Joseíto y el contexto de la Guantanamera*

Por María Teresa Linares. Musicóloga

*Publicado en Clave No. 11/1988, pág. 2-5

Con este lúcido trabajo de María Teresa Linares, honramos una vez más, una extensa y prolífica carrera como musicóloga a pocos días de su fallecimiento.

Corrían los años veinte y rompían sus ariques los elementos del son, que, desde su medio campesino se trasladaban a zonas urbanas como hacia la búsqueda de una nueva ubicación laboral, tal como lo hicieran los trabajadores en «tiempo muerto». Trabajadores que tocaban y bailaban son, que, trashumantes, iban de la zafra del café a la de la caña y vivían precariamente sin otro aliciente que intercambiar tragos y cuartetas en cualquier guateque. En La Habana proliferaban los sextetos y septetos de son: el Septeto Habanero, el Sexteto de Occidente, el de Boloña, el Septeto Nacional, el de Botón de Rosa, todos, iban cambiando estructuras rítmicas y tímbricas para ofrecer un nuevo son en el que las cualidades vocales y creadoras del cantante que «inspiraba» las improvisaciones del «montuno» eran fundamentales para el éxito.

La fiebre del son estremeció una sociedad clasista donde aquel se consideraba baile de las «clases bajas». Pero las «clases altas», representadas por políticos, banqueros, intelectuales, no podían sustraerse a tan avasalladora influencia y, como resultado, pasó de fiestas públicas en jardines y centros de diversiones o fiestas privadas, a escucharse en todos los hogares de todos los niveles, tanto a través de la contratación directa de un conjunto como –y aquí hubo otra «fiebre avasalladora»- con un fonógrafo donde se escuchaban los discos de los más afamados conjuntos de son.

No quisiera precisar ahora cuántos fueron los sextetos que se constituyeron en aquel momento. Los cantadores de canciones tradicionales vieron decaer la moda de las serenatas y pusieron sus guitarras y voces a disposición del nuevo género. María Teresa Vera, Juan de la Cruz, Alberto Villalón, Bienvenido León y otros, integraron sextetos con sus propias creaciones, a las que agregaban un «montuno». Para esa fecha, ya el teatro lírico cubano había creado la llamada guajira, canción con caracteres modales que recordaba el punto, con décimas alusivas a un ideal bucólico acorde a las piezas teatrales donde se les incluía. De la fusión de esa guajira cantable, canción, con los elementos bailables del son, con un montuno, se comenzó a escuchar en los sextetos la llamada guajira-son. De la creación  profesional de Jorge Anckermann o Ernestina Lecuona se pasó a la creación popular de Ignacio Piñeiro, Rosendo Ruíz, Guillermo Portabales y Joseíto Fernández.

Joseíto Fernández era un hombre de pueblo que apenas salió de su contexto urbano, pero su oficio de sonero le permitió identificarse con los elementos de son campesino y del punto. Sus dotes de cantante e improvisador le permitieron lograr muy rápido un prestigio con el que pronto alcanzó el éxito. Vivió tan precariamente como los demás músicos, que tenían que alternar oficios –sastre, barbero, tabaquero, mecánico- con sus contrataciones para tocar en tal o cual baile y, a pesar de sus méritos, recibir solo unos centavos como pago.

Había nacido en 1908, el 9 de septiembre, y a los veinte años ya había sido vendedor ambulante, zapatero y cantador de varios septetos entre los que se recuerdan Jiguaní, Amate, Dioses del amor, y Boloña.

Luego vino el danzonete, creado por Aniceto Díaz y, al ponerse de moda, todas las orquestas de danzones de las llamadas «charangas francesas» incluyeron un cantante. Joseíto Fernández cantó en la Orquesta de Raimundo Pía y más tarde fundó la suya propia.

La popularidad en aquella época de Pablo Quevedo, Barbarito Diez, Paulina Álvarez, Alberto Aroche o Abelardo Barroso, constituía una competencia a la que había que hacerle frente con repertorios verdaderamente originales y atractivos.

De la época del septeto de son, en 1928, Joseíto Fernández había compuesto una guajira-son sobre un estribillo o montuno que repetía:

            Mi linda guajira / guajira guantanamera

pero las improvisaciones no serian como las tradicionales del son, en forma de cuartetas –llamadas reginas en los más intrincado de los lomeríos orientales-. Eran, siguiendo una costumbre campesina, que va desapareciendo, en forma de seguidilla, o sea, desarrollando una historia en varias décimas, cantadas sin interrupción.

Esta novedosa forma de improvisación no era fácil de repetir o imitar si no se tenían las cualidades de repentismo que poseen los campesinos y no todos, por supuesto. Esta cualidad extraordinaria de cantar improvisando era, quizás, el mayor mérito de Joseíto, el cual acompañaba además la cualidad de cantante sonero, una voz de registro extenso y de intensidad capaz de superar la falta –en ese entonces- de medios para la amplificación.

En aquella época también se tocaban en las orquestas rumbas, guarachas, criollas, boleros, congas, que se adaptaban a un ritmo bailable común que se llamó «de salón». De los sextetos de son se progresaba a conjuntos más amplios, con piano, varias trompetas, tumbadoras. Las jazz-band incluían música cubana también de este estilo. Aquellas «charangas francesas» de danzones, con el cantante, pasaban del danzonete cantado, o sea, una canción de moda ajustada al ritmo estable del danzón, para que los asistentes pudieran bailar y tararear la melodía conocida.

Joseíto Fernández y su orquesta interpretaban todo el repertorio de moda, pero la Guajira guantanamera se diferenciaba por recurrir a una tonada en forma de «seguidilla» y en la cual el cambio de contenido en las décimas permitía que tuviera una función social de gaceta, de mensaje y comunicar de esta manera hechos y acontecimientos. Así habían sido los antiguos romances españoles y las décimas que, en hojas sueltas, eran vendidas por los poetas campesinos en las ferias.

Este cantar en décimas le permitía saludar a los jóvenes en el pueblo visitado, a las autoridades y personalidades locales o a la Sociedad de Recreo que lo contrataba. Por la radio, que era –y es- un poderoso medio de difusión, le permitía anunciar productos de las firmas comerciales en los programas seriados. Melodramas, sucesos, crítica social, apoyo a campañas para recabar de los gobiernos algunos beneficios, lo hicieron tan popular que las radioemisoras, promoviendo concursos entre los oyentes, lo denominaron «el rey de la melodía», octosílabo que empleó desde entonces para terminar muchas de sus décimas.

De su larga historia artística, queda poco escrito y grabado. Al desaparecer el programa El suceso del día, después de dieciséis años, había pasado de moda la Guajira guantanamera, pero su recuerdo iría indisolublemente unido a Joseíto Fernández y al carácter sensacionalista que le dieron las empresas publicitarias. Al cantarse por el pueblo se repetía el estribillo y se tarareaba el cuerpo melódico en el que debían insertarse otras décimas. (La décima es difícil de recordar para el que no tiene costumbre de cantarla o improvisarla).

En los años sesenta, cuando el cantor norteamericano Pete Seeger expresó su deseo de aprender alguna música campesina cubana, se le enseñó el estribillo y se sustituyeron las décimas por cuartetas tomadas de los Versos Sencillos, de José Martí, también octosílabos y, por excelencia, conocidos y memorizados por todos los cubanos desde su infancia.

En un nuevo engranaje difusivo, más poderoso hoy por su alcance internacional, la Guajira guantanamera, con aquellos versos de José Martí, se convirtió en un mensaje de la nueva canción, de la Cuba revolucionaria. Estuvo presente en el Primer Encuentro de la Canción Protesta realizado por la Casa de la Américas en 1967 y en todos los festivales se cantaba en distintos idiomas.

Se han creado más de sesenta versiones por grupos y cantores de todas partes del mundo. El saludo a delegaciones cubanas que arriban a otros países o el de los grupos extranjeros que nos visitan casi siempre es con la Guantanamera. Fue conocida en todas partes como canción cubana, pero la lejanía en espacio y tiempo fue borrando en muchos lugares la imagen de Joseíto como autor y llegó a disputársele su paternidad, sus derechos autorales.

Poco tiempo antes de fallecer Joseíto Fernández, se realizó por una empresa de televisión extranjera, un documental en el que se le entrevistaba. Entre los materiales que me mostraron, como colaboradora de aquel trabajo, había una fotocopia de otra obra con el nombre de La guantanamera, era una guaracha, del autor Ramón Espigul, registrada en los Estados Unidos de América. Al leer la partitura demostré que se trataba de otra obra completamente distinta que usaba el mismo título. Les enseñe un disco de mi propiedad (Víctor 83370-A) grabado por Joseíto Fernández y su orquesta hacia 1940 titulado Guardabarreras y como subtítulo Guajira guantanamera. Escuchándolo comprendieron que eran totalmente diferentes. En este, Joseíto narra de forma crítica en cinco décimas los accidentes que se producen en un cruce de ferrocarril porque los gobiernos de turno no situaban un presupuesto para poner un guardabarreras.

Más tarde encontré en los archivos del Museo Nacional de la Música, el disco Víctor 30054-A con el título La guantanamera, guaracha, de Ramón Espígul, que parece corresponder a aquella fotocopia del registro en los EEUU. En el sello anuncian cantando al autor con María Gómez y el sexteto Estrellas Habaneras.

Ramón Espígul fue un conocido actor que grabó muchos diálogos cómicos del teatro vernáculo cubano y compuso gran cantidad de canciones, rumbas y guarachas.

Ante estas dos evidencias grabadas, consideramos que solo un afán polémico pudo ocasionar dudas sobre la veracidad autoral de Joseíto Fernández y su Guajira guantanamera.

Posteriormente han aparecido otros presuntos autores. Lo penoso es que las posibilidades de grabación, registro y edición de la música no hayan estado desarrolladas en la época de su creación y ocurran estas imprecisiones por falta de otras fuentes históricas. Son muchos los autores cubanos que vivieron en la misma situación precaria, creando obras que hoy son inmortales y que en varios países desconocen su nacionalidad porque pasan de tradición oral de una generación a otra y no queda constancia de su origen.

El propio Joseíto Fernández, en varias ocasiones, tuvo que cantar su Guajira guantanamera con los versos de José Martí para que se le conociera, para que se popularizara de nuevo y fuera cantada por todos, porque su forma original en décimas solo pueden cantarla algunos cantadores que dominen su uso.

Guajira guantanamera, compuesta por un hombre del pueblo urbano –Joseíto Fernández vivió siempre en el barrio habanero de Los Sitios-, se extendió por todos los pueblos de Cuba como una representación de la música campesina. La cantan los grupos campesinos, la cantan los solistas en su forma original, la canta todo el pueblo con los versos sencillos.

Se difundió en Cuba a través de un programa radial en un momento histórico concreto. En la actualidad se reconoce en todos los pueblos del mundo como música cubana. Del contexto urbano en que fuera creada regresó al campo de donde son originarios sus elementos constitutivos.

Es indiscutiblemente, una obra que ha tenido tantas variantes como los contenidos de los textos que se le han improvisado o como las versiones que ha permitido la obra por su propia estructura, pero siempre vinculada a la cubanía de Joseíto Fernández.

N. de la R.: En relación con Pete Seeger, cantor folclorista norteamericano fallecido recientemente, se conoce que aprendió la Guajira guantanamera de Joseíto Fernández con textos de José Martí, en 1962, cuando asistía a un campamento de verano donde se encontraba el compositor cubano Héctor Angulo (quien por esa época, estaba realizando estudios de Composición en Estados Unidos de América, becado por el Gobierno Revolucionario Cubano). Escuchó a Angulo cantarla acompañado de una guitarra y le pidió aprenderla para luego difundirla por el mundo.

La versión de la Guajira guantanamera que cantaba Seeger, con textos tomados de los Versos Sencillos de nuestro Héroe Nacional, se debe a Angulo y no al compositor de origen cubano Julián Orbón (que, con el triunfo de la Revolución decidió abandonar el país y radicarse en EEUU) como se ha informado equívocamente en los últimos tiempos.

A Orbón se le atribuye una idea original –cuyo valor no se niega- de adaptar los nombrados versos a la conocida melodía, cantados informalmente por él acompañándose al piano, en una de las veladas que ofrecía en su casa.

Existe una grabación en Cuba, (constancia irrefutable) en la cual se escucha cómo el compositor Angulo enseñaba los versos del texto, melodía y acompañamiento de la Guajira guantanamera a Pete Seeger, la cual se erige como una nueva versión sin conexión directa con los versos ni con el acompañamiento pianístico ni con la modalidad expresiva que utilizara entonces Julián Orbón.

De cualquier modo, la versión Angulo-Seeger fue la que difundió a gran escala internacional la melodía de Joseíto, la cual evidencia una realización social que respalda su legitimidad.

Peter Seeger llegó a conocer a Joseíto Fernández en 1971, cuando visito a Cuba con ese fin y de aquel encuentro surgió una amistad fundada en el respeto y la mutua admiración que perduro hasta el fallecimiento de Joseíto, ocho años después.

IV Jornada de Música Cubana Joseíto Fernández

En el LXXX aniversario del natalicio del Rey de la melodía y el LX de su Guajira guantanamera, la Casa de la Cultura del municipio Centro Habana, en la capital, celebró la cuarta Jornada de homenaje a Joseíto Fernández, en esta ocasión con carácter competitivo para intérpretes aficionados y profesionales de la canción.

El concurso alterno con varios conciertos, donde actuaron reconocidos solistas de la talla de Omara Portuondo, Elena Burke y Beatriz Márquez, así como las populares agrupaciones Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, Mayohuacán, la orquesta Revé, y el Cuarteto D´Aida con sugrupo, entre otros.

Finalmente entre los diecisiete concursantes que llegaron a la última prueba, Alberto Berriel obtuvo el primer premio de interpretación, con el pregón Yambambó de Emilio Grenet y texto de Nicolás Guillén.

A través de la organización de estas jornadas de homenaje a Joseíto Fernández, los organizadores se han propuesto ampliar la información sobre la vida y obra de este cantor del pueblo, así como propiciar una mayor investigación acerca de los géneros de la música popular cubana.

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