lingüística. En primer lugar, las características fónicas del español hablado en Cuba influyen en aspectos tan importantes para el poeta como la rima y la métrica de la estrofa, específicamente por la omisión o ensordecimiento de fonemas finales intermedios. Por ello para el creador no es problema establecer rimas imperfectas y otras cuya asonancia responde a lo ya apuntado. Estos mismos elementos provocan la aplicación arbitraria de las leyes de la versología y la gramática española, pues se ignoran o realizan con entera libertad y para su comodidad los hiatos y diptongos; los enlaces mediante sinalefas, bien puede soslayarse o forzarse mediante la omisión del fonema final en una palabra intermedia, entonces aparecen –inconscientemente– la diéresis y la sinéresis como licencias poéticas:

Carmita eres tan bonita

tan angelical y bella

que pareces una estrella

de la altura infinita.

El poeta necesita

cantarte con amplitu(d)

escogiendo esta virtu(d)

que me ha causado el deber

yo no he visto otra mujer

con más belleza que tú.

Luis Castillo, Pinar del Río, 1989

El lenguaje de la décima cantada es también muestra de tradicionalidad, porque responde a esquemas específicos y preestablecidos. En los textos hay una abrumadora presencia de topónimos, fraseologismos y giros populares que caracterizan el lenguaje del poeta campesino en dependencia de la zona geográfica en que habite. Al mismo tiempo, esta manifestación literario-musical ha estado siempre signada por el empleo de un léxico que oscila entre lo rebuscado y lo sencillo, un tono marcadamente elevado –aunque con desastrosas excepciones–, y la preferencia por una serie de recursos para alcanzar determinado grado de “complejidad” como son: la adjetivación, la metáfora, la personificación, la hipérbole y el hipérbaton, entre otros. A esto se suman los recursos de repetición y los de marcada intención eufónica.

El río Cuyaguateje

baja del cerro de Cabras

y en el talle de Las Abras

un cinto de plata teje.

El tomeguín y el guateje

se pintan de rojo el pico

y junto a su valle rico

que de orquídeas se perfuma

nos parece que se fuma

su vega el Guaniguanico.

Jesús Pérez, Festival del Tabaco, Pinar del Río, 1979 (Grabación cortesía de María Teresa Linares)

La décima que se canta e improvisa ha sido vituperada en muchas ocasiones, poniendo en tela de juicio su calidad poética. Sin hacer una defensa a ultranza del preterido género, valdría la pena reconocer sus méritos y establecer sus características más relevantes para situarlo en su justo lugar.

Entre varios factores deben considerarse los siguientes: la décima cantada es creada e interpretada fundamentalmente –como práctica folclórica– por la población rural, en muchísimos casos por personas de un escaso nivel de instrucción; su oralidad propicia la deformación del texto en su tránsito generacional o su repetición de memoria por los poetas; el mínimo margen de tiempo con que cuenta el proceso creador; la preocupación –a veces rayana en lo exagerado– por la rima y la métrica, y la presión por el reconocimiento social, conspiran contra la perfección de la obra, lo cual no es óbice para descubrir creaciones del más alto nivel poético y las imágenes más inusitadas, según las aptitudes de los repentistas.

En la muestra recogida se aprecia un notable alcance temático. Confluyen textos de la tradición campesina de épocas precedentes, creaciones de la actualidad, tanto de trovadores locales como de poetas profesionales reconocidos y otras de carácter anónimo. Predominan los asuntos de interés general, lo cual evidencia su notable carácter colectivo, pues pocas veces se canta a lo puramente individual. Esto puede obedecer a la función social del canto de la décima.

Se aprecia poca variedad en las formas de aproximación a los diferentes temas, más bien se mantienen los esquemas de épocas anteriores, con notable influencia de la poesía paisajística y amorosa del siglo XIX, lo cual sugiere la formación de esquemas repetitivos o reiterativos en cada una de las líneas temáticas.

Los asuntos que se abordan resultan comunes a los reportados en las compilaciones del género en otros países cultores de la décima cantada y, al mismo tiempo, mantienen una tradicionalidad consecuente con los decimarios cubanos de tiempos precedentes. Puede comprobarse que la estrofa de los diez versos, temática y funcionalmente, ha sufrido mínimas variaciones en su evolución. Se han actualizado sus temas reajustándose a nuevas realidades, variando en algunos casos el contexto en que se desarrolla. Como género ha constituido una especie de macrounidad resistente a novedades e influjos de movimientos y tendencias.

Se confirma una vez más que la décima cantada, circunstancial por excelencia, que se nutre y desarrolla al amparo de lo cotidiano, adquiere –amén de sus méritos artísticos– un extraordinario valor extraliterario por su función comunicante y de crónica social.

La décima debe ser

campesina netamente

para que pueda el oyente

su origen reconocer.

Décima es la que al nacer

enjoya la inspiración

esa que nos da emoción

y entre latido y latido

nos va endulzando el oído y

y moviendo el corazón.

Lázaro Miranda, Viñales, Pinar del Río, 1989.


NOTAS

[1] “Funciones y relaciones de la décima con la música que se canta en Cuba”, en Actas del Simposio Internacional sobre la décima. Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994, p. 114.

[2] Vid. Samuel Feijóo: La décima culta en Cuba; de Adolfo Menéndez Alberdi: La décima escrita; y de Jesús Orta Ruiz: Décima y folclor.

[3] Aunque en este caso el término se utiliza en la clasificación está determinado por el estilo fabular empleado, las décimas así denominadas se incluyen en este acápite por personificar siempre a diferentes ejemplares de la fauna o la flora nacional.

[4] Es de señalar que en España y Latinoamérica se usa poco la décima suelta, es decir, como entidad estrófica independiente, a excepción de Cuba donde se cultiva con especial predilección.

[5] Véanse las diferentes variantes de la estrofa en la obra citada de Menéndez Alberdi. En el corpus solo aparece una décima con estructura diferente abab bc cddc, con la primera parte como cuarteta y un puente también diferente. En los otros casos encontrados la variación responde a evidentes errores en el uso de la rima por asonancia o imperfección.

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