Notas al disco «Homenaje a Los Compadres» de Son del Oriente (Producciones Colibrí 2016)

Por Dr. Olavo Alén Rodríguez. Musicólogo

Las tradiciones pueden convertirse en poderosos elementos de cohesión dentro del grupo humano que las genera. Por ser ellas el resultado de la repetición continua de comportamientos y actitudes, tanto sociales como estéticas, las mismas se convierten en símbolos o íconos de identidad de la comunidad que las porta. El poder actual de la música cubana descansa sobre tradiciones locales que tuvieron la fuerza necesaria para expandirse más allá del núcleo humano que las generó.

Portada del CD / DVD Homenaje a Los Compadres

Es precisamente esta la situación que nos muestra el tradicional son cubano y su expansión por todo nuestro territorio nacional, rebasando con amplitud la comunidad campesina originaria que se asentó en el amplio marco de la Sierra Maestra y sus alrededores hace algo más de trescientos años.

Son del Oriente es una magnífica compilación de obras soneras que nos descubren el verdadero y complicado proceso de urbanización que tuvo la música campesina nacida en el oriente de Cuba. El mismo ocurrió en las ciudades colindantes con el más grande de los macizos montañosos de nuestro país, teniendo como su primer y más importante escenario la ciudad de Santiago de Cuba. Tres inseparables partes conforman este compendio, que además de disfrute, nos proporciona la oportunidad de presenciar  la mismísima historia, relatada a través de algunos de sus más importantes protagonistas y de significativos músicos cubanos cercanos a ella.

El nacimiento de una tradición

Hace alrededor de trescientos años alguna guitarra española subió las intrincadas lomas del oriente de Cuba, dejando atrás la academia musical europea que abría el camino para su aprendizaje. Este instrumento musical resultaba imprescindible para aquellos campesinos ansiosos de fiestas que rompieran el brutal aislamiento impuesto por la inhóspita geografía que les rodeaba. Otras músicas habían llegado también a esa región, portadas por inmigrantes de un continente bien diferente: África. Ellas no necesitaban de academia musical alguna pues se sustentaban, no sobre un complicado sistema de aprendizaje, sino sólo por los simples recursos que brindan las tradiciones orales para su transmisión. Este era el caso de los tambores ejecutados a la usanza africana.

La guitarra española tuvo así que recurrir a la enseñanza de las transmisiones orales vinculadas a la ejecución de tambores y esto produjo un acercamiento humano hacia la música, que difería de los ocurridos tanto en Europa como en África. La guitarra se transformó así en el tres cubano y la nueva música que nació de su ejecución se conoció con el nombre de Nengón. Tanto éxito tuvo este nuevo comportamiento estético en la región, que pronto cubrió toda la Sierra Maestra y sus áreas colindantes. Posteriormente el nengón evolucionó de un lado de la sierra hacia el género musical conocido hoy como changüí y del otro hacia el son, más tarde llamado son montuno.

El tres cubano, ahora lleno de la alegría que portaban las fiestas campesinas de las montañas, bajó la misma loma que había subido antes la guitarra española y conquistó las ciudades del oriente, convirtiéndose asimismo en una legítima tradición de los habitantes de esos medios urbanos.

La tradición se urbaniza y se extiende a otros sectores poblacionales de los cubanos

El nengón, así como posteriormente el changüí y el son montuno, nacieron como tradiciones familiares y estas les impregnaron sus estilos personales. Pero las propias familias no se quedaron integralmente en las lomas pues algunos de sus miembros bajaron a las ciudades en busca de nuevas oportunidades sociales y económicas.

Los músicos de las ciudades, más cercanos a los ambientes académicos y a otras legítimas expresiones que habían nacido ya, también de la música cubana, impregnaron a las actitudes estéticas características de los soneros nuevos elementos técnicos que las enriquecieron. Quizás fue la hasta entonces triste canción cubana, la que mejor se unió a la alegría del son, y esto ocurrió en las ciudades, sobre todo con especial fuerza en Santiago de Cuba. Nació así un nuevo género musical dentro de nuestras formas cubanas de cultivar la canción: la canción trovadoresca. Esta tuvo como centro absoluto a su propio creador e intérprete, también conocido como trovador, y a todas sus individuales y comúnmente caprichosas formas de componer y cantar. No sólo surgió así para la cultura cubana el género musical conocido como bolero, sino también otro género mixto, el bolero-son, a través del cual se expresaron muchos de los más importantes compositores cubanos de esa época. Apareció de esta manera una tipología nueva de la canción cubana, que ha llegado hasta nuestros días y se ha identificado con los modos expresivos de muchos cantantes en prácticamente todas las ciudades de nuestro país.

Originalmente los formatos empleados para la interpretación de nengones, changüíes y sones en su fase rural llegaban a tener hasta cuatro instrumentos: tres, bongó, marímbula y guiro, además de un cantante y un coro de voces respondiendo, que surgía de manera espontánea entre los músicos participantes. En las ciudades se incorporó un nuevo instrumento, las claves, necesario para la estabilización de las cada vez más complicadas polirritmias soneras y los crecientes volúmenes sonoros, imprescindibles para las grandes cantidades de bailadores que se aglutinaban en los centros urbanos.

Fue este son ya urbano el que llegó a La Habana y se expandió por todo el país, conquistando la atención de todos los cubanos. La capital lo acogió y lo convirtió también en expresión propia, apareciendo un sonido habanero del son, pero esa es otra historia diferente y posterior a la que aquí se muestra.

Son del Oriente nos acerca a una de esas familias de músicos que hicieron posible la urbanización del son en el este de Cuba. Se trata de familias donde caprichosas formas de cantar, vinculadas a los comportamientos estéticos generados por los soneros, dieron nacimiento a la canción trovadoresca y a toda la cubanía que la acompaña. Este fonograma, aunque no es exhaustivo en cuanto a las familias participantes en este complicado pero bello acontecimiento histórico, si nos permite descubrir y entender lo que ocurrió de forma aproximada en todas y cada una de ellas, representando los acontecimientos en la familia Hierrezuelo. Por tanto este compendio se constituye en legítimo y merecido homenaje a sus protagonistas, sobre todo a la propia familia Hierrezuelo y al nuevo y fascinante mundo sonoro que se gestó alrededor de ella. 

El documental nos muestra como otros importantes músicos se acercaban y unían sus talentos individuales a determinadas familias, enriqueciendo y sobre todo fortaleciendo las tradiciones que se gestaban en sus núcleos. Tal es el caso de Rigoberto Hechavarria (Maduro) con respecto a la familia Hierrezuelo, e incluso de los actuales músicos que participan de este compendio, sobre todo de su magistral tresero César Hechavarría (El Lento).

Nace, desde esta nueva forma de cantar, un nuevo símbolo en la identidad cultural de los cubanos

Lorenzo Hierrezuelo la O fue el primer Hierrezuelo que marchó hacia La Habana. Allá, después de participar en varios tríos, se unió por muchos años a la también trovadora, pero de raíces musicales diferentes y de nacimiento en el otro extremo de nuestra isla, María Teresa Vera. Además del trabajo con la mencionada trovadora, funda en 1947, junto al igualmente músico santiaguero Francisco Repilado, el dúo Los Compadres. A mediados de los años cincuenta Repilado se retira y entra definitivamente otro miembro de su propia familia, Reinaldo Hierrezuelo la O. Este Hierrezuelo había escogido un camino muy diferente en su trayectoria musical al de Lorenzo. Su recorrido lo había llevado a compartir escenario con el célebre Benny Moré en el Alí Bar, lo condujo a cantar incluso con la famosa orquesta cubana, La Sonora Matancera. Con ella adquirió el seudónimo de Rey Caney, por su fuerte vínculo con las formas del canto en esa región de Cuba, tan cercana a Santiago. Esta misma ruta lo introdujo también en el famoso Palladium de la ciudad de Nueva York, donde actuó junto a músicos de la talla de Tito Puentes y Celia Cruz.

Las fuertes tradiciones nacidas de las caprichosas formas de cantar de los Hierrezuelo se ven enriquecidas en Los Compadres por los contactos con los nuevos e importantes músicos que interaccionan con ellos, adquiriendo así sonoridades y formulaciones en la interpretación que les facilitaban una rápida captación de públicos muy diversos en Cuba y posteriormente en el extranjero.

Así, Los Compadres crean un nuevo estilo de interpretación para las tradiciones musicales que portaban los miembros originales de su familia. Pero este estilo ya no era algo local, algo que interesaba sólo a su familia o a su comunidad cercana. Este estilo se convirtió en la visión cosmopolita de las fuertes tradiciones que le acompañaban y triunfó, por tanto, no sólo en Cuba, sino en públicos foráneos de culturas muy disímiles a la nuestra. Es por esta razón que Los Compadres llegan a representar, con su peculiar forma de canto, no sólo a la familia Hierrezuelo y a la ciudad de Santiago de Cuba, sino al mismísimo cantar de la nación cubana.

El dúo Los compadres es hasta hoy el momento cimero de las tradiciones musicales generadas por la familia santiaguera Hierrezuelo. Ellos constituyeron en si, un icono tan poderoso para su propia familia y comunidad, que el mismo llegó a reflejar las actitudes y comportamientos estéticos de todos los cubanos. Sus manierismos y caprichosas formas de creación e interpretación de la música han sido copiados o imitados por otros grandes músicos, quienes los han utilizado como símbolos sonoros de toda la nación. Esto permite que la expansión de esta tradicional forma de cantar del cubano, no sólo se proyecte geográficamente más allá de las fronteras de nuestro país, sino que también encuentre continuidad a través del tiempo y su historia. Por eso, hacia el final del documental la pregunta de ¿Habrá Compadres para rato? Recibe la enmienda del último de sus integrantes: Habrá Compadres para siempre.

PD.  Llama la atención como los músicos a lo largo del documental repiten en diferentes formas la frase “esta música la llevo en el corazón”, haciendo alusión a un órgano humano que solo bombea la sangre que corre por nuestros cuerpos. Pero, si la misma se comprende como “esta música la llevo en mi tradición”, todo lo que aquí ocurre cobra su verdadero significado.

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