La Anécdota Musical…La esposa de Don Antonio

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

En honor a la verdad, no recuerdo bien si lo que contaré esta vez lo encontré en algún material de archivo o si se lo escuché a Siro Rodríguez y a Rafael Cueto, dos de los legendarios Matamoros, aquella mañana cuando me sorprendieron en los estudios de la emisora habanera C.O.C.O., al saber de mi intención de recordar en mi programa dominical a su compañero Miguel, en un nuevo aniversario de su muerte. De ese encuentro ya he comentado aquí. De cualquier manera, la vivencia es la que cuenta.

El Trío Matamoros

Durante el decenio de los años 1930 -esto es sabido- el Trío Matamoros (Siro, Cueto y Miguel) se convirtió en un verdadero embajador musical de la Isla. Solo el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, pudo interrumpir casi definitivamente la trayectoria internacional de los queridos trovadores santiagueros. Lo afirman sus biógrafos: ningún grupo o artista cubano viajó tanto por esos días, ni estuvo en tantos países como Los Matamoros.

Una de sus creaciones interpretativas fue el recordado son titulado La mujer de Antonio. Según se cuenta, el verdadero objeto de la inspiración de Miguel Matamoros no era precisamente una mujer… sino una perrita, cuyo andar era verdaderamente raro. Ya con el estribillo creado, Miguel lo pensó mejor: “lo de la perrita no va a pegar”. Y decidió cambiarla por una inexistente mujer.

Quedó así el mencionado son tal y como se conoce hoy: “La mujer de Antonio camina así…” De acuerdo con la Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana, de Cristóbal Díaz Ayala, la grabación original se registra en los archivos de la Victor Talking Machine Co. como realizada en la ciudad de Nueva York, el 26 de julio de 1929 (disco Victor, código 46402).

Pronto, al igual que otras selecciones de su repertorio de la época, alcanzó inmensa popularidad. Y, por lo que aquí se cuenta, no solamente en Cuba.

Tal y como se afirma, esto ocurrió en Veracruz. Se sabe de la gran acogida que brindan los veracruzanos a la música cubana. Y también se habla de la extremada elegancia y cortesía con la cual se comportan los pobladores del lugar. De ello da fe esta anécdota.

Los Matamoros desarrollaban una actuación en un teatro de Veracruz. Entre sones, caprichos y boleros sones transcurría la presentación y, después de cada número, los músicos cubanos recibían los aplausos del respetable.

Mientras se preparaban para la siguiente interpretación, se escuchó un llamado:

“Oiga, don Miguelito… ¡señor don Miguelito!”

Matamoros no se percató de eso y uno de sus compañeros le avisó:

-Es allá, Miguel, mira, es aquel señor del sombrero.

En efecto: se trataba de un veracruzano ya mayor, vestido con toda elegancia, quien requería al director del trío. Cuando Miguel le prestó toda su atención, aquel hombre, con todo respeto, pidió:

-Señor don Miguelito, por favor, ¿ustedes tendrían la amabilidad de tocar ese son de La esposa de Don Antonio?

Tan respetable señor no podía, ni por asomo, referirse al personaje del son como La mujer de Antonio. Y claro que los Matamoros le complacieron:

La vecinita de enfrente / buenamente se ha fijado / cómo caminan la gente [sic] / cuando salen del mercado.

La mujer de Antonio camina así…

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