«Cantan en llano». Jóvenes Clásicos del Son.*

Por Olavo Alén Rodríguez. Musicólogo

*Notas al CD «Cantan en llano» de los Jóvenes Clásicos del Son, Producciones Colibrí 2012.

El son es una manifestación cultural del cubano cuyo nacimiento tuvo lugar en la música creada e interpretada por los campesinos de la región más oriental de nuestro país. Esto ocurrió hace alrededor de trescientos años. El género musical primario fue el nengón y en él se asentaron tradiciones musicales y no musicales tan fuertes, que las mismas han llegado casi intactas hasta nuestros días, a pesar de las profundas y continuas transformaciones ocurridas dentro de la música en si.

De un lado de la Sierra Maestra el nengón evolucionó hacia un género musical de la actividad sonera conocido como changüí y del otro apareció el son conocido hoy como son-montuno. Este último se expandió con rapidez hacia las ciudades colindantes con el macizo montañoso y dejó así de ser una música de campesinos. El hecho tuvo una particular importancia en Santiago de Cuba y esta ciudad se constituyó en el puente principal para la trayectoria del son hacia La Habana.

Una vez en la capital, el son amplió sus formatos instrumentales para dar nacimiento al clásico septeto de son y posteriormente al conjunto cubano. Aquí adquirió, además, los elementos estilísticos que lo transformaron en una música urbana de gran actualidad y desde aquí se difundió, fundamentalmente mediante la radio y el fonógrafo, no solo hacia todos los rincones de Cuba, sino además hacia el extranjero.

Los Jóvenes Clásicos del Son, dignos y legítimos representantes de este género musical de los cubanos, en su versión ya habanera como septeto, atesoran muchas de sus tradiciones históricas. El grupo presenta ahora su nuevo fonograma, Cantan en llano, donde se dejan escuchar muy auténticas tradiciones nacidas de la creación e interpretación sonera, pero enriquecidas por las armonías, timbres y sonoridades propias de la música cubana contemporánea. Aunque su formato instrumental se corresponde con el del septeto, su estilo interpretativo llega a incluir también formulaciones sonoras propias de los conjuntos cubanos. Esto le otorga al grupo una particular fuerza durante las interpretaciones que hacen de obras  tomadas al repertorio clásico del son.

No por casualidad escogieron el título Cantan en llano, pues ya ellos no son de la loma. Son legítimos músicos y cantantes de las tierras llanas del occidente de Cuba, quienes con su estilo propio preservan y enriquecen aquellas tradiciones nacidas hace muchos años en las montañas de nuestro país.

Aunque sólo el último número constituye un homenaje directo al famoso tresero guantanamero, Chito Latamblé, todo el disco se erige en legítima veneración al son cubano y sus portadores, tanto a los que lo crean e interpretan como a aquellos quienes tan solo lo disfrutan.

La continua recurrencia a frases y dichos populares, así como a formulaciones musicales que nos refieren de forma directa o indirecta a momentos importantes de la música sonera, permite a Los Clásicos del Son establecer fuertes nexos de comunicación con su público. Este accionar con los símbolos  de cubanía, tanto en el habla como en la música, refuerza además, la proyección del grupo como un digno representante de la identidad de nuestra nación.

El característico alarde que se refleja en la música de los latinos, y que no está ajeno a sus interpretaciones, coloca a estos intérpretes, no como los más guapos o instruidos de su clase, pero si como los más divertidos, y esto es parte también de aquellas tradiciones soneras nacidas en las montañas y que se expandieron hacia todo el país. Si el son como música tiene algún objetivo principal, este es el de divertir y esto lo logran muy bien con sus excelentes y virtuosas interpretaciones Los clásicos del Son.

Las tradiciones y costumbres soneras nacieron del instrumento musical cubano conocido por el nombre de tres, desde la época histórica en que este aún se usaba para acompañar al  nengón. Las cuerdas en el tres no se usan, como en la guitarra española, para crear el colchón armónico sobre el cual descansa una melodía, sino para producir los ritmos de antecedente africano que incitan no solo al canto, sino al baile y donde se transmite un tipo de alegría que más que tropical, prefiero llamar cubana.

Estas tradiciones musicales nacieron en los patios de las casas de aquellos campesinos en las montañas del oriente de Cuba y se unieron a los productos naturales de ese entorno. Esta especificidad llevó a sus habitantes al consumo de carne de puerco asada, yuca con mojo criollo, a beber pru oriental, posteriormente sustituido por el ron, y a concluir las comidas tomando una pequeña taza de café bien fuerte, que ayudara a continuar la fiesta sonera. La música, su baile, las formas de hablar de esos cubanos y sus comidas típicas se conformaron en tradiciones que, al desplazarse hacia otros sectores poblacionales del país, crearon nuevos comportamientos estéticos y símbolos de identidad comunes a todos los cubanos.

Todo esto lo encontramos sintetizado en este cubanísimo fonograma de Los Jóvenes Clásicos del Son, con el cual se puede perfectamente amenizar una moderna, pero legítima, fiesta a la cubana en los inicios del siglo XXI. 

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