Órficas: el espíritu sonoro de lo trascendental contenido en el mito

Por Javier Iha Rodríguez. Compositor

Inspirado en el mito de Orfeo, edificada sobre los fuertes cimientos de nuestra cultura universal el maestro Juan Piñera nos entrega una obra monumental de su catálogo autoral que enaltece nuestro repertorio. Órficas es una obra ecléctica, escrita con oficio y altamente expresiva; ciclo de nueve piezas registrada en dos volúmenes bajo el sello discográfico Colibrí, ligadas por su esencia sonora y perfección técnica a semejanza de las Bachianas brasileñas de Heitor Villa-Lobos.

Portada del fonograma Órficas (2019). Diseñador: Juan Viera

En Órficas no es casual la elección del formato dúo violín y piano. El arte de Juan Piñera y el trabajo sistemático del dúo Promúsica integrado por Alfredo Muñoz y María Victoria del Collado, consagrados intérpretes del violín y del piano respectivamente, fueron factores determinantes para el nacimiento de este fonograma. El dúo Promúsica se ha dedicado a promover e interpretar el repertorio contemporáneo y disfruta aventurarse en el estudio de las nuevas músicas. El trabajo en conjunto de Piñera y Promúsica, maridaje perfecto en nuestra historia musical, ha sido la principal causa de “uno de los ciclos de la música cubana de cámara más rotundos que pueda imaginarse”, en palabras del periodista cubano Pedro de la Hoz.[1]

Constituido por nueve piezas, Órficas inicia con una serie de microformas que se extienden hasta llegar a las proporciones de media hora alcanzada en las Órficas VIII y IX. En este aspecto recuerda a Béla Bártok y el modo de organizar progresivamente los Microkosmos, obra para piano del compositor húngaro que Piñera reelaboró de manera ingeniosa construyendo un atractivo ciclo para violín y piano. Precisamente, este ciclo recibe el nombre de Bartokianas –reelaboraciones de algunos Microkosmos–, que nos ofrece al final de cada volumen como bonus track. En Órficas y en las piezas del ciclo Bartokianas el maestro se expresa en un lenguaje musical claro, accesible, desenvuelto, con gestualidad y coherencia teatral, construyendo a partir de conexiones intertextuales un discurso propio y original.

Varios compositores se han motivado por el mito órfico para la realización de sus obras, entre ellos: Claudio Monteverdi, Christoph W. von Gluck, Jacques Offenbach, Alexander Scriabin y más cercano a la contemporaneidad Heinrich Schutz y Philip Glass. La fascinación por el mito, posiblemente, radica en la dualidad que se conjuga en dos extremos: el amor y la muerte, la luz representada en la naturaleza y la oscuridad contenida en el infierno. Asumiendo la actividad creativa como un viaje órfico, el maestro Piñera construye este ciclo dotando a cada pieza de vida propia y autonomía expresiva. En este fonograma, además del deleite sonoro se nos concede, por primera vez, la escucha integral de la obra.

La primera pieza,Órfica I es patética y teatral, con un desenlace de positividad barroca. A pesar de su brevedad nos presenta lo dual como el sentido perenne del ciclo. El inicio de esta travesía mítica a partir de esta pequeña obertura estimula al auditorio a la escucha atenta. El telón se abre y aparece repentinamente una escena conflictiva que iremos desatando en el camino.

En contraste con la anterior, la Órfica II es una miniatura de gran dulzura y ternura. En ella, Piñera nos muestra otro modo de lirismo más contenido, contemplativo y reflexivo.  Bajo el título Miniatura con sordina se ha hecho conocer esta obra en concierto. El maestro Muñoz expresa que Miniatura con sordina es otra micro pieza con un sentido muy contemplativo, diría que hasta bucólico, de mucha paz.[2] Pese a su brevedad, sosiega al espectador como un calmante espiritual. Es breve como un suspiro. En la obra se sienten dos gestos bien logrados por las progresiones de registros: el de inhalar y el de exhalar; no tendría otro modo de describir lo que se experimenta con la escucha del timbre taciturno del violín con sordina y la maravillosa interpretación de Promúsica.

Energía y brillantez sentimos al inicio de la Órfica III que nos envuelve con el ímpetu de la danza. En esta pieza los arabescos melódicos del violín quedan bien conjugados con melodías que recuerdan a pregones de nuestra Isla. De modo natural transitamos por aires impresionistas, por la danza lecuoniana, por las progresiones de acorde menores que generan ambiente dramático en la obra de Rachmaninov. Toda esta literatura musical bien conjugada, como si formaran parte de un mundo orgánico. La forma es tratada sin formalismo, los elementos mencionados, y quizás otros, se conjugan ante nuestro oído con la coherencia de la forma vegetal, sin cuadraturas periódicas y con los cambios sonoros justo cuando han madurado ante la escucha y resultan totalmente necesarios en la progresión emotiva que construye el autor.

Aquellos que han conversado con Piñera durante algún tiempo habrán notado cómo el maestro se complace hablando sobre la cotidianidad, relatando y recreando los hechos ocurridos. De estos momentos resalta la forma teatral en que representa los diálogos y el buen sentido del humor contenido detrás de varias de sus historias contadas. Dentro del conjunto es la Órfica IV titulada La cojita, la que más asume la cotidianidad y la contingencia como inspiración y forma de realización. Para entender, desde este sentido, el origen de esta pieza, nos dice Alfredo Muñoz:

“La cojita” o “El aula 29 del ISA” …tiene diferentes anécdotas como origen; en uno de sus rutinarios viajes hasta el ISA, encontró en la calle un minusválido que caminaba delante del compositor, cuyo paso le inspiró el ritmo, recreado en un compás de 5×8; al llegar al aula y no estar los alumnos, se puso furioso y empezó a escribir recordando a ese señor.

Maria Lioba Juan Carvajal y Dargen Tania Juan Carvajal, Cuerdas frotadas en Cuba…, 153.

Aunque La cojita se caracteriza por su melodía elegante y su acompañamiento continuo e irregular, a veces es interrumpida bruscamente por acordes disonantes. Estos acompañan al violín en las secciones más dramáticas de la pieza otorgándole cierto sentido recitado. Sobre el origen de este elemento, relata el maestro Muñoz que: “encuentra [a Piñera] cuando un día que estaba escribiendo en el salón de clases en el ISA, fue interrumpido en múltiples ocasiones y dio un manotazo en el piano, le gustó esa armonía y la utiliza como cortina en las diferentes secciones de la pieza.”[3] El acorde disonante, es también un motivo que fragmenta el movimiento y está planteado desde el inicio de la obra. Desde este acorde, como un tropezón, comienza el caminar torpe y de elevada poesía que el maestro escribió durante el tiempo en que esperaba a sus alumnos en el aula 29 del ISA.

Una obra de gran belleza que conjuga la sensualidad del impresionismo francés y la ternura de una nana negroide es Órfica V. En ella se concilia el mundo sonoro construido hace más de un siglo por Claude Debussy con el de nuestra raíz folklórica nacional de origen africano. Piñera le otorgó al violín la melodía, a veces enfática y reflexiva, que alterna con luminosos armónicos. Al piano le escribió pasajes arpegiados de gran movilidad en sus distintos registros trazando encantadoras armonías. Órfica V nos aproxima al Piñera del Concierto Paradiso para cello y orquesta, en el que bajo la poética impresionista de La Catedral sumergida y La Isla Alegre, el maestro recrea esencias sonoras que construyen nuestras identidades.

La Órfica VI titulada La gaviota es una de las más conocidas obras del catálogo del maestro. Registrada en el fonograma Piñera concertante, en versión para violín, clarinete y piano, bajo la interpretación de nuestro histórico y extrañado Trío Concertante, reaparece en este ciclo órfico en versión original. La gaviota proviene del mundo teatral concebida originalmente como parte de la banda sonora de una puesta en escena por Carlos Díaz de la obra homónima de Antón Chéjov. Sobre esta pieza la maestra María Elena Mendiola nos revela:

Igualmente, la alusión al hombre de teatro tampoco es fortuita, no podría serlo, en el caso de un compositor que tiene en su catálogo 485 obras realizadas para este medio (…) Sólo un individuo que conoce bien de dramaturgia teatral (…) puede concebir una obra que refleje con acierto el mundo de los personajes chejovianos, cargados de una nostalgia serena, de una frustración exenta de picos pasionales, no obstante, el tumulto subyacente y constante.[4]

La gaviota tiene una carga melancólica que absorbe la energía dramática de la música del siglo XIX. Su arquitectura sonora está constituida por cinco secciones conectadas por un mismo motivo que deviene en cada caso en una escena distinta. La forma A–B–C–B´–A´ expresa la estructura radial de la obra y toma a la naturaleza como referente. Esta curiosa forma se enlaza con la teoría medieval de que la melodía perfecta –al igual que el hombre– nace del polvo, crece, se desarrolla hasta su plenitud y desciende hasta morir (o reposar) del polvo de donde vino. La primera sección parte de una secuencia cromática otorgada al piano, que el compositor escribió inspirado en un estudio de Antón Rubinstein, mientras que la segunda emerge desde armonías más luminosas como si fuera un vuelo de ave. La tercera es resonante con arpegios del violín y cantos del piano. Para el comienzo de cada sección, Piñera hace uso de un motivo, del que emergen diversas escenas: algunas dramáticas, otras radiantes y sutiles; todas con aires de nostalgia. Tras estas páginas yace escondido el ingenio matemático de Piñera en función de lograr tan acabada cohesión.

Durante las primeras seis Órficas el maestro nos acerca a las poéticas de Chopin, Rachmaninov, Lecuona, Debussy y tantos otros. Desde esta perspectiva, Piñera ha establecido una relación intertextual desde su obra con el pasado a partir del uso de patrones y estilos. Pero en Órfica VII, el compositor establece un diálogo entre el Bolero de Maurice Ravel y su propia obra, además de otras tantas melodías que emergieron en la memoria del maestro durante el proceso creativo. Unas veces, los elementos se fusionan y se confunden, y otras, se confrontan, enfatizando lo irónico. Esta obra, conocida como “El Bolero de Ravel según Juan Piñera”, es caracterizada por el maestro Muñoz de la siguiente forma:

(…) se utiliza en el piano una recreación del ritmo del conocidísimo bolero, pero el violín toca una melodía de María Grever. Posteriormente, El último cuplé –tema de una película de Sara Montiel– A mi manera, éxito de Frank Sinatra y, por fin, al final aparece el tema del Bolero de Ravel que, según el compositor, aquí recrea momentos de su vida, cuando con su abuela, siendo niño, visitaba el teatro, el cine y otros espacios.

 Maria Lioba Juan Carvajal y Dargen Tania Juan Carvajal, Cuerdas frotadas en Cuba…, 154.

Esta Órfica goza de gran popularidad dentro del catálogo del compositor junto a La gaviota. La interpretación del Dúo Promúsica expresa extraordinariamente la gestualidad de cada elemento participante en este diálogo intertextual: la voluptuosidad del bolero, lo lírico de las melodías de Frank Sinatra, lo grotesco como derivación de los patrones acompañantes en el violín, lo etéreo de fragmentos de marcado sentido surrealista y lo grandilocuente del final con el triunfo de la melodía raveliana.

La Órfica VIII guarda proximidad con la obra del compositor soviético Dimitri Shostakovich en cuanto al refinado sentido del humor y a la recreación de una marcha burlesca sobre la que se despliegan melodías líricas. Esta Órfica, bautizada por Piñera como “Enigma (o la de nuestros amigos los soviéticos)”, se basa en el tema de la polka presente en la música para ballet La edad de oro Op. 22 de Shostakovich, con un argumento que gira en torno a las peripecias de un equipo de fútbol soviético en el mundo capitalista. El episodio central de esta Órfica, titulado Marcha fúnebre a la caída del muro de Berlín, se basa en un diálogo que establece Piñera entre la conocidísima marcha fúnebre de la Sonata n. 3 de F. Chopin y un motivo rítmico-melódico (vestigio de la sección anterior) que permanece en contrapunto rítmico con los acordes de la marcha fúnebre, como si se tratase de pedazos del Muro de Berlín que persisten ante la muerte, entendida no solo desde su sentido biológico.

Basada en el concierto para violín de Jean Sibelius y en una pieza para piano de Scriabin, Piñera compuso Órfica IX. En esta obra rebautizada “Jean Sibelius que estás en los cielos o en los infiernos” coexisten escenas contemplativas y de perpetuum estilo tocata durante los últimos minutos de la obra. Según Muñoz, el maestro rememora el tema inicial del concierto sibeliano en una especie de rondó con variantes de desarrollo temático lírico, donde se explotan las doble cuerdas en los registros agudos. No es de extrañar la libertad con que Piñera trabaja la variación como forma de elaboración, sin las ataduras periódicas que caracteriza su uso más tradicional. Obras de su catálogo autoral como el Trío Cervantino, y de este ciclo en particular, la Órfica VII, explotan al máximo este procedimiento. El uso de pasajes de sextas y de los registros agudo y sobreagudo hace que esta obra, a la par de los grandes desafíos interpretativos, contenga complejidades técnicas de envergadura concertante.

Juan Piñera. Compositor / Fotografía: Ángel Alderete

Los ciclos de piezas Órficas y Bartokianas serían suficientes para garantizar la trascendencia tanto del maestro Piñera en los repertorios camerales, como del dúo Pro-música en las más notables salas de concierto de Cuba y el mundo. Sin embargo, el maestro, infatigable, continúa trabajando motivado por el talento de Promúsica y acrecentando el repertorio para dúo de violín y piano. En el álbum, el maestro Piñera muestra un resultado artístico singularizado por su agudeza analítica de lo esencial, por su capacidad creativa y por el oficio logrado a través del trabajo sistemático que tanto incentiva en sus discípulos. Junto a las Órficas vale la pena el deleite de las Bartokianas, que desde su condición de bonus track, nos ofrecen una ventana a otro proyecto de Juan Piñera: compositor que ha desdibujado la obra de nuestros clásicos, captando en su música el espíritu sonoro de otros tiempos.


NOTAS

[1] Maria Lioba Juan Carvajal y Dargen Tania Juan Carvajal, Cuerdas frotadas en Cuba medio siglo de creación. La Habana, Cuba: Ediciones Cidmuc, 2014:152.

[2] Maria Lioba Juan Carvajal y Dargen Tania Juan Carvajal, Cuerdas frotadas en Cuba…, 153.

[3] Ídem.

[4] María Elena Mendiola, «Notas discográficas del fonograma Piñera concertante» La Habana: Producciones Colibrí, 2012.

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