La Rumba, por el grupo Clave y Guaguancó*

*Notas al CD Carraguao vs. Pueblo Nuevo de Clave y Guaguancó. Producciones Colibrí, 2014.

Por María Teresa Linares Savio. Musicóloga

La rumba es una danza cubana, de origen africano, que se conoce desde el siglo XIX. Es el baile de una pareja solista que ejecuta sus movimientos independientemente, pero siempre relacionados con el motivo que se plantea en el texto. En sus primeros inicios se le llamó yambú, y se desarrollaba como danza dramatizada según el argumento temático que se describía durante su ejecución. Se desarrollaba en una fiesta colectiva donde participaban los tocadores de instrumentos: tres tambores, (tumbadoras) un sonajero metálico, o una maraca, las claves o en su lugar palmadas. El público que rodeaba la fiesta contribuía con sus lalaleos apoyando al cantor solista y al coro, y movía su cuerpo contoneándose y palmeando alegremente. Hoy se mantienen estos elementos en la rumba, y es esencialmente vigente.

Por tradición oral se transmitió por personas ancianas que vivieron los finales del siglo XIX y se recuerdan cantos de yambú que podían atribuirse a puyas a favor de la libertad de Cuba, como el siguiente estribillo que simboliza a la bandera cubana y que fue cantado por una anciana mientras lavaba su ropa:

Eta’ palomita tiene tre’ coló

Azul y blanco y el pico punzó

Estas danzas primigenias, que se desarrollaron luego con variantes como el guaguancó y la Columbia, proceden de grupos urbanos y rurales de negros criollos que, desde que coexistían en los barracones, desarrollaban estos bailes en sus días de fiestas autorizadas.

La rumba, en sus tres estilos más conocidos ha sido un baile de las esferas más populares. En ocasiones fue interrumpida o prohibida por las autoridades ante las riñas o reyertas, o simplemente por considerarlas peyorativamente música de la gentualla, pero, realmente ha sido, y es, una danza o diversión de gran arraigo en el pueblo, en la que históricamente se demuestran los valores intrínsecos que reconocemos hasta la actualidad.

En la rumba se integran muchos elementos que indudablemente parten de aportes africanos a nuestra cultura, pero no ya como música ritual, sino producida como música profana y en un plano urbano o suburbano. Es música para divertirse, de entretenimiento, que ocupa un tiempo libre que se realiza en colectividad, que requiere de ésta además. Más que baile o que canto, es un tipo de fiesta creada, en determinadas circunstancias sociales, por el africano y sus descendientes, sin excluir la presencia de una población blanca que compartió con ellos en los niveles más bajos de la sociedad clasista colonial.

Argeliers León, Del Canto y el Tiempo, p 139.

La rumba se bailó y se baila hoy en muchos barrios de diferentes partes de Cuba, a partir de La Habana, Matanzas y Cárdenas o Cienfuegos, así se extendió por toda la nación. También se pueden contar numerosos grupos históricos que mantienen la memoria de sus fundadores, por lo que sus herederos del momento los recuerdan aún. Se pueden mencionar rumberos que dirigieron sus grupos, y que se manifestaron por un modo personal de crear e interpretar cantos o tambores, fórmulas danzarias, textos y estribillos. Entre ellos se distinguieron Agustín Gutiérrez, apodado Manana, y Agustín Pina, apodado Flor de Amor, que con Mario Alan y otros participantes organizaron  el grupo de Claves y Guaguancó en los años 60 del siglo XX, para recrear aquellas claves y rumbas que cantaban a principios del siglo, en el que usaban cajones en lugar de tambores. Aún se recuerda la clave de Flor de Amor que decía:

Si el huracán furioso derribara

las flores de tu jardín

no importa,

pues queda buena semilla.

En otros barrios de las ciudades se crearon grupos de claves y rumbas que se retaban en las temporadas de carnavales o fiestas de barrios para mantener a través de sus cantos la primacía de sus cantadores y tocadores. Eran grupos afines que marcaban su área. El barrio era su pequeña ciudad, y el patio del solar era el espacio donde se reunían los adeptos cuando “sonaba la rumba”.

Los coros de clave tuvieron, además, otra función distinta. Desde el siglo XIX se reunían en las casas de algún Cabildo para cantar cantos líricos con coros que alcanzaban cincuenta o sesenta voces, entre las que se distinguían las solistas, (clarinas). Estos coros debían distraer la atención a las autoridades, de la otra ceremonia ritual que generalmente era prohibida, y que se celebraba al fondo de la casona. Esta relación vecinal entre los barrios, a veces se trocaba en puyas o retos que se mantenían constantemente entre los grupos más cercanos, y fue muy notoria entre Los roncos, de Pueblo Nuevo y El paso franco del barrio del Pilar. La relación entre las claves y las rumbas fue muy estrecha, había un lazo fraterno entre ambos grupos y fue muy posible que se reunieran en los carnavales y en otras ocasiones para cantar y bailar.

De aquellos momentos podemos señalar también el recorrido histórico de Ignacio Piñeiro, creador de cantos de los grupos o pendones de Negros Curros, en los que se cantaban décimas, con los que participó siendo muy joven; luego dirigió el coro de claves El edén de los roncos en 1906, en el que era improvisador decimista, y más tarde dirigió el grupo de guaguancó Los roncos en el barrio de Pueblo Nuevo. Otros rumberos famosos fueron Santos Ramírez, El niño, quien también dirigió la comparsa El Alacrán; el famoso José Rosario Oviedo, Malanga, matancero, Benito Roncona, Andrea Baró, Chano Pozo, Carlos Embale, de voz prodigiosa, Asencio Hernández, (Tío Tom), y los también matanceros Florencio Calle con Virulilla y Saldiguera que fundaron Los Muñequitos de Matanzas, que se han ido renovando con jóvenes de la gran familia. Los Papines, creados por su director Ricardo Abreu y sus hermanos, introdujeron formas de expresión dirigidas hacia el espectáculo teatral al abrir una nueva forma de exhibición.

Hoy existen muchos otros grupos de relevante ejecutoria que mantienen este género personalizando sus creaciones, por lo que se puede asegurar que la permanencia de la rumba está garantizada como una fiesta histórica, presente y legítimamente cubana.

El actual grupo de Claves y Guaguancó, dirigido por Amado Dedeu, reconstruye las rumbas que en los inicios del siglo XX crearon aquellos que dejaron una memoria entrañable. Combinan, como en un diálogo en cada número, elementos de las rumbas de dos grupos que alcanzaron un beneplácito popular en sus interpretaciones. Pero es importante señalar la selección de cantos de distintos participantes realizada por su director Amado Dedeu y por su productor musical Emilio Vega, que logran un nuevo enfoque, una visión actual de la rumba en la que los integrantes del grupo mantienen todos los elementos estructurales de la rumba original, realizando una novedosa expresión como la que pudiera haber existido entre los distintos grupos en que ellos participaron. Cada número se inicia con un coro de Los roncos, y le responde el coro Paso Franco, diálogo en el que combinan elementos de las rumbas originales que logran una asombrosa plasticidad y un acercamiento a la rumba espectacular actual.

La estructura del guaguancó siempre se ha distinguido como una forma abierta, que comienza con una diana o lalaleo inspirado por un solista, que a su vez, da paso al coro que lo apoya con otro lalaleo colectivo hasta que se abre la narración –que en un principio se dijo que era decimada-. Hoy es una forma más libre y abierta, como una charla. En ella los coros en ocasiones apoyan al solista que se extiende narrando partes del argumento o contenido del texto. Usa frases de estímulo o de alerta al coro para que intervenga: ¡güiro!!, y luego continúa su canto o da paso al montuno, en el que pueden participar varios solistas alternando con el coro hasta un final determinado por el tiempo pero sin un cierre cadencial. La duración de esta participación del coro siempre está de acuerdo con el contenido del texto, es una parla con desembarazo, a solo-coro, apoyada con palmadas por la anuencia del grupo. Las voces del coro mantienen su armonía original con una voz central, una segunda por debajo y una tercera –que a veces le llaman tiple-, por encima de la voz prima. Esta forma de armonización procede también de los cantos africanos, que aún se cantaban a principios del siglo XIX.

En este disco se han reunido intérpretes de la rumba de largo historial que enriquecen la calidad de la obra, además de los jóvenes que se incorporan y fortalecen la estructura del grupo. Es una oferta excelente para los amantes de la música cubana, que recibirán un concierto de rumba con el repertorio de dos grupos históricos en su renovada expresión, en el cual se han mantenido los elementos más puros de un género que por largos años ha sido, es y será esencial en la música popular cubana.

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