Leoncia Pico de oro y los coros de claves y rumbas espirituanos

Por Saylí Alba Álvarez. Escritora e investigadora de la cultura popular tradicional.

Los coros de claves y rumbas fueron agrupaciones musicales que distinguieron la cultura y la identidad de la región espirituana. Estas agrupaciones tuvieron su esplendor en las ciudades portuarias de La Habana y Matanzas, aunque en Sancti Spíritus, ubicada en el centro de la Isla, perdura la única de su tipo en Cuba, con más de un siglo de existencia. La historia de la clave y la rumba en la Villa del Yayabo, comenzó cuando un joven espirituano, llamado Juan de la Cruz Echemendía partió a  La Habana a aprender el oficio de carpintero ebanista.[1] Al regresar a su tierra natal fundó el club La Yaya, por donde pasarían los más importantes trovadores de Sancti Spíritus y de donde saldría el primer coro de claves y rumbas espirituano.

Cuando La Yaya

entona su clave

con alegría del corazón

los acordes de mi lira

se oyen vibrar con emoción.[2]

En el Diccionario de la Música Cubana, aparece:

«Género cantable creado por grupos populares enmarcados en barrios colindantes a las zonas portuarias de la ciudad de La Habana. Posteriormente se extiende por otros barrios, así como por las ciudades de Matanzas, Cárdenas y Sancti Spíritus. Los coros de clave integran verdaderas agrupaciones corales mixtas al estilo de los orfeones peninsulares. Cada clave tenía su local de ensayo y constaba además del coro mixto, de un tonista que fijaba la tonalidad del canto mediante una diana o tarareo vocal, de un solista o decimista que improvisaba las glosas melódicamente y literariamente de acuerdo con la naturaleza de las coplas entonadas por el coro.”[3]

En Sancti Spíritus, los coros de claves y rumbas tuvieron sus peculiaridades, aunque no diferían de las generalidades que aparecen en el Diccionario de la Música Cubana. A partir de la aparición del Coro de la Yaya en el escenario espirituano, otros barrios también formaron sus agrupaciones corales, como fueron el de Bayamo, Santa Lucía, Santa Ana, Cadí y Jesús María. Cada una de estas agrupaciones tenía su lugar de ensayo y lo hacían durante todo el año para presentarse en las competencias de coros que se realizaban en los días de la navidad en el Parque de la Caridad, conocido así por tener una iglesia católica en su centro, hoy llamado Parque Maceo.

Imagen del Parque Maceo, conocido también como Parque de la Caridad por la ubicación de la Iglesia de la Caridad a un costado / Foto Fondos de la oficina de Patrimonio de la Ciudad de Sancti Spíritus

En estas competencias cada agrupación llevaba claves que tenían como esencia resaltar las virtudes del coro, de sus cantadores y rivalizaban con las demás agrupaciones en una finísima querella. El pueblo se disputaba los lugares de acuerdo a las preferencias que tuvieran y hubo ocasiones en las que tuvo que intervenir la guardia rural. Para trasladarse de un lugar a otro los coros iban cantando alegres rumbas, que no eran más que sones, llamados así por el ambiente festivo.

Si la rumba me lleva

así como estoy,

hasta el fin del mundo

con la rumba me voy.

La historia de la clave y la rumba en Sancti Spíritus estuvo protagonizada por mujeres de procedencia muy humilde, que, aunque padecían las penurias de la sociedad republicana, formaron parte de estas agrupaciones como cantantes, haciendo guías y coros. Gracias al celo conque conservaron la tradición, enseñándosela a las más jóvenes, copiando las letras de las canciones en libretas y no permitiendo que se incluyera ningún cambio que fuera en detrimento de la tradición, se pudo conservar el legado de la clave y la rumba de manera que la actual generación podamos disfrutarlo como una reliquia de la cultura cubana.

Leoncia Marín Renzoli fue una de esas mujeres. Era de procedencia africana y distinguió con su canto al coro de Santana, agrupación de la que fue fundadora.

“Yo conocí a Leoncia, muy anciana ya. Era del Reparto Escribano, lugar en donde nací y pasé mi infancia, ella era de la Calle Tamarindo, vivía sola en un cuarto pequeñito. Se vestía de blanco con un mantico por encima de los hombros, curaba empachos y otros padecimientos. Era religiosa, hacía consultas. Le gustaba conversar con los niños y siempre había muchos en el portalito. A su casa iban jóvenes y personas de la radio y la televisión a hacerle grabaciones.”

Fragmento de entrevista realizada por la autora, al músico Nicomedes García Hernández, en febrero de 2012.

La historia de la música espirituana distingue a Leoncia como una guía de voz excepcional, con un registro muy alto, dicen los que tuvieron la oportunidad de escucharla que a muchas cuadras después del lugar donde estaba cantando, se escuchaba su voz. En los trabajos consultados sobre los coros de claves y rumbas espirituanos, se habla de Leoncia como una de las más destacadas cantadoras de estas agrupaciones y Armando Legón Toledo,[4] se refiere a algunos de sus datos biográficos, también relacionados con su actividad en los coros de claves y rumbas. Sin embargo, a nuestros archivos llegó una entrevista realizada por investigadoras cubanas, entre las que se encuentra Analesse Brizuela, que entrevistaron a Leoncia, junto a otros practicantes religiosos de procedencia conga e iyesa, con la intención de realizar un estudio sobre los toques realizados en las ceremonias. Esta entrevista constituye un valioso material, porque Leoncia habla sobre las fiestas que se realizaban en el cabildo de nación al que pertenecía y sobre aspectos específicos de la práctica de los coros de claves y rumbas.

“Las fiestas de mi casa, se realizaban el 7 de septiembre, de nación conga. Eran con mucho público, con mucha unión, se cantaba, se tocaba, se bailaba, se comía. Se mataba puerco, gallinas y se hacían calderaos y a comer todo el mundo. Se asaba en el horno de una fábrica de dulce que había para vender.  No se hacía matanzas para los santos, era para comer los criollos. Se hacía arroz, garbanzo que se usaba mucho, plátano frito, carne de puerco asada, pan. Repartían cerveza, de botella de caneca que era lo que había antes, vino dulce a las mujeres y los tocadores tomaban aguardiente. Se le llamaba a la bebida, enguara, encongo musundi. Los congos eran muy plantilleros, muy finos, no comían cualquier cosa. Se hacía almuerzo y comida y seguía la fiesta. Se tocaba desde el día anterior y se amanecía cantando. Se paraba porque venían los criollos del Club La Yaya a cantar ahí, con don Justo Álvarez a saludar a San Juan y a La Caridad.[5] Se le hacía su brindis de cerveza y de ahí se iban y seguíamos cantando, bastante rumba y mucho güiro. De ahí cada cual a bañarse a mudarse de ropa y a comer y empezaba el tambor de los congos. Mi mamá decía ya los criollos se divirtieron, ahora nos toca a nosotros y comenzaba el toque. Los congos reales eran muy finos, no tocaban makuta. Cuando era día de toque se plantaba la bandera española en la puerta y se ponía el retrato de Cristina de Borgón, como que siempre que había criollos atrevidos no fueran ahí a desbaratar la fiesta había que respetar ese retrato y esa bandera. Como ahora ustedes los cubanos plantan su bandera y hay que respetarla. (…)”

En el año 1919, la calle Santa Ana, funda su coro de clave, dos mujeres protagonizaron esta historia: Leoncia Marín Renzoli e Hipólita Camino. Junto con otros músicos incluyen en su repertorio las claves que se cantaban en LaYaya, y en los coros de Bayamo y Jesús María.Esta unión constituyó un punto de partida imprescindible para la historia de los coros de claves espirituanos. Leoncia Marín Renzoli, se convertiría con el tiempo en la clarina más distinguida de los coros de claves y sería llamada “Leoncia Pico de Oro.” En una entrevista Leoncia rememora que:

Coro de Santana, al dorso se puede leer Santa Ana les saluda, año 1926, policía Zúñiga Castañeda, con sombrero detrás del policía Guarda Jurado, Calle Santa Ana, esquina Juan Cristóbal.

“Comencé como cantante de coro por un desengaño amoroso, para olvidar aquello me uní a Mercedes Estrada, Hipólita Camino, Dulce Corcino y Pablo Mariano para cantar las claves que ya se conocían en Sancti Spíritus en los coros de Bayamo, Santa Lucía, Jesús María y La Yaya. Hasta que una noche se presentaron a los ensayos Alfredo Varona y Miguel Companioni y dijeron de fundar un coro de claves en Santa Ana como lo tenían otros barrios espirituanos.

Armando Legón Toledo: “Leoncia pico de oro”, Vitrales, año VII, segundo trimestre, 1992.

De Leoncia Marín se conoce que fue descendiente de esclavos y comenzó a cantar las clavesdesde la edad de once años.

“Entré de once años [se refiere al club La Yaya], éramos vecinos. Ahí se cantaban décimas guajiras, canciones y rumbas. Y de acá iba Virginia Valle con la rumba que temblaba y la de aquí era Estrella Sobrino[6] que era señorita y entonces vino Antonio Basante a Sancti Spíritus, el abuelo de este otro Antonio Basante nuevo y trajo la clave de la Habana y empezó a ensayar la clave e hizo amistad con Miguel Companioni.

Entrevista realizada por Analesse Brizuela.

De Leoncia el periodista espirituano Honorio Muñoz diría: “…la guía del Coro Espirituano, la poderosa Leoncia, soprana ligera, de un registro agudo asombroso […] Yo no sé a dónde hubiera ido a parar Leoncia si hubiera educado su voz. Era una cantera virgen, y ni el fogón, ni las necesidades, ni un selvático abuso de sus facultades, mermaron jamás aquel canario negro que se agitaba en su garganta […].”[7]

Leoncia había nacido en el año 1890 en Sancti Spíritus, huérfana al nacer, fue adoptada por María de la Caridad, “de quién aprendí toda la inmensa sabiduría afrocubana, fundamentalmente de origen munsundi…”[8] Esta sabiduría de la cultura africana hizo que varios investigadores de talla nacional a su paso por Sancti Spíritus recogieran el legado de Leoncia, tal es el caso de Martha Esquenazi Pérez en su obra  Los cuentos cantados en Cuba, donde aparecen testimonios de Leoncia.

Foto Oficina de Patrimonio de Sancti Spíritus

A ella Armando Legón Toledo dedicó varias crónicas que aparecieron publicadas en el periódico Escambray y en el suplemento cultural Vitrales. Estas crónicas fueron resultados de entrevistas que tuvo la oportunidad de realizar y porque además vivió cerca de ella toda su niñez: “Aún recuerdo en mi niñez a Leoncia, a quien conocí en 1927. Vivía en una modesta casita en la calle San Miguel y sus vecinos más cercanos eran mis familiares. Esos felices años infantiles los pasé oyendo entonar claves a esta mujer que estaba en la plenitud de sus facultades vocales”.[9]

Varias anécdotas sobre esta mujer, bautizada con el epíteto Leoncia pico de oro, escribió el cronista, las más significativas, a nuestro juicio fue la de un serenatero que le fue a cantar a su ventana, después de una competencia donde Santa Ana no resultó vencedor y otra que cuenta cómo reclamó Santa Ana a su cantadora en ocasión de que ésta se fuera con el músico Cecilio Rodríguez a otra agrupación:

“Dentro de este entusiasmo colectivo, se encontraba Leoncia por tratar de llevar el triunfo a su barrio Santa Ana. Era tanta su popularidad que en una noche de las tradicionales serenatas que alegraban las madrugadas espirituanas, se escuchó algo parecido a una clave entonada por un serenatero que cantaba: No cantes Leoncia, / pero primero dile a Miguel/ que las cuerdas de su lira, / se le van a reventar. / Se trataba de sus contrincantes de Jesús María que aún a pesar de lo avanzado de la noche celebraba el triunfo frente a la casa de ella, quien había sido derrotada pocas horas antes. En esa ocasión y dando una lección de mesura, salió a darle las gracias por llevarle música.”

Armando Legón Toledo: “Leoncia pico de oro”, Vitrales, año VII, segundo trimestre, 1992.

Cecilio Rodríguez logró que Leoncia dejara el coro de Santa Ana y comenzara a cantar durante una o dos temporadas en la calle Cadí o la Palma (…) Lo cierto es que sus compañeros extrañan su ausencia y componen esta letra: /! ¡Ay! Leoncia allá te engañaron. / ¿Dónde está Leoncia? / Mi cantadora / Cecilio Rodríguez se la llevó.

Murió muy anciana y generaciones de espirituanos la siguen recordando como Leoncia pico de oro por el timbre de su voz.


NOTAS

[1] En los trabajos de Armando Legón Toledo, quien fuera el principal historiador de este género en Sancti Spíritus, se dice que es probable que Juan de la Cruz Echemendía fuera a La Habana, realmente por motivos religiosos y que pertenecía a los juramentos Abakuà.

[2] Fragmento de clave espirituana que hace referencia a la primigenia Yaya.

[3] OROVIO, HELIO: Diccionario de la Música Cubana, Editorial Letras Cubanas, Cuba, 1981. P – 95 -96.

[4] Armando Legón Toledo, periodista espirituano. Ocupó el cargo de historiador del coro de claves espirituanos y legó una extensa bibliografía acerca de estas agrupaciones y sus integrantes.

[5] Se refiere a los santos católicos La Virgen de la Caridad del Cobre y San Juan Bautista, que era venerados en el cabildo de nación conga al que pertenecía Leoncia.

[6] Estrella Sobrino, conocida como rumbera era hermana de Armando, Marcelino y Pascual fundadores de la Parranda Típica Espirituana en el año 1922.

[7] Honorio Muñoz: “Evocación de los coros espirituanos”, Hoy, 3 de febrero de 1946.

[8] Juan Enrique Rodríguez Valle: “Leoncia y el origen de la clave espirituana”, Escambray, 5 de abril de 1984.

[9] Armando Legón Toledo: “Leoncia pico de oro”, Vitrales, año VII, segundo trimestre, 1992.

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